El estereotipo de belleza femenina a lo largo de la historia (Animación)

¿Qué es la belleza? A través de una sutil y poética animación, la artista Anna Ginsburg propone una respuesta inclusiva de lo femenino.

De la Venus de Milo a Kim Kardhashian o Frida Kahlo (la verdadera, o su versión en muñeca Barbie), ¿qué es la belleza? Esta pregunta ha formado parte aquellas que desvelan a los filósofos y, por supuesto, un tema de interrogación –aunque a veces también tortura– para las mujeres de todos los tiempos, en sociedades más bien definidas por los hombres, en donde los estándares de belleza a veces son impuestos por la moda, el consumismo y los prejuicios de religión o clase.

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Si algo hay voluble es la idea de “cuerpo ideal”, especialmente en lo que concierne al ideal de belleza femenina

Anna Ginsburg, directora de Strange Beasts, lanzó recientemente una animación que hace un repaso de las siluetas, tallas, perfiles, accesorios icónicos y presiones para que el “eterno femenino” se ajuste a diversas exigencias. Estas imágenes se han trazado y se articulan de forma neutral, sin usar el dedo para señalar qué es peor o mejor, ni mucho menos ridiculizar ninguna forma de ser mujer.

El breve video recorre nada más y nada menos que 30 mil años de un concepto que no deja de cambiar a lo largo de la historia del arte, sobre todo desde el punto de vista occidental: el concepto de qué es bello en una mujer.

Este año, con motivo del Día Internacional de la Mujer, CNN convocó en el Reino Unido a esta artista, de tan sólo 28 años, para hacer un regalo de 3 minutos que ya ha emocionado a muchísimas mujeres alrededor del mundo. Además, se hizo un breve making off que detalla la laboriosa tarea de realizar una animación como esta.

Celebramos y compartimos estas imágenes de pluralidad, talento y visión de género:

 



Puedes morir simplemente por renunciar a la voluntad de vivir, según nueva investigación

Se llama muerte psicogénica: no es lo mismo que la depresión y saberlo puede salvar vidas.

Aunque nuestro organismo es una especie de maquina de funcionamiento milimétrico, no es infalible. Depende, por supuesto, de nuestros hábitos: una vida sedentaria atrofia los músculos y debilita al corazón y la mente, pero una vida activa y una dieta equilibrada son los secretos de la longevidad. No obstante, la voluntad es una energía vital que, de faltar, puede ocasionar graves averías en nuestra máquina orgánica, y más todavía: puede conllevar a la muerte.

Morir por apatía o por una completa falta de voluntad es algo que sucede realmente. Se trata de una extraña condición llamada muerte psicogénica, que según el doctor John Leach, de la University of Portsmouth, puede ocurrir a partir de un trauma intenso. Bastan tres días para que este estado psíquico provoque la muerte.

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Laura Makabresku

Para Leach, esta condición debe diferenciarse del suicidio o la depresión extrema. Puede considerarse muy ligada a ésta última, pero la depresión no es capaz de provocar la muerte de la misma fulminante manera.

Y es que la muerte psicogenética consiste de cinco etapas

Cada una es parte de un proceso de desconexión de la realidad: una escisión entre cuerpo, mente y ambiente que podría ser ocasionado por un cambio en el funcionamiento del circuito cingulado anterior, una zona que media procesos de control ejecutivo y emocional, y que está ligada a la motivación.

Según investigaciones previas, la muerte psicogénica podría ser también una reacción a la sobreabundancia de ciertas hormonas en el organismo, liberadas por alguna vivencia traumática. En especial se ha comprobado que hormonas de adrenalina y del estrés son las más secretadas, y en exceso pueden ocasionar la muerte psicogénica.

Las 5 etapas de la muerte psicogénica

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Aislamiento

Un trauma capaz de arraigarse tanto como para causar estrés postraumático es el detonante de la muerte psicogénica. Lo primero que hacen los pacientes es aislarse y evitar toda interacción social, siendo indiferentes y sumiéndose en sí mismos.

Apatía

No obstante, un trauma no necesariamente trae consigo apatía. Pero sentirla es parte de la segunda fase, cuando la persona deja de tener energía y no hace esfuerzos en torno a casi nada y sobre todo descuida su aseo personal.

Abulia

En este punto la apatía se ha transformado en una respuesta emocional casi nula, al grado de que la persona no quiere hablar. Según Leach, este estado puede considerarse como “una mente vacía o una conciencia falta de contenido”

Acinesia

La acinesia es un estado de inmovilidad provocada por una reacción de protección. Pero en esta fase, la acinesia provoca incapacidad de movimiento debido principalmente al estado en el cual se encuentra la mente del paciente. Llega a ser tan contundente que la persona es incapaz de sentir dolor.

Muerte psicogénica

La etapa final es la completa rendición de la persona. La voluntad los ha abandonado por completo y quizá ni siquiera esperen morir. Sólo yacen tendidos sin mostrar emoción alguna ni miedo a la muerte.

Pero no debemos temer…

Según Leach,

Distintas intervenciones, como la actividad física, pueden darle a la persona un sentido renovado de elección y de control que puede llegar a romper el terrible ciclo a través de la liberación de dopamina

Así que sobrellevar la ola siempre es posible. Y aún porque una experiencia devastadora no significa encallar en la isla de la apatía sin retorno. Por eso, siempre debemos trabajar en nuestra salud psíquica y espiritual para evitar cualquier posibilidad de que se pierda una de las energías más valiosas que nos mueve: la voluntad.

Lo más importante es que mantengamos a la mente y al cuerpo conectados. Rélajate, reconectate y ubica en el mapa de tu cuerpo al estrés. No dejes de propiciar el diálogo entre estas dos entidades maravillosas, y reactualiza tu capacidad de ser empático con toda la periodicidad que te sea posible.

