Ver la luna: un recordatorio de que somos seres universales

Creciente, menguante, llena o nueva… en el planeta Tierra desfallecemos por la Luna.

¡Quién no está enamorado de la luna! Entre terrícolas, el affaire por la luna es milenario. Si has dado por hecho este romance voltea hacia arriba la próxima noche que te toque un cielo despejado.

Creciente, menguante, llena o luna nueva, todos hemos desfallecido alguna vez por el astro con el conejo que gira alrededor de la Tierra.

Si aún sigues escéptico al magnetismo de la luna, mira el video que hemos incluido en esta nota.

Una noche de febrero del 2017, Wylie Overstreet, escritor y cineasta, sacó su telescopio a las calles de Los Ángeles; al ver el efecto que tenía en las personas ver la luna como si la tuvieran enfrente, quedó fascinado y se propuso conseguir un mejor telescopio y hacer una película.

Con un telescopio Dobson Skywatcher de 12 pulgadas, el artista salió durante 10 paseos nocturnos a lo largo de 1 año y, junto con su colega Alex Gorosh, filmó a esos desconocidos peatones que se embelesaban con la luna.

The Verge entrevistó a Overstreet. En la conversación el cineasta dijo que reunir en ese video, de apenas 3 minutos, a un mosaico de etnicidades y de individuos muy distintos, así como percatarse de que más de 200 mil personas han visto esto vía YouTube, demuestra esa reacción universal al ver al cosmos:

No importa quiénes somos, a dónde pertenecemos, qué apariencia tenemos, si somos ricos o no -dijo Alex-, el universo hace reaccionar de la misma manera a todos.

Si todos reaccionamos igual ante la cara de la luna, ¿qué dice eso acerca de la humanidad? Dice algo sobre la humildad y el sabernos parte de algo más grande y hermoso.

Plenitud, asombro, atestiguar algo grandioso inabarcable y aun inexplicable, es lo que este video te muestra. 

 



Nuestros padres y abuelos vivían sin plástico, ¿qué podemos aprender de ellos?

Si queremos saber cómo vivir sin plástico, debemos voltear al pasado.

El plástico sintético lleva mucho tiempo entre nosotros. O por lo menos eso aparenta, ya que su presencia es tan omnipresente que pareciera haber estado ahí desde siempre. No obstante, a mitades del siglo XX este material era visto todavía como toda una novedad, y la gente ―nuestros padres y abuelos― se las arreglaban para vivir sin plástico.

vivir-sin-plastico-como-reducir-consumo

Ahora el plástico es un material cualquiera. Es sin duda muy poco estético: tan feo y corriente que ya sólo lo asociamos con la basura ―ya que el uso que más se le da a este material es para la fabricación de objetos desechables que terminan, la mayoría, en el mar.

Pero no podemos imaginarnos vivir sin plástico, ¿cierto?

¿Cómo reemplazar bolsas, envases, piezas de motores, materiales de construcción, fibras textiles, muebles y todo lo que se hace con este feo material?

Muchas veces buscamos soluciones a nuestros problemas viendo hacia el futuro. En el caso del problema de la contaminación plástica, existen muchos esfuerzos por creas sustitutos al plástico, innovando con tecnología y mucha creatividad ―incluso existen cubiertos comestibles y otros objetos biodegradables por el estilo.

Pero, ¿y si la solución está mirando hacia atrás, al pasado?

vivir-sin-plastico-como-reducir-consumo

Nuestros padres ―y sus padres antes que ellos― sabían vivir sin plástico. ¿Cómo lo hacían? No necesitaban de mucha tecnología ni de grandilocuentes inventos. Así que podríamos aprender mucho de quienes supieron vivir sin plástico toda su vida ―y también de los que ya están viviendo sin plástico en el presente.

El autor Mark Blackburn, del blog One Brown Planet, pensó en esto, y por eso le preguntó a su madre cómo era su vida sin plástico. Ella le contó cómo eran algunos de sus hábitos en 1950, cuando vivía con una familia de siete en Blackpool, Reino Unido, y el plástico apenas estaba usándose en algunos tejidos y muebles.

