Este es exactamente el tiempo que te toma construir una amistad (ESTUDIO)

Construir amistades requiere pasar un determinado tiempo con otros; una sentencia sencilla y una buena reflexión en estos tiempos de adicción a las redes sociales.

“¿Qué es un amigo?”, se preguntaba Aristóteles: “Un alma que habita dos cuerpos”, contestaba. Pero más allá de filosóficas metáforas, lo que sí sabemos certeramente es que la amistad es algo que se genera a lo largo del tiempo. Y la ciencia, de hecho, nos puede decir exactamente el tiempo que naturalmente tarda una amistad en producirse y profundizarse.

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El Journal of Science and Personal Relationships publicó un estudio que no buscaba saber lo que es un amigo, como Aristóteles, sino sencillamente cuánto tiempo toma hacerse de uno, basándose en teorías sobre lazos comunicativos y funcionamientos del “cerebro social”.

El estudio implicó entrevistar a 467 personas: 255 de ellas se habían mudado recientemente, y otras 112 eran estudiantes nuevos en sus respectivos colegios. A ambos grupos se les preguntó durante 9 semanas cómo estaban progresando sus relaciones; sus respuestas llevaron a más de un punto en común.

Tras comparar las respuestas, los investigadores lograron definir que una amistad toma por lo menos 50 horas de experiencias en común para desarrollarse. Más aún: hacerse de un buen amigo toma 90 horas, y de un mejor amigo 200.

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Esto podrá parecer algo sin relevancia (y probablemente no sea del todo exacto), pero es una invitación a tener más experiencias reales con nuestros amigos, algo que en nuestra época de paradójica hiperconectividad solitaria hace mucha falta, pues incluso estamos olvidando cómo comunicarnos con los otros.

Así que ya lo sabes: si tienes muchos amigos en Facebook pero pocos en la realidad, lo que necesitas es despegarte de las redes sociales y pasar tiempo de verdad con tus conocidos y amigos. Porque una ventana de chat jamás será lo mismo que una buena conversación en persona, ni generará los lazos con el otro que sólo las experiencias compartidas pueden gestar.

 

*Imágenes: Laura Callaghan



La atención es nuestro puente con el mundo

La economía de la atención gana millones robando nuestra atención, pero, ¿cómo podemos recuperarla para alcanzar nuestros objetivos?

Nuestras capacidades cognitivas son nuestro puente con el mundo. Son aquella habilidad que nos permite conocerlo, pero también inteligirlo, memorizarlo y nombrarlo. Más aún: son un aspecto esencial de la conciencia humana.

¿Qué tan importantes no serán estas capacidades, que en la actualidad son explotadas por otros?

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La información se ha vuelto una mercancía. Y para poder competir, las grandes industrias de todo tipo –pero sobre todo las industrias techtienen que lograr captar nuestra atención, vendiéndonos cierto tipo de información. Lo único que quieren es que demos click y que nos quedemos viendo un video por más de tres segundos. O en el caso de la publicidad, nos siguen bombardeando con mensajes irrisorios y cacofonías estridentes.

Cada dos días es generada más información de lo que se generó en toda la historia de la humanidad antes de 2003

Lo malo –para las industrias y para nosotros– es que hemos entrado en un circulo vicioso. Mientras más atención nos exigen, menos atención somos capaces de prestar. La demanda por atención nos aletarga, y por eso hoy son usadas insólitas formas para explotar nuestras capacidades cognitivas. Para ello se utilizan todo tipo de recursos: psicológicos, neurológicos, de programación y de diseño.

¿A que grado se está viendo comprometida nuestra atención?

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Tenemos distintas formas de prestar atención. Estas se producen en los dos hemisferios del cerebro: en el hemisferio izquierdo está la atención más analítica, mientras que en el derecho está una atención más enfocada a la exploración sensorial. Estas capacidades se complementan: el hemisferio izquierdo es el que le da una representación a la totalidad captada por el hemisferio derecho.

De alguna manera, la atención del hemisferio derecho, que es la más libre, la que no se “engancha”, sino que se mantiene al tanto de todo, es aquella que se está viendo más comprometida debido a la economía de la atención. Porque la atención que reclama el Internet, las redes sociales y los servicios de entretenimiento, es una atención inmediatista, de gratificaciones al instante. Apaga nuestra modalidad de exploración y nos engancha a una sola cosa: a las pantallas.

¿A qué quieres prestar atención?

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Pero la atención en realidad es una experiencia, no sólo un recurso. Y es una capacidad que nos permite encontrar nuestros intereses y llevar a cabo nuestros propios objetivos. Por eso es urgente que dejemos las pantallas y volvamos a explorar al mundo y a nosotros mismos con él. Quizá la pregunta más pertinente sea: a qué queremos prestarle atención… ¿Lo habías pensado?

