Todo cuerpo de agua es, en esencia, sagrado. Su mera presencia es francamente un milagro, y no sólo porque el agua (incluso la del vaso que recién bebiste) es más antigua que, por ejemplo, el sol o la luna; también porque todo cuerpo de agua es invariablemente una fuente de vida. No es casualidad que buena parte de las culturas y grandes asentamientos se hayan desarrollado precisamente alrededor de los cuerpos de agua, en particular los ríos –y aquí obviamente nos remitimos al Nilo, al Ganges y al Éufrates, pero también al Támesis, el Sena o el Danubio–.

Considerando lo anterior no debería sorprendernos que existan alrededor del mundo ríos que son considerados, en algunos casos desde hace milenios, sitios sagrados. Así que a continuación te compartimos algunos de estos cuerpos sacros, generadores de mitos, leyendas, cultos y, sobre todo, de mucha vida.

 

Río Ganges (India)

Este río es el epítome de la sacralidad. La cantidad de ritos y rituales que se llevan a cabo aquí (además del hecho de ser protagonista de una de las religiones más populares del planeta, el hinduismo) hace del Ganges un verdadero templo de agua –de hecho, incluso algunos de los brazos que lo alimentan, por ejemplo el río Yamuna, también son considerados divinos–. Si algún día lo visitas te recomendamos hacerlo en la ciudad de Varanasi. 

 

Río Urubamba (Perú)

rio-urubamba-machupicchu-peru Tiene 650 kilómetros de extensión, y forma parte de la cuenca del Amazonas. Los incas le atribuían una cualidad única: ser un espejo de la Vía Láctea –conocida por ellos como Mayu o “río celestial”–. Si quieres recorrer las majestuosas montañas peruanas, este río podría marcar parte de tu camino.   

 

Río Oshun (Nigeria)

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Al sureste de Nigeria fluye este río que ocupa un lugar muy especial en la religión yoruba –que ha influenciado a otras, como la famosa santería–. Este credo advierte la existencia de 401 espíritus (orishas) y el río Oshun representa a la diosa del agua y el amor. 

 

Río Jordán (Jordania, Líbano, Israel y Siria)

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Este río conecta el mar Mediterráneo con el mar Muerto. Su carácter sacro es referido tanto en el judaísmo como en el cristianismo, y además recorre algunos de los paisajes más fabulosos del Medio Oriente.