Entre el cine y las redes sociales: monjes budistas revolucionan la modernidad

¿Qué pasa cuando un monje se convierte en cineasta, o cuando la ciencia estudia el budismo?

Existen cientos de concepciones del mundo y, con ellas, miles de conceptos y prácticas que las acompañan. Estas diferencias son sobre todo palpables en Oriente, donde una sola palabra, como conciencia, puede tener significados radicalmente distintos.

Este leve contacto entre modernidad y tradición, que hemos podido presenciar en los últimos años, tiene todavía muchos caminos que transitar y resultados sorprendentes que arrojar. Sin duda estamos ante una de las mayores bondades de la globalización (contrario a sus muchos efectos nocivos), pues es gracias a que vivimos en un mundo globalizado que estas simbiosis inesperadas son posibles.

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Aquí te presentamos algunos casos donde la tradición se encuentra con la ciencia y la tecnología, los cuales te harán reflexionar sobre cómo otro mundo es posible en tanto sepamos mezclar sabiamente los elementos que cada concepción del mundo nos regala.

 

Monjes meditando en el laboratorio

Al principio decíamos que la conciencia es una de las ideas que mayores inquietudes despierta tanto en Oriente como en Occidente. Los científicos contemporáneos han querido comprender la concepción de la conciencia en Oriente, no ya mediante las tesis de la filosofía occidental sino a través de las creencias y prácticas de algunas tradiciones orientales, como las de los monjes tibetanos.

Tenemos así el sorprendente caso de los monjes que meditan en el laboratorio, con el fin de que los investigadores de diversas universidades puedan registrar sus ondas cerebrales y saber qué cambios ocurren en el cerebro cuando se llega a ciertos estados espirituales. La primera prueba de éste tipo de investigación fue realizada en el 2002, en el Waisman Laboratory de Wisconsin.

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Después, uno de los líderes contemporáneos del budismo, el Dalái Lama, fue quien incentivó esta peculiar simbiosis entre ciencia y budismo. El Dalái Lama ha insistido en la necesidad de que la ciencia occidental estudie neurológicamente la meditación, pues esto podría traer hallazgos útiles tanto para el budismo como para la ciencia. Por un lado, el budismo podría reactualizarse y llegar a más personas, mientras que la neurología podría encontrar nuevas formas de tratar problemas neuronales, o inclusive, de estimular la neurogénesis del cerebro.

Por eso, en el 2006 se creó una inédita alianza llamada Emory-Tibet Science Initiative, con el fin de trazar cada vez más puentes entre la ciencia y las tradiciones budistas, lo que podría traer grandes avances para la ciencia.

 

El monje que se convirtió en cineasta

Otro sorprendente ejemplo de encuentro entre tradición y modernidad se encuentra en la historia del monje que se convirtió en cineasta: Godfrey Reggio, quien durante 14 años se apegó a prácticas monacales de ayuno y oración de la tradición cristiana en Estados Unidos. Pero algo sorprendente le ocurrió tras ver un filme del cineasta Luis Buñuel: Reggio quedó tan impresionado que decidió abocarse a la creación cinematográfica, pues vio en el cine una técnica de transformación sin precedentes. Sus documentales fueron poderosos materiales de reflexión que aún hoy nos remueven. Éstos no están faltos de una sublime belleza, como su trabajo Anima Mundi, un poema visual a la naturaleza que nos recuerda, entre otras cosas, la importancia de la resiliencia.

 

Monjes conectados

El Champa Ling Monastery, casa de mil 200 monjes en el Tíbet, es un lugar lejano a donde ha llegado la tecnología: aproximadamente 700 de los miembros de este monasterio tienen tablets, computadoras o smartphones.

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La rutina de estos monjes se divide en escuchar las enseñanzas de Buda, participar en debates analíticos con sus compañeros y leer los sutras. Pero la vida monástica no implica el aislamiento: por eso, un hábito que se ha hecho común entre estos monjes es leer las noticias en las redes sociales, interactuar con amigos y familia, e incluso promover la cultura budista por Internet.

