Si uno se pone a pensar en todos los factores que influyen en la construcción de una sociedad, las sorpresas emergen por sí solas. Es por esto que la riqueza de cada una de las ideologías colectivas que destellan desde distintas zonas geográficas hacen de este planeta, un mundo sumamente interesante. Lo que para muchos podría resultar cotidiano y muy familiar, para alguien que viene de otra región, se vuelve una historia transformadora. Eso mismo sucede cuando se conoce Afuá, una pequeña ciudad orillas de la selva amazónica, en donde los autos están prohibidos y sólo se pueden recorrer sus calles a bordo de bicicletas.

Para aquellos que apuestan por una movilidad más acorde con los tiempos modernos, Afuá podría ser una ciudad donde el tiempo se detuvo. Sin embargo, si la miramos con ojos más sensatos, más bien nos presenta un escenario plausible si es que en verdad queremos restructurar nuestra relación con la naturaleza.

Afuá, la ciudad de las bicicletas

Esta pequeña ciudad emerge en medio de un archipiélago que se encuentra en el estado brasileño de Pará. Su población es de tan sólo 40 mil habitantes, pero han formado una sociedad como ninguna otra en el mundo. Gracias a las condiciones socioambientales, Afuá emergió como un tesoro rodeado del Amazonas, entre canales formados por el río y a expensas del nivel de sus aguas. Y justamente este factor vino a gestar una cultura social que dista mucho de las grandes ciudades a las que estamos acostumbrados.

ciudad de Afuá en Brasil
Gabi di Bella

Inicialmente la ciudad fue construida sobre palafitos de madera, debido a las inundaciones constantes que el Amazonas causaba. Y ya que su construcción era primordialmente de madera, el estado estipuló un código de postura en 2002. En él, se prohibió el uso de cualquier vehículo a motor, incluidos los eléctricos, para salvaguardar la fragilidad de sus calles. Así, encima de uno de los ríos más importantes de todo el mundo, surgió la comunidad de Afuá que guarda el calor de su clima en sus costumbres y que se transporta enteramente con bicicletas.

Hoy en día, el asfalto ha llegado hasta algunas calles de Afuá, pero sus habitantes han desarrollado una conexión muy especial con la naturaleza y las bicicletas les permiten seguirla practicando. Toda su vida se basa en este sistema de transporte y ha sido la causa de que su sociedad diste mucho de la nuestra. Hay que imaginar que no existen las leyes de tránsito y en sus calles no hay un sólo señalamiento. Tampoco conocen el miedo a la mortalidad por accidentes de auto y ni se diga la espera de horas en el tránsito. Tan sólo existe la libertad, aquella que te roza en el rostro en forma de viento.

Una relación especial con las bicicletas

Esta relación especial entre los habitantes de Afuá con sus bicicletas no sólo ha transformado la cultura vial, sino su existencia misma. Allí la vida comienza muy temprano, a las cinco de la mañana todos se levantan a hacer sus actividades que incluyen la producción de palmito y azaí. Y al medio día la ciudad se paraliza, sus habitantes se detienen para resguardarse del abrazador sol. Las actividades no se reanudan hasta el atardecer cuando las calles vuelven a llenarse de aventureros rodantes.

Afuá la ciudad de bicicletas
Vítor Lobato

Es de imaginarse que, si no existen los autos, entonces tampoco existen servicios que dependen de ellos. Pero sorprendentemente, su adaptación a las bicicletas ha sido tal que han desarrollado formas tan ingeniosas de bicicletas, como las bicilancias que no son otra cosa más que ambulancias en bicicleta. Los bomberos no se quedan atrás, también tienen un bicimóvil para trasladarse a donde se les requiera.

Aquí la movilidad no emite un solo suspiro de gases tóxicos, un punto importante a tomar en cuante para afrontar el calentamiento global. Y en cuanto a las inundaciones, la comunidad ha decidido no tomárselo muy a la mala, de hecho, es como una fiesta para ellos. Aprovechan para limpiar la ciudad, jugar con las bicicletas en el agua e ir a nadar.