5 alimentos del supermercado que creías “saludables” pero, de hecho, resultan dañinos

Estos productos se venden en cualquier supermercado como “saludables”, pero en realidad pueden representar un peligro para la salud.

Las modas no solo inciden en nuestro modo de vestir y nuestros gustos; también influyen en nuestra alimentación. Llevar una dieta nutritiva y sustentable se ha vuelto un hábito al que casi todos aspiramos. El boom de productos “saludables” que decora los estantes de cualquier supermercado prueba que las empresas no son ajenas a esto, pero, ¿son estas comidas tan sanas como parecen?

No todos contamos con la ayuda constante de un nutriólogo, y en la vida diaria es mucho más sencillo guiarse por lo que tenemos a la mano. Por eso hemos armado esta pequeña lista de productos que tienen toda la pinta de ser saludables pero que pueden poner nuestra salud en riesgo.

 

1. Alimentos “sin grasa”- light

Son los principales culpables de esta lista, sobre todo por el engaño que ocultan. Ojo: no es que las etiquetas que dicen “sin grasa” mientan del todo. El principal problema es que la grasa en estos productos es reemplazada por mayores cantidades de azúcar, lo cual duplica no sólo su contenido calórico sino el daño que causan en nuestro cuerpo.

 

2. Leche de almendras

Justo como lo lees. A pesar de que la leche de almendras se ha comercializado como un buen sustituto para los productos lácteos, la que se vende en los supermercados tiene poco o nulo valor nutricional, además de contener importantes cantidades de azúcar refinada. Es mejor aprender a producirla nosotros mismos.

 

3. Aceite de coco

Otra de las grandes tendencias culinarias recientes. El aceite de coco puede ser benéfico para el cabello y la piel, pero comerlo no es tan buena idea. Según algunos estudios, puede ser peligroso para quienes sufren de enfermedades cardiovasculares, pues contiene más grasa saturada que la mantequilla. En su lugar, puedes cocinar con aceite de oliva extra virgen, pero siempre con mesura. 

 

4. Jugo de frutas

Comprar jugo de frutas en la tienda no es para nada recomendable: muchos de ellos tienen casi la misma cantidad de fructuosa que una Coca-Cola. Prepararlo en casa, aunque mucho más sano, no es tampoco la mejor manera de obtener los beneficios de las frutas. Además de darnos energía, las manzanas o naranjas son una gran fuente de fibra, pero ésta se encuentra en la pulpa, no en el jugo. Por suerte, eso se arregla fácil: no cueles el jugo de naranja en tu próximo desayuno. 

 

5. Granola

Sí, la granola encima de un cóctel de frutas es deliciosa, pero como muchos de los culpables en esta lista, tiende a contener demasiados azúcares. Aunque esto garantiza que nos dé mucha energía después de una sesión de ejercicio, sí cuenta como un alimento poco balanceado, pues también contiene químicos y saborizantes artificiales.



Investigadores observan cómo se ve la tristeza en tu cerebro

Se trata de una inédita cartografía de la tristeza sobre el vasto territorio del cerebro.

La tristeza es como el clima: un estado psíquico fluctuante, que viene y va, quizá como una tormenta. la tristeza puede llegar en cualquier momento pero, por fortuna y hay que recalcarlo, también siempre pasará. No cabe duda que todos la hemos experimentado, pues se trata de una condición humana primigenia. Más aún, la tristeza es una energía que potencia nuestras capacidades sensoriales y cognitivas, pues nos hace experimentar el mundo de otras maneras.

Es por eso que la tristeza ha sido el sedimento de portentosas creaciones humanas. Y por eso –ya lo decía Virginia Woolf–, hay un tipo de tristeza que algunos no buscar mitigar, sino quizá comprender y aprovechar. Pero esa gran energía que compartimos colectivamente, ¿es asequible? Al parecer, sí.

Científicos estadounidenses pudieron ver cómo se ve la tristeza en el cerebro.

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Un estudio se realizó recientemente en la University of California sobre 21 pacientes de epilepsia, quienes estaban en un hospital esperando una cirugía que tardaría varios días. Los psiquiatras insertaron cables en las cabezas y sienes de los pacientes y midieron su actividad eléctrica durante una semana. De esta forma, los investigadores pudieron observar el tipo de comunicación eléctrica que se generaba en el cerebro de los pacientes.

Para su sorpresa, la comunicación entre redes específicas del cerebro, involucradas con la emoción y la memoria, coincidió en 13 de los 21 pacientes. La tristeza estaba asociada en ellos a un circuito neuronal particular en el cerebro, el cual conecta la amígdala, una zona del cerebro encargada de regular las emociones, con el hipocampo, principal almacenador de recuerdos.

Esto quiere decir que las emociones modifican cómo dialogan las zonas del cerebro entre sí, y cómo funcionan las redes neronales. Éstas han sido cada vez más tomadas en cuenta en estudios sobre el cerebro y la inteligencia, e incluso se ha develado que compartimos mucho más con algunos animales de lo que creíamos, debido al funcionamiento de estas redes.

