¿De verdad los monjes budistas han dejado de temer a la muerte?

El miedo a la muerte nos presenta el lado humano de los monjes budistas.

Para la mayoría, sabernos mortales resulta aterrador. Pero el budismo ha probado ofrecer, en vida, algo más trascendente y a la vez, conciliador: el cambio. Algo central a esta filosofía de Oriente es que todo es impermanente y que la única constante es precisamente el cambio.

En la filosofía budista se dice que el ego es una ilusión, es decir, un “conglomerado” físico, emocional, psicológico y cultural que condiciona nuestras acciones. Si no hay ego (porque no hay tal identidad fija), entonces no hay un yo al que aferrarse, o un alma eterna. De ser así, ¿de dónde proviene el miedo a la muerte?

monjes pierden miedo a la muerte
Dead Skeletons

Para averiguar si la perspectiva budista elimina ese temor existencial a la muerte, Shaun Nichols de la Universidad de Arizona preparó una investigación. Los especialistas fueron los primeros sorprendidos ya que, según el reporte publicado en Cognitive Science, el miedo a la muerte estaba más exacerbado entre los monásticos budistas que en la gente “de a pie” y quienes viven de manera mundana.

También se le preguntó a monjes del Tíbet, de Bután, y a algunos hinduistas si estarían dispuestos a ceder su propia vida para alguien más, familiares o extraños. ¿Qué se encontró? Que la conciencia de finitud no necesariamente hacía a estos místicos profesionales personas dispuestas a ceder años de su vida para que otro viva más tiempo.

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Fotografía: Reuters

Y es que para la investigación también se reclutó y entrevistó a personas laicas, sin importar el credo, y al parecer los embates del día a día también estimulan la resiliencia y la empatía en gente que no necesariamente vive en retiro contemplativo. Para quienes han tenido pérdidas dramáticas de algún ser querido o experiencias cercanas a la muerte, la disposición a soltar su yo puede surgir sin haber pasado décadas de recogimiento en las montañas.

Sin que se planeara así, dicho estudio arrojó datos extraños, especialmente al revelar que esta filosofía no convierte a sus monjes en santos; y aunque el budismo se ha popularizado por conceptos como el desapego, el altruismo y la compasión, llevar esto a la práctica es complejo hasta para los eruditos.

La científica y tuitera Nina Strohminger fue una de las sorprendidas con estos resultados paradójicos. Pero lo que esto aclara es que, a pesar del entrenamiento y el estudio, el miedo a la mortalidad es algo humano, inherente a todos y sobre lo que no tenemos control, así que aun reconociendo el ego como una ilusión, no es fácil derribarla o que se desvanezca para siempre.

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Jon Saemundur

La filosofía occidental y oriental llevan siglos tratando de explicar el miedo a la muerte que todos llegamos a sentir frente a distintos sucesos. Tal vez sea algo que siga siendo un misterio y un motor que, de forma paradójica, nos hace buscar lo que nos hace sentir vivos.

Y en cuanto al budismo, forma de pensamiento, autodisciplina y búsqueda espiritual milenaria, también se caracteriza por desbancar dogmas y hacernos trascender del sentido literal de las palabras. Así, cuando escuchamos esa vieja y discutida frase: “Si en el camino te encuentras con Buda, ¡mata a Buda!”, de ninguna manera es una incitación a llevar a cabo esa acción de forma textual.

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Más bien, esa frase de un antiguo koan zen opera de forma simbólica. En el camino a la iluminación vas a toparte de frente con ideas preconcebidas y prejuicios, y miedos, por supuesto, como el miedo a la muerte; entonces, si en tu travesía puedes ver y aceptar esas ideas preconcebidas, ¡mátalas! Que no sean un obstáculo.

¿De verdad los monjes budistas pueden dejar de temer a la muerte? En ese planteamiento se cuela una proyección muy occidental: la necesidad de superhéroes. Sin embargo, Siddharta Gautama (el buda histórico) era un hombre de carne y hueso; un príncipe, sí, pero un monarca que escapó de su reinado para comprender lo que es el sufrimiento humano y la condición de mortalidad.

La mortalidad nos hace humanos; también el miedo. Así que si tenías la idea de que los monjes budistas no sufren, no temen y no pasan por contradicciones, ahora incluso la ciencia ha recogido datos de estas paradojas.



