Este 6 de julio la Tierra se moverá más despacio (y nuestro sistema solar entrará en otra sintonía)

Este fenómeno astronómico provoca nuevas vibraciones en el cosmos.

Uno de los más fascinantes y significativos fenómenos astronómicos es el afelio, el momento del año en el cual la Tierra se mueve 3,600 kilómetros más despacio porque está 5 millones de kilómetros más lejos del sol.

Esto sucede porque la órbita de la Tierra alrededor del sol es elíptica, y es durante el afelio que se encuentra en el extremo más lejano, siendo además que el sol nunca está en medio de esa elipsis. Por eso el afelio tiene un contrario, que es el perihelio, el cual ocurre los primeros días de enero e implica una mayor velocidad orbital.

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NASA

Pero, ¿por qué estos fenómenos se traducen en un cambio de velocidad de la Tierra? Porque cuando los planetas están más cerca del sol se mueven más rápido, y cuando están más lejos se mueven más lento; esto se conoce como la segunda ley de Kepler.

Durante el afelio, la velocidad orbital de traslación disminuye 3,600 kilómetros respecto de la traslación durante el perihelio.

Estos fenómenos no tienen implicaciones para el clima, aunque normalmente se asocia el aumento de temperatura en el hemisferio norte con el afelio, lo que en realidad tiene que ver con la inclinación de la Tierra y el hecho de que el sol está más alto en el horizonte en algunas zonas del mundo.

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Pero culturalmente, e incluso filosóficamente, el afelio y el perihelio sí tienen muchas implicaciones. Para algunos pensadores, el cosmos y sus órbitas elípticas demuestran la perfección geométrica de la creación, la cual está regida por la armonía musical. Pero para Kepler esta armonía no es estática, sino dinámica, por lo cual en su libro De Harmonices Mundi retoma a Pitágoras, buscando en la velocidad de los planetas los intervalos musicales que hacen armónico al universo, como lo planteara el filósofo griego siglos atrás.

Para Kepler, quien definió la ley que rige la relación entre afelio y perihelio que acabamos de explicar, un desplazamiento rápido da como resultado un sonido agudo, mientras que un desplazamiento lento, como el del afelio, da uno grave. Así, el gran astrónomo convirtió todas sus observaciones celestes en cálculos a partir de los cuáles obtuvo los intervalos deseados y, con ello, descifró cómo sonaba el cosmos y por qué su sonido debía de ser armónico.

Así que este 6 de julio a las 17:46 GMT, cuando la Tierra esté más lejos del sol, viviremos uno de los momentos clave en la afinación de nuestra galaxia y de las fascinantes órbitas elípticas de planetas como el nuestro, que con su coro seguramente producen un sonido deslumbrante.



Caminar para estimular la creatividad: el secreto de estos escritores

La ciencia ha comprobado que este viejo método es infalible.

Desde el furtivo paso de nuestros ancestros nómadas hace milenios hasta el día de hoy, que cada individuo realizó una caminata para llegar hasta donde se encuentra en este preciso momento… No cabe duda que caminar es un acto más poderoso de lo que solemos imaginar. Caminar es arte.

Las mentes más lúcidas de la historia lo han sabido. La sabiduría antigua está repleta de registros sobre las veleidades de caminar, que algunas de las plumas más insólitas del siglo XX supieron recoger y adaptar. Más aún, caminar ha sido el habito favorito de escritores y filósofos por igual: una forma de explorar la mente y desatar la creatividad, sin leyes establecidas. Porque Ernest Hemingway podía relatar que, en un momento dado:

Era más fácil pensar si estaba caminando.

Simplemente porque caminar es una tarea sencilla, cotidiana y casi imperceptible que nos sumerge en una especie de trance –que la psicología llama flujo­–. Es como meditar en movimiento. Sin embargo, cada uno tiene su ritmo; por eso, alguna vez Charles Dickens dijo:

Si no pudiese caminar lejos y rápido, creo que sólo debería explotar y perecer.

A su vez, no podríamos olvidar lo que dijo Henry Thoreau:

Cada caminata es una suerte de cruzada.

Y es que uno se encuentra consigo mismo en esos momentos. Más si caminamos rodeados de naturaleza –sin duda un templo de bienestar–. Una actividad que, por cierto, baja el estrés: sobre todo si caminamos bajo los árboles. Aunque habrá a quien le funcione hacerlo en una ciudad.

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Ferdinand Hodler

Pero el escritor escocés, Kenneth Grahame, también intuía que lo mejor es hacerlo en parajes naturales. En su ensayo The Fellow that Goes Alone se encuentra quizá la prosa más bella dedicada al acto de caminar.

El regalo particular de la naturaleza para el caminante, a través del semi-mecánico acto de caminar ­–un regalo que, por cierto, ningún otro tipo de ejercicio puede transmitir al mismo nivel– es poner a la mente a correr, hacerla locuaz, exaltada, quizás un poco chiflada, ciertamente creativa y suprasensible.

¿Te suena familiar? Quizá tú también has experimentado al caminar lo que estos escritores mencionan. Pero si te queda duda…

La ciencia lo ha confirmado

Varios experimentos hechos por los investigadores Marily Oppezzo y Daniel Schwartz han concluido que caminar desata la creatividad. Luego de estudiar a 200 estudiantes mientras caminaban, pudieron observar que estos mostraban una marcada tendencia al aumento de habilidades creativas.

La investigación de Oppezzo y Schwartz comprendió cuatro experimentos con 176 estudiantes universitarios que completaron tareas utilizadas para evaluar el pensamiento creativo. Tres de los experimentos se basaron en una prueba de creatividad de “pensamiento divergente”.

El pensamiento divergente es un proceso de pensamiento o método utilizado para generar ideas creativas al explorar muchas soluciones posibles. En estos experimentos, los participantes tenían que pensar en usos alternativos para un objeto dado. Se les dieron varios conjuntos de tres objetos y tuvieron cuatro minutos para obtener la mayor cantidad de respuestas posible para cada conjunto. Una respuesta se consideró novedosa si ningún otro participante del grupo la usó.

El estudio encontró que la gran mayoría de los participantes en estos tres experimentos fueron más creativos al caminar que al sentarse. De acuerdo con el estudio, la producción creativa aumentó en un promedio del 60 por ciento cuando la persona caminaba.

Además, también se ha comprobado que caminar nos hace más inteligentes… Así que razones sobran para salir a dar un paseo ya.

*Imagen principal: Ernest Hemingway practicando su caminata “lambeth”, popularizada por el musical Me and My Girl