Cómo crear en comunidad: una lección del jazz (y los jazzistas)

La improvisación de este género nos demuestra que podemos autorrealizarnos como individuos, incluso en colectividad.

El jazz es comunidad. Música que por sí misma es simbólica y significativa: que nos transmite la nostalgia que sentían los afroamericanos por sus raíces, pero también su terquedad por sobrevivir, así fuese como una subcultura en un país ajeno.

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Esa es una de las razones que hacen del jazz un género especialmente comunitario, sobre el cual se erigió la resistencia cultural de los afroamericanos descendientes de esclavos. Pero hasta cierto punto toda la música tiene algo de comunitario, pues a fin de cuentas en torno a ella se reúnen todo tipo de colectividades. No sólo el jazz tiene esta cualidad, sino también las orquestas de música clásica o las bandas de rock, que necesitan de muchas manos y cabezas para funcionar y que deben ejecutar sus instrumentos de manera, literalmente, armónica.

Pero lo comunitario del jazz es esencialmente distinto. Difiere en la forma de crear de los jazzistas, y es por esa razón que este género nos puede dar una lección sobre creatividad colectiva. Y, de paso, sobre la posibilidad de crear junto con los otros sin pretensiones, sin soberbia y, lo más importante, sin competencias inútiles.

 

El jazz como momento de autorrealización

En su libro El sentido de la vida, Terry Eagleton hace la más precisa aproximación a esta esencia comunitaria del jazz, y a cómo en la improvisación está la clave de la creación libre y comunitaria. Porque, en el jazz:

cada miembro es libre de expresarse como quiera, pero lo hace con una sensibilidad receptiva a la actuación autoexpresiva de los otros músicos.

En el rock y otros géneros, tal sensibilidad receptiva sólo existe al momento de escribir las canciones. Pero la improvisación del jazz es única precisamente porque es una especie de locura con método, donde se cuela la libre expresión sin transgredir al otro en momentos de intrépida improvisación. De hecho, como bien apunta Eagleton:

Conforme cada participante aumenta su elocuencia musical, los otros toman inspiración de ello y son estimulados a alcanzar mayores alturas. Aquí no hay conflicto entre la libertad y el bien común; asimismo, la imagen es lo opuesto al totalitarismo.

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La filosofía práctica del jazzista

De alguna forma, en esta sucinta imagen del jazz que nos proporciona Eagleton puede verse cómo la música puede ser una forma de filosofar. De filosofar creando, en una especie de praxis. Hay así en el método de los jazzistas un algo filosófico, que recuerda a algunas tradiciones del pensamiento occidental, y también muchos de los principios de las prácticas orientales. En el jazz, como en esas milenarias prácticas:

Hay logro, pero no se trata del éxito individual. En lugar de esto, el logro –la música en sí misma– actúa como un medio para que los músicos se relacionen. Hay placer que se puede cosechar de esta expresión artística y, puesto que hay una satisfacción libre o una realización de poderes, también hay felicidad en el sentido de florecimiento. […] Debido a que el florecimiento es recíproco, remota y analógicamente, incluso podemos hablar de cierto tipo de amor.

Para Eagleton, es en expresiones como el jazz donde se encuentra el sentido de la vida. Y seguramente ese sentido está en toda creación donde podamos descubrir y desplegar nuestra naturaleza comunitaria, alejándonos de los pomposos paradigmas de la individuación y la competencia que tan bien nos ha sabido implantar el capitalismo.

Ahora bien, un buen ejemplo de cómo el jazz puede no cumplir esta misión emancipadora está en la película Whiplash (2014), la cual juega con una completa distorsión del sentido de este género, mostrándonos el lado oscuro del jazz y los rasgos más obsesivos de los músicos.

Por eso, no todo está en ser jazzista o creativo para lograr autorrealizarse. Antes bien, lo que vemos suceder en un concierto de jazz es algo de lo que la sociedad debería estar permeada, lo cual requeriría de:

construir este tipo de comunidad en una escala más amplia, lo cual es un problema de política. Es, sin duda, una aspiración utópica, pero no es la peor forma para lograrlo. […] Lo que necesitamos es una forma de vida que sea completamente sin sentido, al igual que el concierto de jazz no tiene sentido. En lugar de servir a algún propósito utilitario o a un ferviente fin metafísico, es un placer en sí mismo. No necesita ninguna justificación más allá de su propia existencia.

No necesitando nada más allá de su propia existencia es como los jazzistas nos dan una lección sobre creatividad comunitaria. Una verdadera lección de vida proveniente no de individuos aislados, sino de individuos sin sed de protagonismo y que se saben parte de una colectividad, como al fin y al cabo lo somos todos. El reto, como lo ha sido practicamente desde el principio de la historia, es que este sentido de verdadera comunidad se vuelva algo común a todo espacio vital.

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.


Consejos de Hayao Miyazaki sobre cine y creatividad 📽️

El estilo fílmico de Miyazaki es inconfundible, quizá porque nunca sacrificó la enigmática diversidad de la cultura japonesa.

Hayao Miyazaki se ha ganado ya un lugar entre los mejores animadores del siglo XX, tanto por su talento en sí como por el lugar (acaso inesperado) que ocupó entre Japón y Occidente, estableciendo con sus largometrajes un puente de comunicación enigmático y aun así profundamente seductor. Quizá sobre todo porque nunca ha renunciado a la tradición de donde procede, Miyazaki entregó a la audiencia occidental películas que entretienen pero también desafían, emotivos rompecabezas que casi siempre nos dejan pensando en el posible significado de un símbolo (si acaso lo tiene) o en el sentido de una historia.

