9 hacks para los que viven por su cuenta

Para los que saben que vivir solo no es estar solo: 9 consejos para disfrutar tu espacio.

Te has emancipado, disfrutas y organizas tu tiempo como quieres, estás orgulloso de tu independencia y gozas tanto de tu autonomía que, te han dicho, te da cierto sex appeal.

Vivir por tu cuenta puede ser el nirvana. No tienes que limpiar los platos que deja alguien más, puedes organizar tus cosas como sea (o ser desorganizado a tus anchas), adoptar todas las mascotas que quieras, o ninguna, y dejar que tu espacio sea sagrado o el mejor lugar para el after después de las fiestas.

Si ya estás viviendo solo, felicidades: ¡eres el amo de tus dominios! Tras los muros de tu casa o tu depa, tú eliges y tú mandas.

Dicho eso, cabe agregar que vivir solo tiene sus retos, porque la sociedad parece programar todo para hacerlo en familia o en pareja; sin embargo, vivir solo es uno de los rasgos de esta época y, sin duda, un gran momento en la vida para hacer los mejores planes. Tan sólo en Estados Unidos, 42% de la población vive sin familia ni pareja.

No te desanimes si cada vez que buscas una receta las porciones son para más de cuatro personas, o si no puedes obtener ninguna promoción de 2×1 en el gimnasio.

 

A continuación, 9 consejos para los que no cohabitan con nadie, pero quieren una vida hogareña:

1. Practica la autodisciplina. Aguas: vivir solo no significa vivir en un estado de apatía, porque esto podría llevarte a una depresión. Oblígate a levantarte, bañarte y vestirte -aunque no vayas a salir a un lugar en particular-; haz ejercicio y no dejes de comer. Tiende tu cama (las personas que cumplen religiosamente con este hábito son más productivas). La autodisciplina aplica también a los guilty pleasures (o vicios declarados): si sabes que no puedes tener una botella de vino en casa sin tomártela de una sentada, mejor déjala en el estante del súper.

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Moderna de Pueblo

2. Interactúa con el mundo. Aislarse puede ser una salida fácil, y luego puedes ser presa de algunos pensamientos negativos o de desconfianza. Saluda a los vecinos, ve a un parque o café cerca; que tu casa no sea tu único mundo. Pasa tiempo con tus amigos, invítalos, organiza una reunión o un maratón de series. Ve a lugares que sean puntos de encuentro. Dale a un vecino o a un amigo un juego de llaves de tu casa, ¡qué tal si un día te quedas afuera!

3. Ten un botiquín de primeros auxilios y medicinas. Haz un plan para cuando te enfermes; ten provisiones, para que no tengas que salir a buscar una farmacia cuando tienes fiebre o retortijones. Es importante que tengas: termómetro, analgésicos, antipiréticos, descongestionante nasal, jarabe para la tos, ungüento antibiótico, curitas, gasa, alcohol, Isodine (y algún té herbal para reconfortarte). Otra razón para ser amistoso con los vecinos es que en caso de una emergencia, tengas a quien recurrir.

4. Aprende a cocinar solo. Ahora, gracias a las apps y los sitios de Internet puedes encontrar recetas justo a tu medida, para que no tengas que quebrarte la cabeza ajustando las porciones. Hay muchas revistas con menús dinámicos, apetitosos y unipersonales: ¡experimenta! No te encasilles en comer lo mismo 5 días a la semana o comprar todas las noches tacos o comida rápida. Tal vez, si planificas tus comidas al principio de la semana, sea más fácil.

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Moderna de Pueblo

5. Tal vez no está de más ser precavido: ten un extinguidor en caso de incendio. Asegúrate de que no hay fugas de gas o agua. Ten velas y cerillos y alguna linterna, en caso de un apagón. Y pon a la vista los números de teléfono de emergencia y allegados.

6. Programa el día de limpieza y cuida el aseo de tu casa. Trata de mantener un horario; tal vez, el domingo sea un buen día. Empieza por el moho del baño y el inodoro. Si es demasiado y crees que puedes contratar a alguien, ¡hazlo! El desorden tiene un efecto perjudicial en nuestra mente. Usa bolsas de plástico chicas para la basura y sácala cada tercer día, no esperes a llenar un costal.

7. Decora, pon una marca personal en tu espacio. Usa los sitios de trueque; de otra manera, los gastos en muebles se pueden disparar. Si tienes que mover algo pesado no lo hagas solo porque te podrías lastimar, pídele ayuda a alguien. Tener todo lo que necesitas para tu casa puede ser agotador y frustrante, empieza por tener tu cama y luego ve poco a poco. A lo mejor, instalar un sistema de seguridad no sea mala idea; tendrás que reflexionarlo.

