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Walt Whitman: sobre por qué la música es el lenguaje de la naturaleza (y un vehículo para viajar en el tiempo)

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En su libro de memorias el poeta exaltó el poder de la música como una expresión de la naturaleza.

Era su cumpleaños número 60 y lo celebró escuchando a la Filarmónica de Filadelfia. El poeta Walt Whitman acababa de recuperarse de una parálisis que le duró 2 años, después de haber participado como voluntario en la Guerra de Secesión, en Estados Unidos. Era día muy frío de febrero y la música de Beethoven lo estremeció.

            La música nunca me había inundado, nunca me había llenado así su alma y su potencia y la imposibilidad de describirla (Walt Whitman)

Whitman (31 de mayo de 1819–26 de marzo de 1892), el poeta que escuchaba a los árboles, oía en la música la expresión más sensual de las artes, como si las notas no sólo tocaran el oído sino que pudieran casi olerse y saborearse, y la describió como la expresión creativa que también lo devolvía a la plenitud de la naturaleza.

Con nada puede sustituirse el poder de la música, pensaba el autor de Hojas de hierba, quien se adelantó a los especialistas que han señalado que la música estimula el cerebro más que cualquier otra actividad.

El septeto de Beethoven encantó a Whitman, quien escribió en sus memorias y meditaciones:

            La música una deidad, aunque completamente humana; avanza, prevalece y enaltece…

En el compendio de sus escritos en prosa, titulado Perspectivas democráticas, el poeta neoyorquino exaltó a la música, considerándola como la pura y más profunda expresión de la naturaleza, capaz de ser el arte de absorber todo lo asombroso.

 

 

Muchos escritores se han abandonado al rapto de la música. Por ser un idioma universal hecho de vibraciones, evolucionando en género e instrumentos, el ritmo y las melodías marcan la memoria.

La música es un vehículo para viajar en el tiempo. Los sordomudos pueden sentir la fuerza expresiva de la música, como la escritora Helen Keller, quien también se emocionó con Beethoven y su famosa composición Canto a la alegría.

Me hizo bien ver al violinista dibujando con maestría su arco -cada movimiento estudiado-. Me permito, como a veces lo hago, salir de mí mismo… Un dúo en medio de la armonía… dos almas pensativas asistiendo a la alegría…

(Walt Whitman)

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