En entrevista para el China Daily, uno de los miembros más jóvenes dio una acertada definición sobre el uso que le están dando a la tecnología:

Ser un monje no significa vivir aislado del mundo y sólo leer y rezar […] un monje también necesita educar y ayudar a los otros: esto quiere decir que tenemos que saber lo que ocurre y comunicarnos con la sociedad.

Esto nos hace pensar bajo una perspectiva distinta el uso de las tecnologías de comunicación. Éstas no tienen por qué ser nocivas o adictivas, pues aunque está comprobado que los celulares modifican la química de nuestro cerebro, los monjes tibetanos nos enseñan que la clave está en la disciplina y en el enfoque que le demos al uso de los celulares y el Internet.

En el plano de la fusión entre tradición y modernidad, aún hay mucho que esperar. Se trata de un movimiento del que somos testigos y del que también podemos ser parte.



Los adolescentes más influyentes del 2018: ¿por qué están inspirando al mundo?

Estos muchachos están literalmente construyendo los nuevos paradigmas…

En nuestra cultura es poco común que se tome en cuenta a los más jóvenes. Quizá la evidencia más certera sobre este punto sea que en la mayoría de los países no se adquieran responsabilidades hasta los 18 años. Por eso, los jóvenes tenemos preocupaciones que los políticos no acaban de entender.

Muchos mitos se han tejido alrededor de los jóvenes, como que son irresponsables y no saben tomar decisiones, y que por eso necesitan de la supervisión adulta. No obstante, muchos adolescentes han demostrado una lucidez y una energía mucho mayor que los adultos. Y ni hablar de las lecciones de creatividad que nos otorgan, y que vienen a irradiar un poco de luz en muchas vidas que, a veces, se encuentran llenas de desencanto.

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Por fortuna existen canales desde los cuales se visibiliza a la juventud y sus logros. Un ejemplo de ello es la lista anual de la revista Time, Los jóvenes más influyentes del 2018, en la cual se reconoce la corta pero contundente carrera de jóvenes activistas, deportistas, científicos y artistas, cuya edad oscila entre los 13 y 19 años.

Lo que todos estos chicos tienen en común es que son agentes de cambio, y que son la promesa de nuestra evolución como sociedad. Para quienes sean pesimistas sobre el futuro, saber la fugaz pero contundente carrera de estos jóvenes podría renovar su optimismo. Y es un recordatorio de que es urgente volver a trabajar en colectividad, como muchos de ellos lo hacen, negándose a ser parte de las cifras de muchachos depresivos.

Aquí te mostramos a 8 de los jóvenes influyentes
que más nos inspiran
:

Marley Dias, 13

Mi objetivo es que los niños sepan que cambiar el mundo no debe ser algo que se sienta como imaginario, sino algo que tienes el poder de hacer ahora y siempre.

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Es fundadora del movimiento #1000BlackGirlBooks. Para ello, Dias se dedicó a recolectar mil libros con protagonistas negras, para después distribuirlos en las comunidades necesitadas. Desde 2015 ha regalado más de 11 mil libros en todo el mundo, para fomentar la cultura y el orgullo por la cultura negra.

Rishab Jain, 14

He llegado a ver cómo los médicos pueden hacer una diferencia inmediata en la vida de las personas.

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Estudiante de octavo grado en Oregon, Jain desarrolló una herramienta de software que, durante las simulaciones de operaciones, demostró ser de ayuda para los médicos. Este software ayuda a matar a las células cancerígenas en el páncreas, unas de las zonas más difíciles donde atajar la enfermedad. Jain ganó con su algoritmo el premio mayor en el Reto de Jóvenes Científicos Discovery Education.

Thandiwe Abdullah, 15

Quiero cambiar la percepción mundial de los jóvenes negros y empoderar a los jóvenes negros para reclamar su propio espacio y exigir que se satisfagan nuestras necesidades.

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Cofundadora de Black Lives Matter LA Youth Vanguard, Abdullah es una de las voces más potentes del movimiento. Ha ganado visibilidad dando discursos en marchas y actividades políticas, y ha escrito sobre las necesidades actuales de los movimientos contra el racismo y la violencia hacia las minorías.

