Estamos hechos de luz (la ciencia lo dice)

Al parecer nuestro propio ADN es una importante fuente de partículas de luz: los biofotones.

Light
Light
The visible reminder of Invisible Light.
T. S. Eliot

Aunque para muchos la afirmación “somos seres de luz” representa sólo una linda metáfora del new age (y para otros muchos, no más que un disparate), existen argumentos científicos para sostenerla. Desde hace un par de años, un grupo de científicos descubrió que nuestro ADN emite biofotones (conocidos como UPE o Ultra-weak Photon Emission), es decir, literalmente, luz.

Los biofotones son un tipo de partículas de luz que todo ser vivo emite, aunque para percibir esta luminosidad tendríamos que poseer un sentido de la vista mil veces superior al que una persona promedio tiene. Pero no sólo estamos constituidos lumínicamente en cuanto a estructura genética se refiere; diversos experimentos también sugieren que estas partículas de luz están almacenadas dentro de nuestras células y viajan a través de nuestro sistema nervioso, e incluso se explora la posibilidad de que estos biofotones sirvan a las células como un vehículo para transferir energía e intercambiar comunicación. 

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En pocas palabras, y aprovechando algo de flexibilidad técnica, podríamos afirmar que en el caso de los seres humanos, al igual que ocurre con el resto de los seres vivientes, lo más profundo de nuestra composición física, es decir el ADN, es una poderosa fuente de luz. Se trata, quizá, de una responsabilidad poética –como diría William Blake, “Iluminarse significa hacerte totalmente responsable de tu vida”– o, por lo menos, de un recordatorio puntual: somos seres fascinantes.  

 

Fuentes

Biophoton emission. New evidence for coherence and DNA as source

Increased photon emission from the head while imagining light in the dark is correlated with changes in electroencephalographic power: support for Bókkon’s biophoton hypothesis



Puedes morir simplemente por renunciar a la voluntad de vivir, según nueva investigación

Se llama muerte psicogénica: no es lo mismo que la depresión y saberlo puede salvar vidas.

Aunque nuestro organismo es una especie de maquina de funcionamiento milimétrico, no es infalible. Depende, por supuesto, de nuestros hábitos: una vida sedentaria atrofia los músculos y debilita al corazón y la mente, pero una vida activa y una dieta equilibrada son los secretos de la longevidad. No obstante, la voluntad es una energía vital que, de faltar, puede ocasionar graves averías en nuestra máquina orgánica, y más todavía: puede conllevar a la muerte.

Morir por apatía o por una completa falta de voluntad es algo que sucede realmente. Se trata de una extraña condición llamada muerte psicogénica, que según el doctor John Leach, de la University of Portsmouth, puede ocurrir a partir de un trauma intenso. Bastan tres días para que este estado psíquico provoque la muerte.

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Laura Makabresku

Para Leach, esta condición debe diferenciarse del suicidio o la depresión extrema. Puede considerarse muy ligada a ésta última, pero la depresión no es capaz de provocar la muerte de la misma fulminante manera.

Y es que la muerte psicogenética consiste de cinco etapas

Cada una es parte de un proceso de desconexión de la realidad: una escisión entre cuerpo, mente y ambiente que podría ser ocasionado por un cambio en el funcionamiento del circuito cingulado anterior, una zona que media procesos de control ejecutivo y emocional, y que está ligada a la motivación.

Según investigaciones previas, la muerte psicogénica podría ser también una reacción a la sobreabundancia de ciertas hormonas en el organismo, liberadas por alguna vivencia traumática. En especial se ha comprobado que hormonas de adrenalina y del estrés son las más secretadas, y en exceso pueden ocasionar la muerte psicogénica.

Las 5 etapas de la muerte psicogénica

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Aislamiento

Un trauma capaz de arraigarse tanto como para causar estrés postraumático es el detonante de la muerte psicogénica. Lo primero que hacen los pacientes es aislarse y evitar toda interacción social, siendo indiferentes y sumiéndose en sí mismos.

Apatía

No obstante, un trauma no necesariamente trae consigo apatía. Pero sentirla es parte de la segunda fase, cuando la persona deja de tener energía y no hace esfuerzos en torno a casi nada y sobre todo descuida su aseo personal.

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En este punto la apatía se ha transformado en una respuesta emocional casi nula, al grado de que la persona no quiere hablar. Según Leach, este estado puede considerarse como “una mente vacía o una conciencia falta de contenido”

Acinesia

La acinesia es un estado de inmovilidad provocada por una reacción de protección. Pero en esta fase, la acinesia provoca incapacidad de movimiento debido principalmente al estado en el cual se encuentra la mente del paciente. Llega a ser tan contundente que la persona es incapaz de sentir dolor.

Muerte psicogénica

La etapa final es la completa rendición de la persona. La voluntad los ha abandonado por completo y quizá ni siquiera esperen morir. Sólo yacen tendidos sin mostrar emoción alguna ni miedo a la muerte.

Pero no debemos temer…

Según Leach,

Distintas intervenciones, como la actividad física, pueden darle a la persona un sentido renovado de elección y de control que puede llegar a romper el terrible ciclo a través de la liberación de dopamina

Así que sobrellevar la ola siempre es posible. Y aún porque una experiencia devastadora no significa encallar en la isla de la apatía sin retorno. Por eso, siempre debemos trabajar en nuestra salud psíquica y espiritual para evitar cualquier posibilidad de que se pierda una de las energías más valiosas que nos mueve: la voluntad.

Lo más importante es que mantengamos a la mente y al cuerpo conectados. Rélajate, reconectate y ubica en el mapa de tu cuerpo al estrés. No dejes de propiciar el diálogo entre estas dos entidades maravillosas, y reactualiza tu capacidad de ser empático con toda la periodicidad que te sea posible.

 

*Fotografías: Laura Makabresku



Para iluminar su noche de cinco meses, pueblo escandinavo implementa un sol artificial

El Proyecto Espejo redirigirá la luz del sol invernal para dar los habitantes de Rjukan un poco de alegría y calidez.

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Es bien sabido que experimentar frio extremo y oscuridad por un periodo prolongado puede generar depresión y el famoso “trastorno afectivo estacional”. Este es el caso de los habitantes de Rjukan, un pueblo en Noruega, que atraviesan una temporada de oscuridad de septiembre a marzo cada año. Pero quizá esto haya llegado a su fin: este año, ingenieros están completando El Proyecto Espejo, un sistema que proyectará luz invernal sobre Rjukan por primera vez en la historia.

Hace apenas unos días, helicópteros descendieron en el pueblo de 3,500 personas para instalar tres espejos rectangulares gigantes en la cara de las montañas que rodean a Rjukan. Técnicamente, estos son espejos heliostáticos, que son controlados por una computadora central que inclina su posición para reflejar el sol sobre una locación estática específica.

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El “punto cálido” (aunque aparentemente no tendrá demasiada calidez) será un círculo de 600 metros cuadrados en la plaza del pueblo.

“El proyecto resultará en una instalación permanente que, con la ayuda de espejos de 90 m², redirigirá al sol hacía el interior del valle”, explicaron los representantes del pueblo. “La plaza se convertirá en un soleado lugar de reunión en un pueblo por lo demás en la sombra”.

El Proyecto Espejo, además de ser un modelo ambientalmente sostenible, que utiliza diseños simples y eficientes (no costará más de 1 millón de dólares), es un acto de generosidad hacia los habitantes de Rjukan y un ejemplo a seguir para los países que pasan por lo mismo. Una inspiradora instancia de cómo la tecnología se pone al servicio de la comunidad.

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[Gizmodo]