¿Quieres recordar mejor tu vida? Entonces toma menos fotos

Paradójicamente, tomar muchas fotografías puede tener pronunciados impactos en nuestra memoria…

Existen pocas cosas más estimulantes que ver la foto de un viaje, un concierto o cualquier vivencia pasada. Esto nos trae reminiscencias de los mejores momentos de nuestra vida, los cuales no queremos confiar sólo a nuestra memoria, así que los atesoramos en forma de fotografías.

No obstante, existe un fenómeno que podríamos asociar a la era digital: tomar demasiadas fotos y no vivir el momento. Esto se ha vuelto para muchos una compulsión, que a veces ni siquiera tiene que ver con guardar un recuerdo. Y, más allá de alimentar una actitud atemporal que nos impide vivir el presente y alimentarnos del aquí y el ahora, esta actividad, en su forma obsesiva, puede ocasionar que nuestros recuerdos se limiten a cuando estábamos tomando las fotos, y no a lo que vivimos en sí.

De hecho, esto perjudica la memoria, según lo demostró un estudio del 2013, publicado por la Association for Psychological Science, en el cual se hizo a los participantes visitar una exhibición; algunos de ellos debían tomar fotos, mientras que los otros debían limitarse a ver la muestra. Los que tomaron las fotos recordaron menos de la exhibición (quizá porque confiaron en que podrían revisar las fotografías después), aunque la conclusión del estudio fue que la atención adicional puesta al proceso cognitivo de tomar las fotos es lo que distrajo a los participantes respecto de la propia exhibición.

 

¿Por qué es éste un fenómeno digital?

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Cuando las cámaras eran análogas y dependían de un rollo, la cantidad de fotos que podíamos tomar era finita, sin mencionar que el mismo acto de tener que esperar días para mirar la foto alimentaba positivamente nuestra paciencia, y mirar el recuerdo inmortalizado resultaba más alentador. Ahora, con la tecnología digital podemos tomar las fotos que queramos, con la única condición de vaciar la memoria de vez en vez. Y con las cámaras integradas a los celulares, tomar fotos se ha vuelto casi una compulsión que puede saciarse en cualquier lugar, lo que puede verse sobre todo en el caso de las selfies, y con la aparición de nuevos canales como Instagram que alimentan nuestra sed de inmediatez con sus formatos live

La cuestión no es entonces que esté mal tomar fotos per se, o que éstas no sirvan como accesorio de la memoria. Pero como con muchas otras cosas en nuestra sociedad moderna, parece que nos estamos excediendo también en lo que respecta a las fotografías. Y aunque nos sea difícil admitirlo, muchos momentos especiales están resultando perjudicados por esta compulsión; porque una cosa es tener unas cuantas fotos de un momento, y otra cosa es tener tantas que la vida no te dé para verlas o recordar siquiera por qué disfrutabas ese momento.

Para que puedas reflexionar al respecto a nivel personal, te dejamos una pequeña encuesta y nuestras razones de por qué dejar de tomar tantas fotos puede ser una excelente idea.

 

 

 

 

Si elegiste las primeras opciones en las preguntas 1, 3 y 4, pero no sueles ver seguido las fotos que tomas (segunda pregunta), podría ser que sacar fotos sea más una compulsión que un auténtico (o racional) deseo de preservar los recuerdos. Y si además de tomar muchas fotos las subes inmediatamente a las redes sociales, es posible que incluso padezcas un desorden de ansiedad. Esto puede perjudicar no sólo tu memoria, sino incluso la forma en la que te relacionas con los demás y cómo experimentas los momentos. Puede ser buena idea, entonces, probar no tomar tantas fotos durante algunas salidas y ver lo que sucede: si es mucha la compulsión, apaga tu teléfono.

Verás que si dejas de tomar muchas fotos tendrás pocos pero más valiosos recuerdos, y pasarás más tiempo de calidad con los demás. Pruébalo y comparte con la comunidad de Ecoosfera cómo te fue.

 

*Imágenes: 1) fridasgarden; 2) artnews



¿Cuánto puede cambiar la mente en una década? Susan Sontag, lo que creía a los 14 y a los 24 años

La evolución del pensamiento juvenil de la escritora Susan Sontag revela la dureza de su carácter y su apuesta por el arte como soporte existencial.

La escritora y activista estadounidense Susan Sontag fue una de las voces más lúcidas de su generación. En 2009 se publicaron sus diarios y cuadernos “Reborn: Journals and Notebooks, 1947-1963. En ellos podemos descubrir el riguroso proceso que la llevó a madurar su pensamiento crítico, a veces implacable.

