Minimalista instalación kinética nos muestra los efectos de la industrialización en la actualidad

La instalación kinética The CarbonScape, aborda los efectos de la industrialización y los combustibles fósiles desde el ocular del arte contemporáneo.

Un paisaje sonoro a partir de las emisiones de dióxido de carbono. La instalación kinética de Chris Cheung reproduce los sonidos que hacen los engranes de un jet, el vapor, las chimeneas y otros ductos que liberan CO2. Al reproducir un bosque de bambú con tubos transparentes y esferas de carbón que emiten sonido, el artista logra un espacio inmersivo para que el espectador escuche los efectos del uso de combustible fósil y la industrialización que están saturando el mundo actual.

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  • ¿Qué es una instalación kinética?

El arte kinético (o cinético, como se maneja más en castellano) es una corriente que arrancó con los movimientos de vanguardia y que en los años 60 y 70 se retomó para reproducir la impresión de movimiento en pinturas y esculturas. Con la tecnología actual, el arte contemporáneo ha retomado dicha corriente, sirviéndose ahora de soportes o medios digitales. La mayoría de las obras cinéticas son tridimensionales, se despegan del plano bidimensional, por lo que sin duda se trata de exposiciones que prometen compartir experiencias alucinantes. 

 

Con el título de The CarbonScape el artista chino aborda los efectos de la industrialización y la emisión de contaminantes. A la manera de un bosque de bambú simulado con tubos transparentes y esferas de carbón que suben y bajan, Cheung reproduce 18 piezas con ruidos capturados y convertidos en un paisaje sonoro.

La pieza CarbonScape utilizó datos de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), quienes registraron que en el 2017 se alcanzaron los niveles más altos de concentración de dióxido de carbono en los últimos 3 millones de años.

Este trabajo reúne ingredientes de un arte de vanguardia, pero con una visión crítica. Se echa mano de la tecnología y datos duros para lograr un espacio de estética minimalista que toca al espectador a través de los sentidos.

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La naturaleza y sus cicatrices de guerra (📷✨)

Pasado y presente se funden en estas imágenes del fotógrafo Jonathan Beamish.

Algunos parajes de esta Tierra están repletos de fantasmas. Estos espectros se manifiestan en las cicatrices que las guerras han dejado plasmadas en la naturaleza. Algunas marcas son prácticamente invisibles a la vista humana, pero no a la luz infrarroja. Jonathan Beamish utiliza esta técnica para fotografiar los rastros de la primera guerra mundial en los mayores campos de batalla. 

En las fotografías, la belleza de los paisajes franceses y belgas cobra un matiz lúgubre. A través de la oscura luz, las fisuras del conflicto se aprecian todavía en varios sitios después de 200 años. Dice Beamish: 

La fotografía infrarroja siempre me ha interesado, pues te permite ir más allá de la visión común, apreciar colores normalmente invisibles, e incluso te da la habilidad de ver en la oscuridad.

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¿Por qué asomarse a este vacío? ¿Para qué ver a los ojos las heridas de la guerra? 

Hay algo de sanación en estos paisajes arrasados, un poco de la tranquilidad que llega únicamente tras enfrentarse a los recuerdos más dolorosos. Los tonos grises, cruzados de súbito por trazos de rojo profundo, traen los eventos del pasado al presente de forma vívida. 

Pasado y presente se funden en estas imágenes. Los miles de soldados heridos, los caídos y las aldeas derruidas queman su huella para siempre en la historia. Por encima de todo, la naturaleza queda invicta: su resiliencia trasciende todos los conflictos. 

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Esculturas de niebla en parques y bosques (Fotos)

¿Hay algo más hermoso que cuerpos de niebla acariciándose con árboles y espejos de agua?

Algo tiene la niebla que a pesar de ser en esencia inasible, también es profundamente corpórea. Su corporalidad, aunque elusiva, tiene una presencia contundente. Tal vez por eso es que Fujiko Nakaya recurre a la niebla como materia prima para sus esculturas.

Llama la atención que la artista japonesa presente sus piezas como esculturas, y no como performance o algún formato de arte efímero. Pero Nakaya lleva décadas esculpiendo los flujos de niebla y su obra surge, en parte, en respuesta al materialismo occidental que predomina en la noción de escultura; por eso aborda la materia desde una perspectiva más pasajera, menos franca (como quizá es, en realidad, el ADN de nuestro universo y nuestras respectivas realidades).

Existe el concepto occidental de sólido y eterno, pero en el pensamiento budista la naturaleza siempre te responde de acuerdo a sus reglas.   

Con el nombre de Fog x FLO: Fujiko Nakaya on the Emerald Necklace, esta serie interviene cinco parques en Boston con “esculturas de niebla”. Para “enneblinar” estos escenarios, la artista sitúa inyectores en árboles, piedras y otros elementos naturales, los cuales están programados para emitir vapor de agua cada hora. Así, los cuerpos neblinosos desfilan a través del espacio –con dirección y espesor planeados– de manera coreográfica. La repetición permanente de sus flujos hace que, aunque dinámicos, adquieran una presencia casi material.

¿Hay algo más hermoso que cuerpos de niebla acariciándose con árboles y espejos de agua? (la respuesta no importa).