La personalidad, más allá de un distintivo de identidad, es un estilo innato de responder a los estímulos del mundo. En este sentido, no podemos dejar de pensar en los tipos psicológicos de Carl Jung, los introvertidos y extrovertidos, cuyas respuestas a la realidad son completamente antagónicas entre sí. 

Unos y otros aportan diferentes modos de relacionarse. Sin embargo, la velocidad a la que vivimos y la velocidad que ha alcanzado la información, aparentemente, exige extroversión (en las formas socialmente aceptadas de relacionarnos como individuos, para conseguir “éxito” y moldear el significado de éste o inclusive para conseguir una vida amorosa “satisfactoria”); aunque, en tiempos casi frenéticos, cuando se ha centrado la atención en la apariencia y los logros materiales, revalorar las prácticas pausadas de los introvertidos podría ser una guía para considerar nuevos hábitos para relacionarnos y, por qué no, resetear el paradigma.

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Remedios Varo, Rompiendo el círculo (1962)

Los introvertidos han sido durante mucho tiempo percibidos como seres egoístas, narcisistas, tímidos o hasta psicóticos. Pero esta percepción negativa ha comenzado a cambiar últimamente, en gran medida, gracias al creciente interés por prácticas que exigen la inmersión interna y la calma, por ejemplo la meditación, el yoga, el contacto con la naturaleza y todas aquellas prácticas que exigen silencio y paciencia. 

Un estudio publicado en Journal of Neuroscience advierte que las diferencias en los procesos afectivos y sociales pueden surgir a partir de la variabilidad en la corteza prefrontal medial de la persona; es decir, que las personas introvertidas y extrovertidas tienen características cerebrales muy distintas. 

A continuación compartimos algunos puntos para revalorar a los introvertidos y darnos cuenta de que, más allá de una simple personalidad, estos seres aportan más beneficios al mundo de lo que se podría pensar:

 

Ser silencioso o callado no quiere decir que no se tenga nada que decir

A veces es justo lo opuesto: los introvertidos pensativos tienen opiniones acerca de muchas cosas. El problema es cuando una persona de este tipo está con gente que no suelta el micrófono. Si eres parte de un equipo date el tiempo de indagar sobre lo que piensan los miembros más introspectivos, cédeles la palabra, permíteles el tiempo de expresarse. Tanto los extrovertidos como los introvertidos se llevarán una gran sorpresa luego de conocer lo que hay detrás de ese silencio. Por otro lado, esta cualidad, más allá de si es o no propia de los introvertidos, implica múltiples beneficios para quien la practica (en este link te compartimos el por qué); después de todo, a este mundo lo que más le hace falta es, sin duda, silencio. 

 

Ser introvertido no quiere decir que tienes algún problema de salud mental

Algunos países, como Norteamérica, tienen fuertes creencias o de plano francos prejuicios y pueden mostrarse imparciales respecto de la introversión. No obstante, la psicología actual apunta a todo lo contrario, pues mientras algunos extrovertidos se consideran “normales”, lo cierto es que a veces suelen confundir lo socialmente aceptado con la imprudencia, o la excentricidad con la incongruencia. Basta observar la personalidad de un introvertido para obtener un poco de sensatez y regresar los pies a la tierra. 

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Remedios Varo, Armonía (1956)

Los introvertidos pueden ser tan buenos líderes como los extrovertidos

Los introvertidos pueden tener una disposición más abierta para que las personas rijan sus ideas, y esto puede ser crucial para conseguir resultados cuando se trabaja de forma colectiva. Si a ello aumentamos que se trata de personas más susceptibles a razonar las ideas antes de llevarlas a cabo, estamos seguros de que nos encontramos en las manos de un buen líder. 

 

El cerebro de un introvertido es diferente al de un extrovertido

Los investigadores han descubierto que los introvertidos tienen más actividad eléctrica en el córtex cerebral, lo que puede explicar por qué tratan de reducir los estímulos externos. Esto, en otras palabras, podría traducirse como una mayor estimulación a partir del mundo interior, algo que filosofías como el zen han tratado de explicar: que, precisamente, en la introspección se encuentran las respuestas al mundo que nos rodea. 

Remedios Varo, Energía cósmica (1956)

Los introvertidos “estudian” mejor a las personas

Mientras los extrovertidos se sientan hasta adelante, los introvertidos ocupan una esquina desde donde puedan observar, analizar y aprender de las otras personas y, aunque no parezca, interesarse por los otros es una fortaleza de su carácter. Esta capacidad de análisis puede ser clave para, por ejemplo, comenzar a llevarnos mejor con los otros, aceptando con el matiz de la empatía que somos seres distintos uno del otro, y que en realidad no existe ni una sola persona (aun si es extrovertida) que congenie en su totalidad con el sistema socialmente aceptado: todos estamos locos, y todos tenemos nuestras varias percepciones de la verdad. 

 

En un mundo con 7 mil millones de habitantes, imagina cuántas formas de socializar pueden manifestarse, de acuerdo con cada individuo. Introvertidos y extrovertidos hacen un todo holístico; la sociedad se beneficia de tender puentes entre ellos, y no de segregar a unos o privilegiar a otros.

 

*Pintura principal: Remedios Varo, ‘Mujer saliendo del psicoanalista‘ (1960)