¿Cómo es más probable que mueras? Estas infografías te dicen cuáles son las causas más comunes de muerte

Saber las causas más comunes de muerte podría ayudarte a enfrentar algunos miedos irracionales…

Pocas cosas hay que sean más significativas y simbólicas que la muerte, quizá porque ésta es algo completamente desconocido a lo que todos nos enfrentaremos en algún momento. Por ello, la pregunta que a todos nos acecha es cómo vamos a morir, algo que no podemos saber, pero sí figurarnos si sabemos cuáles son las causas más comunes de muerte.

El hecho de que la muerte esté tan presente y nos genere tanto miedo se debe, sin duda, al factor azaroso de la propia muerte, lo cual puede convertirse en tanatofobia, un tipo de miedo que roza lo injustificado y que puede inmovilizar a quien lo padece. No obstante, que la muerte nos llegue de modo imprevisto es muy poco probable.

 

¿Moriré en un terrible accidente?

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Entre las causas más comundes de muerte no están los accidentes. Por supuesto, eso no significa que no debamos tomar todo tipo de precauciones. Pero por ejemplo, para quienes tienen miedo a volar en aviones, les alegrará saber que:

En una probabilidad de 1 en 5,730, es más probable que mueras estrangulándote en tu propia cama a que mueras en un vuelo de avión, lo que puede suceder en una probabilidad de 1 en 9,821. 

De hecho, si lo comparamos con otro tipo de transporte, la posibilidad de morir en un viaje en avión es mucho menor a la de morir en otros vehículos, como demostró una infografía publicada por El País.

Probabilidad de morir en un avión: 1 entre 9,737

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Más allá de morbos o tanatofobias, saber cuáles son las causas más comunes de muerte puede ayudar a entender de qué nos tenemos que cuidar realmente. Por ejemplo, según la OMS estas son las causas más comunes de muerte en América Latina, que pueden ser combatidas cambiando nuestros hábitos:

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¿Sabes qué sí puede pasar? Que mueras el día de tu cumpleaños

De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad de Zúrich, en el cual se hizo un análisis de más de 2 millones de muertes en un periodo de 40 años, en los días de cumpleaños aumentan las estadísticas de muerte por ataques al corazón, cáncer e incluso suicidios.

Es decir, la probabilidad de morir en tu cumpleaños aumenta un 14%, según este estudio

Esto podría deberse al exceso de comida y alcohol, así que saberlo te puede ayudar a no dejarte llevar por la fiesta desmedida en tu cumpleaños.

También hay otras causas de muerte más específicas, como las que muestra esta infografía realizada por el Accident Claims Advice del Reino Unido, la cual puede darnos una idea de los riesgos que corremos en muchos países del mundo con condiciones similares:

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Como sea, cualquier riesgo que tengamos de morir (y el miedo que eso nos pueda provocar) no justifica que dejemos de vivir con la mayor plenitud posible. A fin de cuentas, la vida es por excelencia una ruleta donde no sabemos lo que nos tocará, y eso es lo que la hace digna de ser vivida. Lo que sí podemos hacer es prevenir.

Cambiar algunos hábitos nocivos puede marcar una drástica diferencia. Cosas tan sencillas como comer más nueces puede reducir el riesgo de muerte por enfermedad hasta en un 20%, mientras que tomar algunos baños de bosque nos puede ayudar a desintoxicarnos de la contaminación de las ciudades, previniendo así el riesgo de muerte prematura ocasionado por las contingencias ambientales.

Así que no se lo dejes sólo a la suerte: vive una vida más sana que reduzca todo riesgo de muerte al mínimo.

 

*Fotografía: Laura Makabresku



Visita el nuevo museo del Bosque de Chapultepec

El nuevo Museo de Sitio alberga más de 500 años de historia.

A un costado del Monumento a los Niños Héroes se encuentra la entrada al antiguo Colegio Militar. Lo que por años fue un inmueble a punto de colapsar se abre hoy como el Museo de Sitio del Bosque de Chapultepec, un espacio en el que los visitantes podemos aprender sobre la historia del lugar desde la época prehispánica hasta la actualidad.

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La restauración de este inmueble, que data de finales del siglo XIX, comenzó hace 2 años bajo la dirección del arquitecto Gabriel Mérigo Basurto, quien emprendió una investigación detallada sobre el estado original de la construcción. Ahora espera que los visitantes se tomen un tiempo para admirarla, pues en sus palabras:

El museo nos invita a reconocer la historia tan rica de este país ejemplificada en un edificio pequeño, pero con mucho significado.

El interior del inmueble se encuentra dividido en dos secciones. Una está dedicada a detallar los esfuerzos de recuperación que revitalizaron el Bosque hace 15 años y sus resultados actuales, mientras que la otra nos lleva a un recorrido histórico que comienza en la época prehispánica y pasa por el porfiriato. 

Las paredes están decoradas con fotografías, parafernalia y datos sobre las especies endémicas de flora y fauna que alberga esta área.

