El 70% de los ecosistemas intactos de nuestro planeta se distribuye en sólo 5 países. Cuidar la tierra virgen que nos queda, debe ser una prioridad global.

Los ecosistemas intactos son valiosos por una sencilla razón: amortiguan los efectos del cambio climático, que sigue en aumento. Aun con esto, su protección todavía no se considera un objetivo explícito en la política internacional, según la revista Nature.

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Mapa de los ecosistemas intactos restantes/Revista Nature

A nivel mundial, sólo un 23% de la naturaleza sigue intacta. La mayor parte de ese porcentaje se concentra en Brasil, Canadá, Estados Unidos, Rusia y Australia. El resto de los ecosistemas vírgenes se encuentran en los océanos y zonas del Ártico.

Hoy más que nunca, los estragos de la actividad humana en el medioambiente son imposibles de ignorar. La agricultura, la minería y el desarrollo urbano han arrasado con 3.3 millones de kilómetros cuadrados de zonas vírgenes. Esta cantidad exorbitante equivale a un área que supera el tamaño de la India.

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El llamado a la acción es total. Científicos de la Universidad de Queensland insisten en que la protección de estas zonas se lleve a cabo en un 100%. Aunque los países involucrados tienen la mayor responsabilidad, la conservación de la naturaleza salvaje debe ser una prioridad mundial.

Las áreas vírgenes son un gran repositorio de material genético, pues en ellas se da la biodiversidad de manera natural y adaptada a los procesos evolutivos. Además, las zonas forestales intactas absorben mucho más dióxido de carbono que las áreas reforestadas. 

Así como las especies animales se extinguen, los hábitats en los que se desarrollan también se encuentran en constante peligro. Los daños siempre llegan, de una forma u otra, a las comunidades humanas. Junto a los esfuerzos de conservación internacionales, Nature resalta la importancia de defender los derechos de las comunidades indígenas que habitan gran parte de estas tierras.

El panorama es preocupante, pero todavía no es tarde: la Tierra nos está dando una oportunidad más para salvaguardar la naturaleza que nos queda. Queda en nosotros atender su llamado