México 2018: ¿qué proponen en medioambiente y sustentabilidad los candidatos? (INFOGRAFÍA)

México 2018: en estas elecciones los candidatos a la presidencia tendrían que presentar un plan ambicioso y viable respecto al medioambiente; los mexicanos tendríamos que exigirlo.

En el marco de las elecciones presidenciales de México en este 2018, queremos lanzar una pregunta:

¿Dónde quedó el medioambiente?

Nos llama mucho la atención que éste no figura de forma protagónica en las propuestas de los candidatos. Por otro lado, tampoco se está hablando de esto entre la ciudadanía, pero la realidad es que somos nosotros los responsables de exigir propuestas claras, con metas ambiciosas pero viables. El medioambiente es un asunto de todos, quizá más que cualquier otro.

Sabemos que hay temas que preocupan mucho, como la inseguridad, la salud pública y la economía. Pero estos asuntos están más relacionados con la situación ambiental de lo que muchos creemos. Además, nuestro día a día también está en juego: el acceso al agua limpia, a una buena calidad del aire y de nuestros alimentos, depende de las políticas ambientales.

Esperamos que conforme vayan madurando las campañas escuchemos hablar de conceptos como calentamiento global, conservación biocultural, consumo responsable, recuperación del campo, urbanismo inteligente y salud integral.

A cada uno de nosotros nos toca tomar en cuenta estos asuntos cuando sea momento de decidir por quién votar. En ese sentido, te compartimos lo que hasta el momento sabemos sobre la postura de cada candidato frente al medioambiente y la sustentabilidad. Te invitamos a utilizar esta infografía como herramienta, no sólo para ejercer un voto informado sino también para asumir la responsabilidad que, como mexicanos, nos toca a cada uno respecto de este tema. 

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La gran decepción: el desprecio del gobierno de México por el medioambiente

El gobierno de López Obrador ha sorprendido a los mexicanos menospreciando al medioambiente y cultivando nefastos paradigmas de progreso.

No se trata de ideologías o rivalidades, y nada tiene que ver con celebrar o atacar a un gobierno. En realidad, estamos hablando simplemente del mayor reto que enfrenta hoy la humanidad. Por eso, las medidas efectivas contra el cambio climático, el uso sustentable de los recursos naturales, y el reconocimiento de que el medioambiente es indisociable del desarrollo y bienestar de las sociedades son, quizá más que cualquier otro, un asunto de todos.

Lamentablemente, el actual gobierno de México parece no estar enterado de lo anterior. No importa que el cambio climático ya sea considerado como la principal amenaza para nuestra especie –dicho por las Naciones Unidas–, y tampoco las evidencias que relacionan las condiciones medioambientales a la salud pública, el desarrollo económico y el bienestar social en general; menos aún, los innumerables indicadores que advierten una situación crítica, a nivel mundial y sin excepción geográfica, en materia de medioambiente. El menosprecio del gobierno mexicano frente a las exigencias y oportunidades implícitas en la agenda medioambiental ha sido, hasta ahora, rotundo.

 

Carbón y petróleo (el antifuturo)

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Quizá México tenga algo parecido a una deuda pendiente con el petróleo. Sin duda, se antojaría haber aprovechado la enorme riqueza implícita en los yacimientos mexicanos. A la épica expropiación petrolera siguió una innegable secuencia de derroche, corrupción e ineptitud. Pero eso está lejos de justificar que en pleno 2019 el gobierno en turno tenga casi toda su apuesta energética en los hidrocarburos y el carbón –dos de las actividades que más contribuyen al calentamiento global–.

Un par de datos curiosos:

Según una reciente advertencia del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, los siguientes 11 años, hasta 2030, serán decisivos para definir la lucha mundial contra el cambio climático (y mientras tanto el gobierno de México pareciera atrapado en un malviaje hidrocarbúrico de hace 5 décadas).  

Petróleos Mexicanos (Pemex), la paraestatal que se ha convertido en una especie de lábaro patrio, se encuentra entre las 10 empresas más contaminantes del mundo.

 

El impacto ambiental como ficción protocolaria

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Con apenas unos meses en activo, el gobierno actual ha vuelto una constante la activación de megaproyectos, por ejemplo el Tren Maya, el aeropuerto de Santa Lucía o el corredor industrial del istmo de Tehuantepec, sin realizar previamente estudios de impacto ambiental y su correspondiente manifestación –ni siquiera por ser una exigencia legal para este tipo de proyectos–. Otro caso, incluso peor, es el de la refinería Dos Bocas, en donde siendo ya presidente electo AMLO (aunque aún sin asumir oficialmente el mandato), se arrasó con 230 hectáreas de manglar, sin importar la amplia biodiversidad de este ecosistema y que ya en 2011 se advirtió, en una manifestación de impacto ambiental emitida entonces, la poca viabilidad de ubicar infraestructura en esa área.

