Tras vivir 11 años con lobos, este hombre concluye: nuestra sociedad está repleta de egoísmo

Las palabras de este hombre resuenan en la frialdad de nuestro actual modo de vida, llevándonos a reflexionar sobre la necesidad de aprender de la naturaleza… y de los lobos.

Una experiencia traumática fue para Marcos Rodríguez Pantoja el ser separado de la manada de lobos que lo adoptó cuando tenía 7 años. Este hombre fue criado por lobos hasta los 19 años, y aprendió con ellos a sobrevivir en las montañas de Sierra Morena, en España.

Diferenciando entre bayas comestibles o venenosas y ensayando sus aullidos fue como Pantoja sorteó la existencia al lado de estos canes agrestes. Pero no sólo aprendió a sobrevivir, sino que conoció fundamentalmente lo que es vivir en comunidad, sin golpes ni trabajos forzados, como a los que tuvo que acostumbrarse mientras vivió con su padre y una madrastra, y también después con el pastor al que fue vendido para trabajar.

Cuando el pastor murió repentinamente, Pantoja vagó en las montañas y llegó eventualmente hasta una cueva que resultó ser la de aquella manada que lo adoptaría. Descubrió con ellos que era más fácil adaptarse a la vida en general siendo criado por lobos, lo que en retrospectiva lo hizo asegurar en una entrevista del 2016 que:

A diferencia de los animales, que no tienen maldad, el ser humano está lleno de egoísmo.

Ser criado por lobos, y posteriormente tener que acostumbrarse a la vida moderna en Madrid sin apoyo de nadie, cultivó en Rodríguez Pantoja una profunda sensibilidad. Se hizo incluso crítico al gobierno, que lo separó de su querida manada sin hacerse cargo de él posteriormente, lo que lo hizo sufrir indeciblemente:

Los animales me convirtieron en buena persona, y no supe defenderme de la maldad de muchos.

Aunque sorprende escuchar el testimonio de este peculiar hombre español, el cual nos hace pensar sin remedio en los Cuentos de la selva, en realidad sólo nos comprueba lo que los lobos ya nos han demostrado: que son de los animales que más lecciones tienen para nosotros en lo que se refiere a vivir en comunidad.

Esto es algo que en nuestro actual modo de vida hiperindividualizado ofrece mucho en qué pensar, más allá, incluso, de la valiosa experiencia de Pantoja, quien ahora se dedica –con ayuda de compañeros de su comunidad, como dio a conocer el periódico El País– a dar platicas sobre el amor por los animales y la naturaleza, compartiendo todo lo que los lobos le enseñaron.

A la experiencia del hombre que fue criado por lobos, y la reflexión que nos brinda, se suma la de los espíritus itinerantes que se han ido a vivir a la naturaleza, quienes nos han demostrado que acercarse a la naturaleza es una manera de filosofar y de vivir. Y quizá esta sea la manera más contundente de contribuir a la acción y a la reflexión colectiva sobre los cambios que debemos hacer a nuestro estilo de vida.

 

*Imagen principal: Óscar Corral



Orgía de luz: miles de luciérnagas se reúnen para aparearse en los bosques de Japón

Fertilidad, luz y movimiento, todo en un bosque. No muchos escenarios parecieran más atractivos que este, y cuando observamos lo que ahí ocurre entonces se cumplen las expectativas. En el bosque de Nagoya, Japón, durante una corta temporada al año, entre junio y julio, se reúnen cientos de miles de luciérnagas para aparearse, particularmente tras […]

Fertilidad, luz y movimiento, todo en un bosque. No muchos escenarios parecieran más atractivos que este, y cuando observamos lo que ahí ocurre entonces se cumplen las expectativas. En el bosque de Nagoya, Japón, durante una corta temporada al año, entre junio y julio, se reúnen cientos de miles de luciérnagas para aparearse, particularmente tras las tormentas eléctricas.

El espectáculo que se genera con esta danza de amor bio-lumínico es evidentemente onírico. Un sueño finamente confeccionado para estimular los sentidos y acariciar la imaginación, para transportarte a tu niñez o propulsarte hacia un destino incierto pero precioso; todo cortesía de uno sólo de los incontables discursos estéticos de la naturaleza.

