Estamos hechos de luz (la ciencia lo dice)

Al parecer nuestro propio ADN es una importante fuente de partículas de luz: los biofotones.

Light
Light
The visible reminder of Invisible Light.
T. S. Eliot

Aunque para muchos la afirmación “somos seres de luz” representa sólo una linda metáfora del new age (y para otros muchos, no más que un disparate), existen argumentos científicos para sostenerla. Desde hace un par de años, un grupo de científicos descubrió que nuestro ADN emite biofotones (conocidos como UPE o Ultra-weak Photon Emission), es decir, literalmente, luz.

Los biofotones son un tipo de partículas de luz que todo ser vivo emite, aunque para percibir esta luminosidad tendríamos que poseer un sentido de la vista mil veces superior al que una persona promedio tiene. Pero no sólo estamos constituidos lumínicamente en cuanto a estructura genética se refiere; diversos experimentos también sugieren que estas partículas de luz están almacenadas dentro de nuestras células y viajan a través de nuestro sistema nervioso, e incluso se explora la posibilidad de que estos biofotones sirvan a las células como un vehículo para transferir energía e intercambiar comunicación. 

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En pocas palabras, y aprovechando algo de flexibilidad técnica, podríamos afirmar que en el caso de los seres humanos, al igual que ocurre con el resto de los seres vivientes, lo más profundo de nuestra composición física, es decir el ADN, es una poderosa fuente de luz. Se trata, quizá, de una responsabilidad poética –como diría William Blake, “Iluminarse significa hacerte totalmente responsable de tu vida”– o, por lo menos, de un recordatorio puntual: somos seres fascinantes.  

 

Fuentes

Biophoton emission. New evidence for coherence and DNA as source

Increased photon emission from the head while imagining light in the dark is correlated with changes in electroencephalographic power: support for Bókkon’s biophoton hypothesis



Los volcanes de Bali están conectados (a pesar de las millas de distancia)

A pesar de la astronómica distancia, estos volcanes están conectados y han logrado dinamitar juntos, por ejemplo, con la erupción masiva de 1963.

El azoro que la cercanía de un volcán puede despertar es sorprendente pero, ¿y si te enteraras que, a pesar de las millas, los volcanes pueden estar conectados bajo tierra? Algo así como un acto poético de la tierra por mantener unido lo que es evidente y debe estar junto…

En Bali, el Agung y el Monte Batur se encuentran a 11 millas (18 km) de distancia, pero su separación es sólo aparente. Unas fotografías de satélite han revelado que debajo de su imponente aspecto yace una compleja estructura que los mantiene unidos. Así es: hay un vínculo entre ambos que trasciende la distancia.

¿Qué une a estos dos gigantes? Al parecer, se trata de un lazo de fuego. Expertos de la Universidad de Bristol teorizan que el magma contenido en ellos no se mueve sólo hacia arriba, sino que viaja también en sentido horizontal. Esta unión interna provoca reacciones vinculadas más allá de la localización. El Agung puede hacer que el Monte Batur “despierte” y viceversa.

Esta unión explicaría por qué el Agung lanzó súbitas humaredas en el 2017 después de años de dormitar. También es la razón detrás de uno de los eventos más trágicos del siglo pasado. En 1963, el Agung explotó en una erupción masiva que arrasó con todo a su paso. Pocos momentos después del incidente, el Monte Batur también entró en erupción. El infortunado incidente sirvió para avivar la curiosidad de los geólogos. Ahora, se piensa que la conexión de estos volcanes puede servir para predecir erupciones futuras.

El motivo detrás de este vínculo que supera la distancia sigue investigándose. Lo que es cierto es que prueba que los vínculos en la naturaleza no necesariamente se rigen por las reglas espaciales que conocemos. Además de las posibilidades de prevención que ofrece este hallazgo, la idea de pensar en un mundo interconectado más allá del espacio-tiempo es fascinante. 



Para iluminar su noche de cinco meses, pueblo escandinavo implementa un sol artificial

El Proyecto Espejo redirigirá la luz del sol invernal para dar los habitantes de Rjukan un poco de alegría y calidez.

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Es bien sabido que experimentar frio extremo y oscuridad por un periodo prolongado puede generar depresión y el famoso “trastorno afectivo estacional”. Este es el caso de los habitantes de Rjukan, un pueblo en Noruega, que atraviesan una temporada de oscuridad de septiembre a marzo cada año. Pero quizá esto haya llegado a su fin: este año, ingenieros están completando El Proyecto Espejo, un sistema que proyectará luz invernal sobre Rjukan por primera vez en la historia.

Hace apenas unos días, helicópteros descendieron en el pueblo de 3,500 personas para instalar tres espejos rectangulares gigantes en la cara de las montañas que rodean a Rjukan. Técnicamente, estos son espejos heliostáticos, que son controlados por una computadora central que inclina su posición para reflejar el sol sobre una locación estática específica.

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El “punto cálido” (aunque aparentemente no tendrá demasiada calidez) será un círculo de 600 metros cuadrados en la plaza del pueblo.

“El proyecto resultará en una instalación permanente que, con la ayuda de espejos de 90 m², redirigirá al sol hacía el interior del valle”, explicaron los representantes del pueblo. “La plaza se convertirá en un soleado lugar de reunión en un pueblo por lo demás en la sombra”.

El Proyecto Espejo, además de ser un modelo ambientalmente sostenible, que utiliza diseños simples y eficientes (no costará más de 1 millón de dólares), es un acto de generosidad hacia los habitantes de Rjukan y un ejemplo a seguir para los países que pasan por lo mismo. Una inspiradora instancia de cómo la tecnología se pone al servicio de la comunidad.

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[Gizmodo]