La guerra por el agua: en pocos años la mitad del planeta podría tener poco o nulo acceso a ella

Para el 2050 podríamos estar enfrentando distópicas sequías, por razones que van más allá de lo que nos cuentan.

Más de 5 mil millones de personas podrían sufrir de cortes en el suministro de agua para el año 2050. Ante tal panorama, no resulta descabellado decir que estamos –todos– ante una crisis de alcances planetarios o, más aún, ante una completa crisis civilizatoria

En México, esto se traduce en que su capital podría sufrir escasez extrema de agua para el 2048.

Jamás en toda nuestra historia habíamos estado tan cerca de quedarnos sin un recurso natural como lo es el agua, excepto quizás en 1971, cuando parecía que habíamos llegado al famoso “pico de petróleo”.

Pero contrario a lo que asegura el World Water Development Report en su último estudio, esta crisis de agua no es sólo consecuencia –en abstracto– del cambio climático o el incremento de la demanda. Veamos más a fondo.

 

Escasez de agua y el colapso ambiental: lo que tienes que saber para ponerte en acción

Por supuesto, la demanda creciente y el cambio climático son catalizadores de la crisis de agua. Pero a su vez, lo que ha generado estos y otros problemas asociados al colapso ambiental no es sólo “el crecimiento de la demanda” en abstracto; si fuera así, podríamos pensar que todo es culpa del incremento de la población (o lo que es lo mismo: del vaso de agua que nos tomamos).

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Aunque es indudable que nuestro consumo tiene su papel en esta situación, vale la pena preguntarse: ¿quién o qué determina ese consumo de agua que está acabando con el líquido vital?

Los fabricantes y todos aquellos que lucran con el consumo no sólo de agua sino de otros materiales que utilizan millones de litros de este líquido para su producción, son a quienes podemos señalar como principales culpables. Según la Fundación AQUAE, las industrias que más agua ocupan son:

  • Industrias químicas
  • Industrias agroalimentarias
  • Industrias de transformación de metales
  • Industrias minerales

Podemos agregar también a la industria alimentaria, pues para la producción de algunos alimentos se usan cantidades irrisorias de agua:

1 kilo de carne requiere 6 mil litros de agua. Una sola botella de refresco, hasta 300 litros.

 

¿Y por qué no toda la culpa recae en la sociedad?

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La alimentación ha tenido cambios a lo largo del tiempo: estos incluyen nuestro consumo de agua, la cual apenas a finales del siglo pasado se comenzó a vender embotellada de manera masiva, con todas las consecuencias que esto implica. ¿A quién se le preguntó si embotellar el agua era la mejor idea? A nadie, porque embotellar el agua era un novedoso y lucrativo negocio que no podía desperdiciarse.

Este y otros grandes cambios en el consumo han sucedido entre los siglos XIX y XXI, épocas de bonanza para los fabricantes y empresarios, quienes comenzaron a modificar nuestras formas de consumo de agua a partir de la publicidad.

Un ejemplo de esto es el consumo de carne en México. En 1940, los recetarios de cocina recomendaban servir carne de res al menos cuatro veces a la semana; el problema era que las familias sólo podían comprarla una vez cada semana o cada 15 días. Pero las familias mexicanas no necesitaban carne de manera tan recurrente, pues la dieta en México está originariamente basada en semillas, frijoles, maíz y verduras, una tradición que se seguía conservando en casi todo el país hasta ese momento.

Pero la ilusoria necesidad nutricional de la carne, que supuestamente debía ser consumida a diario, logró ser impuesta.

El consumo de carne en México aumento casi 90% en sólo 2 décadas.  

Ahora, si reiteramos el dato de que cada kilo de carne requiere 6 mil litros de agua para su producción, podemos ver que la crisis del agua, así como otras crisis, tienen su correlato en la manera como se nos ha impuesto el consumo de ciertas cosas, como los alimentos, pero también la ropa (a través de la moda), los gadgets y otro sinfín de mercancías.

 

¿Qué podemos hacer?

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Actualmente existen muchas campañas que buscan proteger el agua, evitar su privatización y dar a conocer la problemática que rodea a este líquido vital. En México tenemos Agua para Todos, una organización a la que te puedes unir si resides en este país.

