Los agujeros negros y la bella metáfora del instante infinito

Según un nuevo estudio, esta masa negra podría borrar pasados y elaborar futuros alternos desde un plano sin lógica o leyes del universo.

Los agujeros negros son quizá uno de los fenómenos cósmicos más poéticos, por la mística implícita en su origen. Estas masas, que atrapan la luz para no dejarla salir jamás, todavía no pueden ser definidas con precisión, debido a un hecho que nuestra lógica aún no puede trascender: el de un tiempo-espacio distinto al nuestro.

Por eso, todavía no se puede saber exactamente qué constituye a un agujero negro. Si bien se sabe que se originan cuando una estrella colapsa, la centralidad de la polémica está siempre en el concepto de espacio-tiempo que implica el agujero.

¿Son estas masas realmente infinitas? ¿Existe manera de transitarlas? ¿O, una vez que se entra en ellas, nada puede regresar?

Con especial ingenio, Stephen Hawking respondió a esto en una conferencia:

Si caes en un agujero negro, no te rindas. Hay una salida.

Hawking y otros investigadores se han respaldado en la teoría de la relatividad de Einstein para sostener que es posible para una persona cruzar un agujero negro sin desintegrarse y que, probablemente, podría trascender a otro universo. Y no sólo eso: diversos estudios de la Universidad de Berkeley han conducido a teorías sobre la posibilidad de que este tránsito borre el pasado del transeúnte y lo haga propenso a experimentar uno de muchos futuros posibles.

 

Viajeros del tiempo en el instante infinito

¿Cómo podría ser esto posible? Para anteponer un argumento lógico ante el misterio de los agujeros negros algunos físicos han creado un nuevo concepto llamado cosmic censorship, que sugiere la existencia de una barrera que hace posible que los agujeros negros “cancelen” en su interior todas las leyes del universo.

Esto explicaría una coexistencia entre los horizontes posibles de los agujeros negros (planteados por Hawkings) y la llamada “singularidad” de éstos, que teoriza sobre su infinitud.

La primera “fotografía” de un hoyo negro. Imagen creada con tinta china y una computadora, por Jean-Pierre Luminet en 1979.

Siguiendo la teoria, si un ser pudiera llegar a esa especie de frontera, podría estar frente a un instante infinito, desconectado de su pasado y sin un futuro preciso delante de él. Quien trascendiera este espacio podría verse despojado de su pasado e instalado en un futuro alterno. Esto nos enseña que los agujeros negros son un fenómeno cósmico tan real como metafórico, que nos hace pensar sobre las cosas que damos por sentado que existen, por ejemplo, el tiempo.

¿Habrá quien se atreva a dar en tributo su pasado, por acceder a un futuro nuevo y desconocido? ¿Valdrá la pena habitar un instante infinito en un hoyo negro a costa de nuestra memoria?



Así podría llegar a su fin el universo como lo conocemos

Ya sea con un gran congelamiento o con una ruptura en el espacio tiempo, el universo llegará a su fin tarde o temprano.

«Así es como termina el mundo, no con una explosiónsino con un suspiro»

T. S. Eliot

 

Lamentamos recordártelo, pero tarde o temprano todo lo que conoces, todo lo que amas u odias, incluso tú, morirá. Como dice el refrán, “Todo lo que inicia, acaba”, y de modo semejante al ciclo de una vida humana, del nacimiento a la vejez, nuestro universo también llegará a su fin.

Pensar en la finitud de la existencia probablemente sea una de las ideas capaces de entristecer hasta al más optimista -pero no cabe duda de que imaginar las posibilidades del final también resulta fascinante desde un punto de vista científico-.

El fin de la Tierra como la conocemos es un problema menor comparado con el fin del universo. Sin contar con las tendencias autodestructivas propias de la especie humana, y asumiendo que el cambio climático no produzca cambios que vuelvan imposible cualquier forma de vida en el planeta, nuestra atmósfera seguirá siendo habitable durante 1,000 millones de años más.

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El sol de nuestro sistema solar tiene entre 7,000 y 10,000 millones de años de vida por delante antes de convertirse en una gigante roja que se expandirá más allá de su tamaño actual y engullirá a los planetas circundantes, previo a volverse una enana blanca tremendamente masiva, aproximadamente del tamaño actual de la Tierra.

