Tomar fotos, dibujar y bordar son cosas que Juana Gómez empezó a hacer desde que tenía 6 o 7 años. Ella rastrea estructuras de la biología y las traduce a los patrones de la civilización moderna. Una propuesta fotográfica de sutil anatomía.

Primero fotografía su torso, cara, cabeza o pantorrillas; luego imprime la foto en lino o alguna tela de fibra natural, y después borda la piel. Sus tatuajes le dan un efecto más a las capas bordadas, pero las ramificaciones de sus hilos imaginativos van más allá de los marcos y bastidores.

Juana Gómez-fotos-anatomia-arte y naturaleza

En su trabajo es como si la artista chilena duplicara la epidermis o la desdoblara en capas. Constructal es un trabajo del 2016 que, bajo “diferentes sistemas de apropiación y reinterpretación”, presenta una especie de cuerpo traslúcido sobre la superficie mate de las fibras, un cuerpo atemporal y un cuerpo de morgue revivificado con hilos.

Según su colega María Eliana Morales, por tratarse de piezas que parecen láminas de anatomía se retrata “una subjetividad de estar viva y muerta”, porque Gómez parte de una foto encarnada para meter hilo y aguja, que hacen las ramificaciones de las venas u otros órganos. “La imagen final –dice Morales– no sólo es biográfica sino autobiográfica”.

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Lo que hago es cubrirme para desaparecer, para ser cualquier otra persona. Lo más difícil fue trabajar sobre mi propia imagen, pero no quise trabajar con otra.

Sin embargo, cuando le preguntan esta artista por qué le interesa tanto la anatomía, ella responde:

Este paralelo no vino desde la anatomía, sino trabajando con programadores y tratando de entender cómo se comportan las redes sociales, por qué se habla de viralización, cómo funcionan los algoritmos de la web.

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Juana Gómez, quien por 10 años fue diseñadora gráfica y hasta cumplir 36 empezó su carrera plástica, comenta que:

…hacer arte es encontrarte con la inestabilidad, con la duda permanente. De alguna manera te separas de la norma, se vive de forma distinta. Tu cabeza está constantemente indagando en hoyos que, si no están fortalecidos, pueden ser laberintos envolventes de los que cuesta salir, aunque creo que ya lo enfrento con mayor desapego.

Así, lo que pareciera un bordado delicado que vuelve “femenina” la mirada hacia la anatomía, en realidad nace de preguntarse por ramificaciones rizomáticas de los ríos o los hongos. Puntada a puntada, hilo y aguja hacen una labor manual para retratar huellas digitales, sistemas que parten de pixeles.

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Era algo difícil enfrentarme a mi propia desnudez, aunque esto me ayudó a hacerme un poco más consciente de lo femenino y a conseguir una aceptación muy sanadora. También soy consciente que fue el registro de cómo era yo en ese momento; creo que la voy a volver a hacer en 10 años más.

En cuanto a futuros proyectos, Juana planea “retomar, la instalación: levantar el patrón (como de raíces), en 3D, con hilos a partir de un estudio de cultivo de neuronas del biólogo Felipe Court”.

Hilar, convertir una fibra textil, partir de seda, lana o lino para seguir el pulso de las células, las ramificaciones neuronales y hacer un trabajo que está en la frontera de las técnicas plásticas: análogo y digital, collage y fotografía, instalación y dibujo.

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