La sexta extinción: deforestación pone en riesgo a 3 mil 200 millones de personas

Frenar el consumo podría salvar la tierra y a muchas especies, incluidos nosotros.

Una tierra agotada: 75% de las áreas para cultivo ya no son fértiles. De acuerdo con el reporte escrito por 100 expertos de 45 países reunidos en la Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services (IPBES), la biodiversidad del planeta se degrada.

La humanidad erosiona su hábitat

El tema es universal, urgente, y compete a especialistas y a la humanidad entera. Hace tiempo que otras formas de mercado, agricultura, trabajo y economía se tendrían que haber ideado; ahora, la erosión y el cambio climático redujeron entre un 10 y un 50% las posibilidades de cultivos viables.

Tal vez al planeta azul le ha llegado también una suerte de “obsolescencia programada”. Los recursos naturales se están extinguiendo, al igual que los animales y plantas, y algunos de ellos poblaron la tierra mucho antes que los homínidos con civilizaciones imparables.

La Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) es un organismo independiente y acaba de difundir el reporte que ha causado consternación. El presidente de IPBES, Robert Watson, dijo:

Hemos transformado grandes cantidades de nuestros bosques, hemos transformado grandes cantidades de nuestras praderas, hemos perdido 87% de los humedales (…) realmente hemos cambiado la superficie de nuestra Tierra en los últimos cientos de años.

¿A dónde irán los desplazados?

La extinción de la tierra, al menos como se conocía, está más cerca de lo esperado. Esto hará que la migración escale en varios continentes. Según los científicos, para el año 2050 las migraciones serán masivas. Este reporte, más que una advertencia, es un llamado a tomar nuevas medidas de forma inmediata.

La calidad de la tierra para la siembra, del agua para regarla y de los alimentos cosechados es cada vez menor. La degradación de los suelos está comprobándose, y esto no es algo de un futuro apocalíptico; se trata de una realidad en una partida donde no quedan muchas cartas con qué jugar.

Se piensa que entre 50 y 70 millones de personas serán desplazadas debido al impacto negativo en una superficie que cubre hasta el 75% de los suelos.

La sexta extinción después de los dinosaurios

El codirector de este informe, Robert Scholes, afirmó que estamos al borde de “la sexta extinción masiva, a causa de las actividades humanas”.

Los niveles de deterioro son críticos porque con suelos infértiles, también la vegetación se erosiona.

Las regiones más afectadas se encuentran en Centroamérica, Sudamérica, África subsahariana y Asia, zonas en las que –según el doctor Luca Montanarella– hasta hoy se tenía el suelo más apropiado para la agricultura.

El panorama es que la tierra pasará de ser “el planeta azul” a una esfera desértica. Dentro de 30 años el 40% de la población va a vivir en zonas áridas, semiáridas o secas.

La evaluación da cuenta de los procesos degenerativos de la vida en el planeta. Por ello es crucial, en este momento, que los países se concentren en aumentar el rendimiento de la tierra y no en seguir aumentado la extensión de las plantaciones.

Biodoversidad, sustentabilidad e interdependencia

Este reporte fue el resultado del evento anual más importante a este respecto. Este año dicho encuentro ocurrió en Medellín, Colombia. Y la recomendación es sencilla: sustentabilidad.

Para producir 1kg de carne de res se necesitan 25kg de materia vegetal, explica el profesor Mark Rounsevell, que dirigió el documento de IPBES sobre Europa y Asia Central. Como medidas para contrarrestar este impacto, se subrayó la importancia de mantener los humedales y hacer cambios en la dieta.

Es innegable la tristeza que provoca este panorama. Requerimos biodiversidad para sobrevivir de forma interdependiente: la naturaleza no es algo accesorio.



Me extingo, luego pienso: 1 millón de especies están en peligro de extinción, según la ONU

La sexta extinción masiva se siente cada vez más cerca. ¿Qué queda por hacer?

Estamos más cerca de la llamada sexta extinción masiva. Hoy por hoy, 1 millón de especies están en peligro de extinción. Y lo cierto es que, en gran parte, es nuestra culpa. Según el último reporte de la ONU, realizado con información de 15,000 fuentes y estudios diversos, nuestro mundo se desvanece a una velocidad sin precedentes debido a la crisis medioambiental que atravesamos.

 

Y no se trata sólo del cambio climático…

Este reporte, quizá el más vasto análisis sobre la Tierra como sistema biológico, concluyó que 1 millón de especies –entre mamíferos, reptiles, insectos, peces, plantas, árboles y hongos– están en peligro de extinción. Y no sólo por el cambio climático en abstracto, sino por otros fenómenos ocasionados por la vida humana contemporánea.

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Para los expertos de la ONU, la acelerada pérdida de biodiversidad tiene sus porqués en la deforestación, la sobreexplotación del agua, el uso de pesticidas tóxicos, la manipulación genética, las toneladas de basura que generamos día con día, y un largo etcétera que trasciende lo que a veces puede ser reducido a nada más que un cambio en la atmósfera. Y a su vez, todo esto tiene otros correlatos: guerras, corrupción, valores en decadencia, individualismo exacerbado y, en fin, decenas de capas que forman parte de una crisis cuyo principio filosófico pareciera ser el de me extingo, luego pienso.

