¿Por qué es posible tener orgasmos con la mente?

Tu cerebro es capaz de llevar tu placer a niveles extraordinarios

Nuestro cerebro es tan poderoso que puede darnos una de las sensaciones más potentes que podemos experimentar en la vida: un orgasmo. Y ello sin manos de por medio, ni forma de estimulación externa alguna. ¿Cómo?

La existencia de los orgasmos estimulados por el pensamiento quizá date de mucho tiempo atrás (no extrañaría que alguna cultura antigua los hubiese practicado­). Pero fue apenas en los años 90 del siglo XX que un grupo de investigadores de la Universidad Rutgers comprobó que eran posibles. En aquel entonces se reclutó a 10 mujeres que clamaban tener el poder de llegar al orgasmo vía sus pensamientos; los investigadores decidieron comprobarlo midiendo reacciones como el ritmo cardíaco, la presión arterial y el diámetro de la pupila al momento en el que las mujeres se estimulaban y llegaban al orgasmo.

Las reacciones resultaron ser iguales a las de los orgasmos convencionales. Y no sólo eso: no todas las mujeres recurrieron a pensamientos eróticos; una de ellas pensó en una cálida tarde de verano y una caminata junto al mar, mientras que otra se imaginó los chakras moviéndose por su espina dorsal.

 

¿Por qué el orgasmo puede inducirse mentalmente?

Si algo se ha podido comprobar en estos tiempos, vía la neurología, es lo intrincado de las relaciones entre el cerebro, las emociones y las sensaciones. Quizá no todo se dirima en ello: si no, William Burroughs no habría hecho su propia máquina para producir orgasmos, creyendo que existe una energía orgásmica en nosotros y la atmósfera (algo que no ha podido verificarse, pero tampoco se ha desmentido).

Lo que es indudable es que durante el orgasmo se involucran distintas áreas del cerebro: el hipocampo, la corteza cerebral y el cerebelo, coordinando las reacciones musculares durante esa exhalación de placer tan indescriptible.

Actualmente, los mismos científicos detrás del primer estudio siguen investigando sobre qué pensamientos estimulan las mismas zonas del cerebro que el orgasmo, pues por ahí podrían descifrarse las vías para llegar al orgasmo a través del pensamiento, e incluso hallar maneras de estimular aún más a las personas. Y quién sabe: quizá podamos tener un orgasmo leyendo, escuchando música o meditando.

Ésto último –meditar­– puede ser una práctica de gran ayuda, pues implica un conocimiento más profundo de nuestra mente, un mayor control de las emociones, e incluso está comprobado que ayuda a controlar los sistemas nerviosos central y autónomo, algo que quizá no pueda hacerse de ninguna otra forma. Sumado a ello, algunas posturas de yoga pueden ser muy buenas para mejorar la vida sexual, ya que flexibilizan la zona pélvica.

Así que, aunque sigue siendo un misterio cómo puede llegarse a un orgasmo sólo con la mente, es un hecho que es posible. Las investigaciones que se realicen al respecto pueden ayudar en un futuro a combatir problemas de disfunción sexual, y seguramente nos servirán para encontrar nuevas formas de conectarnos con nosotros mismos de maneras placenteras y saludables, como lo es teniendo un orgasmo.



La importancia de liberarse orgásmicamente (el cuerpo femenino como territorio de lucha y placer)

Aquí desmontamos 3 mitos sobre la sexualidad, porque el 8 de marzo también se festeja desde el cuerpo.

Todo nuestro cuerpo es una cartografía que puede recorrerse en búsqueda de un solo tesoro: el placer. En este territorio, la piel es el órgano sexual más grande, compartido por hombres y mujeres por igual. Pero la anatomía femenina ostenta el órgano más sensible, y el único dedicado por completo al goce: el clítoris.

El clítoris cuenta con 8,000 terminaciones nerviosas.

…Y también tiene erecciones.

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No obstante, a esta zona erógena la rodean muchos mitos. Develarlos es un ejercicio de empoderamiento femenino, que no sólo nos puede ayudar a experimentar mayor placer durante el sexo, sino que puede ayudar a que las mujeres del mundo dejen atrás la cultura de la represión y liberen su libido, así como a tener una visión más allá del sexo androcéntrico que hace de la mujer un objeto pasivo.

Por eso desmontaremos –o por lo menos cuestionaremos– algunos mitos que pesan sobre la sexualidad femenina, y que sin duda las mujeres deben conocer y discutir para poder disputar el control de su cuerpo y su placer, tanto en el imaginario colectivo como en las relaciones afectivas a nivel individual.