Greta Thunberg, 15

En lugar de preocuparte por el futuro, debes intentar cambiarlo mientras puedas.

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Thunberg es estudiante en Suecia, un país que es modelo para muchos en el mundo. Pero la joven, ya que no puede votar, comenzó una huelga escolar de tres semanas, con el fin de instar al gobierno a actuar sobre el cambio climático, lo que no estaba haciendo con la urgencia que debería. Desde entonces, Thunberg ha inspirado cientos de huelgas escolares similares en todo el mundo, incluida una huelga escolar masiva en Australia. Fue nominada para un premio internacional por su activismo y recientemente se reunió con el Secretario General de los Estados Unidos en la cumbre climática COP24 en Polonia.

Billie Eilish, 16

No puedo imaginar una vida que no implique creatividad.

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Junto a su hermano, Billie Eilish grabó una canción que subieron a Soundcloud en 2016, titulada “Ocean Eyes”. La canción se hizo viral, y ahora la primera gira de Eilish ha agotado boletos. La creatividad de Eilish es innegable, y el hecho de que por sí misma haya creado todo un nuevo universo estético es tan estimulante como inspirador.

Ahed Tamimi, 17

No hice nada malo de lo que debería arrepentirme.

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El conflicto palestino tiene muchos más años que Ahed Tamimi, pero esta chica ha participado en las protestas contra la invasión israelí desde que tiene memoria, aunque en ellas les disparen con balas de goma y les lancen gases lacrimógenos. El 15 de diciembre de 2017, Tamimi abofeteó en la cara a un soldado, lo que le valió su encarcelamiento (cumplió 17 años en una prisión israelí). Ahora Tamimi es libre y es aclamada como líder de una nueva generación palestina, e insta a un nuevo enfoque para poner fin a la ocupación israelí de 51 años.

Jack Cable, 18

Hace diez años, la gente iría a la cárcel por cosas como esta … no hay manera de que obtuviera la misma respuesta.

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Jack Cable es un hacker. Pero no es de esos que utilizan su conocimiento para afectar a terceros, sino que es de esos programadores que utilizan su experiencia técnica para encontrar e informar sobre errores y vulnerabilidades. Hace tres años, el joven encontró una vulnerabilidad en un sitio de criptomoneda, lo que le permitía retirar dinero de las cuentas de las personas simplemente ingresando un número negativo. Desde entonces se abocó a ser un hacker contra estos errores que pueden costar millones de dólares, afectar a las democracias y hasta cobrar víctimas. En octubre pasado, Cable voló a Ucrania y ganó la Copa HackIT donde el cofundador de Apple, Steve Wozniak, le entregó un premio.

Amika George, 19

No podemos confiar en que nuestros “formuladores” de políticas tomen medidas en asuntos que nos parecen tan obvios. Si queremos ver un cambio, nos corresponde a nosotros crear ese cambio.

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Amika George ha dirigido las protestas, de más de 2 mil personas, que exigen la distribución de productos menstruales para mujeres y niñas de escasos recursos. George visibilizó una cuestión que nunca se había puesto a discusión, y es la de la mercantilización de productos básicos de higiene para mujeres. Lanzó la campaña #FreePeriods, reuniendo en poco tiempo cerca de 200,000 firmas en su petición para ayudar a erradicar la pobreza del período. El movimiento finalmente obtuvo el apoyo de más de una docena de responsables políticos del Reino Unido, lo que impulsó al gobierno a asignar fondos al tema por primera vez.



El cosmos podría ser consciente (y nosotros sólo una de sus tantas personalidades)

Con un poco de filosofía antigua y mucho de física cuántica, nos podríamos acercar a saber por fin lo que es la conciencia.

¿Qué es la conciencia? Quizá ninguna pregunta se ha formulado tantas veces como esta, pues no cabe duda de que aquello que llamamos conciencia es la conditio sine qua non del ser humano, aquello que nos hace lo que somos. Y sin embargo, desconocemos todo sobre ella, excepto que la experimentamos.

