Para Charles Baudelaire, sólo había tres formas de estar legítimamente borracho: con poesía, con virtud o con vino. ¿Por qué el poeta elegía el vino de entre todos los tipos de alcohol? Probablemente porque pocas cosas producen el efecto particular del vino: esa sensación onírica y multidimensional que a tantos encanta. Una sensación que no sólo otorga placer sino también salud, pues tomar vino puede ayudar a prevenir el cáncer.

Lo fascinante del vino es que es una bebida que, contrario a otros alcoholes, estimula todos los sentidos. No sólo al momento de emborracharnos (algo que, ciertamente, no es necesario), sino a partir del momento en el que se descorcha. Es desde ahí que nuestros sentidos se involucran en la cata del vino, aunque algunos son más obvios que otros, como el olfato, el gusto y la vista. El oído puede servir también para saber más de la estructura y el cuerpo del vino, mientras que el tacto de nuestra lengua y paladar es lo que hace que nos demos cuenta de cómo es el vino que estamos tomando.

 

El cerebro se estimula con el vino como cuando resolvemos un problema de matemáticas

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Pero también hay neurociencia del vino, porque sin el cerebro para decodificar los sentidos no habría manera de experimentar esta milenaria bebida. Además, según el neurocientífico Gordon Shepherd, de la Universidad de Yale:

hay un tremendo rango de sistemas, motores y cerebrales, involucrados cuando probamos vino. 

Este neurocientifico, autor de Neurology: how the brain creates the taste of wine, arguye que los procesos que desata el vino a nivel cerebral son aún mayores que los desatados al escuchar música, leer o resolver problemas matemáticos. De acuerdo con los estudios citados en su libro, las moléculas del vino estimulan cientos de receptores del gusto y el olfato, lo que provoca que se desencadenen procesos cognitivos masivos, los cuales involucran patrones parecidos a los que ocurren cuando usamos la memoria, hacemos juicios o sentimos placer.

 

El vino no es cosa de precio, según la neurociencia

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La importancia del cerebro es todavía mayor cuando está en juego qué vino vamos a tomar. La neuroeconomía se ha encargado de develar que la relación entre el buen vino y el precio elevado podría no ser sino cosa de marketing. En experimentos como el realizado por la Escuela de Economía de Estocolmo y la Universidad de Yale, se ha podido comprobar que aun los expertos catadores pueden etiquetar un vino barato como “grandioso, si al probarlo no saben su precio.

Un experimento del California Institute of Technology analizo vía imágenes de resonancia magnética (IRM) lo que sucede en el cerebro cuando probamos vino. En este caso se le dijo a los bebedores ocasionales (no había expertos) que probarían cinco tipos de vino Cabernet Sauvignon, diciéndoles el rango de precio de cada botella, que oscilaba entre los 5 y los 90 dólares.

Se comprobó que la cuestión del precio estimulaba bastante su decisión. Pero más aún: la región del cerebro que mostró actividad fue la corteza orbitofrontal medial, lo que demuestra que todos usamos la misma parte del cerebro al momento de catar un vino y tomar decisiones sobre el mismo. Esto a su vez ha llevado a otras investigaciones, en las cuales se ha descubierto que el placer por tomar vino se incrementa cuando los bebedores creen estar ingiriendo un vino de mayor precio.

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Los mercadólogos utilizan este tipo de hallazgos para estimular las ventas. Teniendo estos datos proporcionados por la neurociencia, incluso las etiquetas y los nombres son decididos cuidadosamente. Como la psicóloga Antonia Mantonakis descubrió, incluso el nombre del vino puede influenciar en cómo una persona percibe su calidad: un nombre más “rimbombante” puede marcar la diferencia al momento de elegir un vino.

Así que, como puedes ver, el precio y la expectativa van de la mano, pero no así el precio y la calidad. Si queremos saber el por qué de ello según la ciencia del vino (y ya no sólo la neurociencia), el enólogo y catador Joan C. Martín nos lo puede explicar en sus guías de “supervinos” baratos y de gran calidad, que actualiza año con año.

Como sea, es un alivio saber que todos podemos disfrutar la quintaesencia de la uva a bajo costo, y más en la actualidad, cuando hay una variedad de vinos con la que hubiera soñado cualquier rey del Medievo.

Sólo asegúrate de que tu cerebro sea bien guiado por tus sentidos. El resto, déjaselo al vino.