 

*Fotografías: Laura Makabresku



¿Cuándo seré perfecta?

Una reflexión sobre la imposibilidad de serlo (y por qué eso es espléndido).

Cualquiera de nosotros –y nosotras– necesita de la pertenencia: ese vinculo que trae consigo la seguridad de formar parte de algo y de ser alguien. Pertenecer, tener ciertos gustos, cultivar una identidad, son cosas que forman parte de la condición humana. Es así que nos afirmamos en el mundo y creamos comunidad.

Pero cuando las identidades se imponen, ya sea a partir de psiquismos, de ciertos estándares o de supuestas superioridades étnicas o de clase, es cuando se exige a los sujetos tener cualidades muy específicas, a riesgo de ser rechazados si no las tienen. Es entonces cuando la pertenencia no construye comunidad, sino que nos atomiza en individuos egoístas: se vuelve un espacio de permanente disputa, contra nosotros mismos y contra los otros.

El primer espacio de disputa son nuestros cuerpos y psiques.

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Cuando las mujeres nos miramos al espejo y odiamos lo que vemos, comienza un primer asalto en la pelea. Ese odio termina por permear a toda una sociedad que se denomina hedonista. Pero en realidad no somos hedonistas: porque el hedonismo es el cultivo del amor propio y la búsqueda del placer. Y no hay placer en luchar por ser lo que no se es.

 

El eterno… eterno femenino

En 30,000 años de historia, la belleza femenina ha cambiado vertiginosamente. Es decir que el llamado “eterno femenino” no es el arquetipo inmutable que se cree. De existir, el eterno femenino sería más bien la condición de cambio perpetuo, en el que la mujer debe cumplir siempre con uno u otro estereotipo, o con uno u otro rol, siendo mermada su libertad en el proceso. Ese sería el verdadero eterno femenino, la tan buscada esencia de las mujeres.

Pero quizá nunca como ahora las exigencias en torno a la belleza femenina habían ocasionado un daño tan serio y profundo.

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Afortunadamente, ya existen tendencias que están subvirtiendo los estereotipos femeninos.

Eso es lo que la tendencia de las curvy women ha hecho, combatiendo la delgadez extrema que se exige a las mujeres desde los años 60. Pero la tendencia curvy no necesariamente busca insertarse en el mundo consumista de la moda, sino ser una expresión más de la belleza femenina que, por supuesto, trasciende mucho más que la carne –y que está llena de diversidad–.

La tendencia curvy women tiene sólidos argumentos que hace de los cuerpos curvilíneos objetos del deseo. Pero ya no sólo porque las mujeres con curvas sean hermosas, sino porque realmente están en su peso ideal: así, irradian belleza y salud.

Las modelos llamadas plus size suelen medir 1.70 o 1.80 metros y pesar entre 80 y 86 kilos.

Sus índices de masa corporal van de acuerdo a lo que la OMS considera saludable.

Aun así persisten reminiscencias de los estereotipos impuestos: por eso a estas modelos de más de 70 kilos se les llame plus size, ya que la insalubre norma era de mujeres de 1.70 de altura y 50 kilos de peso (o 40 kilos, si pensamos en la primera supermodelo, Twiggy). Visto así, claro que las modelos plus size son unas obesas mórbidas. Pero por supuesto que eso no es así en la realidad, a la luz de lo que es un cuerpo saludable.

Pero gracias a la tendencia subversiva de las curvy, muchas mujeres se sienten más seguras. A ello también ha abonado el feminismo, cuyas luchadoras, ya sea en el discurso o en la práctica, van siempre en contra de la violencia simbólica de los estereotipos y los roles. Muchas feministas saben que éstos son complejos mecanismos de control social que resultan muy difíciles de extirpar, y que decantan en obsesiones y trastornos mentales que paralizan a quien los desarrolla. Los más comunes son los llamados TCA, trastornos de la conducta alimentaria, de los cuales existe una amplia gama que ni siquiera ha podido clasificarse.

Una de tantas feministas que han aportado a esta nueva tendencia subversiva es la artista brasileña Stephanie Medeiros, a quien pertenecen las animaciones que ilustran esta reflexión, así como este bello fragmento dedicado a las mujeres del mundo:

Encargate de tu jardín
Ensúciate las manos
Haz espacio para las mariposas
Que te atrapen bajo la lluvia
Recuerda que los placeres de la vida
No están todos en uno
Por todo lo existente
Nunca estás sola

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No obstante, aún queda mucho por hacer: muchas mujeres siguen siendo presas de sus cuerpos.

La pregunta es: ¿cómo podemos las mujeres normales huir del circuito de los estereotipos?

Un cuerpo ideal se impone a las mujeres cada tanto: por eso el mismo canon pudo ser alabado y después despreciado; por eso las flacas de ayer son las “gordas” de hoy. Pero ahora, esas “gordas” podrían ser otra vez el estereotipo de belleza adulado por la sociedad. O quizá sean las mujeres fitness. O ambas a la vez, ¿quién podría saberlo? Es una carrera que no tiene fin. Y nunca llegamos a la perfección.

Así que al estereotipo femenino que “se ponga de moda”, siempre debemos subvertirlo. “Subvertir” significa trastornar algo, o hacer que deje de tener un orden establecido. Y eso es lo importante: que no exista un orden establecido para la belleza.

Es así que el “ser mujer” puede ser una condición en perpetuo cambio, porque el cambio no es el problema. Y tampoco lo es el ser mujer, ni el adoptar una identidad a partir del género. El problema es que cualquier estereotipo o rol nos sea impuesto, y que no haya lugar para discutir lo que queremos ser, individual y colectivamente. 

 

* Imágenes: Stephanie Medeiros

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.