Ver la mente en todas las cosas (la filosofía implícita en los muros de los templos japoneses)

Todo lo creado es mente, y estas bellas fotografías de grietas (suspendidas en el concreto de los templos budistas), son una valiosa prueba.

 

Para los budistas, la mente es nuestra verdadera naturaleza. A veces se confunde con el intelecto, pero a diferencia de éste, no podemos llamarla más que intuitivamente. Todo lo construido en el mundo es creado por la mente, y por eso, todo lo que hay es mente. 

Lo que ves, escuchas, sientes o hueles es obra de la mente misma, de tu naturaleza. Esta premisa es trascendental y a los iniciados en las prácticas budistas les ayuda a reconocer su estado mental original, a no irse con los pensamientos; aceptar que las cosas no son más ni menos, buenas o malas, fuertes o débiles, simplemente son y es necesario dejarlas ser; dejarlas pasar. 

La espontaneidad de esta naturaleza es divina; de ahí que muchos maestros del budismo sean tan fanáticos de los detalles más sencillos de la vida. Un ejemplo hermoso es el trabajo fotográfico de Ryuten Rosenblum sobre las grietas de los templos japoneses.

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Muro del templo Rinso-in, en Yaizu.

Ryuten Paul Rosenblum es un sacerdote Roshi (gran maestro) en el Dharma Sangha, pero también es escritor y fotógrafo. En el 2013 viajó a Japón para visitar algunos de los templos más históricos, pero terminó enamorándose de sus pequeños detalles: grietas, manchas y demás huellas que muestra el tiempo en sus muros. Algunos de los templos que fotografió tienen una antigüedad de cientos de años, por lo cual es fácil apreciar las formas que fueron creadas naturalmente por el musgo, el liquen, el moho y la decoloración. 

Las décadas que Roshi pasó aprendiendo de otros maestros en diferentes recintos, crearon en él una mirada extraordinaria de las cosas. Y, lo llevó a concluir, a través de su trabajo fotográfico, que lo único de lo que es imprescindible aprender es de la mente misma: “ver la mente en todas las cosas, ver todas las cosas como la mente”.

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Muro del templo Rinso-in, en Yaizu.

Ryuten Roshi utiliza la fotografía como parte de su práctica zen, y ha publicado un libro con estas bellas texturas, donde, además, agrega una especial enseñanza:

El contenido de cada momento (…) se manifiesta como una profunda intimidad en la que podemos vernos a nosotros mismos en todo, y podemos permitir que nuestro encuentro con los demás, y con cada cosa, se exprese como nosotros.

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Pared del templo Nanzen-ji, uno de los más importantes y hermosos ubicados en Kioto; data del siglo XIII.
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Pared del Todiaji, o el Gran Templo del Este, fundado en el siglo VIII en Nara.
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Pared del templo Kenninji, en Kioto, uno de los más antiguos.

 

* Puedes mirar más de su trabajo fotográfico aquí

 

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora en jefe de Ecoosfera. Ha participado de manera frecuente en medios como Más de México, Faena Aleph y Pijama Surf. Le interesa utilizar la información y la diversidad de formatos digitales para construir conciencias. Su tiempo libre lo dedica a crear música con sintetizadores.


Una pequeña variación en este número podría revolucionar la física (y la realidad) como la conocemos

Una constante con la que los científicos se han topado a lo largo de la historia podría demostrar que la naturaleza también evoluciona a través del tiempo.

Para las ciencias exactas, las constantes representan valores confiables para entender el mundo a nuestro alrededor. La velocidad de la luz, la aceleración con la que la gravedad terrestre atrae los cuerpos en caída libre y muchos otros aspectos de la naturaleza se consideran invariables a través del tiempo.

¿Pero cómo podemos estar seguros de que la naturaleza no cambia? O dicho de otra manera, ¿cómo sabemos que una constante no evoluciona a través del tiempo?

Una de las constantes más misteriosas de la ciencia aparece en los cálculos astronómicos, en el funcionamiento de la química e incluso en la manera en que los átomos se forman. Es un número con el que científicos de diversas disciplinas se topan una y otra vez a lo largo de la historia: 1/137. Descrito por el radical físico Richard Feynman como “uno de los misterios malditos más grandes de la física: un número mágico que aparece sin que podamos entenderlo”, este número aparece en áreas como la relatividad, el electromagnetismo y la mecánica cuántica.

