Una inyección podría bastar para curar el cáncer en un futuro cercano

Gracias a los avances en nanotecnología, se podría curar el cáncer antes de que siquiera se expanda.

Curar el cáncer ha sido, quizá, una de las causas que han convocado a más científicos en todo el mundo. Por una cura de esta mortífera enfermedad se ha trabajado desde que los casos de cáncer se hicieron cada vez más frecuentes en el siglo XIX y hasta ahora, cuando se ha convertido en la segunda causa de muerte a nivel mundial.

Si bien los avances han permitido aumentar la expectativa de vida de los pacientes con cáncer, curarlo se ha vuelto una apuesta que, lamentablemente, muchas veces se pierde. Por eso, el descubrimiento que hicieron algunos investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad Stanford podría ser el camino a seguir para los tratamientos contra el cáncer en el futuro cercano.

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Estos investigadores utilizaron dos agentes: una pieza de DNA de las células T (del sistema inmune) y un anticuerpo­: combinadas, estas sustancias alertan al sistema inmune sobre la presencia del cáncer. Se trata de una microdosis administrada por inyección que ya ha eliminado tumores en ratones, no sólo en una parte de su cuerpo, sino en todas aquellas donde se encuentran las células cancerígenas.

Contrario a la quimioterapia, cuyas sustancias están hechas para destruir las células cancerígenas, estos dos agentes estimulan al sistema inmune, de tal manera que éste puede combatir los primeros indicios de cáncer. Además puede hacerlo sin los terribles efectos secundarios de otras inmunoterapias, más agresivas con el sistema inmune y el organismo en general.

 

¿Por qué no se había hecho esto antes?

El cáncer es difícil de tratar y curar porque, aunque no es una enfermedad autoinmune, baja las defensas de manera radical, sobre todo en etapas más avanzadas. Por eso los científicos necesitaban formas de atajar el cáncer cuando los tumores son más pequeños. Este avance lo proporcionaron otros investigadores de la Universidad Rutgers el año pasado, al experimentar con nanopartículas que emiten luz para detectar células cancerígenas microscópicas.

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De esta manera es como se pueden hacer tratamientos menos agresivos: haciendo al cuerpo capaz de defenderse, en lugar de que éste dependa sólo de factores externos para luchar contra el cáncer.

La inyección de estos dos agentes ya se está poniendo a prueba en pacientes con linfoma, pues al ser ésta una enfermedad del sistema inmune, el tratamiento por inyección podría demostrar ser aún más eficiente. Además, de aprobarse esta terapia, también podría usarse después de extirpar tumores quirúrgicamente, para que las células cancerígenas no se vuelvan a regenerar.

¿Estaremos en la antesala de una verdadera cura contra el cáncer? Esperemos que sí, pues los peores pronósticos auguran que esta enfermedad podría ser la primera causa de muerte a lo largo del siglo XXI. Por mientras, no está de más adoptar algunos hábitos para evitar a toda costa desarrollar cáncer, pues la mejor cura es la prevención.

 

*Imágenes: 1) iStock 2) Instituto Brasileiro para Segurança do Paciente



La atención es nuestro puente con el mundo

La economía de la atención gana millones robando nuestra atención, pero, ¿cómo podemos recuperarla para alcanzar nuestros objetivos?

Nuestras capacidades cognitivas son nuestro puente con el mundo. Son aquella habilidad que nos permite conocerlo, pero también inteligirlo, memorizarlo y nombrarlo. Más aún: son un aspecto esencial de la conciencia humana.

¿Qué tan importantes no serán estas capacidades, que en la actualidad son explotadas por otros?

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La información se ha vuelto una mercancía. Y para poder competir, las grandes industrias de todo tipo –pero sobre todo las industrias techtienen que lograr captar nuestra atención, vendiéndonos cierto tipo de información. Lo único que quieren es que demos click y que nos quedemos viendo un video por más de tres segundos. O en el caso de la publicidad, nos siguen bombardeando con mensajes irrisorios y cacofonías estridentes.

Cada dos días es generada más información de lo que se generó en toda la historia de la humanidad antes de 2003

Lo malo –para las industrias y para nosotros– es que hemos entrado en un circulo vicioso. Mientras más atención nos exigen, menos atención somos capaces de prestar. La demanda por atención nos aletarga, y por eso hoy son usadas insólitas formas para explotar nuestras capacidades cognitivas. Para ello se utilizan todo tipo de recursos: psicológicos, neurológicos, de programación y de diseño.

¿A que grado se está viendo comprometida nuestra atención?

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Tenemos distintas formas de prestar atención. Estas se producen en los dos hemisferios del cerebro: en el hemisferio izquierdo está la atención más analítica, mientras que en el derecho está una atención más enfocada a la exploración sensorial. Estas capacidades se complementan: el hemisferio izquierdo es el que le da una representación a la totalidad captada por el hemisferio derecho.

