En los tiempos antiguos, muchos años antes de la época colonial, los habitantes de las tierras de lo que hoy es América conocían a este territorio como Abya Yala, una tierra mística de dones únicos y diversidad magnífica. Esa era la tierra de los ancestros, aquellos pueblos mesoamericanos que se unieron a la naturaleza para dotar de alma el territorio.

 

¿De dónde proviene Abya Yala?

Se dice que la visión indígena bautizó la tierra como Abya Yala; Abya significa sangre, lo cual para los pueblos era sinónimo de vida, y Yala significa montaña. En conjunto, el concepto nombraba a la “tierra viva”, la tierra del florecimiento. Su origen se coloca en el norte de Colombia, en la Sierra Nevada. En la comarca Kuna Yala, cerca del año 1507, el cosmólogo Martin Waldseemüller utilizó el término por primera vez.

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Fue así como, navegando fuera de los pueblos, se usó este nombre en los procesos de independencia. Pero más que un nombre, Abya Yala representa la existencia de otras formas de vida y la lucha por defenderlas. Creemos que todo comenzó con el hambre de las colonias y el desarrollo de las industrias, pero mucho antes de esto la vida era distinta y, en muchos sentidos, mejor.

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La Tierra antes de la modernidad

Hoy Abya Yala se ha transformado en una posición, tal vez política, social, económica o de vida. Este concepto no nació en las raíces de la academia, sino del vientre de las comunidades conquistadas, aplastadas e invisibilizadas. Antes del colonialismo, este término fue la forma de nombrar la existencia de la Tierra. Hoy encarna la lucha contra la colonialidad: es la manera de nombrar Latinoamérica antes de que fuera Latinoamérica. Este territorio fue, antes que cualquier otra coas, indígena y afrodescendiente.

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Son tierras que pertenecieron a personas raptadas, explotadas y extraídas de sus hogares. Por eso, para recuperar a Abya Yala es indispensable la unión entre indígenas y la diáspora africana. Pero no sólo basta con la honestidad de estas comunidades, nuestra franqueza también es necesaria. Lo que hoy conocemos como capitalismo no surgió de la nada. El colonialismo precedió a este sistema y sin un proceso colonial, en Abya Yala nada de lo que hoy existe sería igual. De aquí la importancia de reconocer la historia de los pueblos.

 

Luchemos desde Abya Yala y no desde América

Posicionarse políticamente es una tarea histórica. No podemos tan sólo elegir un bando, hay que profundizar. La América de hoy no significa lo mismo que la América de Abya Yala. Incluso, hay que reconocer la inexistencia de América en Abya Yala.

Desde la visión antincolonial, no existe un territorio conquistado. Para desmantelar el sistema de hoy (el cual nos ha llevado a la desconexión con la naturaleza) se necesita emanciparse del capitalismo, convertirse en anticapitalista y, por ende, abandonar el mundo que se ha nombrado desde ahí.

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Que no nos sorprenda que en pleno siglo XXI continúe el racismo, cuando no hemos abandonado las ideas de raíz del colonialismo y el capitalismo. Las posturas de hoy deben plantearse desde otro escenario.

Por eso, luchar desde América o Latinoamérica no es lo mismo que luchar desde Abya Yala. La primera celebra la modernidad, es decir, la colonialidad. En cambio, la segunda celebra la propiedad e individualidad del espacio natural. En pocas palabras, en la primera hay territorio y en la segunda una reapropiación de los mundos de vida y sus significados. ¿Ya pensaste en qué mundo vives?

 

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