Por eso, hasta hoy, la pregunta sigue abierta: ¿qué es la conciencia? En la época contemporánea la respuesta al enigma se ha buscado incluso en la ciencia, a partir del principio materialista de que la conciencia está en el cerebro (concretamente, en la corteza prefrontal, que se activa cuando tomamos decisiones y que nos permite tener nociones sobre el espacio-tiempo).

Si sacásemos al cerebro de la ecuación, tendríamos que regresar a las discusiones sobre el alma y la dualidad cuerpo-mente que permearon en la filosofía de la antigüedad occidental y en las filosofías orientales; para estas últimas, el problema de la conciencia no es tanto responder qué es sino buscar iluminarla, como pudo estudiarlo el mismísimo Carl Jung.

Partiendo de la ciencia moderna y de su principio objetivo –la conciencia está en el cerebro–, habría que añadir que lo importante de la discusión en torno a la conciencia no es cómo el cerebro nos permite sentir y reaccionar a los estímulos, sino cómo explicamos las experiencias subjetivas que van más allá de las habilidades del cerebro y que parecerían estar en un plano más bien espiritual –o psíquico, en toda la extensión de la palabra–. Por ello, al parecer, volver a la filosofía antigua y agregarle un poco de física podría acercarnos a la respuesta que hemos buscado por más de 20 siglos.

 

Si algo existe, es la conciencia cósmica

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Algunos han retomado el panpsiquismo, una vieja tradición filosófica que entiende la conciencia como algo universal y para la cual todo tiene conciencia –de ahí el nombre: pan es “todo” y psyche es “alma” o “mente” en griego–. En el panpsiquismo, la conciencia está en todos lados y no es sólo un rasgo exclusivo del ser humano, como plantean algunos destacados científicos y gurús digitales de la ciencia; por ejemplo, Michio Kaku, para quien la conciencia es producto de la evolución y está influenciada por las leyes del espacio-tiempo.

La propuesta del panpsiquismo engarza con la idea budista del Brahman, donde la conciencia es lo único que existe. También retoma tradiciones filosóficas modernas e incluso leyes de la mecánica cuántica, que postula que las partículas no tienen lugar o espacio específico hasta que son observadas o medidas. Así, en el panpsiquismo la conciencia individual no es consciente –o ni siquiera existe–, sino que está en contacto con otras conciencias, mismas que, juntas, crean el cosmos.

A partir de ello, algunos físicos han propuesto una especie de panpsiquismo contemporáneo y han planteado, por ejemplo, que cualquier sistema que pueda crear un cierto nivel de energía puede generar conciencia. Un ejemplo de esta sustancia cósmica se encontraría en las estrellas y sus movimientos. Estrellas como el sol se mueven más rápido que otras más calientes, algo que se atribuye a interacciones con nubes de gas; pero algunos científicos han postulado que existe más bien una comunicación consciente entre los astros, que se manipulan a ellos mismos para que la galaxia en cuestión esté en equilibrio; es decir, tienen conciencia.

 

No somos sino un alterego del universo

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Por su parte, en un ensayo recientemente publicado, Bernardo Kastrup, experto en computadoras e inteligencia artificial, ha añadido a la discusión la idea de que la conciencia cósmica del panpsiquismo se manifiesta más bien como un trastorno de personalidad múltiple pero a “escala cósmica”. Según la propuesta de Kastrup, no somos sino una de las tantas personalidades-conciencias de la sustancia universal. Nuestra conciencia es algo así como un alterego del universo.

Sea como sea, pensar que nuestra conciencia como tal no es sino el resultado de una convergencia cósmica de conciencias, tanto singulares como particulares y universales, podría ser el principio para resolver finalmente el misterio sobre la conciencia. Pero más aún: esto sacaría a relucir que no somos más especiales que otros seres, sino al contrario, porque necesitamos de los demás para que nuestra propia conciencia tenga sentido, y para darle sentido a la conciencia de los demás y a la del cosmos.

¿No es acaso una idea preciosa y, en realidad, totalmente vigente?

 

* Imagenes: 1) Sammy Slabbinck; 2) Tatiana Tarot; 3) Atomic Art Haus