Estudio define el máximo número de horas que deberías trabajar, y son menos de las que crees

Quizá va siendo hora de entender que debemos (y podemos) trabajar menos sin dejar de lado la productividad y la felicidad

El tiempo es lo más valioso que tenemos, y el trabajo que realizamos durante ese tiempo es lo que nos hace, por decirlo de alguna manera, humanos. Porque somos el único ser vivo que, de manera consciente, transforma su mundo mediante el “trabajo” que realiza.

Por ello, no es de extrañar que el trabajo sea tan importante en nuestra sociedad, ni que sea valuado principalmente conforme a las horas que le dedicamos. Pero, ¿tiene eso sentido actualmente?

Existen tantos tipos de trabajo que es imposible medirlos a todos con el mismo rasero: basta pensar en la energía que nos consume cada tipo de trabajo para encontrar que no es lo mismo una jornada de 8 horas en una oficina que en una construcción. Entonces, la productividad no tendría que depender del tiempo que pasamos en el trabajo, y menos ahora, cuando se está comprobando que las jornadas más cortas son las que mejoran la productividad en muchos trabajos. Esto es gracias a que los trabajadores mejoran considerablemente su salud, lo que los lleva a afinar sus capacidades laborales y tener un mejor desempeño.

Menos horas, mejores resultados

Muchos estudios, como uno realizado en Suiza, han comprobado que lo mejor es trabajar un máximo de 6 horas al día. Esto no es sólo mejor para la salud de los trabajadores, sino que potencia la productividad, en lugar de disminuirla.

En dicha investigación, se probó aplicar una jornada de 6 horas a las enfermeras de un hospital durante 18 meses. No sólo mejoró su salud durante ese lapso, sino que pudieron organizar un 85% más de actividades con sus pacientes, lo que constituyó un resultado inesperado que comprueba, sin lugar a dudas, que debemos (y podemos) trabajar menos horas.

Por su parte, un estudio realizado en Inglaterra comprobó que trabajar más de 55 horas es malo para la salud. El riesgo de sufrir un infarto se eleva un 33%, mientras que otra investigación reveló que quienes trabajan más tienen el doble de posibilidades de padecer depresión, debido a todas las condiciones que en el trabajo nos hacen tanto daño (por ejemplo, en los trabajos de oficina).

 

El robo de tu tiempo

Parece evidente que la fórmula de dividir las 24 horas del día en 8 horas para trabajar, 8 para el esparcimiento y 8 para dormir ya es obsoleta, porque (además de lo que dicen los estudios arriba citados) vivimos una realidad tecnológica que debería ayudar a emanciparnos. Por eso, las jornadas laborales que se extienden por más de 6 horas (incluso más allá de las 8 horas, como es lamentablemente normal) pueden verse como un robo de nuestro tiempo, pues además de que muchas veces no son pagadas de manera justa, están robandonos nuestros momentos de ocio y descanso. Esto es indudablemente tóxico para todos nosotros, y acarrea problemas físicos y mentales, llegando a afectar incluso nuestro desenvolvimiento social.

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Se trata de algo que se puede atribuir a la avaricia sin limites que incentiva la competencia empresarial en el capitalismo, que hace a los empresarios generar extensivas jornadas para ser “competitivos”. Siendo así, y si hace años se luchó por la jornada de 8 horas, parece que hoy es un imperativo conquistar jornadas aún más cortas, que no harán a la economía colapsarse sino, al contrario, podrían revitalizarla.

Otra cosa que será necesario cambiar es el chip de que “a mayor tiempo de trabajo mayor éxito personal”, lo que ha llevado a muchas personas a una nociva autoexplotación, como ha analizado asertivamente el filósofo Byung-Chul Han. Debemos aprender a discernir entre el trabajo y el ocio y darle prioridad al segundo, lo que no sólo nos hará más productivos, sino también más plenos.



¿Cuánto puede cambiar la mente en una década? Susan Sontag, lo que creía a los 14 y a los 24 años

La evolución del pensamiento juvenil de la escritora Susan Sontag revela la dureza de su carácter y su apuesta por el arte como soporte existencial.

La escritora y activista estadounidense Susan Sontag fue una de las voces más lúcidas de su generación. En 2009 se publicaron sus diarios y cuadernos “Reborn: Journals and Notebooks, 1947-1963. En ellos podemos descubrir el riguroso proceso que la llevó a madurar su pensamiento crítico, a veces implacable.

