Lee las emociones de una persona por el color de su rostro (ESTUDIO)

El flujo sanguíneo genera colores en el rostro, los cuales son capaces de modificar la manera en la que percibes a los otros (y en la que te perciben a ti).

La sangre es un tejido cuya función es circular por todo el cuerpo para transportar nutrientes y defendernos ante las infecciones, entre otras cosas. También llega hasta nuestro rostro: ahí, y dependiendo su flujo, puede delatar nuestras emociones.

De acuerdo con un grupo de científicos cognitivos de la Universidad Estatal de Ohio, los cambios leves en el flujo sanguíneo son elementos clave para interpretar las emociones de otra persona: no es necesario fijarse en la expresión ni en ninguna otra modificación en el rostro, pues el color de éste es suficiente para saber el estado de ánimo de los otros con una precisión de hasta un 75%, según comprobaron en un estudio.

Esto ocurre porque cada emoción genera un patrón único de colores en el rostro, como probaron los investigadores a través del análisis por computadora en sujetos que experimentaban felicidad, tristeza o enojo. Luego, estos colores fueron sobrepuestos en fotos de rostros con expresiones neutrales y las fotos fueron presentadas a 20 participantes: la mayoría de éstos pudieron adivinar fácilmente las emociones de las personas fotografiadas.

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Foto: Universidad Estatal de Ohio

Más aún: cuando ciertos colores eran sobrepuestos a expresiones que no les correspondían, los participantes podían notar que algo no concordaba.

Según Aleix Martínez, profesor de ingeniería eléctrica y computacional:

Toques de rojo, verde, azul y amarillo caracterizan cada emoción, sólo que en distintas cantidades y diversas áreas alrededor del rostro.

Pareciera que esta es una reminiscencia moderna de la vieja teoría de los cuatro humores, adoptada por filósofos y médicos de antiguas civilizaciones occidentales. Para ellos, cuatro sustancias básicas conformaban las emociones humanas: una de ellas era la sangre. Y aunque estos antiguos médicos asociaban estos equilibrios líquidos entre cuerpo y mente sólo con la dieta y la actividad física, hoy podemos ver que efectivamente existe un equilibrio entre nuestro cuerpo y mente, similar en esencia al que ellos planteaban.

Sólo que, según las indagaciones de la ciencia cognitiva y la neurología, los cambios en las emociones corresponden a cambios en el sistema nervioso central, mismo que modifica el flujo sanguíneo que “colorea” nuestras emociones. Esto significa un vínculo de nuestro organismo con el cerebro más profundo de lo que jamás imaginaron los médicos de la antigüedad: una conexión que de hecho es saludable trabajar, pues es parte fundamental de nuestro equilibrio.

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Cabe mencionar que este flujo sanguíneo que colorea nuestro rostro implica una forma de comunicación que no ha sido estudiada a fondo, pero que podría haber sido esencial en algún momento de la evolución humana, antes de la lenta invención de las lenguas. Si no, se preguntan los científicos, ¿para que tendríamos todos esos vasos sanguíneos en la cara, tan cercanos a la superficie de la piel? Parece ser que una de sus funciones principales es transmitir nuestras emociones.

Lo fascinante es que actualmente este curioso mecanismo parece seguir determinando mucho de cómo percibimos a los demás, pues aunque podamos fingir una expresión, no podemos controlar el color que nuestro flujo sanguíneo le da a nuestro rostro, algo que es perceptible y habla de cómo nos sentimos.

 

*Imagen principal:  Heitor Magno



¿Sabías que el rencor puede contribuir al desarrollo de cáncer?

Las emociones como miedo, tristeza y rencor pueden causar estragos en tu cuerpo si no las liberas

Existen muchos factores que influyen en el proceso necesario para que una enfermedad crónica se desarrolle. Incluso, esta puede gestarse entre unos 25 y 30 años antes de que se haga evidente, según Arturo Panduro Cerda, jefe del Servicio de Biología Molecular en Medicina del Hospital Civil Fray Antonio Alcalde, uno de los hospitales más importantes del occidente de México. 

Los ingredientes que intervienen en el desarrollo de una enfermedad crónica son muchos, como cuestiones genéticas, pero también algunas emociones que vamos dejando que se asienten en la vida diaria como el estrés, las depresiones e incluso el rencor que, según Panduro Cerda, ayudan por ejemplo a que se genere cáncer. 

No hay un gen del resentimiento, pero éste existe, como también el amor. En el desarrollo del cáncer pueden intervenir factores genéticos que se combinan con lo cualitativo como las emociones, entre otros factores. 

“Por ejemplo, en el cáncer de colon existe un gen asociado, y la persona que lo trae puede desarrollar poliposis adenomatosa familiar; el siguiente paso puede ser el cáncer de colon”, explicó Panduro para La Jornada.

