La ciencia de la felicidad en pareja (o sobre cómo nuestros actos pueden unir o destruir una relación): INFOGRÁFICO

Lo que debes saber sobre la felicidad y algunos consejos de la ciencia para alcanzarla en tus relaciones con otros.

Todos anhelamos la felicidad y opinamos acerca de ella. Sin embargo, definir, medir y ponernos de acuerdo sobre cómo alcanzar la felicidad es complejo. Cada vez son más las disciplinas que se interesan en estudiar y “medir” de alguna manera qué nos hace felices y cómo obtenemos esta gratificación.

Para la parte de la filosofía que estudia los valores (axiología), la felicidad se ha definido como tener una buena vida y esto, más que una emoción, sería consecuencia de sostener principios como: prosperidad, virtud, excelencia, reputación. Para la psicología, en cambio, la felicidad es un estado mental de bienestar, relacionado con un sentido de pertenencia y satisfacción con la propia vida.

Los economistas han diseñado mediciones (elaborando ecuaciones) y otros instrumentos para saber qué países son los más felices. Pero, a pesar de lo subjetivo que pueda parecer definir la felicidad, los economistas reportan que hay suficientes datos estadísticos para considerar que el ingreso ecoómico, la estabilidad y la seguridad social, así como gozar de empleo y tiempo libre, tiene un impacto plausible en nuestra percepción de ser felices.

Sin embargo, no siempre esta percepción racional de felicidad se traduce en felicidad personal. Existen también estudios que demuestran que, incluso ganando la lotería o habiendo tenido un accidente trágico, después de 2 meses las personas “regresan” a los estándares de felicidad con los que habían vivido antes. Esto es lo que se llama adaptación hedónica o rueda hedónica (como las ruedas en donde corre un hámster, siempre en el mismo lugar, no importa si lento o rápido).

Felicidad de la mano del otro

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Fotografía: Laura Makabresku

No podemos hablar de felicidad sin hablar de la vida en pareja: del amor al otro y del amor propio. Uno de los ingredientes más elementales en la vida de los seres humanos son las relaciones interpersonales. En el acto de socialización y comunicación con el otro surgen los deseos más primigenios del ser humano: establecer una relación de pareja es uno de ellos. Desafortunadamente, en una época como la nuestra, donde solemos llevar todo a los extremos (inmediatez o tradicionalismos sociales baratos), cada vez son más las personas que, sin darse cuenta, mantienen relaciones de pareja que no son estimulantes, mucho menos felices (y derivado de ello, comienzan a buscar estímulo en otros lugares), o bien, sin notarlo, se encuentran atados a una vida que ya no les pertenece. 

Es importante recalcar que, más allá del romanticismo o el amor al otro, cada quien debe tomar en cuenta el amor propio y valorar lo que realmente quiere. Y, no menos importante, se debe priorizar el acto de transición del romance al compañerismo, para que una relación funcione de verdad. 

Los expertos de la conducta, la sociología, la genética y la economía parecen coincidir en que los pensamientos, los hábitos, las actitudes y sobre todo las decisiones, son lo que verdaderamente moldea nuestra experiencia de satisfacción y alegría, y no fundamentalmente las personas con las que pasamos la vida. 

 

La ciencia detrás de una relación feliz

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Fotografía: Laura Makabresku

Aprender a y ser capaces de generar bienestar es una piedra de toque para la sociedad en ciernes. A continuación, esta infografía titulada “La ciencia detrás de una relación feliz”, realizada por la plataforma Happify, destaca datos clave que nos comparte la ciencia, para quien busca alcanzar formas alternativas de ser feliz, de la mano de otro individuo. 

Se lee, por ejemplo, que el factor determinante para que una pareja se sienta satisfecha con el sexo, el romance y la pasión es, sin duda, cultivar una poderosa amistad. De ahí que se piense que las parejas más felices hablan más (en promedio, 5 horas o más en 1 semana).

Practicar interacciones positivas en el día es también una forma de mantener una relación sana y feliz. Hacer un gesto significativo para la otra persona (cocinar la cena, o regalar un pequeño obsequio de poco valor material), decir un cumplido, revivir momentos juntos o mostrar interés por los logros o vivencias del otro son algunas formas de hacerlo. Siguiendo la infografía, las parejas felices tienen sexo dos o tres veces por semana (en promedio), como resultado positivo de lo anteriormente mencionado, y no en sí como un acto que vaya a causar la felicidad.

Según la ciencia, las parejas felices también practican la celebración de sus triunfos; sean pequeños o grandes, para ambos siempre serán grandes logros.