Ahora el director ha rebasado ya los 70 años y desde hace algunos meses anunció su retiro, poco antes del estreno de Kaze Tachinu (El viento se levanta) su versión del manga semibiográfico de Jiro Horikoshi, el ingeniero aeronáutico japonés más importante de la segunda guerra mundial.

También en Ecoosfera: Sobre el lado espiritual de las películas de Hayao Miyazaki (Video)

Hace un tiempo, el sitio Film School Rejects recuperó diversas entrevistas y declaraciones de Miyazaki para elaborar una lista de seis recomendaciones que el cineasta ha diseminado aquí y allá, indirectamente tal vez, pero que en cualquier caso expresan su estilo, aquello que quiere decir cuando hace una película.

A continuación compartimos los consejos, los cuales se podrían tomar como una especie de breviario de la inspiración y la creatividad que va más allá de lo cinematográfico. Sugerencias modestas para pensar el mundo desde otra perspectiva.

 

Conserva cierto escepticismo por los “logros” de tu época

[Miyazaki es] un gran crítico de nuestra dependencia con la “realidad virtual” —los videojuegos, la televisión e incluso la animación—. Cuando lo conocí, se quejó de cuánto en nuestra cultura es “endeble, superficial y falso”. También es un ambientalista, de un tipo un tanto oscuro y apocalíptico. Alguna vez dijo, no tan en broma, que esperaba el momento en que Tokio quedaría sumergido bajo el el océano y la torre NTV sería una isla, cuando la población se fuera en picada y no hubiera más rascacielos.

(Margaret Talbot habla sobre Miyazaki para The New Yorker)

 

Algunas cosas tendrás que construirlas, otras sólo dejar que fluyan

[…] incluso en la animación, hay un flujo de acontecimientos que uno puede elegir aceptar en lugar de simplemente construir. Todo lo que se necesita es un poco de paciencia y capacidad de observar.

 

El arte siempre es político

El arte siempre es político porque todo acto humano lo es. Por eso es tan importante tomar conciencia de dicha posición. ¿A quién estamos apoyando tácita o francamente con nuestros actos? 

En el caso de Miyazaki, casi todas sus películas reivindican a la mujer moviéndola hacia un lugar protagónico, desde donde decide, propone, lidera y es pieza fundamental de los acontecimientos.

No se trata de decir si una postura política es mejor que otra, sino sólo de recordarle al artista que su obra tendrá inevitablemente un matiz político.

 

Conoce tus propias limitaciones

[…] a esta edad no puedo trabajar igual que antes. Si mi personal puede relevarme y puedo concentrarme en dirigir, todavía hay algunas películas que quisiera hacer.

 

No olvides el valor de lo artesanal

[…] Es muy importante para mí conservar la relación correcta entre el trabajo manual y la computadora. He aprendido ese equilibrio ahora, cómo utilizar ambos y aun así ser capaz de calificar mis películas como de 2D.



Dibuja un árbol y conocerás el universo: esto es el ‘rakugaki’

Para el diseñador japonés Bunpei Yorifuji, dibujar no se trata de hacerlo bien. Descubre el porqué.

Encontrar los dibujos de la infancia, ya sea por accidente o porque tus padres los presumen, es un momento mágico que puede provocar alegría y nostalgia. Al mirarlos, ¿quién no ha extrañado a su niño interior del pasado? Esa máquina de historias y dibujos de personajes en mundos fantásticos. ¿Cuántas personas dejaron de hacerlo, ante las críticas de su profesor de arte sobre la falta de realismo?

Pero para el diseñador e ilustrador japonés Bunpei Yorifuji (1975), dibujar es decir lo que piensas. Es una forma de dar vida a tus ideas y entrenar la imaginación. No se trata de talento innato, de estilo, ni de hiperrealismo, sino de interpretación. 

Dibujar significa observar dentro, y fuera de nosotros (…) Lo que nos interesa o nos mueve.

Estas y otras ideas están incluidas en su libro Rakugaki: Cómo potenciar la imaginación a través del dibujo (Blackie Books, 2017).

 

 

Con ejercicios muy sencillos, el ilustrador japonés se convierte en un guía del rakugaki, término japonés que podría traducirse como “grafiti” o “garabato”. Algo así como “dibujo hábil y rápido”. En palabras del autor, es:

(…) el dibujo más pequeño con que se puede representar el universo más grande que existe.

El rakugaki permite ver las cosas desde otro punto de vista. Dibujar se trata de interpretar y no de copiar, de dar vida a mundos imaginarios través de las líneas.

Tomemos un árbol como punto de partida. Normalmente dibujamos el tronco, el follaje y el pasto base. Pero esto es sólo una “ínfima parte de lo que podemos dibujar”, dice el autor. El ser humano tiene distintas visiones de su realidad. Puede dibujar el árbol a través de la clorofila de sus hojas (visión microscópica), sus raíces bajo la tierra (estructural), o incluso el árbol a través del tiempo (visión temporal).

O mejor dicho:

No se trata de simplificar una forma al plasmarla, sino más bien integrar en una línea sencilla posible las experiencias, conocimiento de lecturas, sensaciones y la propia imaginación.

El dibujo ha sido importante para la ciencia y las artes. Los dibujos de Leonardo da Vinci fueron sumamente importantes para sus creaciones finales, y la esencia en el trabajo de Pablo Picasso o Keith Haring.  

Keith Haring

Cat, de Picasso

 

En el caso de Bunpei Yorifuji, el dibujo es el inicio de todo. Y algunas veces, puede ser la mejor manera de decirle algo al mundo. ¿Qué te parece?

 

Rakugaki: Cómo potenciar la imaginación a través del dibujo (Blackie Books, 2017)

Autor: Alex GR