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La museografía corrió a cargo de Sietecolores, quienes se dedican a la conceptualización de espacios públicos. Su presidenta, Marinela Servitje, espera que las familias que visiten el museo los fines de semana se empapen de la historia que ha cruzado el bosque:

Es importante que los visitantes que vengan un domingo o un sábado puedan darse cuenta del valor que tiene este bosque, este parque; que sepan que gran parte de la historia de México desde hace más de 500 años se ha dado y ha pasado por el Bosque de Chapultepec. Desde el punto de vista histórico, tiene un valor muy importante. El rey Nezahualcóyotl pasó por aquí, el emperador Moctezuma pasó por acá; aquí era el lugar de recreo de todos estos emperadores mexicas.

Además, espera que “tomemos conciencia del gran valor que tiene este espacio de la Ciudad de México y que lo cuidemos, pues es importante apreciarlo y protegerlo”.

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Tal vez por ello es que en varios apartados del museo se hallan consejos para adoptar hábitos más sustentables: no alimentar a los patos, pues ensucia el lago; poner la basura en sus respectivos contenedores y evitar a toda costa las fogatas.

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El Bosque de Chapultepec, según nos platicó el arquitecto Mario Schjetnan, cuenta con ahuehuetes que llegan hasta los 400 años de antigüedad. La gran extensión arbórea de esta zona es única en la Ciudad de México, y por ende tiene un valor de captación de agua y absorción de dióxido de carbono sumamente importante. Como nos dice: 

Lo que tiene que hacer la población en primer lugar es enterarse de lo que se ha hecho y por otro lado también gozar el bosque, vivirlo, venir con sus familias, recrearse aquí, pues es un lugar que tiene una enorme cantidad de riqueza cultural.

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En tu próxima visita a las actividades recreativas que ofrece el Bosque todos los días del año, tómate un momento para llenarte de la historia de este invaluable patrimonio de la Ciudad que forma parte de todos los que la habitan, pues como señala Servitje:

Han pasado los años y casi todas las generaciones han tenido alguna anécdota de algún familiar o de alguien querido que ha pasado por el Bosque de Chapultepec.



Sólo existe una falla con la que tienes que aprender a lidiar, según el zen

Hay únicamente una falla que podría estar provocando que no logres encontrar por dónde fluir.

Hay muchas razones por las cuales nos paralizamos ante la simple idea de fracasar y no poder lidiar con nuestras fallas. La ansiedad nos domina con sólo pensarlo. ¿Y si no se vuelve a presentar la oportunidad? ¿Qué tal que hago el ridículo? ¿Y si decepciono a alguien?

Los pensamientos persisten y se vuelven obsesivos cuando no sabemos cómo lidiar con ellos ni, por lo tanto, con las fallas. No podemos evitar intentar vislumbrar el futuro ―lo cual no es malo―, pero no lo hacemos de una manera previsora, más intuitiva, sino dando por hecho que sólo nos aguardan equivocaciones. Vamos a fallar, nos aseguramos. Nada volverá a ser igual.

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Y entonces fallamos, porque la mente ―e incluso las posturas de nuestro cuerpo― pueden precondicionarnos a ello y liberar hormonas y neurotransmisores cuyo influjo en nuestro comportamiento es realmente poderoso.

 

¿Por qué no podemos fluir sin las ataduras del fracaso?

El maestro zen más importante de Occidente, Taisen Deshimaru, pensaba que el problema reside en que buscamos la libertad en el lugar equivocado. La libertad es la meta a la que todos aspiramos, pero para el maestro Deshimaru era claro que la ambición y el deseo llevan a los individuos, en la sociedad moderna, a fetichizar la libertad: a confundirla con cuestiones como el éxito personal.

Como es imposible alcanzar la libertad a la que refiere el zen mediante ambiciones materiales, es recurrente que nos encontremos frente al fracaso.

La verdadera libertad está en la mente [… ] Incluso cuando mis proyectos fallaran, incluso si toda mi misión fracasara, todavía tendría mi kolomo (ropaje) y mi cabeza rasurada, y podría dormir a un lado del camino.

Buscar la libertad más allá de la propia psique, la cual nos conecta con los otros y con el cosmos, es lo que nos conduce a un irracional miedo al fracaso. No quiere decir que debamos aislarnos para no fallar, sino que debemos construir lo que somos en el mundo material sobre un sólido trabajo subjetivo. 

Sólo así nos podemos dar cuenta de que la única falla importante que podemos cometer es creer que podemos fallar.

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Porque, en realidad, fallar es algo tan relativo como el tiempo. Lo que percibimos como una falla, tenemos que retomarlo como una oportunidad para reflexionar. Fallar debe servirnos para fortalecer la psique, y como un momento para redireccionar nuestras intenciones.

Ray Bradbury lo sintetizó lucidamente en su libro Zen in the Arts of Writing:

No deberías ver hacia atrás para concebir el trabajo que has hecho como una falla. Fallar es rendirse. Pero estás en el medio de un proceso en movimiento. Nada falla, entonces. Todo sigue. El trabajo está hecho. Si es bueno, aprenderás de él. Si es malo, aprenderás aún más. El trabajo hecho es una lección para ser estudiada. No hay falla a menos que uno se detenga.

Las fallas no existen: son sólo una ilusión que nos sirve de barómetro, que puede ayudarnos a sobrevivir. Pero que, sobre todo, tiene que impulsarnos a seguir: a fluir.

 

* Imágenes: Anna Sudit