Monje Shaolin da una surreal muestra de su control de la materia (VIDEO)

¿Crees que un vidrio pueda atravesarse lanzándole un alfiler? Este monje Shaolin da una muestra de que las leyes de la física tal vez estén al servicio de la voluntad.

La intención es una fuerza infalible, sobre todo cuando utiliza una acción precisa como vehículo para manifestarse. Y si se trata del sometimiento de la materia a partir de un minucioso control del cuerpo físico y la intención, sin duda los monjes Shaolin son, entre otros, unos verdaderos maestros. 

Durante una presentación en el show británico The Slow Mo Guys, tres monjes Shaolin fueron invitados para demostrar frente a la cámara una de sus “habilidades” más célebres: atravesar una superficie de vidrio, lanzando un alfiler. Durante la demostración observamos a uno de los monjes realizar unos rápidos ejercicios de, suponemos, concentración de energía y atención, y luego simplemente penetrar el cristal. Como suele ocurrir en este show, la demostración es posteriormente presentada en cámara hiperlenta.  

Evidentemente esto es sólo una especie de souvenir demostrativo o juego, ya que el manejo de la energía y la materia que alcanzan los miembros de este linaje, tras años de durísimo disciplina y entrenamiento, poco tiene que ver con hacer shows o vistosas demostraciones. Pero no deja de ser francamente espectacular observarlos cada vez que acceden a realizar uno de estos actos.

Los monjes Shaolin pertenecen a una especie de linaje asociado a un monasterio del mismo nombre y ubicado en Henán, China –por cierto, también cuna de las distintas escuelas del budismo zen, así como de otras múltiples escuelas orientales de meditación y artes marciales–. 



Investigadores podrían haber hallado cura del VIH

6 pacientes parecen haber eliminado el virus de su sistema, comprobando que la esperanza sigue ahí (después de todo).

Científicos españoles están avanzado hacia lo que sería uno de los hallazgos más importantes de nuestro joven siglo: la cura del VIH. Tras ser sometidos a trasplantes de células madre hace dos años –y bajo ciertas condiciones específicas–, seis pacientes pudieron haber eliminado el Virus de Inmunodeficiencia Humana de su sangre y tejidos.

Así, los científicos del Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa de Barcelona y del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, encargados de esta investigación especial, podrían haber encontrado por fin la vía hacia la cura del SIDA.

Según la OMS, 37 millones de personas viven con VIH.

Y cada año, cerca de 2,5 millones más son diagnosticadas con VIH.

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Por eso, este hallazgo podría ser trascendental, y más aún para los países en vías de desarrollo y sus habitantes –normalmente más vulnerables económicamente. Y es que más de la mitad de quienes padecen VIH no tienen acceso a la terapia antirretrovírica, lo que les da una esperanza de vida de poco más de 10 años.

¿Por qué encontrar la cura del VIH ha sido tan difícil?

El VIH genera un reservorio viral formado por células infectadas del virus. Estas permanecen en estado latente y  no pueden ser detectadas ni destruidas por el sistema inmune. Por eso los tratamientos antirretrovirales no son capaces de eliminar el virus, sino sólo de contrarrestarlo y evitar que mute en SIDA.

No obstante, el remplazo completo de células receptoras por células madre –procedentes del cordón umbilical y la médula ósea– parecen haber contribuido a la desaparición del VIH en estos primeros seis pacientes. ¿Cómo se llegó hasta aquí?

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El Paciente de Berlín: primer caso de VIH curado

La hipótesis de que las células madre pueden ayudar a la erradicación del VIH proviene de la mutación CCR5 Delta 32 que contenían las células que el paciente Timothy Brown –el “Paciente de Berlín”– utilizó como tratamiento contra la leucemia en 2008. Tras el trasplante, Brown se curó del VIH, pues 11 años después éste no volvió a manifestarse pese a que Brown no volvió a tomar el medicamento antirretroviral.

