No soñar tiene nocivas consecuencias para todo tu organismo, según la neurociencia

Dormir y soñar es la manera en la que estabilizamos nuestras emociones. Al privarnos de esto, nuestra salud queda comprometida de maneras inauditas.

Nuestro sueño es un terreno íntimo, cuyos únicos exploradores somos nosotros mismos. Visto así, soñar es hacer, cada noche, un vital viaje a lo desconocido: a las representaciones que hacemos del mundo, a lo que vivimos, y a veces a lo que ni siquiera sabíamos que sabemos y que sólo soñando podemos develar.

Por eso, soñar era visto por los padres del psicoanálisis –Sigmund Freud y Carl Jung– como un momento de la vida tan importante como la vigilia, que es capaz de revelar rasgos fundamentales de la personalidad, cosa que, dicho sea de paso, le apasionaba estudiar a Jung.

Así, es indudable que los sueños conforman una suerte de equilibrio fundamental. Más aún: la neurociencia nos ha ayudado a profundizar en la importancia que tiene soñar para conservar la salud, en sentidos que antes no habían podido comprobarse.

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Según el editor de New Scientist, Rowan Hooper, no soñar de manera crónica tiene consecuencias para nuestras horas de vigilia realmente insospechadas, lo cual está relacionado con trastornos del sueño que están comenzando a ser considerados una amenaza para la salud pública global.

No soñar de manera crónica está relacionado con el hecho de que por lo menos un 20% de la población mundial sufre algún trastorno del sueño.

Dormir implica un ciclo de reparación; de no cumplirse, esto afecta a todo nuestro metabolismo, provocando:

  • Desordenes en el humor
  • Estrés
  • Mala digestión
  • Agotamiento

No soñar es un síntoma de que este ciclo se está interrumpiendo, pues sólo podemos soñar una vez que hemos llegado a la etapa REM (sueño de movimientos oculares rápidos; rapid eye movement, por sus siglas en inglés) mientras dormimos, la cual precede a otros tres ciclos que duran en promedio 90 minutos.

Llegar a la etapa REM toma por lo menos 3 horas y media; si no pasamos el suficiente tiempo en dicha etapa es difícil conseguir sus beneficios de descanso, según Hooper. Incluso, como han señalado algunos estudios, no soñar (o no soñar suficiente) afecta a la memoria, pues es durante el sueño que ésta se consolida.

Sumado a todo esto, no dormir lo suficiente drena nuestra energía: no soñar puede afectar nuestra percepción de la realidad y cómo nos desenvolvemos, e incluso mermar la creatividad, la cual sólo podemos desbloquear (entre otras cosas) con el debido descanso.

Así que no subestimes la importancia de soñar: es un proceso vital tanto para idealizar (soñar en el sentido metafórico) como para poder realizar lo que nos proponemos, al contar con el descanso necesario.

 

*Imágenes: Oh Gigue



Dormir más el fin de semana puede ahorrarte una muerte prematura (Estudio)

Recupera tus horas perdidas de sueño y estabilízate: garantizarás la continuidad de tu vida en más de un 50%.

Amamos dormir, pero no todos podemos hacerlo con la frecuencia que desearíamos. La rutina diaria de millones de personas alrededor del mundo no les permite tener más de 6 horas de sueño al día. Y no poder ingresar al íntimo espacio de nuestros sueños es sumamente nocivo, pues afecta en su totalidad la manera en la que nos desenvolvemos cotidianamente, y además trae consecuencias también a largo plazo.

Dormir es un ciclo de reparación que debe cumplirse preferentemente en un mismo período, y no de manera intermitente. Pero a sabiendas de que muchos trabajos y actividades no nos permiten dormir a plenitud, tenemos que inventar nuevas maneras de conseguir el descanso necesario.

Una de ellas es el inemuri, o “soñar estando presente”: una práctica japonesa para descansar cuerpo y mente sin caer por completo en las redes del sueño. Pero ya que no todos conocemos los secretos de Japón, podemos hacer algo más simple y que, según un estudio reciente, podría evitar que muramos prematuramente: dormir bien el fin de semana.