Una de las primeras entradas de su diario publicado, de 1947, cuando tenía 14 años, enlista sus creencias, en temas religiosos, filosóficos y políticos. Dieza años después Sontag vuelve a hacer el mismo ejercicio. Es notable la capacidad racional y la solidez intelectual que tenía ya a los 14 años:

  1. No existe un dios personal o vida después de la muerte
  2. La cosa más deseable en el mundo es libertad para ser uno mismo. Honestidad.
  3. La única diferencia entre seres humanos es la inteligencia.
  4. El único criterio para realizar una acción es su efecto en hacer a un individuo feliz o infeliz.
  5. Está mal privar al hombre de la vida.
  6. Creo, más allá, que un Estado ideal debe de ser uno fuerte y centralizado con el control gubernamental de las utilidades públicas, bancos, minas, transporte, subsidio al arte, un salario mínimo confortable, apoyo a los discapacitados y a los ancianos. Cuidado estatal a las mujeres embarazadas sin distinción entre hijos legítimos e ilegítimos.

La Sontag de 1957, a los 24 años, revisita su credo, con una madurez menos absoluta y más poética.

“¿En qué es lo que creo?

En la vida privada.

En sostener la cultura.

En la música, en Shakespeare, en viejos edificios.

¿Qué es lo que disfruto?

La música.

Estar enamorada.

Los niños.

Dormir.

Mozart.

La carne.

Mis fallos

Nunca a tiempo.

Mentir, hablar demasiado.

Desidia.

Sin voluntad para rechazar.

Lo cual se lee como un desordenado poema de vanguardia. Aceptando los defectos y afirmando las pasiones. Como en otros artistas, la duda existencial, la falta de creencias absolutas es atemperada por un refugio en el arte, que es también un poder.



10 razones por las que trabajar en una oficina está destruyendo tu cuerpo

Pasar horas frente a un escritorio, una computadora y un teclado mata al cuerpo más rápido de lo que pensaríamos. Aquí las razones.

Un trabajo de oficina está lleno de estrés, luz artificial, nichos de gérmenes y condiciones que estropean la salud. Además, la monotonía, la rutina, la enajenación y la falta de movimiento matan poco a poco el cuerpo y también el alma. Aquí te dejamos 10 ejemplos de ello.

1. Pasar horas sentado.

Pasar horas sentado puede provocarte dolores o desórdenes musculares, obesidad, diabetes, cáncer, enfermedades cardiacas e incluso puede conducirte a una muerte temprana.

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2. Pasar horas encorvado

Si de plano no puedes levantarte de vez en cuando, al menos trata de mantener una postura erecta, sino estarás contribuyendo a problemas como la artritis o bursitis.

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3. Mala calidad del aire en el edificio

El aire dentro de un edificio puede ser hasta 100 veces más sucio que el de afuera, pues está lleno de gases y químicos. Incluso el aire acondicionado puede llenar de partículas tóxicas si no se le da un buen mantenimiento.

4. Trabajar por más de 10 horas al día

Investigadores europeos encontraron que las personas que trabajan más de 10 horas diarias tienen un 60% de mayor riesgo de contraer problemas cardiovasculares, entre ellos ataques cardiacos y angina

5. Pasar horas mirando fijamente una pantalla

Mirar interminablemente una pantalla puede dañar tu visión y causarte dolores de cabeza o migrañas.

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6. Estar expuesto a mucha luz

Nuestro cuerpo reacciona a la sobre iluminación de la misma forma que a la oscuridad total, así que nuestros relojes internos se desordenan, y nuestros niveles de fatiga, estrés y presión cardiaca aumentan.

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7. Estar realmente aburrido

Un estudio de la Universidad de Londres mostró que aquellos que se quejan de sentir mucho aburrimiento tienen más riesgo de morir jóvenes, y aquellos que viven con altos niveles de tedio tienen más probabilidades de morir de un ataque cardiaco. Por si fuera poco, te pone en mayor riesgo de sufrir un accidente en el trabajo.

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8. Teclados sucios

Los teclados son un nido de bacterias. Los microbiólogos han encontrado que pueden tener hasta 5 veces más bacterias que el baño.

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9. Nichos de gérmenes

Además del teclado, las perillas, grifos, manijas, los botones de elevador o de la impresora y las manos de los compañeros están llenos de bacterias.

10. Escribir demasiado en el teclado

Pasar mucho tiempo escribiendo en teclado puede causarte CTS (síndrome del túnel carpiano) que es un dolor agudo en las muñecas que puede subir hasta tu brazo. Si el CTS no se trata, puede causarte hasta daños permanentes en los nervios y en los músculos.

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Después de leer todo esto uno se pregunta ¿realmente millones de personas se merecen semejante tortura? ¿Por qué vivimos atados a un sistema que nos obliga a pasar por horas de desgaste físico y mental? ¿Qué soluciones podemos encontrar para no perder tantos años de vida?

[businessinsider]