Vale la pena aclararlo. La evaluación del impacto ambiental de un proyecto no es un simple instrumento para incomodar políticamente un desarrollo o avalar simbólicamente otro. En realidad se trata de un criterio fundamental para definir su viabilidad medioambiental y, con base en eso, permitir o prohibir su realización. Este es un requisito jurídico al cual las obras públicas y privadas deben someterse.

 

¿Y el presupuesto?

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“Los presupuestos expresan visiones nacionales”, dicen Julia Carabias y Enrique Provencio en un artículo reciente publicado en la revista Este País. Difícil no estar de acuerdo, y por eso alarma confirmar, según datos citados en el mismo texto, que el actual gobierno continúa la tendencia que dominó en los últimos 3 años del sexenio anterior: el castigo presupuestal al medioambiente. De 2016 a 2019 se destinó 61% menos presupuesto a este rubro que en el mismo período anterior, y para 2019, ya con nuevo presidente, se contempla todavía un 20% menos de presupuesto que en 2018. 

En cambio, la Secretaría de Energía dispondrá de un presupuesto casi 1,000% superior respecto a 2018, con 27,229.8 millones de pesos, de los cuales, por cierto, el 91% fueron asignados a la Coordinación de la política energética en hidrocarburos. 

 

Lo medioambiental es completamente social

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Hasta hace unos años podría haber parecido frívolo priorizar en el impacto ambiental de proyectos que “darán miles de empleos”, en un país donde al menos 60 millones de personas viven en franca pobreza. Pero eso era antes de que, por un lado, se evidenciara la relación directa entre medioambiente y desarrollo social; y, por otro, antes de que finalmente entendiéramos que nos encontramos en una situación crítica, a más de 1 siglo de castigar intensamente nuestro entorno y recursos naturales.     

 

Economía social

En muchos casos, las políticas medioambientales privilegian la economía de los grupos menos favorecidos. Por ejemplo, en México más de la mitad de la superficie forestal es de propiedad social (tierras comunales y ejidatarias), y se ha comprobado que promover el manejo sustentable de dicho territorio –por encima de los grandes intereses privados que se depositan en sus recursos–, resulta en prácticas económicas que permiten a las comunidades rurales vivir de forma digna. Además, este es probadamente uno de los mejores instrumentos de conservación de bosques, selvas, manglares y otros.

Así que si en lugar de priorizar en megaproyectos que responden a paradigmas caducos, se priorizara en esquemas de este tipo, el cuidado del medioambiente y el desarrollo de la población menos favorecida se potenciarían mutuamente.

 

Salud pública

Otro punto es la salud pública. Las deficiencias en el sistema de salud pública amenazan mayormente a los sectores más vulnerables de la población. Pero está plenamente advertido que existe una relación significativa entre la degradación ambiental y un amplio espectro de la salud humana. En pocas palabras, despreciar el medioambiente tiene repercusiones directas en la salud pública –y esto es peor noticia para quien menos tiene–.

 

Ecosnob

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Considerando lo anterior resulta aún más frustrante percibir que al presidente de México le parezca snob poner el foco en el medioambiente, y en cambio evidencie su falta de visión en este rubro. Ojalá alguien le haga ver que las agendas social y medioambiental no sólo no son excluyentes, sino que pueden, y debieran, ser poderosas aliadas.  

Finalmente, tras entender que lo medioambiental es plenamente social, no podemos dejar de referir el derecho a la consulta previa, libre e informada, de las comunidades indígenas del país, ante proyectos que puedan afectar sus grupos y territorio. Este es otro de los requisitos jurídicos, tanto en el marco nacional como internacional, que la “Cuarta Transformación” ha decidido ignorar o ha utilizado, con aires caricaturescos y que nada tienen que ver con el derecho de las comunidades a opinar, para justificar sus arrojos infraestructurales. Este, por cierto, es uno de los ingredientes que forman parte de una actitud gubernamental acusada de “indigenismo simulado”

 

Un gobierno realmente consciente

Se antojarían decisiones más informadas y menos ideológicas, más sensatas y menos viscerales, abiertas y vigentes, no anacrónicas y soberbias. Se antojaría una estrategia más consciente y responsable, menos petróleo y más conservación del territorio, más presupuesto para la investigación, vigilancia, evaluación y fortalecimiento de los programas y actividades relacionadas al medioambiente. 

Se antojaría un “nuevo” México que destaque por su inteligencia y sensibilidad medioambiental frente al mundo, pero por ahora, las refinerías, la deforestación, los performances neoétnicos y, en resumen, la ignorancia, aparentemente sobrevivirían a la prometida transformación del país. 