Según el físico John Baez de la Universidad de California en Riverside, la vida de las estrellas rojas es de 100 trillones de años (considerando que 1 trillón equivale a 1 millón x 1 millón de años, una cifra bastante difícil de imaginar desde la escala humana). Pasado este tiempo, la estrella se apaga al quedarse sin energía, o es absorbida por otro cuerpo celeste de mayor masa y gravedad, como un agujero negro.

Esto es lo que ocurrirá también con el Grupo Local de nuestra galaxia cuando la Vía Láctea colisione con su vecina, la galaxia de Andrómeda, en menos de 6,000 millones de años. Tanto la sonda Gaia como el telescopio espacial Hubble han confirmado que ambas galaxias se encuentran en un curso de colisión de 300km/s desde el punto de vista de nuestro sol; su acercamiento definitivo tendrá lugar un poco antes, en 3,870 millones de años, y su fusión en una galaxia elíptica, en 5,860 millones de años. Ese será el fin de nuestra galaxia, que será absorbida en una nueva unidad.

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La “gran congelación” o la muerte del calor

A partir de entonces, en este lugar del universo al igual que en el resto, la gravedad de los cuerpos celestes más masivos atraerá a los más pequeños, hasta que toda la materia entre en los agujeros negros o flote como partículas libres, cada vez más lejos unas de otras.

Eventualmente, los agujeros negros también se van a evaporar. Este proceso fue descrito por Stephen Hawking, quien explicó que la vida de los agujeros negros, aunque considerablemente larga, también es finita. Calcular su duración equivale a multiplicar 10 a la centésima potencia (10^100, un gúgol). Cuando los agujeros negros se consuman, la materia restante seguirá alejándose más y más hasta que el espacio sideral quede realmente vacío y frío, tal vez para siempre.

La profesora Katie Mack, de la Universidad del Estado de Carolina del Norte, explicó que “podemos intentar entenderlo, pero no hay nada que podamos hacer para cambiarlo de ninguna manera”.

Y es que pensar en el fin del universo no solamente es un reto para los astrofísicos que lo estudian, sino que nos da un poco de perspectiva acerca del lugar de la humanidad en el universo. Es una postura entre filosófica y científica, pero sin duda de un realismo total, pues como dice la profesora Mack, “no tenemos ningún legado en el cosmos, eventualmente. Ese es un concepto interesante”.

 

El “gran desgarramiento”

Pero no todo tiene que terminar en una helada universal que dure un tiempo incalculable: otras teorías apuntan a que el universo no sólo se está expandiendo, sino que esa expansión se está acelerando. La energía oscura podría apresurar aún más esta aceleración.

La energía oscura, según los teóricos, es fuerza gravitacional repulsiva que empuja toda la materia más y más lejos desde su punto de origen, desde el principio del universo. Sin embargo, científicos como Carlos Frenk de la Universidad de Durham, afirman que “energía oscura” es solamente una forma de llamar a un fenómeno para el cual los científicos no tienen una explicación satisfactoria.

Aunque el gran congelamiento parece más probable que el gran desgarramiento, si la energía oscura en el vacío del universo acelera lo suficiente la expansión, en unos 100,000 millones de años el universo entero podría romperse, cambiando la naturaleza misma del vacío.

Imagina un vacío más “vacío” que lo que conocemos por ese nombre. El gran desgarramiento podría llevarse consigo toda la lógica con la que funciona el universo como lo conocemos, cambiando radicalmente las interacciones de la materia.

Este es el agujero negro más masivo descubierto hasta el momento.

Los investigadores piensan que el universo es estable gracias a elementos como el “campo de Higgs”, que determina la masa de las partículas subatómicas; si elementos como ése se ven afectados por el gran desgarramiento, nadie conoce a ciencia cierta las consecuencias: una destrucción potencial o el inicio de un período de “metaestabilidad”, donde las reglas cambien. Sería el inicio de una física completamente distinta. Y su final.

La profesora Mack explica que “en algún punto del universo, tendrías una burbuja de vacío auténtico que se expande a la velocidad de la luz y envuelve al universo, destruyendo todo”.

¿Un vacío a la velocidad de la luz? Y no sólo eso: un vacío capaz de absorber planetas, galaxias enteras más rápidamente que un agujero negro.

 

Inflación cósmica, ¿un nuevo comienzo?