De alguna manera, la atención del hemisferio derecho, que es la más libre, la que no se “engancha”, sino que se mantiene al tanto de todo, es aquella que se está viendo más comprometida debido a la economía de la atención. Porque la atención que reclama el Internet, las redes sociales y los servicios de entretenimiento, es una atención inmediatista, de gratificaciones al instante. Apaga nuestra modalidad de exploración y nos engancha a una sola cosa: a las pantallas.

¿A qué quieres prestar atención?

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Pero la atención en realidad es una experiencia, no sólo un recurso. Y es una capacidad que nos permite encontrar nuestros intereses y llevar a cabo nuestros propios objetivos. Por eso es urgente que dejemos las pantallas y volvamos a explorar al mundo y a nosotros mismos con él. Quizá la pregunta más pertinente sea: a qué queremos prestarle atención… ¿Lo habías pensado?

Si quieres dejar de ser explotado por la economía de la atención, ya existen algunas propuestas, como el minimalismo digital, que sirven como modelos para tener una vida menos tecnológica y más orgánica. A esto se suman prácticas que podemos adoptar, como la meditación mindfulness, el hacer de la comida un ritual de principio a fin –y dejar de comer frente a las pantallas comida rápida–, o incluso prácticas sin una finalidad aparente, como salir a dar una caminata.

Así podremos conquistar nuevamente nuestra atención consciente y enfocarla en lo que verdaderamente importa.

Imágenes: Piero Fornasetti



Resiliencia molecular: el cuerpo humano tiene un mecanismo que destruye el cáncer (Mira)

Este mecanismo podría innovar los tratamientos contra esta enfermedad. Pero, ¿cómo se activa?

El cuerpo es un microcosmos apabullante. En él ocurren millones de procesos en tan sólo 1 minuto. No obstante, es difícil percatarnos de cuán resiliente es nuestro organismo –algo que, por cierto, nos recuerda nuestra naturaleza–. Pero realmente lo es a grados increíbles.

Podría ser que nuestro organismo sea todavía más resiliente de lo que pensamos.

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Tanto así, que (al borde de lo increíble) es posible que aloje la cura del cáncer.

Así lo cree un equipo de científicos de la Universidad del Noroeste que ha pasado 8 años estudiando el genoma humano y sus moléculas reguladoras. Según sus investigaciones, el cuerpo tiene un mecanismo muy específico que activa la autodestrucción de las células cancerosas.

Se trata de un mecanismo desatado por las moléculas del ARN (ácido ribonucleico), cuya función es evitar la proliferación de células malignas. Se cree que estos mismos organismos multicelulares podrían haber evitado que el ser humano tuviese cáncer “antes del desarrollo del sistema inmunológico”, según dijo Marcus Peter, encargado del estudio, en un comunicado.

Y probablemente este es también el mismo mecanismo que ayudó a contrarrestar el cáncer durante siglos, antes de que el estilo de vida contemporáneo nos hiciera tan proclives a él y se esparciera, en consecuencia, de manera masiva.

 

Pero, ¿qué activa el mecanismo autodestructor del cáncer?

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Este mecanismo es lo que Peter y su equipo llamaron DISE (por sus siglas en inglés). Es un ciclo de muerte celular presente en las moléculas ARN el cual, al parecer, es desencadenado por eventos muy específicos que por ahora siguen siendo un misterio. Por eso, los científicos están estudiando las secuencias de nucleótidos de las moléculas de ARN, para así saber cómo se activa en ellas el mecanismo de autodesturcción de las células cancerígenas. Hasta ahora, se sabe que las secuencias asociadas al mecanismo DISE están presentes en un extremo de muchas cadenas de ARN encargadas de suprimir los tumores.

Y a raíz del último estudio realizado por el equipo, se sabe que nuestras células cortan una cadena de ARN más grande, la cual codifica una proteína del ciclo de muerte celular llamada CD95L, en múltiples moléculas. A esto le llamaron “el código de eliminación”, el cual podría ser activado sin quimioterapia.

Pero quizá no sea tan difícil saber qué activa el mecanismo DISE como por qué no siempre se activa…

Es probable que el mecanismo no se active siempre por una razón de supervivencia, por lo cual este equipo de científicos aún tiene mucho que investigar sobre la resiliencia molecular. La cuestión está en acumular suficiente conocimiento e información sobre estos mecanismos como para poder simularlos –o estimularlos en nuestras moléculas– sin alterar el genoma, lo que supondría una innovación integral en los tratamientos contra el cáncer.

Según dijo Peter en un comunicado el mes pasado:

Ahora que conocemos el código de eliminación, podemos activar el mecanismo sin tener que usar quimioterapia y sin alterar el genoma.

Esto permitiría combatir de manera mucho más eficaz el cáncer, una enfermedad tenaz que tiene la capacidad de cambiar su localización en el cuerpo y contra la cual se deben encontrar tratamientos que no luchen sólo contra un gen a la vez. De esta forma se podrían combatir tipos de cáncer tan celularmente diversos como el pancreático, pulmonar, cerebral y ovárico, lo que es una gran noticia.