La Constante de Estructura Fina del Universo, también conocida como constante de Sommerfeld, es una constante que caracteriza la interacción electromagnética entre las partículas elementales cargadas. La importancia de esta constante, representada por la letra griega “alpha” (α), es que dependiendo de su valor es posible descartar o no la existencia de una estructura interna del electrón. Se compone de tres constantes: la velocidad de la luz, la carga electromagnética de un electrón y la constante de Planck. 

Por ejemplo, durante mucho tiempo se creyó que los neutrones, protones y electrones eran las partículas elementales de la materia. Pero tiempo después se descubrió que los protones y neutrones aún pueden descomponerse en elementos más pequeños, llamados quarks.

Actualmente los científicos creen que los electrones sí son partículas elementales y en esa suposición se basa el Modelo Estándar de la física de partículas elementales, la física mediante la que nos explicamos la mayor parte de los fenómenos macroscópicos a nuestro alrededor. Pero si la constante alpha presentara variaciones, significaría que la física tal y como la conocemos podría dar un giro inesperado.

El pasado 13 de abril, se realizó la medición más precisa de esta constante por científicos de la Universidad de Berkeley, California. Por primera vez se utilizaron pulsos láser en lugar de cálculos indirectos para llevarla a cabo. Los resultados confirmaron que partículas hipotéticas que habían sido nombradas como “fotones oscuros” en realidad no existen.

Si la medición hubiera revelado la existencia de los fotones oscuros, el electrón hubiera dejado de considerarse una partícula elemental, revolucionando por completo la física. Debido a la importancia de esta constante, los científicos no han dejado de realizar pruebas para encontrar variantes en su comportamiento.

Este mismo año entró en operaciones ESPRESSO (por sus siglas en inglés Echelle Spectrograph for Rocky Exoplanet and Stable Spectroscopic Observations), un instrumento instalado en el Observatorio Astronómico de Paranal con la capacidad de medir velocidades radiales con una precisión de 10 cm/s.

ESPRESSO también es capaz de medir variaciones en escalas de giga años (una unidad de tiempo equivalente a mil millones de años) de algunas constantes físicas, como la Constante de Estructura fina del Universo o la relación de masas entre el protón y el electrón.

Los encargados del programa esperan que para 2019, ESPRESSO revele información inesperada que podría revolucionar toda nuestra concepción del universo.

Imagen principal: Richard Feynman en acción



Cazador furtivo es condenado a ver Bambi en prisión

Formará parte de su condena por cazar venados furtivamente en Missouri.

Seguramente sabes quién es Bambi, el adorable venadito que ha hecho llorar a más de un niño (y uno que otro adulto). Ahora, un hombre en Missouri tendrá la fortuna de ver la conmovedora película de Disney una vez al mes…desde la cárcel.

¿Su delito? Justamente cazar venados de manera ilegal. David Berry fue acusado de incurrir en la caza furtiva de estos animales en un período que los agentes de conservación han reconocido como “el más largo en mucho tiempo”.

Berry, acompañado de su padre y hermanos, mató a cientos de venados durante un año entero, con el propósito de utilizar su osamenta como trofeo. Ninguno de estos sujetos brilló por su astucia, pues su modus operandi consistía en cortar las cabezas de los animales y abandonar el resto de sus cuerpos en las carreteras. 

La corte de Missouri los obligó a pagar una multa de $51,000 USD, con una condición extra. Berry, el líder del grupo, deberá por órdenes del juez:

Ver la película Bambi, de Walt Disney, empezando el 23 de diciembre del 2018, complementado con una proyección extra por cada mes que pase en la cárcel.

No cabe duda que el mal a veces corre en la familia: su hermano menor, Eric Berry, también fue detenido por asustar a los venados utilizando luces encandilantes para hacerlos más fáciles de cazar. 

Esperamos que, además de provocarle la merecida violencia, el clásico de Disney por lo menos le enseñe un poco sobre ética y compasión por los seres vivos.