Daño cerebral hace que un jazzista virtuoso se reinvente a sí mismo

Los beneficios de la música tienen mucho más alcance de lo que a veces esperamos. El caso del jazzista Pat Martino es un ejemplo sensacional.

Jazz, improvisación, resiliencia y tecnología ponen al descubierto que el cerebro humano funciona de forma holística. Para la época actual esto es un triunfo indudable y un punto de partida para estimular la ciencia y el arte en las sociedades contemporáneas.

Uno de los pocos mitos vivientes de la guitarra jazzística en lo que va del siglo XXI ha dejado con la boca abierta a los espectadores, pero también a los médicos neurocirujanos.

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El músico que olvida su música

El increíble virtuosismo que hizo famoso a Pat Martino es un ejemplo de vida. Martino sufrió varios padecimientos mentales, a pesar de haber alcanzado la fama a los 17 años. Antes de cumplir 40 tuvo que ser sometido a una operación para extraer un aneurisma, pero al despertar no recordaba nada. No reconocía a sus padres, ni la portada de sus discos, ni la música que ya lo había hecho una leyenda.

Los neurocientíficos y los fans todavía no alcanzan a creer que Pat Martino salió de la amnesia para ser dos veces mito viviente de la guitarra jazzística. Hoy, Martino da giras alrededor del mundo.

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Neurólogos descubren que el cerebro es un órgano holístico

Marcelo Galarza es uno de los neurólogos que han atendido al músico, junto con un grupo de especialistas. Para ellos, como caso médico, Martino demostró la neuroplasticidad del cerebro, su notable capacidad de “optimizar las redes neuronales”, según escribió Hugues Duffau, profesor y neurocirujano del Hospital Gui de Chauliac en Montpellier, Francia, quien también ha estudiado el proceso de rehabilitación del guitarrista nacido en Filadelfia en 1944.

El aneurisma que casi le provocó la muerte y que después por poco lo dejó sumido en el limbo de por vida es un hito para la música, el arte y la neurología.

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Cerebro más fuerte en adaptaciones cognitivas

La expresión armónica del seguidor de Wes Montgomery y John Coltrane entró en otra órbita de ejecución musical, porque después de la amnesia tuvo que empezar de cero la relación con su instrumento.

La recuperación de este guitarrista resume lo que se sabe hasta hoy sobre la habilidad del cerebro humano para improvisar y compensar malformaciones o lesiones.

 

La música después del limbo amnésico

A Martino tuvieron que operarlo de emergencia cuando descubrieron que tenía un aneurisma. Se cree que este “silencioso mal” pudo haber estado ahí desde su nacimiento, imposibilitando el desarrollo de su lóbulo temporal izquierdo, es decir, la zona para almacenar y recordar memorias.

Fue a dar al quirófano cuando, en medio de una clase en el Guitar Institute of Technology, tuvo una convulsión que lo dejó hospitalizado; la misma operación causó daño en el hipocampo.

Su padre, Mickey, quien también es músico, quedó estupefacto cuando descubrió que al salir del hospital Pat no recordaba nada. Pero esto no fue un final, sino el principio de algo milagroso.

En el 2014 un estudio publicado en Neuropsychology Review expuso que “por la manera en que los músicos estudian y entrenan su cerebro hay un efecto altamente benéfico en el área cognitiva, y esto es clave para sanar el daño neurológico”. En esta investigación participaron 35 músicos, uno de ellos el guitarrista, que hoy tiene 74 años.

 

De regreso a las cuerdas de su guitarra

Martino no sólo sobrevivió, sino que regresó a la vida generando música nueva desde su guitarra. Para otros guitarristas, su música es mucho más poderosa ahora.

The Return fue el álbum con el que el jazzista volvió a la escena pública. Además de dar conciertos imparte clases magistrales y sigue haciendo duetos con otras figuras del post-bop, neo-bop y soul jazz.



Improvisa y no temas a equivocarte: lecciones del jazz para experimentar la vida en toda su magnitud

Improvisar, equivocarse sin temor y vivir sin competir son algunas de las cosas que nos enseña este género delicioso.