María Salgado, investigadora de IrsiCaixa, señaló en la investigación publicada por Annals of Internal Medicine:

Nuestra hipótesis era que, además de la mutación CCR5 Delta 32, otros mecanismos asociados con el trasplante influyeron en la erradicación del VIH en Timothy Brown

Por eso, las células de los donantes para los seis pacientes a cargo de  los investigadores españoles no tenían la mutación CCR5 Delta 32. Éstos querían centrarse en otras posibles causas que puedan hacer a las células madre contribuir a la eliminación del VIH.

Los análisis mostraron que 5 de los pacientes ya no presentaban el VIH en sangre ni tejidos, mientras que en el sexto los anticuerpos virales habían desaparecido por completo. El único paciente en el que el reservorio continuó siendo detectable fue el que no había recibido células madre procedentes de médula ósea, sino sólo de cordón umbilical. Además, dicho paciente había tardado más meses en reemplazar todas sus células por las del donante.

Factores comunes y prueba de fuego

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Esto va dejando claro que hay factores asociados al trasplante que son cruciales para la cura del VIH, y no sólo el factor de la mutación CCR5 Delta 32. Uno de ellos es la procedencia de las células madre –que al parecer deben provenir preferentemente de la médula ósea–, así como el tiempo en que se logre el remplazo completo.

Sin embargo, la prueba final vendrá cuando paren el tratamiento antirretroviral. Si el virus no reaparece, entonces podría ser oficial que la cura al VIH se haya encontrado parcialmente, y que en poco tiempo conduzca a encontrar una cura definitiva.

Por eso, los investigadores realizarán en los próximos meses un ensayo clínico controlado, interrumpiendo el tratamiento antirretroviral de los pacientes para comprobar si el virus ha sido definitivamente eliminado.

 

 

 



Monjes budistas aprenden cosmología moderna para explicarle al mundo la naturaleza de la realidad

El insólito caso de los budistas que están aprendiendo de ciencia para probar que filosofía y espiritualidad no se oponen al método científico.

32 monjes y monjas budistas se encuentran sentados frente al profesor Chris Impey, en una clase sobre cosmología moderna impartida en un monasterio cerca del Himalaya. Los aprendices quieren estudiar el universo desde la óptica de la ciencia, enunciando que el budismo podría ayudar al método científico a realizarse como una ciencia del bien. 

El budismo tiene una muy estrecha y para muchos, inesperada aproximación a la cosmología. La esencia de ambos proviene del fervor por la observación de la causalidad natural, ese fenómeno que incentiva la curiosidad y el asombro humano por la existencia. Ambas disciplinas son ciencia y filosofía de la naturaleza.

La cosmología budista tiene su propia física. Propone, al igual que la ciencia, un mito de la creación (¿cómo y por qué se mantiene el mundo tal como es, y en esencia, cuál será su destino?). Resulta interesante correlacionar ambas prácticas –la filosofía de la religión y el método racional de la ciencia– desde la hipótesis en común que quiere dar explicación a un origen y un destino; esa información que, al menos a buena parte de la humanidad, le permite dar sentido a sus vidas. 

En épocas recientes teorías como la del multiverso han especulado, bajo el paradigma de la ciencia, que no estamos solos: podrían existir una cantidad de universos impensables –tantos como gotas de agua–, que guardan en su interior miles de millones de galaxias y un sinfín de planetas y leyes de la naturaleza. De la especulación de esta totalidad también han aparecido teorías como el paradigma holográfico de David Bohm, que arroja ideas como la de que cada partícula de realidad contiene una totalidad; es decir, la posibilidad de que todos estamos “internamente relacionados con el todo en el sentido de que actuamos según la conciencia del todo”. Algunas de estas ideas son compatibles con las creencias budistas. 

Sin duda, la explicación de la naturaleza de la realidad ha hecho que, hoy en día, la ciencia confirme la veracidad de creencias ancestrales como las descritas por el budismo. Los monjes de la actualidad lo saben. 

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Los monjes que aprenden cosmología con Impey son refugiados del Tíbet. Muchos de ellos son huérfanos y han venido de todas partes de la India para aprender sobre esta materia. Escribe Impey para Nautilus:

La ciencia les parece implacable y autoritaria y, por eso, remota y distante.