Takaaki Ishikawa, autor de algunas de las imágenes que aquí te compartimos, lleva retratando luciérnagas durante años.

Las luciérnagas son criaturas muy delicadas, así que es importante no atraparlas o molestarlas. Cuando alguien ve mis fotografías con frecuencia refieren a escenas que verían en sueños. Yo encuentro a las luciérnagas muy encantadoras. 

Imágenes de larga exposición para grabar en tu memoria las coreografías de las luciérnagas (y recordar que la magia está ahí afuera, siempre latiendo)

 

Imágenes: Kei Nomiyama, 1 y 2; Takaaki Ishikawa, 3-5 



¿Hay más microbios en la Tierra, o estrellas en la galaxia?

¿Pensar en grande o en pequeño? ¿Qué será más infinito?

Vivimos en grupos conectados entre sí; dependemos unos de otros para la supervivencia, e incluso mantenemos la comunicación con el otro como una de las cualidades más características de nuestra especie. Estos lazos también obedecen a un orden en la naturaleza. Su ritmo y sintonía se construye dentro una hipérbole narrada por el cosmos, y cuando no encuentra un ritmo, las consecuencias son desdichadas.  

Este pensamiento cosmológico nos remite a la idílica correspondencia del macrocosmos y el microcosmos, algo así como el espejo del universo, que no se limita a replicar su reflejo en diferentes tamaños. La vida de una persona Así, uno puede encontrar que, hay tantas estrellas en nuestro universo como granos de arena en el océano de nuestro planeta.

Una afirmación de tan precisas magnitudes no podría ser menos que poesía, y si usted quiere, una lección de vida. 

Hasta hace no mucho, la mente humana creía haber registrado todas las especies del planeta, calculando unas 10 millones. Pero esto es falso, puesto que dicha cantidad sólo contabiliza al mayor numero de especies “visibles” en nuestro mundo. Incluso los biólogos de toda la orbe tienen la certeza de que siempre podrán descubrir una especie nueva, pues la cantidad de seres animados es infinita. 

Para asegurar con más firmeza lo anterior, hoy nos aventuramos al azaroso, oculto y sofisticadísimo microcosmos natural, el de los microorganismos. Ya de por sí, la palabra augura un gran complejo.

Bacterias, protozoos, hongos y algas dominan el mundo. Se trata de la forma de vida más abundante en la Tierra, algunas sugerencias científicas se arriesgan a sumar a la lista de especies algunos de estos seres, contabilizando al menos 1 billón de especies en total. Pero, desde hace más de dos décadas, los microbiólogos han empezado a contabilizar a estos seres por medio de ADN extraído del océano, de las plantas, o la tierra. El supuesto más acertado hoy en día para la ciencia es que, existe aproximadamente 1 nonillón de micro especies distintas, una cantidad incalculable para el tiempo de vida humano, de no ser porque le hemos puesto un nombre. 

Dicho también de otra forma, existen más microbios en la tierra que estrellas en la Vía Láctea.

Pues tan sólo se han calculado entre 200,000 millones y 400,000 millones de estrellas.

El ejemplo de algunos estudiosos, para entender lo anterior, es que tan sólo el phylum (o categoría) bacteriano al que pertenece el ser humano, el Chordata, abarca unas 65,000 especies de animales más, que poseen una varilla esquelética, y que incluye mamíferos, peces, anfibios, reptiles, pájaros y tunicados. Esto quiere decir que tan sólo una de los 8 clasificaciones taxonómicas puede abarcar un sin número de especies distintas entre sí.    

No podemos dimensionar el número de especies microbianas que existen, y tampoco tenemos el tiempo suficiente para observar la cantidad de vida que puede brotar de cada una de ellas. De lo que sí estamos seguros, es que la vida de nuestro planeta aflora tantas posibilidades como Big Bangs en el Universo, y esa relación, como demuestra la correspondencia macro y micro cosmos, se puede trasladar a todas las dimensiones de la vida. 

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora y música. Coordinadora editorial en Ecoosfera. Le interesa utilizar la información para construir conciencias.