 

* Nota del autor:

Desde las elecciones que se llevaron a cabo en 2018 notamos que ninguno de los candidatos ni partidos daba al medioambiente un lugar prioritario. ¿Por qué? Pues es muy probable que algo tenga que ver con la poca importancia que los electores dimos a esos temas. Si como sociedad priorizamos realmente la sustentabilidad y el cuidado del medioambiente, tarde o temprano el gobierno en turno, y los que le sigan, tendrán que hacerlo. Ellos aún no, ¿pero tú ya empezaste?  

Javier Barros del Villar
Autor: Javier Barros del Villar
Editor digital. Toma té.


Elecciones México 2018: medioambiente, sustentabilidad y ecología

Ojalá en estas elecciones México 2018 las propuestas de los candidatos den más importancia a temas medioambientales (nos conviene a todos).

Llama la atención la poca relevancia dada entre los candidatos a la presidencia de México al medioambiente y la sustentabilidad. Lo que se haga o deje de hacer en estos temas tendrá un impacto enorme en el futuro, y presente, de todos los mexicanos: la calidad del aire que respiramos, el acceso al agua que usamos y las condiciones de los alimentos que consumimos, entre muchas otras. Por otro lado, es notable lo poco que se ha comentado al respecto entre la ciudadanía; a fin de cuentas, cada uno de nosotros tendría que exigir propuestas claras, ambiciosas y viables en este rubro –que nos afecta a todos, sin excepción–.

Además, recordemos que lo que México haga para cuidar sus recursos naturales y la apuesta por modelos sustentables, impactará en el resto del planeta. Hay que enfatizarlo: somos uno de los países con más biodiversidad y riqueza natural del mundo.

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¿Por qué debería importarnos?

Es comprensible que temas como seguridad, salud, economía, educación y corrupción-impunidad, roben la atención de candidatos y ciudadanos. Sin embargo, todos estos rubros existen, a fin de cuentas, dentro de un medio ambiente. Dicho de otra forma, si no atendemos con urgencia y lucidez este asunto –como ya lo demandaron diversas organizaciones–, habrá repercusiones significativas en el resto de la vida nacional.

Hay una serie de preguntas básicas que se están quedando sin respuesta en la contienda electoral. Por ejemplo: ¿cómo vamos a encarar el crecimiento demográfico? ¿Qué hay del problema del agua y cómo vamos a resolverlo? ¿Qué vamos a hacer respecto a la miserable calidad del aire en las principales ciudades del país, empezando por la CDMX? ¿Cómo vamos a garantizar el cuidado del territorio y el patrimonio natural? ¿Cuál es el plan concreto para migrar a energías limpias?  

A México le urge una estrategia medioambiental clara. Por ahora da la impresión que no existe entre los candidatos una agenda correctamente ensamblada en este sentido. ¿A qué nos referimos? A un planteamiento de acciones y políticas que garanticen el cuidado de nuestros recursos naturales (agua, bosques, etc), que regule con efectividad a los actores e intereses que amenazan este patrimonio y que establezca una ruta precisa para cumplir los compromisos internacionales que hemos aceptado. Pero para esto es fundamental especificar los “cómos”, definir metas puntuales, asegurar la participación de las comunidades y sociedad en general, y establecer mecanismos de evaluación.

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Idealmente, conforme maduren las campañas, escucharemos hablar de conceptos como calentamiento global, conservación biocultural, consumo responsable, sustentabilidad del campo, urbanismo inteligente y salud integral. Además, recordemos los compromisos internacionales que México ha adoptado, empezando por el programa especial contra el cambio climático suscrito en el Acuerdo de París, sobre lo cual los candidatos no se están pronunciando.

Esperamos que, en los próximos días, estos temas ocupen un lugar mucho más importante que el recibido hasta ahora –tanto entre los candidatos como entre los ciudadanos–. Por lo pronto te compartimos algo de lo que hemos podido encontrar, con la esperanza de que consideres también esta información a la hora de decidir por quién votar.

Propuestas de los candidatos sobre medioambiente y sustentabilidad

Andres Manuel López Obrador

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Dentro de su Plan de Nación 2018-2024 (que puedes descargar aquí), el candidato por Morena incluye un eje dedicado a “Desarrollo sostenible y buen vivir”. Aquí advierte que “un gobierno responsable debe considerar los impactos que tendrán sus políticas y programas en el tejido social, en la ecología y en los horizontes políticos y económicos del país” y abraza la definición de sustentabilidad de las Naciones Unidas, es decir: la satisfacción de “las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.

López Obrador enfatiza en el papel que juegan los grupos indígenas y comunidades rurales en la preservación de los recursos naturales, un modelo de conservación con plena vigencia y resultados probados. A pesar de que sus 17 objetivos de desarrollo sostenible sí abarcan una plataforma “integral”, quizá la más completa, se antojarían propuestas concretas y medidas que garanticen que su plan de nación realmente sustentable. 