Y prosigue:

Hace 16 años, el Dalái Lama comenzó programas para entrenar a sus monjes y monjas de por vida en el siglo XXI. Quería aumentar el entrenamiento monástico y evitar que la cultura tibetana se convirtiera en una pieza de museo. Cada verano, los educadores occidentales vienen a la India para enseñar matemáticas, física, biología, neurociencia y cosmología monásticas. He enseñado en los talleres de “Science for Monks” desde el 2008. Es un momento álgido de mi año para desafiar el caos de la India por este tranquilo santuario cerca del techo del mundo.

Sin duda, estamos ante un hecho insólito: finalmente, los diálogos entre las dos importantes ramas de estudio del hombre están adquiriendo relevancia y formalidad. Los monjes interesados en aprender cosmología moderna quieren traer a la ciencia un fundamento ético que no esté ligado al budismo, que mantenga una perspectiva basada en el humanismo y la compasión, sin dejar de ser científicamente probable.

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Chris Impey relata que la mayoría de estos monjes y monjas ingresan al aula con habilidades matemáticas muy avanzadas. El hecho de que sean incapaces de usar una calculadora no limita sus capacidades, pues durante décadas se han dedicado al estudio de una ardua filosofía que les permite debatir sobre la naturaleza de la realidad:

Gravitan hacia cuestiones fundamentales como la finitud del espacio, o la naturaleza del tiempo en el Big Bang, o el papel del observador en la realidad objetiva. Raramente se quedan atrapados en la maleza. Debaten sin miedo y enérgicamente. Lo más importante es que realmente disfrutan el acto de aprender. El aula rutinariamente se disuelve en sonrisas y risas. Después de 8 horas ahí, los monjes están sobrenaturalmente alerta. Y se levantan a rezar y cantar a las 5 todas las mañanas mientras yo duermo.

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Impey se siente un académico afortunado al experimentar la enseñanza con estos monjes, e inclusive ha optado por utilizar otros recursos dinámicos para abordar los temas de clase. Por ejemplo, lanzar una estimación de cuántos granos existen en un mandala de arena creado por los monásticos, y descubrir que el resultado corresponde al número de estrellas en la Vía Láctea y el número de galaxias en el universo observable.

En el salón de clases se debaten ideas sobre el tiempo y la impermanencia: 

* La edad del universo que propone la ciencia corresponde a una de las medidas de un kalpa (o un éon, la unidad de medida budista que podría compararse con la eternidad. Según el ejemplo de los monjes, si una paloma pasa volando sobre una montaña y la cepilla una vez al día con su ala, un kalpa es equivalente a cuánto tiempo demoraría en desgastarse dicha montaña).

* Una montaña podría contener tantas partículas como estrellas hay en el universo.

* Para un budista, no hay una realidad permanente y fija. La visión científica es similar.

* Una vida humana es para la edad del universo como un abrir y cerrar de ojos para toda la vida.

* No hay una realidad permanente y fija; todo está sujeto a alteración y cambio.

* Desde la vida y muerte de las células, hasta los procesos mismos del universo; en la existencia se intercambian y transforman materia y energía continuamente.

* Todo depende de otra cosa para su existencia. Toda la existencia es relacional.

* Estamos en armonía con el universo.

Los alumnos de Impey no son los únicos monjes interesados en revolucionar la realidad contemporánea con pensamientos milenarios. Existen otros extraordinarios casos, como lo es el de Godfrey Reggio, el monje que se convirtió en cineasta para documentar el anima mundi, o el caso de Ryuten Paul Rosenblum, un monje que fotografía las grietas en los muros de los templos japoneses, para probar la filosofía de que es posible ver la mente en todas las cosas. Estos fascinantes ejemplos contienen la idea implícita de que el mundo necesita abrazar el significado, más allá de la información, y sin duda es posible de la mano de la ciencia y la tradición. 

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora y música. Coordinadora editorial en Ecoosfera. Le interesa utilizar la información para construir conciencias.