De cómo una idea errónea de autoestima devino en la Selfie Generation

¿Cuál es el árbol genealógico de la Generación Selfie? Un dilema de la modernidad líquida.

Vista desde el espacio, la identidad de cada individuo es casi irrelevante frente a la magnitud de la naturaleza. Los seres humanos son parte del entorno; el entorno no es una cosa que se amolde a la especie.

La identidad cambia si estás viajando como mochilero o si trabajas todos los días en una oficina; también cambia la comprensión que tenemos de nosotros mismos. Porque nuestra identidad, de algún modo, depende de los caprichos de aquello que nos rodea en todo momento.

Dicho esto, no es lo mismo identidad que individualismo, pues mientras que la primera es una característica obligada de todo ser humano, el segundo tiende a reaccionar según la tendencia de la época. Es el caso del individualismo (pos)moderno, el cual presenta un perfil marcadamente narcisista, según diversos estudios. 

 

Sobre la identidad, ¿quién pertenece a qué?

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El culto al individualismo no empezó con la Generación X o la era tecnológica. Viene desde los griegos y es anterior a Platón o Sócrates. Tiene que ver con la ecología misma de la nación mediterránea.

Al pasar de las tribus a las ciudades-Estado, Grecia apoyó todo logro individual. ¿A qué se debía esto? La isla tenía un suelo muy difícil de cultivar; sólo podían subsistir pequeños comerciantes con árboles de olivo, con lanchas para pescar o mediante el curtido de pieles de cabra. De este entorno ecológico surgió el individualismo

Así empezó el amor de estar enamorados de nosotros mismos y de nuestros logros.

Pero este no es el único registro que se tiene de un individualismo que supera los límites. En 1986 hubo un personaje que instauró la autoestima como un estado en sí mismo. Fue John Vasconcellos, protagonista del Movimiento del Potencial Humano de Esalen y quien propuso que la tarea del Estado era promover la autoestima. Su iniciativa era que “la autoestima se volviera el currículum nacional”.

Y es precisamente en dicha autoestima exacerbada en donde tiene su origen la Selfie Generation… Ayudada de un poco de tecnología contemporánea. 

 

Narcisismo: falsa autoestima

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La autoestima es, al día de hoy, algo que nos preocupa mucho. Es un tema recurrente cuando se habla de educación, superación, depresión, etc. Sin embargo, en algunos casos, la autoestima –o el exceso de ella– puede mostrarse –o ser– una forma de narcisismo.

En 1890, William James identificó la autoestima como una necesidad humana fundamental, tan esencial para la supervivencia como la ira y el miedo. Sin embargo, no somos capaces de ver las diferencias entre la autoestima y la vanidad, o no somos capaces de entender cómo nuestras acciones y reacciones pueden venir de motivaciones erróneas. Algunos estudios, por cierto, han concluido que la vanidad es un síntoma de trastorno de personalidad.

Por otro lado, algunas investigaciones han demostrado que los niños que reciben elogios por habilidades que no dominan o talentos que no poseen sienten como si no hubieran recibido ninguna alabanza en absoluto. Sólo los niños elogiados por sus logros reales son capaces de construir una buena autoestima. Así, la acumulación de elogios no ganados o merecidos puede conducir a un aumento de la inseguridad y distorsión de la personalidad, lo que fomenta el narcisismo, más que la confianza en uno mismo.

Algo que puede parecer inocuo, pero que es mucho más que una moda: el fenómeno de la «selfie» (autofotografiarse) refleja el permanente ensayo del yo-soy-esto-aquí-ahora. A los jóvenes ya no les interesa lo que ocurre a su alrededor, sino lo que les ocurre a ellos: a mí y a mis amigos (a los que, finalmente, veo como “míos”). Las segundas o terceras personas han desaparecido.

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Foto: Arvida Bystrom

Sin duda, la Generación Selfie se caracteriza por ser una creación derivada de una mezcla de dilemas mentales, mismos que ocurren a raíz del exterior que nos impacta. Una forma, también, en que la época y las condiciones de vida han logrado moldear a la psique colectiva a favor de un modelo socialmente aceptado: el éxito; la clave más obvia de la felicidad. “¿Cómo puedo ser más exitoso?”, se pregunta todo el mundo. A esto, los chicos de la Generación Selfie responden: demostrando lo exitoso que soy ahora (aunque aquello no sea propiamente real).

En este sentido, la tecnología ha tenido un papel fundamental para llegar a complacer a nuestros estados mentales más exóticos. Con el alcance que tienen las redes sociales es muy fácil que cualquiera, en cualquier contexto, comience a satisfacer su carencia de autoestima con logros ficticios; logros que sólo existen en su mente. 

¿Vivimos todos en una fantasía de la mente? ¿Qué necesitamos para sentirnos bien con nuestra identidad? Más objetos, más dinero, más belleza, más exhibicionismo… ¿Autoestima, egocentrismo? ¿A dónde va a parar esa sed de demostrarle al mundo quiénes somos? Un dilema de la Selfie Generation con un desenlace incierto.

 

*Fotografía principal: Arvida Bystrom

 



México ha perdido la tercera parte de sus selvas y un cuarto de sus bosques en tan sólo 30 años

¿Este es el precio del progreso?