Es así que 1/3 de los mamíferos marinos y más del 40% de los anfibios están amenazados, mientras que la actividad humana ha alterado tres cuartas partes de la tierra y 2/3 de los ecosistemas marinos. Por supuesto, la extinción masiva también nos incluye a nosotros, y no sólo en lo mediato, sino en lo inmediato: más de 300 millones de personas podrían convertirse en migrantes climáticos. Ello sin contar que la civilización humana podría colapsar en su totalidad, de seguir esta debacle en curso.

 

Pero no todo está perdido

Ante este panorama, es evidente que tenemos que trascender los discursos y pasar a la acción, tanto individual como colectiva. Porque no todo está perdido, y si nosotros comenzamos esta crisis, debe haber manera de que nosotros podamos pararla. Eso es lo que piensan decenas de jóvenes que se han organizado en todo el mundo a partir del llamado de la joven sueca Greta Thunberg, con el fin de presionar a los políticos para que hagan algo respecto de la crisis medioambiental.

Además de estas acciones globales, a las que nos podemos sumar estemos donde estemos, también podemos realizar desde casa los cambios que el planeta necesita. No tenemos que esperar, por ejemplo, a que se prohíban las bolsas de plástico para dejar de usarlas; podemos prescindir de muchas cosas que están contribuyendo a la catástrofe, o sustituirlas de manera ingeniosa. También podemos modificar algunos de los más nocivos hábitos, como comer carne en exceso –y optar, en cambio, por fuentes de proteína vegetal– o comprar agua embotellada –y, mejor, purificar el agua en casa–.

Estos, entre muchos otros, son los cambios que el planeta necesita y que podemos hacer desde hoy. Eso sí: nada tendrá resultados inmediatos, ni mucho menos mágicos. Pero no podemos dar por hecho que no importan. Al contrario: tenemos que actuar como si fueran decisivos. Tenemos que actuar, como dijera Greta Thunberg en su discurso en Davos, como si nuestra casa estuviera en llamas. Porque realmente lo está.



Muchos animales y plantas están totalmente desconcertados por el cambio climático (y no están logrando adaptarse)

El cambio climático está modificando la cotidianidad de muchas especies a tal grado que ya existe un nombre para el fenómeno.

La resiliencia es inherente a la naturaleza. Se trata de la capacidad que tiene la naturaleza y sus habitantes para adaptarse a los cambios que ocurren, ya sea en la tierra, en los mares, e incluso en los genes.

No obstante, la resiliencia no es infalible.

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Miranda Brandon

Así lo demuestra el hecho de que muchas especies no están logrando adaptarse a las radicales modificaciones que el cambio climático está provocando en los hábitats.

Las cuatro estaciones del año se han vuelto caóticas: ya no pueden definirse claramente, como hace algunos años. La prueba está en que 2010, 2017 y 2018 han sido años especialmente calurosos, y en que paulatinamente se ha extendido la temporada de lluvias.

Esto ha enloquecido a cientos de especies: las aves no saben cuándo migrar, los insectos no saben cuándo polinizar, y anfibios como las ranas están reproduciéndose antes de tiempo, debido a los inviernos más cálidos. Incluso podría decirse que los bosques ya no saben cuándo reverdecer.

Ya hay un nombre para este fenómeno: desfase fenológico.

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Esta situación, que los científicos han llamado desfase fenológico, es una afectación inédita a las formas de vida. Ni siquiera la resiliencia inherente al mundo natural está logrando adaptarse a los vertiginosos cambios, resultado de nuestros nocivos modelos productivos y de consumo. Es así que la sincronía necesaria para que todo el mundo esté en equilibrio se encuentra, por primera vez, plenamente amenazada.

Es incierto lo que el desfase fenológico puede ocasionar en los ecosistemas, y qué tanto las perturbaciones más pequeñas podrían llegar a ocasionar enormes e irreversibles daños. Quizá… ¿una especie de efecto mariposa generalizado?

La pregunta sería: ¿qué pasa cuando una especie llega tarde a su cita con la naturaleza?

Un ejemplo está en el caso de la orquídea araña.

Esta flor se reproduce a partir de una treta llamada “seudocopulación”, que consiste en engañar a las abejas macho con una feromona para hacerlas creer que son una pareja sexual. De esta manera, las abejas polinizan a las orquídeas justo cuando lo necesitan. Pero esto tiene que suceder cuando las abejas macho despiertan de su hibernación, y antes de que lo hagan las abejas hembra.

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No obstante, la primavera está llegando antes, lo que hace que las abejas hembra se despierten antes de que las orquídeas puedan hacer su jugarreta. Así, el affaire entre orquídeas y abejas es impedido por la vigilante abeja hembra, lo que, según un estudio de 2014, está mermando la reproducción de las orquídeas.

Lo peor es que el cambio climático no es lo único que está modificando los hábitos de diversas especies. Las actividades productivas en ciertas zonas –que a veces están incluso prohibidas, como las áreas naturales que invaden grandes empresas– está ocasionando que muchos animales se vuelvan nocturnos, entre ellos los coyotes, las nutrias, los jabalíes y los tigres. Esto ocasiona desequilibrios que pueden resultar mortíferos para algunas especies.

Si algo demuestra el “desfase fenológico” y la modificación en el reloj biológico que hemos ocasionado en muchas especies es que no sabemos compartir el mundo. Y esto nos puede llevar, a todos, a la extinción.