Las matemáticas y la ciencia desarrollan ciertas capacidades relacionadas con la concentración y la rapidez mental, y en la práctica cumplen con roles importantes cuando su aplicación es social. Sin embargo, aspectos educativos como el arte, necesidad que ha prevalecido por milenios como una respuesta a nuestro yo expresivo, tiene un papel quizá más trascendental, pues está comprobado que su contacto sensibiliza a los seres humanos. En este contexto, la ciencia no tendría razón de existir si su objetivo no fuese el bienestar de la humanidad, mismo que puede concebirse únicamente desde la empatía.

Un extenso estudio de la Universidad de Kansas ha comprobado que el contacto directo de los niños con las experiencias artísticas, como ir a un museo, escuchar una historia en voz alta, practicar danza o tocar algún instrumento, los convierte en personas más críticas, pero sobre todo más sensibles.

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Quizá aquella teoría relativa a que el arte sensibiliza el alma, tocando fibras que únicamente el lenguaje del espíritu comprende, sea cierta. En la investigación mencionada, un grupo de niños fue llevado a un museo, donde recibieron información general sobre las pinturas, y luego simplemente se les invitó a tener contacto directo con las obras, haciendo preguntas generales, y asistiéndolos únicamente en caso de que lo solicitasen. Eventualmente los niños contestaron un examen, y la experiencia resultó ser un éxito. 

Los valores desarrollados por un niño que tiene contacto con experiencias artísticas involucran aspectos empáticos y analíticos como entender que otros vivieron en otra época, tras contemplar sus creaciones. De esta manera se genera una especie de empatía histórica, los niños amplían su panorama de la vida, desarrollan su memoria y se cuestionan en mayor medida el porqué de las cosas. 

A su vez, el anterior estudio comprueba que el hecho de ir físicamente a un lugar predispone más a nuestra mente para valorar y asimilar las experiencias: como si la voluntad fuese un factor importante para que nuestra mente se apropie de las experiencias con mayor firmeza Además, se comprobó que los niños que fueron a un museo por primera vez experimentaron avances en cuanto al pensamiento crítico, la empatía y la tolerancia.