Todos queremos tener una vida fantástica y fuera de lo común. Pero, curiosamente, solemos adoptar formas preestablecidas y previamente digeridas: nos domina el statu quo y vemos con terror cualquier cosa que consideremos anómala según nuestra –a veces– reducida concepción del mundo.

Es así que, ante nuestro deseo, siempre parece anteponerse una barrera. Delante de ella, abandonar la idea de seguridad es lo más difícil que podemos hacer, no obstante que aspiremos a ello.

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Por eso el jazz puede ser una fuente de inspiración para quienes aún están en busca de nuevas maneras de experimentar la vida o habitar el mundo. No sólo escuchando este género musical –que por cierto, no por nada es el favorito de algunos animales–, sino también conociendo más de las bases que lo hacen tan maravilloso.

El jazz nació de la necesidad: la necesidad de miles de esclavos que, si bien no gozaban de su libertad, podían emancipar los sentidos mediante la música.

Eran hombres y mujeres con una tradición musical ya heredada, pero que también supieron experimentar y no tuvieron miedo de hacerlo. En época de grandes jazzistas, como John Coltrane, este género siguió siendo un potente cohesionante social para los afroamericanos, al nivel de cualquier religión, pero sin ortodoxias de por medio. Y durante el apartheid en Sudáfrica en los años 60, el jazz fue una trinchera de resistencia cultural.

Esto, sumado a los ritmos impredecibles y las melodías escurridizas del jazz, es lo que lo hace una de las artes musicales de las que más podemos aprender. Las lecciones sacadas del jazz pueden cambiar radicalmente algunas de nuestras preconcepciones, ayudarnos a desmontar prejuicios y, en suma, pueden ser fuente de inspiración para transformar nuestra vida.

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¿No sabes qué hacer? Improvisa y conviértete en un líder

La vida casi nunca tiene libretos. Y de hecho, las mejores experiencias suelen ser espontáneas e improvisadas, como lo es el jazz. Pero a la vez, ni el jazz ni la vida son siempre pura improvisación: lo más valioso es que, a fin de cuentas, siempre hay una base sobre la cual es posible romper algunas reglas. Por eso, según el jazzista y profesor de políticas públicas Frank J. Barret, “los músicos se preparan para la espontaneidad. Los líderes pueden hacer lo mismo”.

 

Sé tu mismo sin olvidar a los otros

Si algo nos distingue como seres sociales es que hemos sido capaces de individualizarnos, pese a que evidentemente no podemos dejar de depender de los otros. Algo así sucede a los músicos, quienes, a decir del escritor Terry Eagleton, pueden autorrealizarse individualmente sin que ello signifique perseguir sólo sus intereses. Un jazzista, inmerso en su propio proceso, nunca se olvida de sus compañeros. Sin duda, es algo que tenemos que aprender a hacer en la vida.

 

Haz alianzas en lugar de competir

Un poco en el mismo tono, podemos pensar que el jazz no es como otros géneros en los cuales el papel de cada músico ya está previamente establecido. En su lugar hay un poco de libertad para todos, a la vez que un poco de compromiso colectivo. Esto anula toda necesidad de competir con los demás, y nos demuestra que siempre es mejor aliarse.

 

No temas equivocarte (nada es perfecto)

El jazz no es perfecto. Contrario a la música clásica, que siempre aspira a la perfección impoluta, el jazz es juguetón y no le teme a los errores; por eso irradia una vitalidad que a veces demasiada disciplina o perfección pueden aniquilar, haciendo todo muy aburrido.

 

Sé un poco serio también

Bien dijo John Coltrane que debemos comprometernos con todo lo que hagamos. “Hay diversión en ser serio”, dijo este predicador del jazz. Y es verdad: si algo distingue a los jazzistas es su disciplina, pues pocas artes requieren tanto esfuerzo intelectual y tanta disciplina como este género. Por eso, un poco de seriedad no está de más.

Todo esto no hace sino constatar que el jazz es como la vida: de naturaleza contradictoria. Por eso es el género ideal para sobrellevar la existencia con la mayor de las energías creativas.

 

* Imágenes: 1) Lynnie Zulu; 2 y 3) Pinterest, edición Ecoosfera