El estudio publicado por el Journal of Sleep Research evaluó a 38 mil adultos, utilizando modelos estadísticos para medir otros factores externos como el consumo de alcohol, la actividad física y el género.

El riesgo de muerte prematura se elevaba en un 65% entre quienes dormían 5 horas sin recuperación.

Pero lo sorprendente consistió en cómo la diferencia se estabilizaba entre aquellos que dormían 7-8 horas y los que, pese a dormir sólo 5 horas durante la semana, recuperaban sus horas de sueño el fin de semana.

Otro resultado que arrojó el estudio es que quienes dormían más de 9 horas se enfrentaban también a un nivel de mortalidad más elevado que el grupo de referencia, pues dormir es un ciclo sedentario que en exceso puede resultar dañino, e incluso ser señal de depresión u otros problemas psíquicos.

Así que ya lo sabes: parte de un estilo de vida que cultive la longevidad debe incluir largos y reparadores sueños, o por lo menos la recuperación de las horas perdidas. Además, las indagaciones científicas han llevado a descubrir otros hábitos que, en conjunto, te ayudarán a que el sueño sea lo más reparador posible, lo que incluye tener rutinas un poco más estrictas y evitar los estimulantes después del mediodía.



El ciclo lunar puede afectar nuestro sueño (y no precisamente se debe a la luz)

El astro lunar es, por excelencia, un referente orbitado por numerosas creencias sobre sus efectos en el cuerpo: ¿será que también es capaz de afectar nuestro sueño?

La posibilidad de que el organismo humano y los astros estén relacionados es una creencia muy vieja, incluso ancestral; lo que sucede arriba sucede también abajo, en nuestro cuerpo. En épocas más actuales, numerosas teorías y estudios han probado por qué es verdadera la frase “todos estamos hechos de estrellas”. Pero, más allá de la metáfora y las percepción poética de lo anterior, existen otras conexiones que han revelado la relación del ser humano con algunos otros entes del cosmos. Por ejemplo, con la luna

El astro lunar es, por excelencia, un referente orbitado por numerosas creencias sobre sus efectos en el cuerpo: desde ataques epilépticos y cambios hormonales, hasta promiscuidad y una mayor tasa de nacimientos según el ciclo lunar. Todas estas referencias advierten la capacidad de este astro para influencia el organismo humano, sin embargo, hasta hace no mucho, un estudio publicado en la revista Current Biology demostró que la luna también puede influir en el estado de sueño, y no necesariamente por su luz sino por su movimiento: el ciclo lunar.

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El estudio examinó a 33 personas para encontrar los efectos del astro sobre la mente en estado de sueño. Durante poco más de tres días, las personas de entre 20 y 74 años fueron instaladas en un laboratorio, donde se dio seguimiento a sus niveles hormonales y patrones de sueño. Se encontró que, en efecto, la luna puede afectar nuestro sueño, pero no como se pensaría, debido a su luz, sino debido a su ciclo. Por ejemplo, en la luna llena decreció en un 30 % la actividad del electroencefalograma durante el denominado NREM (sueño lento), y el tiempo requerido para quedar dormido se incrementó por 5 minutos. Además, el total de la duración del sueño se redujo 20 minutos. Haciendo la prueba dentro de un laboratorio, los científicos demostraron que no se trata de un efecto ocasionado por la luz de la luna, que puede ser lo suficientemente brillante como para ahuyentar el sueño, pero que no llegaba a los cuartos cerrados donde se realizó la prueba.

Aunque sea un estudio relativamente pequeño, tiene un buen punto; y éste podría ser un ejemplo para realizar nuevos estudios y comprobar, de una buena vez, si la luna afecta no solo nuestro estado de sueño sino nuestro comportamiento, en general, cuando cae la noche.  Así como afecta a los mares, a la tierra y hasta a animales como las tortugas que anidan en las playas. Pero, lo que es un hecho es que este imponente astro sí nos afecta psicológicamente, algo influenciado quizás porque desde comienzos de la civilización ha acompañado al ser humano la sensación de que este cuerpo astral tiene una relación mística con nosotros, de una forma u otra.