Si quieres dejar de ser explotado por la economía de la atención, ya existen algunas propuestas, como el minimalismo digital, que sirven como modelos para tener una vida menos tecnológica y más orgánica. A esto se suman prácticas que podemos adoptar, como la meditación mindfulness, el hacer de la comida un ritual de principio a fin –y dejar de comer frente a las pantallas comida rápida–, o incluso prácticas sin una finalidad aparente, como salir a dar una caminata.

Así podremos conquistar nuevamente nuestra atención consciente y enfocarla en lo que verdaderamente importa.

Imágenes: Piero Fornasetti



La ciencia concluye que la mayoría de tus amigos no son tus amigos

Sólo el 50% de quienes consideramos nuestros amigos comparten ese sentimiento. Pero esto podría no ser tan malo.

Cuando pensamos en el otro como un amigo, no solemos preguntarnos si el sentimiento es mutuo: la amistad es algo que simplemente damos por sentado. A veces, basta que haya algunos gustos en común para que consideremos que existe un vinculo con el otro. Pero, ¿y qué si quienes consideramos nuestros mejores amigos no sienten lo mismos por nosotros?

Un estudio del MIT analizó la amistad entre 84 compañeros de clase, de entre 23 y 38 años. Se les preguntó, en un rango de 0 a 5, qué tan cercanos se consideraban con cada persona en la clase:

  • 0 = “No lo conozco”
  • 3 = “Amigo”
  • 5 = “Mejor amigo”

Aunque 94% de los entrevistados esperaban que el sentimiento fuera recíproco…

sólo lo fue un 53% de las veces

 

Otros estudios han demostrado que la reciprocidad no es lo común en las amistades. Pero entonces, ¿cuál es la esencia de la amistad?

El filósofo romano Séneca, en cartas a compañeros que fueron publicadas bajo el título On True and False Friendship, señala que antes de que toda amistad se forme debe haber un momento previo de juicio, una especie de filtro que nos deje claro si debemos ofrecer al otro nuestra amistad, y más aún, que nos haga saber si el otro la valorará. Por eso, dice Séneca, este juicio previo debe incluir el diálogo:

Habla tan claramente con él como contigo mismo.

Estas consideraciones previas a la formación de toda amistad son una forma de preservar los más importantes valores de ésta, que tienen que ver con la lealtad, la empatía y la sinceridad. Para Séneca, estos juicios ayudaban a conservar la nobleza inherente a la amistad y a evitar que se corrompiera, por ejemplo, con mero oportunismo:

Estas son las relaciones que pesan como una pluma; una relación que es escogida por utilidad sólo será satisfactoria en tanto permanezca siendo útil.

Esto que nos recuerda Séneca es algo vital en estos tiempos de amistades digitales tipo fast food, porque la amistad es algo más que “agregar” a alguien a tu lista de amigos… ¿o te irías al exilio con cualquier amigo de tu Facebook?

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Así que si el otro no comparte nuestros sentimientos, no es algo que tenga tanta importancia. Muchos psicólogos creen que, en realidad, aceptar que siempre uno ama más que el otro es lo más sano que podemos hacer.

Admitir la desigualdad existente entre tú y el otro es alimentar tu empatía y tu propia capacidad de amar, más allá de miedos o egolatrías que nos hacen creer indispensable que los sentimientos sean recíprocos. Es también una manera de autocuidarnos, pues al dejar de lado falsas expectativas y sabiendo realmente lo que podemos esperar del otro, es posible que evitemos la codependencia y nos sintamos más libres en su presencia. De hecho, a la larga esto puede provocar el surgimiento de una amistad más profunda, no necesariamente a través de las afinidades con el otro, sino incluso a partir de las diferencias sustentadas en la sinceridad y el compromiso.

 

Pero, ¿cómo saber quién es tu amigo?

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Aunque la intuición es clave en toda relación, a veces las cosas tienen que clarificarse a través de la razón y la comunicación, como bien señaló Séneca en su correspondencia. Lo mejor es que comuniques lo que sientes, para evitar generar falsas ideas o expectativas. ¿Qué espera el otro de ti? ¿Cómo te percibe? ¿Qué futuro ve en su relación? Son algunas preguntas clave que es válido –y a veces muy necesario– formular si queremos mantener relaciones y amistades más sanas… y también más reales.

No cabe duda de que la amistad es algo muy difícil de cultivar, pero quizá todavía más difícil de mantener. Es mejor tener pocos pero grandes amigos a creer que podemos mantener amistades inquebrantables con todos aquellos con quienes nos cruzamos en la vida. Eso, en realidad, es algo que Facebook nos ha hecho creer. Pero lo cierto es que la vida real es muy distinta al universo virtual, sobre todo en lo que refiere a la amistad, ¿no crees?