El ministerio de la soledad: algunos esfuerzos humanos para prevenir la soledad como epidemia

Sin importar tu edad, ¿sientes que no tienes con quién hablar? ¿Qué tan seguido te encuentras esperando que alguien te busque?

La soledad debida al aislamiento social puede ser una amenaza y tener un impacto mayor que la obesidad. En este siglo, quedarse y sentirse solo es un problema de salud pública y es algo que está afectando a personas de todas las edades, en distintos puntos del mundo.

Está comprobado que tener contacto con otras personas, establecer vínculos y sociabilizar en general puede reducir la muerte prematura hasta en un 50%. Somos individuos, pero necesitamos del grupo, de tiempo de calidad en nuestras relaciones y compartir lo que pensamos y sentimos.

Sentirse acompañado no es sólo cuestión de salud mental, está probado que las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y otras enfermedades autoinmunes están relacionadas con el grado de soledad o segregación que alguien puede llegar a experimentar.

En el Reino Unido han visualizado el alcance de este problema de salud pública y la manera en que está incidiendo en la salud de los británicos, por eso han sido los primeros en inaugurar un Ministerio de la Soledad. Esta institución abrió sus puertas debido a que alrededor de 200 mil personas mayores en el Reino Unido no tienen con quién hablar.

Para algunos la soledad puede derivar en una epidemia; por eso el gobierno británico estudiará las posibilidades estadísticas de ayudar a las personas que se sienten solas, pero también a las organizaciones de voluntarios, activistas, profesionales y empresarios que asuman un rol de ayuda para este sector de las sociedades que se va viendo más y más aislado.

El individualismo, el culto a la juventud, las redes sociales sólo a través de Internet, los empleos sustituidos por máquinas y la falta de espacios públicos y puntos de encuentro son algunos factores que han cambiado la forma en que nos relacionamos con los otros y con nuestra soledad.

Esta nota sobre el Ministerio de la Soledad ha dado la vuelta al mundo a pocos días de haber sido anunciada la creación del mismo. El eco que ha tenido en diversos medios denota la gravedad del hecho de que, en una época de gran conectividad, hay “interacciones menos significativas”.

Queda por ver cómo podría afrontar México este problema –ya que no es sólo un problema de países desarrollados; en España, 4 millones de personas se sienten solas de manera habitual–. En México, dada la extensión de su territorio y el contraste de sus concentraciones urbanas, en comparación con las zonas rurales inaccesibles, mantener el tejido social es complejo.

Lo más sustancial que se ha suscitado con la fundación del Ministerio de la Soledad es pensar y repensar cómo dirigir la vida moderna y redimensionar la noción de bienestar, y esa es una misión que compromete a todos. 

 

Imágenes: Jaanelle Yee y Lauren Konopacki



México ha perdido la tercera parte de sus selvas y un cuarto de sus bosques en tan sólo 30 años

¿Este es el precio del progreso?

La pérdida de las zonas vírgenes de nuestro planeta es un asunto real y sus efectos se pueden percibir en México. Según el Inegi, en 1985, la vegetación intacta ocupaba el 60% del territorio mexicano; hoy, el número se ha reducido al 48%.

Este porcentaje se despliega en una disminución considerable en las selvas y bosques del país. En un rango de 30 años, la superficie de la selva ha caído en 30%, mientras que la extensión de los bosques se ha visto reducida en un 27%

¿A qué se debe? En gran medida a los pastizales cultivados en los que se desarrollan las actividades agrícolas. Estos terrenos han sustituido a las selvas y bosques en diversas regiones del país.

Las localidades más afectadas según el Inegi son Tabasco, Veracruz y Sinaloa

Otros datos indican que la entidad de Tlaxcala es la que mayor uso de suelo dedica a la agricultura (con un 73%). Pero no todo es pérdida. Baja California Norte aún conserva el 95% de su vegetación primaria, compuesta principalmente por matorrales. 

Nada en este mundo es blanco y negro; como tal, el crecimiento urbano y la expansión de la agricultura no son en sí prácticas completamente negativas. Sin embargo, la conservación de los ecosistemas mexicanos, considerados de los más diversos del mundo, debe importarnos por varios motivos.

México cuenta con un gran número de especies endémicas de fauna y flora que no se encuentran en ningún otro sitio del planeta. La variedad de ecosistemas en nuestro país lo convierte en un espacio realmente único y, por ende, muy valioso. 

Además, las tierras vírgenes son un factor crucial en la mitigación del cambio climático.

La vegetación es fundamental para la captura de carbono; ese gas cuya acumulación contribuye al calentamiento global

La pérdida de las áreas naturales es dañina por donde se la vea, pero más si se piensa en las selvas tropicales, los bosques templados, las hectáreas de pastizales y matorrales que conforman la belleza de México. Es por ello que proteger los paraísos que todavía nos quedan debe ser una prioridad.

 



Si no sabemos estar solos, no sabremos quiénes somos

En un mundo masificado es un riesgo olvidar que, para saber quiénes somos, necesitamos estar solos.

Mamíferos agrupados, entes existenciales. Como seres vivos dependemos de un sentido de pertenencia a un grupo. Pero, como entes pensantes, los humanos necesitan de soledad para indagar sobre cuestiones existenciales que determinan el proyecto de vida de cada uno.

En el budismo se ha dicho que “cuando estés solo actúa como si estuvieras rodeado por las personas que te conocen; cuando estés en medio de una multitud actúa como si estuvieras solo…”. Esta frase trata de trazar la idea de que cada personalidad se edifica de forma individual y en grupo, alternando esta sutil simultaneidad.

soledad-estar solo budismo psicologia

En la segunda mitad del siglo XX, el budismo influyó mucho en la psicología. El concepto del “yo” (self) se ha re-enmarcado y esto trae a cuento una reflexión en torno a la soledad y cómo diferenciarla del aislamiento.

El ego vendría a ser lo que se ha llamado “small self”, es decir, un yo social más condicionado por la familia, el entorno, la idiosincrasia, las limitaciones. En contraste con esto hay un “big self”, el potencial único de un yo que cada quien puede llegar a desarrollar de manera espiritual o psicológica.

Cuando en el budismo se dice que no hay un yo o que hay que “dejar ir el ego”, esto no quiere decir que el ego es un chip intercambiable, sino un proceso cambiante. Para dejar ir el ego es necesaria una personalidad integrada, cohesionada, completa, y para que esto ocurra hay que aprender de los patrones de nuestros círculos viciosos, aprender a ser menos dependientes y a estar solos.

resuena de manera positiva en nuestro interior

Para la psique el mundo masificado constriñe la experiencia de estar solo, mientras que la presión social, prejuicios económicos y la precarización laboral imponen un sobreestímulo y el desafío de aprender a relacionarnos uno a uno en medio de multitudes estresadas.

El individualismo que se ha impuesto en el mundo global aísla a todo aquel que no sea sujeto de consumo o que haya terminado su ciclo productivo; esto no se debe entender como soledad, sino como marginalización (por ejemplo, de los adultos mayores, de inmigrantes en otro país, etcétera).

Si aprendemos a estar solos, podemos aprender a colaborar mejor en grupo; por eso te presentamos este video realizado por The School of Life que retrata este punto de manera amigable:

 

*Fotografías: Sanja Marusic