 

Mito #1 Existen muchos tipos de orgasmo

No exactamente: porque el orgasmo vaginal no es lo que Freud pensaba…

Como casi todos los ámbitos de la vida, la ciencia ha sido una de las disciplinas que durante siglos han sido dominadas por hombres. Esto la ha sesgado, imposibilitando que entre sus conocimientos fluya también la perspectiva de esa mitad del mundo que son las mujeres. Afortunadamente el paradigma está cambiando, y nuevos hallazgos están desmontando mitos que se sustentaban en visiones científicas androcéntricas.

Una de las preguntas que más ha intrigado a los investigadores –pero en últimos tiempos, sobre todo a las investigadoras– es si realmente el clítoris es sólo un pequeño órgano en la vulva, o si se extiende hacia adentro de la vagina. Esta duda pone al descubierto la polémica androcéntrica sobre la dualidad orgásmica en las mujeres, cuya hipótesis es que las mujeres pueden experimentar orgasmos ya sea por vía vaginal o por vía del clítoris.

Esta dualidad fue teorizada por primera vez por Sigmund Freud, un psicoanalista que, aunque puede ayudar a pensar las diferencias entre géneros desde la génesis de la psique, lo cierto es que nunca pudo escapar a los prejuicios de matriz machista. Su dicotomía orgásmica nunca fue sino una hipótesis, que quizá surgía de la resistencia a pensar que las mujeres no necesitan del hombre para sentir placer.

Sin embargo, investigadoras como la australiana Helen O’Conell han demostrado que, efectivamente, existen estos dos tipos de orgasmo. No obstante, según O’Conell, esto es debido a que el clítoris tiene una estructura interna. Contrario a lo que creía Freud, el orgasmo clitoriano no desaparece “tras la adolesencia, sino que incluso es el fundamento del orgasmo vaginal.

Así que, como dijo Anee Koedt en su ensayo The myths of the vaginal orgasm:

Sólo hay un área para el clímax sexual, aunque existan muchas áreas proclives a la excitación; esa área es el clítoris. Todos los orgasmos son extensiones de sensaciones provenientes de esta área.

 

Mito #2 El punto G

Su versión popularizada ni siquiera concuerda con la original…

Popularizado en 1982 por el libro The G spot and other discoveries about human sexuality, el famoso “punto G” pretendió revolucionar los hallazgos sobre sexualidad. Pero, ¿de cuál sexualidad? Sólo la sexualidad de las mujeres había permanecido en el misterio, porque no se le había estudiado. La industria de autoayuda y el periodismo rapaz quisieron aprovecharse de ello.

El “punto G” hace referencia a quien primero formuló la hipótesis de una zona erógena en la vagina: Ernst Gräfenberg. Él planteó que la uretra de la mujer juega un papel importante en el orgasmo.

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No obstante, las indagaciones de O’Conell y otras investigadoras demuestran que este órgano no existe, aunque la teoría original de Gräfenberg no distaba tanto de la verdad. El placer que puede inducirse estimulando la vagina es gracias al clítoris y sus ramificaciones, pero parece que la esponja uretral y otros músculos, nervios y vasos sanguíneos presentes en la vagina también juegan un papel. Por eso, y según un estudio de 2014 publicado en Nature Reviews, en lugar de “punto G” debemos hablar de un área más compleja, que los investigadores llamaron provisionalmente “complejo clitouretrovaginal.

Así, el punto G no fue sino un mito que mistificó la sexualidad femenina para mal, heredero de los planteamientos que demuestran cuánto la ciencia androcéntrica ha buscado hacer el placer de las mujeres dependiente del de los hombres. Y que, a la postre, no causó sino problemas psicológicos en las mujeres que creían ser “disfuncionales” por no tener dicho órgano.

 

#Mito 3 El orgasmo femenino no tiene razón de ser

Bueno, ¿y el de los hombres sí…?

Algunas investigaciones, como la de Elisabeth Lloyd en su libro The Case of the Female Orgasm: Bias in the Science of Evolution, apuntan a que el orgasmo femenino es un subproducto de la evolución, y que no tiene razón de ser. No obstante, esta visión omite la importancia del orgasmo para la salud, y que esta sensación no necesariamente tiene que servir sólo a la reproducción humana. Además, relega a la mujer, una vez más, a ser el objeto pasivo de las relaciones entre géneros.

O’Conell menciona en Anatomy of the Clitoris que dicha idea:

Se reduce a la rivalidad entre los sexos: la idea de que un sexo es sexual y el otro reproductivo. La verdad es que ambos son sexuales y ambos reproductivos.