La infografía menciona, también, que vivir nuevas experiencias juntos incrementa notablemente la felicidad en pareja y la satisfacción con ésta. Ya sea que viajen a lugares remotos, frecuenten exposiciones museísticas, salgan a caminar, a cenar o inclusive vayan a un concierto, el tiempo juntos siempre será tiempo de calidad si saben afrontar en conjunto las adversidades, o bien, disfrutar juntos de lo que están experimentando.

Las parejas más felices sacan lo mejor de cada uno, y se ayudan el uno al otro a llegar a sus máximos ideales.

Cuando participan en una pelea muestran un poco de humor, expresan afecto, o conceden la razón a un punto que ha expresado el otro.

Basado en un estudio británico, quienes están más felices con sus matrimonios no tienen hijos y tienen sus carreras terminadas. Por otro lado, otra investigación mencionada en el infográfico describe que las parejas norteamericanas analizadas declararon que lo que hace feliz a sus matrimonios, en orden de prioridad, es el amor, hacer un compromiso de por vida y el compañerismo. Siguiendo las estadísticas, la experiencia de tener un hijo causa un impacto de felicidad de 33% en las parejas, mientras que un 67% experimenta una gran caída en la satisfacción matrimonial.

 


*También en Ecoosfera: Apuntes sobre la cosmovisión de la felicidad de Einstein

 

*Ilustración: James Chia Han Lee



6 señales de que sales con la persona correcta, según la ciencia

Con intuición, un poco de análisis y estas pistas puedes saber si esa relación será algo más que momentos de fugaz felicidad.

El amor es sacrificio, altibajos, pasión y cariño. El que crea que todo es color de rosa, debería empezar a replantearse si lo que quiere es realmente una pareja. Por el contrario, el que acepte los pros y contras de salir en serio con otra persona, sin duda no se arrepentirá.

En esta época en que la inmediatez es un must de la existencia, las relaciones amorosas parecen volverse más complicadas. Llevar a cabo una simbiosis profunda con otro es difícil y toma tiempo, pues incluye la creación de un sincretismo cotidiano y la renuncia a cosas que nos definen cuando estamos solos.

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Laura Makabresku

Lograr una estabilidad es, pues, complicado. Pero más complicado es saber si podremos conseguir estabilidad con alguien con quien salimos desde hace poco, pues cuando apenas estamos conociendo al otro suelen asaltarnos todo tipo de dudas sobre si es la persona correcta. Lo cierto es que es sano preocuparnos por embonar con quien salimos, sobre todo porque las supuestas afinidades que se encuentran en un perfil de Tinder o de Facebook no son para nada definitivas, y ni siquiera los gustos en común más profundos pueden ayudarnos a saber si el match será exitoso y si estamos intentándolo con la persona correcta.

Con un poco de intuición, un análisis sincero y a partir de estas señalas establecidas por la ciencia, podrás saber si escogiste a la persona indicada y te conviene poner todo de tu parte para que su amor no se termine.

 

Si esto pasa, estás saliendo con la persona correcta

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Fotografía: Sophie van der Perre

Sus vidas corren en líneas paralelas

Aunque cada quien puede tener distintas aspiraciones, es importante que éstas no sean abismales. Por ejemplo, si alguno de los dos planea hacer su vida en otro país, será mucho más difícil lograr que la relación sobreviva. Así que si encontraste a alguien con quien compartes proyectos en común –o simplemente esos proyectos se van alineando hasta lograr una cotidianidad inconsciente con el otro–, es mucho más factible que puedan estar juntos por mucho tiempo.

 

Sientes una mimetización

Entre los individuos con lazos profundos suele haber una cierta mímesis: se contagia la tristeza, la felicidad, la ansiedad, la excitación y todo tipo de emociones. Según la profesora de psicología Laura VanderDrift, si tu pareja está feliz cuando estás feliz o triste cuando estás triste, significa que te presta atención. Es decir, le generas gran empatía, algo que no sucede con cualquier persona y que señala un compromiso mayor. Incluso, esta empatía se siente como si ambos pensaran lo mismo al mismo tiempo –lo cual es producto de una sana y profunda convivencia–, y ¿qué puede ser más perfecto que una pareja que entiende cómo piensas?

 

Los pequeños toques siguen siendo electrificantes

Como afirma la experta en relaciones Lesley Edwards, si aun después de un tiempo de estar saliendo con esa persona –o en el peor de los casos, tras haber tenido peleas, rupturas o diferencias– todavía hay un contacto electrificante entre ambos, eso es una buena señal. Además el contacto físico, más allá del sexo, dice mucho de cuánto le importamos al otro. Existen formas de tocar y acariciar que son de cariño, amor o preocupación; si éstas persisten, es que los lazos no dejan de fortalecerse.