Todas las perspectivas apuntan hacia lo mismo: en un corto plazo (en la escala del tiempo universal), la humanidad será destruida; tal vez ganemos algo de tiempo si logramos colonizar algún sistema planetario vecino, o encontrar la manera de viajar entre galaxias. De cualquier manera, con humanos o sin ellos, la maquinaria del universo sigue moviéndose en direcciones inesperadas hacia el fin… o hacia el inicio.

Si la gran expansión (Big Bang) fue el comienzo de todo, ¿cómo saber si no existió antes otra física, otro universo (o universos) cuyo resultado final fuera el comienzo del nuestro? Alan Guth, físico del MIT e inventor de la teoría de la inflación cósmica, afirma que la creación y destrucción de universos también puede estar más allá del espectro de visión de nuestras herramientas actuales.

Podrían existir secciones enteras del universo que no se vieran afectadas ni por la gran congelación ni por el gran desgarramiento; lugares más allá de nuestro propio universo donde otros universos estuvieran siendo creados y destruidos, una y otra vez, quién sabe desde cuándo y hasta cuándo.

Para Guth, esta perspectiva es la más optimista de entre todas las teorías del fin del universo, en parte, porque deja lugar a la posibilidad de que la vida resurja de maneras que simplemente no podemos imaginar.

Incluso si nuestra parte del universo se termina”, afirma Guth, “otras partes donde la vida prolifere podrían continuar para siempre.

Sea como sea, sin duda es más sencillo conceptualizar la propia muerte (tomando en cuenta que los seres humanos somos finitos, y rara vez vivimos más allá de 1 siglo individualmente) que la muerte del universo. Pero pensarlo no debe deprimirnos, sino hacernos imaginar que el universo también se comporta como un organismo vivo, que cambia, se multiplica y eventualmente será destruido.

Es poco probable que estemos ahí para atestiguar el fin de estos eventos, pero considerarlos en su infinita y destructora magnitud puede hacernos apreciar la fugacidad de nuestra existencia planetaria: un suspiro en el gran orden del tiempo universal.



Investigadores observan por primera vez en la historia la erupción de un agujero negro al ‘comerse’ una estrella

Investigadores de Finlandia y España han conseguido ser los primeros en observar de forma completa el fenómeno.

Es la primera vez que se observa uno de los fenómenos más potentes del universo: la erupción de un agujero negro. El núcleo de una galaxia situada a 150 millones de años luz desgarró una estrella y emitió un potente chorro de energía.

Es la primera vez que los científicos pueden admirar con tanto detalle un evento así.

Y ha sido un grupo de investigadores de Finlandia y España quienes han captado de forma directa, por primera vez en la historia, la formación y expansión del chorro de material expulsado por el agujero negro.

En un estudio publicado en la revista Science, los expertos explican cómo fueron capaces de cazar, analizar y fotografiar esta erupción producida tras una explosión que se pudo detectar desde la Tierra en el 2005 en el núcleo de la galaxia, aproximadamente a 150 millones de años luz del planeta.

El descubrimiento, dijeron los científicos, fue una sorpresa. La explosión infrarroja inicial se descubrió como parte de un proyecto que buscaba detectar explosiones de supernovas en pares de galaxias en colisión.

Hasta ahora, los científicos habían sido capaces de detectar unos pocos fenómenos similares y analizarlos, pero nunca se había podido observar la erupción de un agujero negro de forma tan detallada.

Estudiar este tipo de eventos puede ayudar a los científicos a comprender mejor el medio en el que las galaxias se desarrollaron hace miles de millones de años.

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Foto: El Confidencial

La erupción de un agujero negro y su importancia científica

A veces, si los astrónomos tienen mucha suerte, pueden ver cómo una pobre estrella es destruida por los agujeros negros.

Las explosiones resultantes, que generan increíbles chorros de energía y materia, son tan espectaculares como interesantes, porque contienen mucha información útil.

La mayoría de las galaxias tienen en su centro una gigantesca y misteriosa acumulación de materia, tan densa que ni siquiera la luz puede escapar de su gravedad.

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Estos extraños ‘objetos’ reciben el nombre de agujeros negros supermasivos, y alcanzan masas incluso miles de millones de veces superiores a las del Sol.

Sólo se puede saber de ellos por lo que se infiere por las distorsiones de la luz en su entorno y por su efecto sobre los movimientos de otras estrellas.