Curiosamente, en otras enfermedades como la obesidad también puede influir la ausencia de genes ligados a la liberación de una hormona que avisa que el cuerpo ya se encuentra satisfecho. De esta manera, muchas personas que son obesas lo son porque su cuerpo carece de una especie de semáforo del que los demás sí disfrutan. 

Asimismo está comprobado que los genes interactúan con las emociones y las actitudes, y de esta manera la atmósfera del individuo también puede modificar su información genética. 

Según Lesbia Luzardo-Zschaeck, autora del libro Enfermedad emocional, existen tres emociones que enferman particularmente: el miedo, la rabia y la tristeza. 

Por su parte Julián Hernández, de la Universidad de California, dice que lo mejor que se puede hacer cuando enfrentamos sentimientos como los anteriores es liberarlos compartiéndolos con otros, y por lo tanto desahogarnos y expulsarlos. La meditación también es muy útil. 

No se trata de negar cualquier estímulo emocional difícil, pues la vida puede ser agridulce y esos sentimientos pueden incluso sacar cosas muy buenas de ti; de lo que se trata es de evitar que esos sentimientos se aniden en tu ser por mucho tiempo.



“La comida rápida atonta nuestras capacidades para disfrutar experiencias placenteras”: Universidad de Toronto

Estudios demostraron que la comida rápida afecta los niveles de paciencia, y por consiguiente, nuestra capacidad de disfrutar.

Desde hace aproximadamente una década, varios estudios han demostrado las consecuencias negativas de la comida rápida en el cuerpo humano. Esta oleada de datos científicos en pos a la salud física ha ido esparciéndose por el mundo: de boca en boca, en películas, en diversas revistas, etcétera. No obstante, pocas investigaciones se han hecho respecto a la influencia de la comida rápida en la salud emocional de los individuos.

La Universidad de Toronto se encargó de hacer investigaciones científicas de cómo la comida rápida afecta los niveles de paciencia, y por consiguiente, también nuestra habilidad de disfrutar el mundo de nuestro alrededor.

¿Qué se investigó?

Los investigadores, Julian House, Sanford DeVoe y Chen-Bo Zhong, realizaron tres experimentos, cuyos resultados fueron:

–       Cuando había cerca establecimientos de comida rápida, las personas tendían a responder menos emocionalmente a experiencias placenteras.

–       Al tener dos grupos de control, en donde uno veía fotografías de comida rápida y el otro la veía de manera directa, y luego ambos observaban imágenes de la naturaleza, se encontró que el último grupo se sentía menos feliz después de ver las imágenes.

–       Las personas que se encuentran en constante contacto directo con la comida rápida, disfrutan menos de la música clásica: la consideran tediosa y larga.

De acuerdo con los autores, estos estudios tenían el objetivo de examinar las diferentes reacciones de la urgencia, apoyando la hipótesis de que la comida rápida induce a una impaciencia aún más fuerte. Lo que no quiere decir que la comida chatarra reduzca la felicidad, sino que “atonta” nuestra habilidad de experimentar ciertos tipos de placeres, como el del degustación y el de escuchar música.

¿Qué quiere decir esto?

En la actualidad, estamos en un mundo cuyo ícono es el ahorro del tiempo a través de la inmediatez. Como lo menciona Ben Schiller, escritor de Co.Exist, incluso encontramos este efecto en la intromisión en nuestras vidas de la tecnología:“Los dispositivos para ahorrar el tiempo sólo aumentaron las expectativas de aquello que podemos lograr en 24 horas, convirtiéndonos en unos tontos neuróticos”. En consecuencia, al perder la noción real del tiempo, disminuyó nuestra capacidad emocional para disfrutar experiencias placenteras que requieren paciencia y tiempo.

Con base en la filosofía tántrica, el humano tiene una necesidad intrínseca de la experiencia emocional, la cual la obtiene a través de las sensaciones y entusiasmos, del placer y de los fracasos comunes en toda la experiencia humana. De manera tal que, aquellas pulsiones naturales (malestares físicos o emocionales) nos inducen a actuar para buscar cierto bienestar y mejores opciones; no obstante, esto lleva tiempo para poder realmente disfrutarlo.

En el Tantra, el ser humano tiene que utilizar conscientemente esa energía natural para trascender y disfrutar de la felicidad. Es decir, tomar en consideración que el cuerpo es un templo, por lo que debe tratarse como tal: con respeto, atención, amor y adoración. Esa relación requiere tiempo y esfuerzo, ya que es necesario regresar a sentirse consciente de las acciones más mínimas, ser curioso, encontrarse emocionado por la vida, estar en competencia con uno mismo, entre otras cosas. Así que, para concluir, recordemos la frase de José Narosky: “Hay enfermedades que quitan la vida. Aunque no maten”.