Según dijo para NPR Vikaas Sohal, uno de los autores encargados del estudio:

Había una red que una y otra vez nos decía si se sentían felices o tristes.

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Así se ven los mapas de estas redes neuronales

El estudio podría llevar a trascendentes avances para una mayor comprensión de los trastornos emocionales, pues los investigadores cuentan ahora con una cartografía más clara de la tristeza sobre el vasto territorio del cerebro.  Esto podría ser especialmente importante en el caso de la depresión, pues saber más sobre las redes neuronales que activan y desactivan diversos procesos en zonas como la amigdala y el hipocampo puede ayudar a encontrar nuevos remedios a la depresión.

Podrían hacerse tratamientos específicamente para cambiar la actividad de estos circuitos neuronales.

Esta cartografía cerebral de la tristeza es una buena noticia para las millones de personas que padecen depresión, la cual será para el 2020, según la OMS, la primera causa de discapacidad en países como México. Y también es buena noticia para la conciencia contemporánea, pues con este tipo de evidencias científicas es posible cultivar mayor empatía colectiva hacia los trastornos mentales, que sin duda modifican nuestro cerebro de maneras hasta ahora desconocidas, pero que nos atañen a todos.

Imágenes: 1) videohive, edición Ecoosfera; 2) Johnny Keethon; 3) cell



¿Qué es y por qué debemos evitar el glutamato monosódico?

Este popular aditivo de alimentos procesados se asocia con múltiples, y poco deseables, efectos secundarios.

En la actualidad uno de nuestros peores hábitos  es el consumo de alimentos procesados. Los altísimos contenidos de sodio, grasas y químicos impronunciables han transformado una experiencia que solía ser nutritiva en algo puramente artificial y hasta dañino. Entre los muchos aditivos químicos en nuestros alimentos se encuentra el glutamato monosódico (GMS), también conocido como el aditivo “umami”. El umami es uno de los cinco sabores básicos, junto con con el amargo, dulce, ácido y salado, se encuentra naturalmente en algunos alimentos como la carne, las espinacas y los champiñones, sin embargo el GMS es el resultado de un proceso químico.

En Estados Unidos es “Generalmente Reconocido como Seguro“, mientras que la Unión Europea lo clasifica como un aditivo alimentario, sin embargo, el consumo de alimentos con GMS se ha asociado con algunos síntomas y malestares.

¿Qué es?

El GMS es un aditivo que mejora el sabor de algunos alimentos procesados. Hace que las carnes procesadas y la comida congelada sepa más fresca, que los aderezos tengan un mejor sabor y le quita el sabor metálico a los alimentos enlatados.

En términos químicos el GMS contiene un 78% de ácido glutámico libre, 21% de sodio y hasta 1% de contaminantes. El GMS “engaña” a nuestro cuerpo haciéndonos creer que la comida sabe mejor, más sana y más rica en nutrientes.

¿Por qué debemos evitarlo?

El consumo de GMS puede causar dolores de cabeza, migrañas, espasmos musculares, nausea, alergias, anafilaxis, ataques epilépticos, depresión e irregularidades cardiacas. Ya que es una neurotoxina, daña el sistema nervioso y sobre-estimula a las neuronas llevándolas a un estado de agotamiento, y algunas de ellas eventualmente morirán como consecuencia de esta estimulación artificial. Además, consumir alimentos con GMS hace que los niveles de glutamato en la sangre sean más altos de lo que deberían ser, y si estos niveles se mantienen así, el glutamato se filtra al cerebro causando y contribuyendo a malestares físicos.

De acuerdo con la prestigiada Clínica Mayo, el consumo de este aditivo se asocia a efectos secundarios tales como mareo, nausea, sudación, debilitamiento, taquicardia y dolor de pecho, entre otros. Y si bien se sigue utilizando masivamente en miles de alimentos procesados, la cantidad de reportes alrededor de sus efectos nocivos sigue creciendo. 

CAMPBELL

Como no consumirlo:

Para evitar consumir GMS es imperativo consumir productos orgánicos y dejar de consumir alimentos procesados. Antes de comprar cualquier producto procesado (salsas, galletas, alimentos congelados y comida chatarra) lee las etiquetas, si tiene glutamato monosódico no lo compres. En ocasiones etiquetan al GMS de otra manera o es uno de los compuestos de: la proteína texturizada, el alimento para levadura, el concentrado de proteína de soya, la gelatina o el nutriente de levadura.

Los alimentos bajos en calorías o los que están enriquecidos con vitaminas, el almidón y jarabe de maíz, el jarabe de arroz y la leche en polvo, también contienen rastros de GMS.

Lee también las etiquetas de productos no-alimenticios. Algunos cosméticos, jabones, acondicionadores y champús también contienen pequeñas cantidades de este nocivo producto.