Vive aquí, vive ahora (es importante)

Controlar lo que ocurrió y preocuparse todo el tiempo por el futuro no nos ahorra sufrimiento. Algunas palabras para alentarnos a vivir el presente.

Dejar de rumiar acerca del pasado y de preocuparnos por lo que va a ocurrir es liberador. Entre uno y otro extremo está el presente, y vivirlo es como iluminarse, porque por instantes dejamos de estar vigilados por el ego hiperracional.

No es lejano el sentido de la palabra presencia en el concepto de “estar presente”. Las personas capaces de volcar su atención en lo que escuchan, en lo que dicen, en lo que miran a veces parecen rodeadas de magnetismo; es la fuerza que despierta la atención plena, el carpe diem, el savoir faire, el just as it is

Pero, ¿para qué molestarse en cultivar la atención si el instante presente es tan efímero?

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Arte: Jim Denevan

Para dejar de estar atrapados en el sueño diurno de creer que podemos cambiar el pasado o anticipar el futuro. Aferrarse a lo que ya sucedió y querer ganarle a lo que está por venir: ¿qué lleva a la mente a este ir y venir? El miedo al dolor. De alguna manera el ego cree que si tiene control sobre lo que ocurrió y se preocupa todo el tiempo por el futuro, el conflicto o el sufrimiento pueden evitarse.

Lo que es en el aquí y en el ahora es todo lo que hay. En el momento presente damos forma, paradójicamente, al pasado y al futuro; tomamos desiciones, a cada instante. 

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En la filosofía del budismo zen se suele escuchar que la libertad está donde tus pies están. Los pensamientos vienen y van, en grandes cantidades, y son ellos quienes nos llevan flotando entre las nubes. Si permitimos que esto pase, estamos dejando que la mente y sus pensamientos obsesivos nos controlen, cuando debería ser lo contrario. Esto no quiere decir que debas privarte de los sentimientos o ideas que van surgiendo, sino que debes observarlos y dejar que se vayan. 

La metáfora de los pies en la tierra es un buen aliciente; en la meditación se aprende a utilizar el cuerpo para controlar la mente, porque uno no está separado del otro. Pero no tienes que entrenarte con ardua meditación si no quieres. El solo acto de poner atención a todo lo que haces en el momento (por ejemplo, tu respiración) es ya una meditación (o un viaje al interior de nuestra mente). 

Tal vez estas actividades te ayuden a reconectar con el presente. 

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Tratar de vivir el presente nos da un reflejo de humildad de todo aquello que no podemos controlar. De que la vida depende de la próxima respiración. Al estar presente, aprendes. Absorbes información. Observas tus patrones. Estás más dispuesto a cambiar.

 

No dejes que el pasado cree tu futuro, mantente presente en el aquí y ahora.

 

*Fotografía principal: Sanja Marusic



Podríamos tener un sexto sentido magnético (nuestro cuerpo como una especie de brújula)

Ya existe la primera prueba neurocientífica de que podemos sentir los campos magnéticos.

Mucho antes de que se inventaran las brújulas, es probable que los primeros humanos se orientaran a partir de una especie de sexto sentido magnético. Por lo menos a eso apuntan algunas investigaciones; la más reciente de ellas con evidencia neurocientífica. Más aún: es probable que aún tengamos vestigios de un sentido que antes quizá estuvo más desarrollado, como también lo estuvieron otros primigenios sentidos ligados a la intuición que aún poseemos. 

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Podría sonar a ciencia ficción, pero este poder podría no ser sino parte de nuestra evolución como seres vivos. Ello no nos haría únicos: más de 50 animales, desde abejas hasta perros, tienen este “súper poder” llamado magnetorrecepción. De hecho, las aves no sólo tienen esta capacidad alojada en el cuerpo, sino en sus ojos, ya que, al parecer, una proteína en su retina les permite detectar campos magnéticos con la mirada.

¿Por qué y cómo nosotros tendríamos este poder?

El primer experimento que se realizó para saber si los seres humanos también somos una brújula andante lo hizo el geofísico Joe Kirschvink. Éste hizo pasar campos magnéticos rotativos a través de algunos voluntarios mientras medía su actividad cerebral. Para sorpresa de Kirschvink, cuando el campo magnético giraba en sentido contrario a las agujas del reloj, ciertas neuronas actuaban de manera irregular, generando un aumento en la actividad eléctrica del cerebro.

No obstante, aún no se sabía si esta actividad era nada más que una reacción. Para que nuestro cuerpo fuese una brújula, tendría que procesarse cierta información que sirviera para la navegación, aunque fuese de manera intuitiva. Además necesitaríamos de células que funcionaran como magnetorreceptores, como en el caso de la proteína Cry4 que se aloja en la retina de las aves.

La cuestión es, ¿tenemos magnetorreceptores?

Las hipótesis de Kirschvink han sido lo suficientemente sólidas como para atribuírseles un campo de estudio propio. Y es que, de encontrarse que tenemos un sentido magnético, podríamos saber más sobre cómo la superficie de la Tierra influenció nuestra evolución. Asimismo, podríamos hacer más y mejores hipótesis sobre las condiciones geológicas de hace millones de años.

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Muestra 3D de la cámara de pruebas de magnetorrecepción el Caltech

Por eso, Kirschvink formó un grupo de investigación conformado por él mismo, así como un neurocientífico y un neuroingeniero. Este equipo colocó a más de 30 voluntario al interior de una cámara especial en la cual pueden manipular los campos magnéticos a voluntad. Ahí llevaron a cabo diversas pruebas para registrar la actividad del cerebro a través de electroenefalografía. Los investigadores encontraron que los campos magnéticos en cierto ángulo promovían una respuesta fuerte en el mismo ángulo del cerebro, lo que sugiere un mecanismo biológico estimulable, según escribió el propio Kirschvink para The Conversation.

Esto es ni más ni menos que la primera evidencia neurocientífica de que tenemos un sentido magnético. Si éste no se encuentra alojado en una zona en específico, sino que varía según las condiciones, quiere decir que tiene una función, y que de alguna forma debe traducirse en información orgánica útil para la navegación. 

Quizá este sexto sentido magnético fue más fuerte en el pasado, pero quizá lo podamos estimular e incluso evolucionar. Las preguntas –y las posibilidades– siguen abiertas.

 

*Imágenes: 1 y 2) Public Domain Review