Imagina tu muerte: un consejo para vencer el miedo y despejar la mente

Un ejercicio vital para avanzar y construir nuestro futuro: recordar que vamos a morir.

Muere antes de morir.

Proverbio sufí

 

La idea de la muerte nos congrega a todos en derredor de la única certeza universal, que es que todos vamos a morir, y nos hace conscientes de que nuestra existencia es un parpadeo en el tiempo del cosmos.

Quizá es por eso que, en el budismo, la muerte es sinónimo de transformación. La muerte como desaparición no existe, y sí, en cambio, un perpetuo proceso de metamorfosis de la carne y los espíritus. Así que tampoco nacemos. Es lo que se llama no-muerte y no-nacimiento en el budismo, porque, en palabras del maestro zen Eihei Dogen:

Un buda está en nacimiento y en muerte, no hay nacimiento y muerte.

En ese sentido, la muerte puede verse también como un tránsito. Así que si queremos tomar un paso crucial en nuestra vida, pero no sabemos por dónde empezar, imaginar lúcidamente nuestra muerte puede confrontarnos como ningún otro ejercicio fantasioso, y darnos pistas para diferenciar entre lo primordial y lo secundario.

Steve Jobs lo hizo. 6 años antes de morir, le dijo a alumnos graduados de Stanford que:

Recordar que pronto estaré muerto es la herramienta más importante que jamás había encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida.

Todos los sentimientos y expectaciones se vuelven fútiles: nos damos cuenta de que nuestro miedo a fallar es lo único que nos detiene. Y sólo queda, encarando a la muerte, pensar en lo que de verdad importa. Ya no se tiene miedo a perder.

Imaginar la propia muerte –con lujo de detalle– es una herramienta que nos puede ayudar a reorientar nuestra vida. Se trata de una técnica que ha cobrado popularidad entre los ejecutivos de negocios, y que muchos han puesto en práctica desde hace años, como Daniel Harkavy, CEO de Building Champions.

Este experto recomienda dividir en 4 la tarea de imaginar la muerte. Así se convierte en un ejercicio que realmente nos ayuda a estabilizar el aquí y el ahora, mientras nos despoja de miedos rumbo al futuro.

 

¿Cómo imaginar tu muerte?

1. Reserva unas horas para escribir tu propio elogio fúnebre

No debemos tomarnos este ejercicio como algo que podemos hacer entre horas de trabajo o estudio. Debemos dedicarle un espacio especial, para poder escribir sin prisas nuestro elogio fúnebre y nuestro legado personal. Harkavy recomienda agendarlo, para no posponerlo indefinidamente. Incluso puedes organizar un viaje a las afueras de la ciudad para ir a un lugar que te inspire y que ayude a hacer fluir a tus sentimientos en la dirección correcta.

 

2. Piensa que tu vida realmente terminará hoy

Al escribir tu elogio fúnebre debes pensar que realmente morirás en la noche o el día de mañana e inspirarte en los sentimientos que esa idea te produzca, así como en las imágenes que traiga a tu cabeza. Harkavy recomienda imaginar nuestro propio funeral a detalle: el servicio, los asistentes, el ataúd. Incluso puedes imaginar qué dirían tus amigos y familiares, ahí presentes, sobre ti: qué admiraban, cómo te concebían, qué no les gustaba, y por qué dicen todo eso en un momento así.

 

3. Después escribe un legado personal

¿Cómo te gustaría ser recordado? Escribe un legado personal que transmita la manera como quisieras que viviera tu memoria. Esto te permitirá ubicarte en el aquí y el ahora, mientras echas un vistazo a lo que podría ser el futuro.

 

4. Lee ambos textos en voz alta y explora lo que te producen

Si al leer tu elogio y tu legado no te producen suficiente emoción, tendrás que enfocarte un poco más. Debes sentir que te sirven como un catalizador para transformar tu presente, y que te dan lúcidos vistazos a un futuro posible que quizá tus miedos terrenales te estaban impidiendo ver. Sólo date un break y luego retoma el trabajo, con toda la honestidad y sinceridad que tengas, y manteniendo a flor de piel tus sentimientos.

 

* Fotografía: Nona Limmen