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Laura Makabresku

 

El sexo importa (desde diferentes perspectivas)

Si la relación lleva poco tiempo pero se llega a acuerdos para el sexo, esto puede indicar que es una relación fuerte, pues significa que ambos van en serio. Si no lo han planteado y tienes la inquietud de si estás saliendo con la persona correcta, deberías intentarlo; sólo quien esté interesado en una conexión profunda se interesará en hacer acuerdos para algo que puede ser tan libre como el sexo, pero que en una relación seria necesita de pactos y compromisos.

Por otro lado, en una investigación de datos realizada por la la plataforma Happify se descubrió que las parejas duraderas más felices son quienes tienen sexo dos o tres veces por semana, producto de una gran atracción física y sustancial. Si, por el contrario, este fuego se ha apagado, es momento de replantearse si necesitamos recuperar lo perdido, o abrir paso a un nuevo camino.  

 

Te hace crecer y transformarte

Hablando de mantener la identidad: una relación no significa perder del todo tu identidad. Un espacio de amor sano es aquel que nos permite seguir desarrollándonos en muchos otros sentidos. Además de las cosas que se comparten entre dos, una relación sana y próspera permite que tu persona individual pase a otro nivel de conciencia; que crezca y se transforme. Esto ocurre frecuentemente en las relaciones fuertes, esas que coloquialmente solemos decir que “nos cambiaron la vida”. Sin embargo, existen ocasiones en que una pareja nos ha cambiado ya la vida, que hemos aprendido mucho con ella, y parece no haber más. Las parejas suelen debilitarse si, como expresamos anteriormente, sus vidas no corren en líneas paralelas. Destino o ciencia, habrá que hacer algo, pues se corre el peligro del efecto contrario: no crecer más como individuos, o no permitir que la otra persona crezca. 

Otro punto importante es que si entre tú y tu pareja hay la seguridad de que puede haber libertad sin afectar la relación, y no incurren en desconfianzas o prohibiciones, están cultivando lo más importante para toda relación futura, como señala también Edwards.

 

Son más los pros que los contras

Según Jonathan Marshall, psicoterapeuta y asesor de relaciones, debemos hacernos una pregunta que podría parecer un poco cruel, pero que es necesaria: ¿qué podría haber de malo en nuestra pareja? Para Marshall esta pregunta es esencial, sobre todo pensando que planeamos aguantar los pros y los contras durante mucho tiempo. Por eso es importante ser sinceros e indagar en si para nosotros son más los puntos a favor en nuestra pareja; de no ser así, es justa y necesaria una evaluación más profunda, que incluya el diálogo con el otro.



Sabiduría antigua para el día a día: 4 consejos (y un ritual) para tu felicidad

Hace más de 2 mil años, los estoicos formularon premisas que podrían servirte para el aquí y el ahora.

Es verdad que no somos griegos del tiempo antes de Cristo. Pero sin duda, las disertaciones filosóficas de la antigüedad pueden ayudarnos, más que cualquier libro de superación personal, a alcanzar la plenitud en estos tiempos de estruendo. Por lo menos esa es la premisa del autor Ryan Holiday, quien en sus libros intenta recuperar la sabiduría antigua para sanar la psique contemporánea.

En su última obra, llamada The Daily Stoic: 366 Meditations on Wisdom, Perseverance, and the Art of Living, este autor retoma las enseñanzas de la escuela filosófica estoica basadas en el dominio y control del ser, tomando en cuenta las azarosas condiciones externas que perturban la conciencia, para ayudarnos a encontrar la felicidad.

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Los estoicos fueron ante todo una escuela por donde circulaba una sabiduría colectiva sobre la vida, y donde se ponía en práctica una moral y una ética que bien pueden aplicarse a los tiempos contemporáneos. La virtud que emanaba de sus principios, como también lo era la de Artistóteles, no tiene caducidad; mientras conduzcamos nuestra vida a través de ella, no habrá nada que perturbe nuestra felicidad.

Los estoicos estarían de acuerdo con nosotros en que, hoy más que nunca, nos hace falta un poco de resiliencia. Y así es como ellos la planteaban, según Holiday.

 

La realidad no lastima, si no idealizamos

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A veces idealizar –ya sea a los otros, o una situación concreta– es lo que nos hace más difícil sobrellevar cualquier decepción. La resiliencia sólo se puede cultivar si entendemos la objetividad de la vida y dejamos de lado emociones cuya base sea una creencia irracional.