Por supuesto que, mientras se impulsa un cambio colectivo, siempre debemos ser responsables en nuestro consumo de agua. Debemos cambiar nuestros hábitos de lavado para evitar el uso excesivo del agua, asegurarnos de que no haya fugas de ningún tipo, y reutilizar toda el agua que sea posible, por ejemplo de lluvia, a través de recolectores que tú mismo puedes hacer. Y como queda claro, también es necesario reducir el consumo de alimentos como refrescos y carne (por ejemplo, teniendo un lunes sin carne cada semana).

Sólo no olvides que el problema es multidimensional, y por ello necesitamos pensar más a fondo sobre los cambios que es necesario hacer para revertir esta situación.

*Imágenes: 1) Reuters; 2) Josh Hanes; 3) Public Domain

 



La huella hídrica del café: detrás de cada taza hay 140 litros de agua

Ahora pensarás más todavía si tomar esa segunda taza de café al día.

Nuestra comida también está sedienta. Para producirla es necesario usar masivas cantidades de agua, tanto para cultivarla como para empacarla y hasta para transportarla, si es que sumamos los insumos que implica la producción de combustibles.

Es así que detrás de una bebida como el café puede haber hasta 140 litros del líquido vital, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Evidentemente, esta cantidad supera por mucho a las onzas de las que esté constituida cualquier taza de café. Se trata más bien de lo que se conoce como “agua virtual”, o “consumo indirecto”, a partir del cual se calcula cuánto de nuestra huella hídrica proviene del agua usada para producir lo que consumimos.

Así que ahorrar agua no sólo depende de cerrar el grifo.

En realidad, la mayoría de nuestro consumo de agua es por vía indirecta. Y la industria alimentaria no es la única que utiliza cantidades masivas de agua. También está la industria de la moda, por ejemplo, que para hacer una sola playera de algodón requiere de usar entre 1,000 y 2,000 litros de agua.

Según la Comisión Nacional del Agua,  
en México consumimos indirectamente 96% de agua.

Pero eso no significa que ya no podamos comer o vestirnos. El cálculo del agua virtual dentro de la huella hídrica es importante en tanto que nos puede ayudar a hacer conciencia de cuánta agua requieren nuestros hábitos y ayudarnos, así, a repensar algunos de ellos. En el caso de la comida, la carne es el alimento que, por mucho, utiliza más agua. Por eso es importante replantearnos nuestro consumo de carne, y pensar en sustituirla con proteína vegetal.

El café también puede ser reemplazado: quizá no para suprimirlo, pero sí para reducir su consumo. El té, por ejemplo, es una bebida relativamente más sustentable, ya que por cada taza se utilizan en promedio 35 litros de agua. Así, podemos ahorrar agua de formas alternativas, lo cual no está de más en estos momentos, cuando debemos transitar con urgencia a formas de vida más sustentables y orgánicas.



El oasis convertido en desierto: imágenes de un mundo post calentamiento global (📸)

En “Forgotten Dried Land”, el fotógrafo Mohammad Baghal Asghari documenta la sequía que ha devastado los campos de Irán durante los últimos 30 años.

Los últimos 30 años han sido terribles para los pobladores de la provincia de Kermán, en Irán. Una región que alguna vez fue rica gracias al cultivo de palma y donde el agua no había escaseado, se convirtió poco a poco en un desierto debido a la escasez de agua y malas prácticas de cultivo.

 

El fotógrafo Mohammad Baghal Asghari realizó esta serie titulada Forgotten Dried Land (La tierra seca olvidada) para documentar la vida de los pobladores de Kermán, la cual puede leerse como una escalofriante profecía de un mundo cada vez más caliente.

Varias son las razones de la ruina de Kermán: la sequía fue provocada por una falta de lluvia extrema, lo que secó los pozos y acabó con los cultivos de palma y pistache; los granjeros utilizaron químicos en los cultivos, lo cual agravó la erosión de la tierra y no se logró recuperar la producción ni las exportaciones del pasado, además de que la ganadería se hizo insostenible. Desde entonces, más de 20,000 hectáreas de cultivo se han convertido en desierto.

El calentamiento global solamente aceleró las duras condiciones de sus pobladores, muchos de los cuales han intentado hacer tomas de agua ilegales, lo que está penado por el gobierno iraní. Ante esto, la ONU ha declarado a Irán como una zona de “escasez de agua”.