Existe una clásica idea que asocia la etapa universitaria con una especie de utopía juvenil: un momento de nuevas grandes experiencias, proyectos ambiciosos y libertad. Pero en años recientes se ha comprobado que la depresión y la ansiedad afloran en los espacios universitarios, afectando a miles de estudiantes.

Según diversas investigaciones, este problema es multidimensional. Existen variables, tanto individuales como sociales, que orillan a los jóvenes a un abismo de depresión y ansiedad que puede afectar a más del 10% de la población universitaria, como sucede en Colombia, o ascender hasta un sorprendente 17%, como en la Universidad Pontificia Bolivariana de dicho país. A esto se suma el altísimo índice de estudiantes de medicina (una carrera sumamente demandante) que padecen desgaste profesional en México: aproximadamente un 60%.

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Ilustración: Jenny Yu

En avances presentados sobre esta cuestión en el Anual Congress of British Psychological Society, se ha comprobado que esto lleva a la aceleración de una grave tendencia, el suicidio, sobre todo entre jóvenes en etapa escolar. La cifra se exacerba en aquellos jóvenes que sufren discriminación por su preferencia sexual, como se comprobó en los estudios realizados en la Universidad Pontificia Bolivariana, así como en otras investigaciones, donde se demostró que el estigma que pesa sobre la comunidad LGBTTI ha provocado reacciones negativas que derivan en una mayor tasa de suicidio en esta población.

 

Las variables individuales y sociales de esta problemática pueden ser:

  • Antecedentes familiares y personales de depresión
  • Dificultades académicas
  • Inestabilidad económica
  • Muerte de un ser querido
  • Separación de los padres
  • Sufrir discriminación

A ello hay que sumar los siguientes elementos:

Dependencia tecnológica

Es difícil saber qué es primero: si la dependencia o la depresión. Pero ambas se complementan, generando mayor estrés, irritabilidad y ansiedad. Esta dependencia a la tecnología, además, se exacerba por la adicción que pueden provocar tanto el Internet como los cambios químicos que genera el uso de gadgets. Se ha comprobado que, incluso, estas nuevas patologías tecnológicas están relacionadas con un menor consumo de drogas en algunos países.

 

Consumo de drogas

Más allá de todo prejuicio, lo cierto es que bajo condiciones de depresión, el consumo de cualquier estimulante puede ser peligroso. Algunos estudios han relacionado el cigarrillo con problemas de sueño, que incrementan la depresión y la ansiedad. Por supuesto, el alcohol también suele ser una droga “autorrecetada” para lidiar con la depresión.

Por su parte, otras investigaciones han hecho hincapié en el peligro de los fármacos como el Ritalin, usado normalmente para trastornos de déficit de atención, tanto en niños como jóvenes. Lo anterior constituye todavía una polémica, pues se dice que el Ritalin mal prescrito puede llevar a un posterior abuso de otras drogas. Es el caso del cantante Kurt Cobain, de la banda Nirvana: como fue documentado por su biógrafo, Charles Cross, es muy probable que el consumo precoz de Ritalin haya desbalanceado a Kobain y provocado, a la larga, una dependencia a las drogas. Además, es conocido que el déficit de atención suele ser la justificación para conductas que tienen otro origen en niños y jóvenes que no se quiere atender a mayor profundidad debido a la negligencia o al desconocimiento.

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Ilustración: Jenny Yu

Exceso de trabajo

Otro problema latente es el exceso de trabajo. En México, una encuesta del 2010 reveló que casi el 10% de los jóvenes tenía que estudiar y trabajar, mientras que la OCDE señala que, en España, dicha cifra se duplica.

Esto coloca a los jóvenes en situaciones complejas de trabajo desmedido, agotamiento y estrés, lo que los hace presa fácil de la depresión y la ansiedad.

Ante estos problemas, muchos expertos están buscando una solución. Por ejemplo, dar entrenamiento a psicólogos recién egresados para llevar los casos de depresión estudiantil, de manera gratuita, mediante programas de terapia. Así también, se ha propuesto establecer clínicas que funcionen todo el día y que puedan recibir tres pacientes cada hora.

Esto, con el trabajo conjunto de los profesores, padres y otros profesionales, puede hacer menos difícil para los jóvenes sortear la etapa universitaria, la cual, ciertamente, debería ser un momento idílico, repleto de experiencias gratificantes y aprendizaje.

 

*Dibujo principal: Jenny Yu