Seguro has consumido aceite de palma hoy sin saberlo. Este ingrediente puede encontrarse fácilmente en la mitad de los productos que se consumen a diario: en cosméticos, pasta de dientes e incluso la comida de tu perro.

Se esconde bajo nombres imperceptibles, pero sus efectos en el ambiente son más que notorios.

También en Ecoosfera: Aceite de palma, ¿cómo reconocer los productos que lo usan y por qué deberías reducir su consumo?

 

¿Cómo daña al ambiente?

La producción del aceite de palma se concentra en algunos de los ecosistemas más vulnerables del mundo. Los bosques selváticos de Indonesia, Malasia y Papúa Nueva Guinea son hogar de especies en peligro de extinguirse. La deforestación que impulsa la industria de este aceite ya ha provocado la pérdida de 31 millones de hectáreas de bosque; es decir, el 11% de la extensión total. Y Latinoamérica no es la excepción. 

La controversia alrededor de este producto ha sido grande. Por poner un ejemplo: recientemente, se negó el permiso para que en la televisión local se transmitiera un comercial navideño en Islandia en contra del consumo del aceite.

A pesar de los daños, para muchas empresas se ha vuelto imprescindible. Gracias a la perenne presión de grupos como Greenpeace, se han hecho esfuerzos por hacer más sustentable la producción de este aceite, pero, ¿es esto posible?

 

¿Puede ser sustentable?

La industria del aceite de palma no sólo diezma selvas: desplaza a poblaciones nativas, contamina la atmósfera con el dióxido de carbono que producen sus quemas y está llevando a especies como el orangután a la extinción definitiva. Esto se ha extendido hasta México, donde la siembra de palma está cambiando la forma de vida de las especies animales y de las personas.

Las medidas que la RSPO ha concertado con algunas de las empresas que más extraen aceite es que se alejen de los bosques que tienen un alto valor de conservación. El problema es que esta categoría es vaga, y muchas compañías colocan el sello de “certificado como sustentable” en sus productos sin atenerse realmente a los acuerdos.

A pesar de todo, el potencial sustentable del aceite de palma es grande, según expresa el líder del grupo Conservation International. Los árboles producen una cantidad de aceite considerable para el poco espacio que necesitan. La diferencia es notable en comparación con otros tipos de aceite disponibles en el mercado, como el aceite de coco.

 

Quizá boicotearlo no es la solución

El problema parece no estar tanto en el aceite mismo sino en la zona en que se planta. Según la revista National Geographic, boicotearlo sería una decisión muy poco sabia: otro tipo de cultivos consumirían más tierra (y generarían los mismos problemas), además de que la economía en todo el sudeste de Asia se vería afectada. 

Erradicar por completo la industria, además de difícil, significaría una reducción en la calidad de vida de muchas provincias de la región. Por ello, la recomendación de asociaciones como Carbon Disclosure Project aboga más bien por mejorar las condiciones de producción que ya existen. 

La Union of Concerned Scientists sugiere que las plantaciones se realicen en tierras que no contengan bosques -por ejemplo, en Brasil, se están haciendo ya en terrenos destinados a la ganadería-. Otra alternativa es mover su producción a áreas que ya han sido deforestadas.

 

Acciones que puedes tomar

Mientras tanto, se puede contribuir a la causa modificando los hábitos de consumo. Antes de comprar, hay que informarse: en este artículo encontrarás consejos para evitar los productos que llevan aceite de palma.

Estamos ante un tema que no tiene una sola solución sencilla. Quizá lo más importante es recordar que incluso la situación más enrevesada tiene ciertos matices. El aceite de palma es nocivo; pero también es indispensable para la economía de los países productores. Hacer más sustentable su extracción será difícil, pero es factible y definitivamente necesario para el futuro del planeta.