8. ¡Hey, tienes una vida! Vivir solo no significa estar solo. No descuides tu vida social. Vivir solo te puede poner en el vórtex. Haz un esfuerzo por cultivar amistades y formar parte de un grupo; sal y haz planes para el fin de semana con anticipación.

9. Tiempo de autoconocimiento. Si vives solo, gozas de un tiempo muy atesorable: puedes conocerte más a fondo y saber qué te mueve y cuáles son tus motivaciones, descubrir tus fortalezas, profundizar tu resiliencia e indagar en qué te hace vivir en soledad. Valora las ventajas de vivir solo, pero no aislado.

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Idalia Candelas


La soledad se manifiesta con más fuerza cuando llegas a esta edad (pero la sabiduría puede ayudarte a sortearla)

Los sabios nunca están del todo solos. Un estudio determinó algunas habilidades clave para sortear los embates de la soledad.

Michel de Montaigne fue un político, aristócrata y sabio francés del siglo XVI quien, retirado de la vida pública a una edad relativamente joven, escribió:

“Lo más maravilloso del mundo es saber cómo pertenecer a uno mismo”.

Este tipo de saber no se da (solamente) por acumular muchos conocimientos, sino por la experiencia de estar en paz con la propia presencia. Después de todo, desde que nacemos hasta que morimos estamos “acompañados” de nosotros mismos. ¿Entonces, por qué nos es tan difícil a veces estar solos? ¿Por qué nos sentimos insuficientes o rechazados si no tenemos a alguien cerca?

El doctor Dilip Jeste, de la Universidad de California en San Diego, ha abordado la relación de la sabiduría con la soledad. Ninguno de estos conceptos es fácil de definir, y han corrido ríos de tinta desde la antigüedad para tratar de ponerlos en claro. Sin embargo, para Jeste, comprender su relación es clave para nuestro bienestar, así como para combatir lo que llama “la epidemia de soledad” que vivimos hoy en día.

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También en Ecoosfera: Aprender a estar solo como remedio contra la soledad

La imagen popular de un sabio es la de alguien que está bien consigo mismo, como Montaigne en su torre o Henry D. Thoreau en su cabaña en el bosque, y que desprende una especie de aura tranquilizante. Asociamos a los sabios con maestros, mentores e incluso líderes religiosos. Pero antes de entender qué es un sabio, debemos preguntarnos: ¿en qué consiste su sabiduría (y en todo caso, cómo se obtiene)?

Según Jeste (a partir de un análisis a fondo de la literatura sobre el tema):

la sabiduría es un complejo rasgo humano con componentes específicos, tales como la regulación emocional, la autorreflexión, comportamientos prosociales como la empatía y la compasión, la capacidad de decisión, la orientación social, la tolerancia a valores divergentes, y la espiritualidad.

Nada más y nada menos.

Por extensión, un sabio sería aquella persona que logra hacerse de una o varias de estas cualidades, por lo que es sencillo entender por qué sería deseable ser una persona así o tener a alguien así cerca de nosotros.

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¿Pero cómo se relaciona la sabiduría con la soledad?

Jeste y sus colegas desarrollaron instrumentos de medición para tratar de determinar variables como la soledad, la salud física y emocional, así como la sabiduría, en una muestra de voluntarios cuyo rango de edades era de entre 27 y 101 años de edad.

Los participantes de ciertas edades dijeron sentirse más solos que la mayoría, lo que los investigadores asociaron con otra serie de malestares. La soledad puede manifestarse como un problema de salud física y no sólo emocional o espiritual.

La soledad puede provocar depresión, agravar la dependencia a sustancias adictivas o provocar desnutrición y problemas para dormir, entre otros efectos indeseables.

Las tres edades en que la soledad se siente con más fuerza, según este estudio, fueron a finales de los 20 años, a mediados de los 50 y a finales de los 80.

Aunque el estudio de Jeste no ofrece explicación sobre por qué la soledad subjetiva se percibe con más fuerza durante esas edades, podemos especular que existe un vínculo importante en los cambios en las relaciones sociales que se dan durante esas etapas de la vida.

Por ejemplo, a finales de los 20 la gente se topa con las primeras consecuencias de sus decisiones en la edad adulta: sus elecciones de carrera, de pareja, de amistades pudieron haber sido afortunadas o no, y tendemos a compararnos muy duramente con amigos de edades similares. Si además lo hacemos a través de las redes sociales, el efecto puede agravarse.

Durante los 50, algunos amigos o conocidos pueden enfermar y morir por causas asociadas a las decisiones de vida. La salud comienza a ser un tema recurrente, así como la llamada crisis de la edad adulta. Según Jeste, “es la primera vez que te das cuenta de que tu esperanza de vida no es eterna”.

