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En los muros de ladrillo en Nueva York ahora crecen árboles

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Una extraordinaria obra de arte callejero parece salir de los muros de una esquina en Brooklyn...

Cada ciudad y cada barrio tienen su alma, y me parece esencial hacer obras específicas para cada lugar.

Silvestre Pejac

Casi todas sus obras tienen un factor común: la crítica irónica. El artista callejero Silvestre Pejac, a quien llaman el Banksy español, crea murales cargados de ironía, surrealismo, poesía y efectos ópticos. Ahora ha realizado una extraordinaria obra en los muros y calles de Bushwick, en Brooklyn, Nueva York. 

Para Pejac, las calles y sus muros de concreto son potenciales galerías. Junto con artistas del colectivo Boamistura, Pejac ha puesto en alza el valor del street art pero con un toque ibérico: “Hay un boom en el país, y creo que es porque la gente estaba un poco cansada del mundo museístico”, aventura, ya que cree que “a mucha gente le gusta el arte, pero no se atreve a entrar en una galería porque o bien le impone o bien le aburre”. Por eso destaca la labor del arte urbano para acercar la cultura a la sociedad, pues a fin de cuentas, las calles son ese universo atemporal del cual absorbemos una buena cantidad de agentes visuales triviales. 

Su actual proyecto, titulado Fossil, está revolucionando lo antes visto en el arte callejero, ya que, con un solo esténcil, está creando obras con un sugerente efecto de sombras que simulan paredes de ladrillo y, al mismo tiempo, una especie de efecto en tercera dimensión. El protagonista de su obra en Brooklyn es nada menos que un árbol; una imagen sencilla y a la vez carga de crítica, en un espacio urbano donde pareciera que todos los árboles o plantas se han convertido en fósiles.

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El arte para la selvas de asfalto

Lo especial de los artistas callejeros es que no sólo triunfan dentro de fronteras obligadas (como una galería), sino también fuera de ellas: “Lo bueno del arte urbano es el lenguaje y el tipo de formato, la calle es muy poco elitista“, destaca Pejac, y continúa: “No entiende de edades ni de religiones, ni siquiera de idiomas. Gente con un bajo nivel intelectual o cultural puede llegar a emocionarse y a entender una obra pintada frente a una farola”. Y esta es, para el artista, la característica más paradójica del arte urbano: que, sin estar hecho para gustar, “puede ser accesible para todo el mundo“.

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En su paso por Nueva York, Pejac también dejó uno de sus más sofisticados murales en la cortina metálica de un negocio en Chinatown; lo tituló The inner strenghty, y se trata de la rama de un cerezo en flor que perfora la densidad urbana.

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