Aunque parezca que la vida es improvisación, la realidad es que todo parte de un ciclo ordenado. Con certeza sabemos cuándo dormir, despertar, movernos y comer. Las abejas, por ejemplo, aprenden durante el vuelo a reconocer a las flores más gratificantes y con ello asegurar su alimento.

Desde el primer respiro cada ser vivo está preparado para aprender a sobrevivir en el planeta. Aunque la libertad de vivir se manifiesta cada día, la vida nos exige ciertos actos diarios para mantenernos existentes.

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@joejackson2397

Para los seres humanos la obtención de alimento, en algunos casos, puede ser un acto sencillo. Sin embargo, para los animales se convierte en todo un aprendizaje desde los primeros días de vida; los leones aprenden a acechar y cazar, los cocodrilos a ser sigilosos y moverse rápido, mientras que las abejas memorizan las flores de las cuales obtienen mayor néctar.

Una vez que las abejas están listas para salir de la colmena, el primer viaje se convierte en toda una lección de vida. Los abejorros más grandes pasan horas memorizando la ubicación de las flores más ricas en néctar. El objetivo es facilitar el siguiente viaje y gastar menos energía para conseguir néctar. Después de beber de una flor, los abejorros deciden si vale la pena volver o es mejor buscar otra fuente de alimento.

“Si la flor es rica en néctar, una abeja estará muy dispuesta a regresar y, por lo tanto, invertirá en conocer su ubicación”, indica Natalie Hempel, investigadora en Comportamiento Animal de la Universidad de Exeter.

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@hellotimking

Las abejas en busca de flores gratificantes

Si es que los abejorros ubican una flor sumamente gratificante, estos volarán lejos de ella para mirarla desde un panorama más abierto. Mirarán un poco hacia atrás en su ubicación y memorizarán el entorno de la flor que les agrada.

En el siguiente viaje, la abeja podrá comparar las vistas con sus recuerdos y una vez que esté ubicada, irá inmediatamente a la flor que la hará feliz. Sin embargo, no todas las abejas realizan el mismo proceso.

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@loacfr

Son los abejorros recolectores de mayor tamaño quienes prefieren realizar el vuelo de aprendizaje y resguardan en su memoria a las flores más dulces. Es un tipo de inversión exploradora que garantiza el alimento en los próximos vuelos.

Esto se logró saber a través de un estudio con abejas de invernadero. Los investigadores establecieron un perímetro con flores llenas de néctar y otras no tanto. Después una cámara capturó los vuelos de aprendizaje y se confirmó que varios abejorros regresaron a las flores más dulces.

Sin duda los abejorros más grandes aprovechan su estructura física e intuición para explorar más allá de la colmena. Aprovechan al máximo el regalo de la evolución y aprenden diariamente una nuevas rutas para garantizar su supervivencia.

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