Por último, si llegas a vivir más allá de los 80 años, te das cuenta de que las personas más importantes de tu vida han muerto o están próximas a morir. La mayor parte de tu vida, estadísticamente, ha quedado atrás.

 

Saber pertenecer a uno mismo

Sin embargo, otro descubrimiento clave del estudio fue que la gente más “sabia” de entre los participantes no sentía la soledad como algo opresivo, y su salud no se veía afectada. Los parámetros con los que los investigadores midieron la sabiduría fueron: altruismo, sentido de justicia, introspección/visión (insight), conocimiento general de la vida, manejo de emociones, aceptación de valores divergentes y capacidad de decisión.

Los investigadores interpretaron que, debido a que estas personas cultivaban tanto su relación consigo mismos como con los demás, tendían a ser compañías deseables. En otras palabras, los participantes “sabios” eran aquellos a quienes otras personas recurrían o en quienes podían confiar, pero sobre todo, eran aquellos que sabían pasársela bien consigo mismos.

Por desgracia, este estudio no puede darnos las claves de la sabiduría. Pero los parámetros clave (los rasgos de personalidad que tendría una persona más o menos decente que no se hace ilusiones ingenuas porque conoce bien la vida, pero tampoco se deja amargar por ella) son aspectos que todos deberíamos cultivar en nuestra propia vida.

Tal vez la sabiduría no sea otra cosa sino ese “saber pertenecerse a sí mismo” del que hablaba Montaigne, en la soledad alegre de su torre.

 

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La música es lo contrario a estar solo (y la razón está en tus neuronas)

Por qué la soledad es buena para ti (y cómo diferenciarla del aislamiento)

Si no sabemos estar solos, no sabremos quiénes somos



Estar demasiado tiempo solo modifica la química en tu cerebro: ¿eso es bueno o malo?

Ya sabíamos que la soledad modifica el comportamiento, pero resulta que realmente puede remodelar tu cerebro por completo.

La soledad es una suerte de quimera: no sabemos qué es ni qué esperar de ella. Para muchos, estar solos es terrible; para otros, es simplemente necesario. Pero en exceso, la soledad ocasiona cambios químicos a nivel cerebral, mismos que pueden remodelar el cerebro por completo.

Para empezar, debemos saber que la soledad dispara neuronas específicas en el cerebro y las pone en funcionamiento. Éstas se encuentran precisamente en el área trasera del cerebro, en una zona llamada “núcleo dorsal del rafe”. De acuerdo con diversas investigaciones neurocientíficas, dicha zona está vinculada a las emociones depresivas. Y de hecho, según los investigadores del MIT, la convivencia no es igual tras un largo aislamiento, por lo menos en los ratones que estudiaron. Claro que esta perspectiva parte de la investigación en comportamiento.

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Recientemente, un nuevo estudio indagó en la química del cerebro de ratones en soledad. Se descubrió que tras 2 semanas de aislamiento se elevaron los niveles de una molécula llamada Tac2, que a su vez incrementa los niveles de un neuropéptido que al parecer promovía el estrés en los roedores, animales que suelen buscar la compañía de otros de su especie, y para quienes la soledad es tan disruptora como para los humanos.

Esto provocó altos niveles de ansiedad en los ratones aislados, e incrementó de manera exagerada su respuesta a las amenazas. Para comprobar si esto era debido a la molécula Tac2 y al neuropéptido, se le dio a los ratones una droga que inhibe ambos, y con ello los roedores no mostraron los mismos niveles de estrés, aun habiendo sido sometidos a la soledad extrema.

Hoy en día es difícil tener un aislamiento tan prolongado como para generar estos químicos en el cerebro. No obstante (y paradójicamente), el uso de redes sociales provoca efectos parecidos a los del aislamiento. Y del hecho de que estos espacios virtuales son visitados tan frecuentemente por los jóvenes se desprende la conclusión de que vivimos una crisis de aislamiento: realmente, la soledad debida al aislamiento se está volviendo un problema de salud pública. Por eso, saber más sobre cómo funciona la soledad extrema en el cerebro, y más aún, cómo combatirla, podría ser de mucha utilidad.

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Sin embargo, además de encontrar nuevas salidas farmacológicas a los trastornos emocionales que estos cambios químicos disparan en nuestro cerebro, es necesario pensar también en cómo podemos comprender nuestras emociones y saber sobrellevarlas. La soledad puede no ser algo nocivo, sino al contrario: una oportunidad para conocernos e incluso,para potenciar nuestra creatividad ermitaña.

Entonces, más que evadir la soledad o tratarla con drogas, hay que aprender a estar solos, generando un equilibrio entre nuestra soledad y aquellos momentos en los que convivimos con otros.

* Imágenes: Sanja Marusic