De este diálogo pueden surgirte, sin duda, muchas ideas para sustituir objetos de uso diario:

¿Qué tipo de alimentos estaban disponibles y cómo se empaquetaban?

“La mayoría de los alimentos frescos, como papas, zanahorias, guisantes y demás, fueron cultivados localmente y estaban disponibles por temporada. También se podían obtener platano y otras frutas del extranjero durante la mayor parte del año. Cuando un vegetal no estaba en temporada, teníamos que comprarlo en una lata o sustituirlo. También había una gran cantidad de alimentos secos disponibles, generalmente vendidos en grandes recipientes. Lo que sea que necesitaras, lo pesabas en una bolsa de papel marrón. Los artículos de ultramar, como el arroz y la pasta, también eran pesados ​​y luego empacados en una bolsa de papel.

vivir-sin-plastico-como-reducir-consumo

Para las bebidas, la leche era entregada a la casa en una botella de vidrio. El lechero recogería la botella vacía al día siguiente y la reutilizaba. Las botellas de cerveza y las botellas de refrescos también estaban hechas de vidrio y cuando las devolvías a la tienda obtenías algo de dinero. ¡Siempre andábamos buscando botellas para volver!

También había un hombre de carne que venía con carnes frescas, una vez más envueltas en papel.

En cuanto a los bocadillos y los postres, no había tanta disponibilidad como hoy, pero había papas fritas, galletas y dulces. Nuevamente, venían en grandes recipientes: podías tomarlos y ponerlos en una bolsa de papel o envolverlos en papel de aluminio. También comprábamos conservas y mermeladas en recipientes de vidrio, pero nos asegurabamos de guardarlas para luego usarlas para hacer nuestras propias mermeladas”.

¿Había “comida rápida” disponible?

“Donde vivíamos solo estaba el pub y la tienda Fish & Chips. Todo en la tienda de pescado y papas fritas estaba envuelto en papel a prueba de grasa con periódico en el exterior. Recuerdo que, si guardabas todo el periódico de la semana y lo llevabas a Fish & Chips, ¡te daban una bolsa de papas gratis! ¡Era grandioso!

vivir-sin-plastico-como-reducir-consumo

¿Hacían muchas cosas en casa o lo compraban todo en la tienda?

“Hacíamos mucho nosotros mismos. Comida, obviamente, pero también ropa. De hecho, tenía casi 13 años antes de que mi madre comprara mi primer vestido nuevo en una tienda. Antes de esto, toda nuestra ropa y ropa interior se fabricaban en casa con el material comprado en la tienda. También tejíamos bufandas y jumpers y sombreros. Las únicas cosas nuevas que comprábamos todos los años eran los zapatos. Tenía un par de zapatos escolares, un par de botas y un par de zapatos deportivos para deportes. Si las suelas se desgastaban, papá las reparaba para que yo pudiera seguir usándolas hasta el próximo año.

Mamá también hacía sus propias mermeladas y conservas, con frutas como moras y ciruelas recolectadas de todo el pueblo. Las mermeladas se almacenaban en los frascos de vidrio que habíamos recolectado durante todo el año”.

¿Y la limpieza de la casa y personal?

“En aquel entonces todos los productos de limpieza venían en cajas de cartón o botellas de vidrio. Usábamos barras de jabón para limpiarnos y el champú venía en baquelita o botella de vidrio. ¡Teníamos que tener cuidado de no romperlos! Recuerdo que incluso nuestra laca para el cabello venía en una botella recargable que llenábamos en la tienda local”

Entonces, ¿qué pasa con el desperdicio, a dónde se iba todo eso? ¿Y cuánto había?