Una de las primeras entradas de su diario publicado, de 1947, cuando tenía 14 años, enlista sus creencias, en temas religiosos, filosóficos y políticos. Dieza años después Sontag vuelve a hacer el mismo ejercicio. Es notable la capacidad racional y la solidez intelectual que tenía ya a los 14 años:

  1. No existe un dios personal o vida después de la muerte
  2. La cosa más deseable en el mundo es libertad para ser uno mismo. Honestidad.
  3. La única diferencia entre seres humanos es la inteligencia.
  4. El único criterio para realizar una acción es su efecto en hacer a un individuo feliz o infeliz.
  5. Está mal privar al hombre de la vida.
  6. Creo, más allá, que un Estado ideal debe de ser uno fuerte y centralizado con el control gubernamental de las utilidades públicas, bancos, minas, transporte, subsidio al arte, un salario mínimo confortable, apoyo a los discapacitados y a los ancianos. Cuidado estatal a las mujeres embarazadas sin distinción entre hijos legítimos e ilegítimos.

La Sontag de 1957, a los 24 años, revisita su credo, con una madurez menos absoluta y más poética.

“¿En qué es lo que creo?

En la vida privada.

En sostener la cultura.

En la música, en Shakespeare, en viejos edificios.

¿Qué es lo que disfruto?

La música.

Estar enamorada.

Los niños.

Dormir.

Mozart.

La carne.

Mis fallos

Nunca a tiempo.

Mentir, hablar demasiado.

Desidia.

Sin voluntad para rechazar.

Lo cual se lee como un desordenado poema de vanguardia. Aceptando los defectos y afirmando las pasiones. Como en otros artistas, la duda existencial, la falta de creencias absolutas es atemperada por un refugio en el arte, que es también un poder.



Por qué el color favorito de la tecnología nos está haciendo sentir a todos miserables

La luz azul de las pantallas táctiles modernas produce muchos problemas para la salud. Puede contribuir al cáncer, la diabetes, las enfermedades cardíacas y la obesidad.

La pantalla predeterminada para nuestros iPhones y Androids opera a lo largo del espectro azul, al igual que nuestras computadoras portátiles. Los autos nuevos, especialmente aquellos que como Tesla aspiran a ser “futuristas”, vienen con pantallas de tablero iluminadas en azul, al igual que nuestros electrodomésticos “inteligentes”, televisores, consolas de videojuegos, relojes y… la lista continúa.

Sin embargo, desde el punto de vista de la salud, esa luz azul está llena de problemas. Según un artículo de Harvard Health, dicha luz pone al reloj biológico del cuerpo, el ritmo circadiano, fuera de control. Y peor aún: las investigaciones muestran que puede contribuir al desarrollo de cáncer, diabetes, enfermedades cardíacas y obesidad.

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El efecto nocivo de la luz azul

Las longitudes de onda azules, que son beneficiosas durante las horas del día porque aumentan la atención, los tiempos de reacción y el estado de ánimo, parecen ser las más perjudiciales durante la noche.

La luz azul inhibe la producción de melatonina, la hormona que regula nuestros ciclos de sueño. Un estudio de Harvard sugiere que hay una posible conexión entre esto y el desarrollo de diabetes u obesidad.

En el estudio mencionado, los investigadores colocaron a 10 personas en un horario que gradualmente cambió sus ritmos circadianos. Sus niveles de azúcar en la sangre aumentaron, lo cual les provocó un estado prediabético, y los niveles de leptina, una hormona que hace que las personas se sientan llenas después de comer, disminuyeron.

Y es que, según señala Stephen Lockley (un investigador del sueño de Harvard), incluso la luz tenue puede interferir con el ritmo circadiano de un individuo y la secreción de melatonina.

La luz de noche es parte de la razón por la cual muchas personas no duermen lo suficiente, dice Lockley, y los investigadores han relacionado el sueño corto con un mayor riesgo de depresión, así como de problemas cardiovasculares.

Además, los investigadores de Harvard realizaron un experimento en el que compararon los efectos de 6.5 horas de exposición a la luz azul frente a la exposición a la luz verde de brillo comparable, y descubrieron que la luz azul suprimía la producción de melatonina durante aproximadamente el doble de tiempo que la luz verde y modificaba doblemente los ritmos circadianos (3 horas, en comparación con 1.5 horas).

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La luz azul presente hasta en los focos ahorradores

Si la luz azul tiene efectos adversos sobre la salud, entonces las preocupaciones ambientales y la búsqueda de una iluminación que ahorre energía podrían estar en desacuerdo con la salud personal.

Los focos fluorescentes compactos y las luces LED son mucho más eficientes energéticamente que los antiguos focos incandescentes con los que crecimos, pero tienden a producir más luz azul.

La física de las luces fluorescentes no se puede cambiar, pero los recubrimientos dentro de las bombillas pueden estar hechos de modo que produzcan una luz más cálida y menos azul.

 

Lo que puedes hacer

  • Usa luces rojas tenues para luces nocturnas. La luz roja es la que menos modifica el ritmo circadiano e inhibe la producción de melatonina.
  • Evita mirar pantallas brillantes de 2 a 3 horas antes de acostarte.
  • Si trabajas en un turno de noche o utlizas muchos dispositivos electrónicos por la noche, considera usar anteojos con bloqueo azul o instalar una aplicación que filtre la longitud de onda azul o verde.
  • Exponte a mucha luz brillante durante el día, lo cual aumentará tu capacidad para dormir por la noche, así como tu humor y estado de alerta a lo largo de la jornada.