La pérdida de las zonas vírgenes de nuestro planeta es un asunto real y sus efectos se pueden percibir en México. Según el Inegi, en 1985, la vegetación intacta ocupaba el 60% del territorio mexicano; hoy, el número se ha reducido al 48%.

Este porcentaje se despliega en una disminución considerable en las selvas y bosques del país. En un rango de 30 años, la superficie de la selva ha caído en 30%, mientras que la extensión de los bosques se ha visto reducida en un 27%

¿A qué se debe? En gran medida a los pastizales cultivados en los que se desarrollan las actividades agrícolas. Estos terrenos han sustituido a las selvas y bosques en diversas regiones del país.

Las localidades más afectadas según el Inegi son Tabasco, Veracruz y Sinaloa

Otros datos indican que la entidad de Tlaxcala es la que mayor uso de suelo dedica a la agricultura (con un 73%). Pero no todo es pérdida. Baja California Norte aún conserva el 95% de su vegetación primaria, compuesta principalmente por matorrales. 

Nada en este mundo es blanco y negro; como tal, el crecimiento urbano y la expansión de la agricultura no son en sí prácticas completamente negativas. Sin embargo, la conservación de los ecosistemas mexicanos, considerados de los más diversos del mundo, debe importarnos por varios motivos.

México cuenta con un gran número de especies endémicas de fauna y flora que no se encuentran en ningún otro sitio del planeta. La variedad de ecosistemas en nuestro país lo convierte en un espacio realmente único y, por ende, muy valioso. 

Además, las tierras vírgenes son un factor crucial en la mitigación del cambio climático.

La vegetación es fundamental para la captura de carbono; ese gas cuya acumulación contribuye al calentamiento global

La pérdida de las áreas naturales es dañina por donde se la vea, pero más si se piensa en las selvas tropicales, los bosques templados, las hectáreas de pastizales y matorrales que conforman la belleza de México. Es por ello que proteger los paraísos que todavía nos quedan debe ser una prioridad.

 



Estudio concluye que el 53% de los millennials esperan ser multimillonarios: ¿qué opinas?

Según una encuesta reciente, la mitad de las personas entre 21 y 37 años esperan llegar a ser millonarios algún día (sino es que ya lo son).

Según los resultados de una encuesta realizada por el banco TD Ameritrade, aproximadamente la mitad de las personas entre 21 y 37 años esperan llegar a ser millonarios algún día.

En la encuesta se le preguntó a aproximadamente 1,500 millennials estadounidenses a qué edad, si es que tenían alguna en mente, pensaban que se convertirían en millonarios.

El 53% de los encuestados dijeron que creían que se convertirían en millonarios; un 7% que dijo que sucedería cuando cumplieran 30 años, un 19% a los 40 años y un 16% a los 50 años.

 

Millennials multimillonarios optimistas y preparados

Tal vez ese optimismo se deba a que los millennials se gradúan en tiempo récord, con un aumento de casi el 4% en las tasas de conclusión de estudios universitarios en el 2017, según un informe del National Student Clearinghouse Research Center.

A pesar de anticipar el éxito financiero frente a resultados económicos mediocres, los millennials tienen diferentes ideas sobre qué tipo de estilo de vida les brindará riqueza. Casi 1/4 parte (24%) dijo que no espera tener una casa propia.

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William Iven Unsplash

También planean construir diferentes vidas familiares: uno de cada cuatro dijo que no esperaba casarse y el 30% dijo que no planeaba tener hijos. Además, uno de cada cinco reportó que todavía depende de sus padres para obtener apoyo financiero.


Según la encuesta, algunos millennials podrían necesitar un toque de realidad respecto al tema de la jubilación, ya que en promedio esperan retirarse a los 56 años, a pesar de que respondieron que no piensan empezar a ahorrar para la jubilación hasta los 36 años.

Aun así, sólo el 28% dijo que nunca planea retirarse.

 

La cultura de las etiquetas generacionales, ¿una estrategia comercial?

Solemos hablar de generaciones para definir a un conjunto de personas que, al haber nacido en determinadas fechas, viven experiencias educativas, culturales y sociales similares y se comportan de manera más o menos análoga.

Para el sociólogo Karl Mannheim lo que configura a una generación no es compartir una fecha de nacimiento, sino una serie de circunstancias históricas que marcan un antes y un después en la vida colectiva (por ejemplo, el final de la segunda guerra mundial o la caída del muro de Berlín).

Establecer denominaciones y categorías a nivel teórico puede facilitar el estudio y comparación entre grupos de edad, pero difícilmente estas categorías abarcarán toda la complejidad de los fenómenos sociales que intervienen en el proceso de construcción de la conciencia.

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Más allá de definir y delimitar a una generación por su edad, por los hitos o algún cambio de paradigma, debemos debatir y pensar sobre lo que somos y lo que nos define como humanos, ya sea jóvenes o adultos.

No hay forma de predecir el comportamiento y los valores de millones de individuos agrupados cada 15 o 30 años. Y menos si se construyen sobre el objetivo de crear un target comercial hacia el cuál dirigir productos de consumo. Permitir que la mercadotecnia construya la identidad de una generación resulta injusto, ¿no crees?

 

¿Cuál es tu opinión?