“Bueno, todo el papel de la comida se colocaba en la chimenea y se quemaba para mantener la casa caliente en el invierno o para calentar la caldera de agua para los baños. En ese entonces, solíamos tomar solo un baño a la semana y, por supuesto, ¡teníamos que luchar para conseguir el agua limpia!

vivir-sin-plastico-como-reducir-consumo

Como mencioné anteriormente, todas las botellas de vidrio se devolvían por dinero en efectivo y teníamos nuestras propias bolsas de compras que reutilizábamos cada semana.

Nuestras sobras de alimentos nunca se desperdiciaron, se usaban principalmente para hacer caldos de verduras o carne. Todos los huesos sobrantes se los dábamos al perro o los quemábamos en el fuego.

Las latas se aplastaban y se ponían en el contenedor, porque no podíamos reciclarlas. Recuerdo que el papel, que originalmente envolvía el pan, se usaba para envolver los sándwiches. Luego lo quemábamos, pero con las cenizas del fuego solíamos hacer senderos, o en el invierno lo usábamos como arenilla para evitar derrapes.

Una familia como la nuestra de 7 personas tiraría alrededor de la mitad de un contenedor por semana de cosas que no podían usarse o devolverse.”

 

 

 

 

 

 



¿La luna llena afecta tu comportamiento (criminal)?

A pesar de la falta de evidencia sobre la relación entre las fases lunares y el comportamiento, se estima que la mayor intensidad lumínica podría invitar a potenciales criminales a cometer más delitos en las calles.

La luna y sus fases han fascinado la imaginación desde tiempos inmemoriales. Las leyendas de hombres lobos y aquelarres a la luz de la luna han nutrido el imaginario colectivo, así como la cultura popular. ¿Pero existen bases científicas para afirmar que la luna llena tiene algún efecto (positivo o negativo) sobre el comportamiento humano?

El psicólogo y criminalista Wayne Patrick cree que no existe tal relación, al menos no por motivos “mágicos”. Los estudios en torno al “comportamiento lunático” no abundan, pero existen.

Por ejemplo, en un metaanálisis de 1985 se revisaron 37 estudios. Los autores no encontraron relación entre las fases de la luna y la conducta humana, aunque sí descubrieron un sesgo en la manera en que se aplicaron los análisis:

Las supuestas relaciones entre las fases de la luna y el comportamiento pueden rastrearse hacia análisis inapropiados (…) y a la tendencia a aceptar cualquier desviación del azar como evidencia de un efecto lunar.

 

¿Evidencia lunática?

En otro par de estudios recientes tampoco se encontraron relaciones significativas entre ambos fenómenos: en una investigación de 2009 se analizaron 23 mil casos de asalto agravado en Alemania, entre 1999 y 2005. Sin embargo, otro estudio de 2016 distinguió entre los crímenes cometidos a puerta cerrada y en la vía pública en 13 estados de Estados Unidos, y sus conclusiones sugieren una conclusión más lógica.

A pesar de que no se encontraron correlaciones entre las fases lunares y la incidencia delictiva (tanto dentro como fuera de las viviendas), los autores sugirieron que la mayor intensidad lumínica que se presenta durante la luna llena sí se relaciona con una escalada de actividad criminal en las calles.

La “hipótesis de la iluminación” sugiere que los criminales aprovechan la luz natural de las noches de luna llena para cometer atracos, puesto que la gente tiende a pasar más tiempo fuera de casa en noches iluminadas. Además, la luz de luna permite a los criminales una mejor visibilidad de sus víctimas y, también, evadir a la policía más fácilmente.

Los eventos lunares nos fascinan por su belleza, y porque tendemos a poner más atención a la luna en su fase de mayor esplendor. Esto tal vez tenga efectos subjetivos en algunas personas, o las coloque en un estado de ánimo específico; sin embargo, al menos con la evidencia a mano, es difícil argumentar que la luna (y más precisamente, la luz que refleja del sol durante algunos días al mes) tenga efectos directos sobre el comportamiento. No creas a ciegas las historias de hombres (¿o mujeres?) lobo.