Por otro lado, poco se habla de energías verdes y, en cambio, López Obrador advierte cómo prioridad revivir Pemex. Esto es válido desde otros enfoques, incluso obligado; pero sería ideal si, por ejemplo, se contemplara aprovechar la optimización de dicha empresa estatal y con ello invertir intensivamente en infraestructura para migrar a la autonomía energética vía la energía limpia.

Además, la inclusión de Víctor Villalobos en su virtual gabinete, a cargo de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), y quien se ha caracterizado por promover a lo largo de su carrera los cultivos genéticamente modificados, pone en alerta la regeneración y sustentabilidad del campo mexicano, así como a la autonomía alimentaria.

 

Ricardo Anaya

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En el documento Plataforma electoral 2018 de la Coalición por México al Frente, se dedica el apartado IV.C a “Medioambiente y desarrollo sostenible”. En él se presentan puntos que incluyen desde el ordenamiento territorial y la incentivación de energías verdes, hasta la promoción de empresas sustentables, el compromiso internacional frente al cambio climático y regular la explotación de recursos naturales.

Anaya se adhirió a una iniciativa por una campaña presidencial limpia, en la cual se compromete a mitigar la huella de carbono que genere su candidatura. La plataforma de este candidato enfatiza en la relación entre medioambiente y desarrollo social. Sobra decir que no puede haber una perspectiva de bienestar social sin considerar lo natural, y que cualquier esfuerzo de preservación que no considere a los grupos humanos está condenada, por lo menos, a la insuficiencia. Para nosotros el desarrollo social y la protección del medioambiente son interdependientes e inseparables. La política ambiental de México dejará de ser reactiva y establecerá una perspectiva de largo plazo a partir de los principios del desarrollo sostenible.

Como ocurre con el resto de los candidatos, en su Plataforma electoral 2018 Anaya no especifica rutas ni acciones puntuales (con cifras, calendarización, metas concretas, etc) que sirvan para, en caso de obtener la victoria, exigirle una rendición de cuentas de acuerdo a sus metas o intenciones sustentables. 

 

José Meade

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Dentro de sus propuestas encontramos el apartado “México: la economía sustentable del siglo XXI” (que aquí puedes consultar), donde se enlistan los objetivos que, asumimos, delinean la agenda medioambiental del candidato del PRI.

Estos son:

  1. Recuperaremos los alimentos que se desperdician para acabar con la carencia alimentaria en el país.
  2. Ampliaremos el acceso a una matriz energética limpia en los hogares y en la industria.
  3. Promoveremos el turismo sustentable, la recreación y la investigación con Parques Nacionales de propiedad pública.
  4. Nos moveremos hacia la aplicación del concepto de Ciudades Inteligentes con servicios de calidad.
  5. Educaremos y prepararemos a niñas, niños y jóvenes de modo que valoren nuestros recursos y estén orgullosos de vivir en un país megadiverso y rico en recursos naturales.
  6. Desarrollaremos nuestro potencial de generación de energía eólica, solar y geotérmica.

Sus menciones a conceptos como ciudades inteligentes, turismo sustentable y el combate al desperdicio de alimentos son positivas; además, advierte como meta el colocar a México dentro de la primera fila en el combate contra el cambio climático –posición obligada si consideramos que somos uno de los 10 países que más emisiones de carbono generan (según el World Resources Institute)–.

Sin embargo, Meade carece, al igual que el resto, de una agenda medioambiental específica, que empate con la realidad y que de esperanzas frente a los gigantescos retos que México tiene por delante.  Además, no ha referido de forma específica sobre el asunto de la Ley General de Biodiversidad, la cual impulsan sus partidos (PRI y PVEM) y que desde que fue propuesta por la senadora Ninfa Salinas del Partido Verde Ecologista, ha recibido duras críticas. Como lo explica la Coalición Ciudadana ante la LGB, la iniciativa “elimina textualmente la prohibición del desarrollo de actividades industriales, como la minería en ANPs, generando un vacío legal que podría ser aprovechado por las empresas privadas para explotar las áreas naturales.” Este tipo de explotación tiene consecuencias muy serias en el territorio y las comunidades que lo habitan y protegen.

Margarita Zavala

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En el caso de Margarita Zavala, ninguno de los siete ejes de su plataforma de propuestas está dedicado a medioambiente. Hasta ahora se ha limitado a mencionar cosas como “Producir y utilizar las tecnologías que se usarán en la transición a una economía sustentable” y “Reducir la contaminación y promover un uso sustentable de nuestros recursos naturales.”, que dan más la impresión de ser “slogans” macanizados que propuestas reales.