Los estoicos dicen que no hay buenos ni malos eventos, sólo está la percepción. Shakespeare lo supo expresar bien cuando dijo “Nada es bueno ni malo, sino que el pensamiento lo hace así”. Shakespeare y los estoicos están diciendo que el mundo a nuestro alrededor es indiferente, es objetivo. Los estoicos dicen “Esto me pasa a mí”, que no es lo mismo que “Esto me pasa a mí y es malo”. Están diciendo que si te detienes en un primer momento, serás mucho más resiliente y mucho más capaz de sacar algo bueno de todo lo que ocurra.

 

Controla lo que puedas, pero entiende la espontaneidad inherente a la vida

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No todo se puede controlar, y eso lo sabían bien los estoicos. Por eso, un principio de vida es preguntarnos siempre si tenemos control sobre algo. Si no lo tenemos, no debemos preocuparnos.

Lo que los estoicos dicen es que muchas de las cosas que nos preocupan no están bajo nuestro control. Si estoy haciendo algo mañana y estoy preocupado porque quizá llueva y se arruine, ninguna cantidad de estrés que añada a la situación va a cambiar el clima. Los estoicos dicen: “No sólo serás más feliz si puedes hacer la distinción entre lo que puedes cambiar y lo que no puedes cambiar, sino que si concentras tu energía exclusivamente en lo que sí puedes cambiar, serás mucho más productivo y efectivo también”.

 

Acepta lo que venga, sin pasividad

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Los principios filosóficos antiguos a veces son contradictorios. ¿Cómo aceptar el devenir de la vida, sin que eso se traduzca en pasividad? Bueno, es que aceptar y rendirse no son sinónimos. Más bien, aceptar es no negar, y eso es básico para alcanzar la plenitud virtuosa.

Aceptación para nosotros significa resignación, pero para los estoicos significaba aceptar los hechos como son y entonces decidir qué puedes hacer al respecto. El problema es que, debido a nuestras expectativas respecto a cómo queremos que sean las cosas, sentimos que la aceptación es pasividad, cuando en realidad no tenemos idea de qué pudo haber pasado en lugar de lo que pasó. Lo que parece horrible quizá nos salvó de algo mucho peor. O quizá nos abrirá a alguna nueva y asombrosa oportunidad que aún no podemos concebir. Los estoicos dicen: “No gastemos energía peleando contra las cosas fuera de nuestro control, vamos a aceptarlas, vamos a abrazarlas y movámonos para ver qué podemos hacer con eso”.

 

Acepta que existen mentores y nunca seas tu único maestro

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No todo lo que puedes aprender está en ti mismo. Si bien cultivar la sabiduría interna es clave, lo cierto es que los estoicos formaban una escuela y, como en toda escuela, había quienes enseñaban y había quienes aprendían. Por eso, Holiday rescata lo que Seneca –el gran maestro de la escuela estoica– decía:

Nos gusta decir que no escogemos a nuestros padres, que nos fueron dados por azar. Sin embargo, podemos realmente elegir de quiénes desearíamos ser hijos.

Actualmente, somos tan individualistas que nos olvidamos del mundo exterior. Más aún: nos olvidamos de que necesitamos maestros de carne y hueso para afrontar la vida –y no sólo ver tutoriales de YouTube–. Así que habría que retomar a Séneca y escoger padres espirituales que nos puedan orientar con su experiencia, para retomar así un diálogo más orgánico y más humano con la existencia.

 

Realiza rituales diurnos

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Los estoicos no eran una escuela sólo de pensamiento, sino esencialmente de práctica. Ellos recomendaban algunos rituales, específicamente diurnos, para antes de afrontar el día. Según Ryan:

Los estoicos pensaban que debemos empezar el día con un ritual a partir del cual puedas recordarte a ti mismo lo que vas a enfrentar. Marco Aurelio decía “Hoy, la gente que enfrentarás será…” y entonces procedía a enlistar básicamente cada cuestión negativa con la que pudiera encontrarse en el curso del día. Eso no es pesimista, él decía, “Ahora que sabes esto, no tomes nada personal e intenta entender por qué la gente actúa de ciertas formas, y perdónalos y ámalos por eso”.

Para llevar a cabo estas reflexiones recomendadas por los estoicos, puedes aprovechar los amaneceres –que incluso la ciencia recomienda observar– y de esa forma canalizar las energías de tu día.

 

* Imágenes: Kerry Skarbakka