Si bien aún hace falta mucha investigación sobre el orgasmo y su papel en la evolución –social–, el argumento de que el orgasmo femenino es nada más que un subproducto no parece un buen punto de partida. Además, ¿no sería el placer una razón suficiente para hacerlo algo más que un agregado de la anatomía sexual femenina?

Como puedes ver, el cuerpo femenino también es un territorio de lucha. Pero sobre todo lo es de placer, y eso hay que celebrarlo y potenciarlo.



El porno de realidad virtual podría destruir nuestra sexualidad

Estamos en la antesala de una revolución cognitiva de la sexualidad, pero esto podría no ser una buena noticia para las relaciones afectivas.

El porno digital cimbró nuestra realidad. Quiérase o no, no se trata sólo de una millonaria industria, sino de un producto cuyo consumo ha tenido todo tipo de consecuencias; entre otras, desatar adicciones tan poderosas como cualquier droga.

Ahora, el porno de realidad virtual ha creado experiencias mucho más íntimas e inmersivas, que podrían fácilmente generar mayores dependencias. Pero algunos dicen que el porno 3D está haciendo de este producto algo más empático y, por ende, humano: no una situación voyeurista, sino de participación directa, donde no se cosifica al otro.

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Arte: Joe Webb

Según aseguró el administrador del sitio 3DPornReviews, Doug McCort, en una entrevista con Peter Rubin: “la gente está respondiendo a lo que es una suerte de antítesis del porno tradicional“. Es decir, a la idea de poder interactuar, de percibir y sentir al otro en la intimidad, lo cual podría llevar al porno a evolucionar para bien.

Rubin, autor de Future Presence, recogió otras interesantes aproximaciones al porno de realidad virtual. Una historia incluida en su libro es la de “Scott”, un hombre casado que no solía ver porno. Pero en navidad recibió de regalo unas gafas de realidad virtual, y más temprano que tarde descubrió la nueva tendencia 3D del porno. Y se enganchó:

No podía creer el nivel de inmersión que esto proveía.

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Arte: gethinoliver

Pero Scott no se hizo un adicto. De hecho, la experiencia le sirvió para mejorar la intimidad con su esposa, con quien disfrutó la sexualidad tal cual como era con ella: con la persona que lo ama, y no con una simulación. No obstante, cuando Scott le contó sobre el porno de realidad virtual, ella le dijo que era un “simulador de adulterio”. Y quizá tuviera razón: la línea entre la fantasía (sobre todo la fantasía 3D) y la realidad es muy delgada, y el inconsciente puede jugarnos malas pasadas.

Así que Scott dejó el porno de realidad virtual, pues pensaba que podía estar rebobinando su cerebro y prefirió parar ante las fuerzas desconocidas que esta experiencia podía desatar. Pero muchas personas no son capaces de hacer lo mismo que Scott, y más porque –y Freud estaría de acuerdo con nosotros– estamos en una época de graves desórdenes sexuales, algunos provocados por la pornografía y su consumo excesivo.

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Incitados por la industria del sexo, que le ha quitado todo ápice de humanidad a la sexualidad y nos ha llenado de traumas, los desórdenes sexuales se han intensificado, y van desde la disfunción eréctil hasta graves aversiones sexuales. Y pese a la gravedad de tales condiciones, lo cierto es que dichos desórdenes no han sido suficientemente estudiados ni tratados por ninguna rama de la medicina. Así que abordar la sexualidad, y más aún, su industria, es algo todavía muy delicado.

 

Pros y contras del porno de realidad virtual

Por todo lo anterior, cabe reflexionar en torno a las posibilidades del porno de realidad virtual. Bien podría ser un catalizador de relaciones sanas: una vía para experimentar y estimularnos, para reinventar las relaciones y que dejen de ser cerradas en términos nocivos. Usado con moderación, el porno de realidad virtual podría ser un recurso fantasioso tan valido como inmiscuirse en una lectura, y podría mejorar nuestras relaciones en muchos sentidos.

Pero si la industria del sexo no cambia, es poco probable que el porno de realidad virtual nos sirva para evolucionar. Más bien, podría provocar mayores adicciones y, por ende, elevar el número de afectados por desordenes sexuales, ya que la experiencia que genera bien podría suplantar a cualquier contacto humano.

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El correlato de esto sería, sin duda, una vida cada vez más aislada y una frialdad tajante entre los individuos. El porno 3D podría ser la antesala de relaciones afectivas cada vez más mecanizadas, incluso más de lo que ya lo están.

Así que no hay que dejar de ser críticos ante el porno: seamos o no usuarios, sea tradicional o 3D, es un producto que no podemos consumir como si nada.

¿Tú qué opinas?

 

* Imágenes: Stuntkid