3 películas que se estrenarán en 2018 y prometen enriquecer la mente colectiva

Entre las grandes producciones de 2018 también podemos encontrar películas que pueden aportar algo interesante al imaginario.

Durante sus poco más de cien años de historia, el cine ha probado, y de forma tajante, tener un enorme potencial para incidir en el imaginario. Lo anterior, sobra decir, tanto para bien como para mal: por un lado ha sido una herramienta de denuncia, de conciencia y educación; mientras que, del otro lado, también ha demostrado su capacidad para fabricar estereotipos y alimentar el letargo de grandes sectores de la población.  

Por fortuna, la primera de las facetas de este arte se mantiene boyante, gracias al talento de incontables involucrados en la producción de películas que sacuden, para bien, nuestras conciencias. Y al afirmar lo anterior no solo nos referimos a películas de cine de arte, experimental o altercultural. También de grandes producciones podemos extraer perlas de sensatez y, con un poco de suerte y voluntad de nuestro lado, sabiduría. 

Dentro del masivo menú fílmico que se vislumbra este año, incluso sin adentrarnos en sus rincones más discretos y refinados, hemos detectado tres que sin duda sembrarán algo interesante en la mente colectiva –y a continuación te las compartimos–.

You Were Never Really Here  (En realidad, nunca estuviste aquí)

El hecho de que esta película esté dirigida por Lynn Ramsay, la escocesa que en 2012 se encargó de confrontarnos con We Need to Talk about Kevin, basta para postularla como una obra prometedora. Pero además, Ramsay ahora se adentra en los círculos de tráfico sexual, un fenómeno presente en todo el mundo y que, si queremos evolucionar como sociedades, inevitablemente tendremos que combatir, y diluir, cuanto antes. 

Isle of Dogs

Con la participación de gente como Edward Norton, Tilda Swinton y Bill Murray, esta nueva obra animada de Wes Anderson juega con el exilio colectivo, en un futuro no muy distante, de una enorme población de perros. Un reflexivo tributo a esta especie que, por cierto, ha acompañado al ser humano desde hace más de 8 mil años. 

Black Panther  

En su momento, a mediados de los 60’s, Black panther irrumpió como el primer cómic mainstream protagonizado por un superhéroe de color. Ahora, Ryan Coogler lo lleva a la pantalla y de paso nos recuerda lo anacrónico que resulta imaginar, siempre, a un superhéroe caucásico. Además, es una buena oportunidad para recordar, y celebrar, el poderoso movimiento de disidencia de las “panteras negras”,  



Por qué todos deberíamos celebrar que Guillermo del Toro y la fantasía hayan triunfado

El Oscar a la mejor película de este año reconoce la genialidad de Guillermo del Toro y, también, el valor de la fantasía en nuestros tiempos.

Si no hubiésemos jugado con la fantasía, jamás habría nacido una obra creativa.

La deuda que tenemos con la imaginación es incalculable.

Carl G. Jung

La película La forma del agua (The Shape of Water, 2017), del mexicano Guillermo del Toro, fue la gran triunfadora en los recientes Premios de la Academia. Pero más allá de la película en sí, o de su genial autor, este triunfo es también, y quizá antes que del resto, para el reino de la fantasía. Esto es algo que todos debiéramos agradecer.  

La fantasía también conduce a la verdad. Muchas veces no la tomamos como debe ser. Ahora en esta ceremonia es muy bello para mí. Una de las cosas más ricas es la fabulación y la posibilidad de soñar mundos, fábulas, parábolas para momentos difíciles.

Le quiero decir a todos quienes están soñando en la parábola de utilizar la fantasía para contar historias sobre la realidad del mundo actual, que pueden lograrlo; esto (su premio) es una puerta, crúcenla y entren.  

En su ensayo “On Fairy-Stories”, J. R. R. Tolkien propone al ejercicio de la fantasía como el máximo arte: “La fantasía es, creo, no una forma baja de arte sino una más alta, de hecho la forma más pura posible, y por lo tanto (cuando se logra) la más potente”.

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¿Por qué debemos celebrar un triunfo de la fantasía?

En una realidad dominada por algoritmos, selfies y la simulación de conocimiento, la fantasía emerge como un absoluto bálsamo. Ya diversas voces se han alzado para abogar por una “reencantamiento” de la realidad, es decir, recuperar literalmente el encanto en nuestras vidas y en nuestra forma de relacionarnos con el mundo, tarea en la cual la fantasía se presenta como inmejorable herramienta.

Lo anterior podría implicar incontables beneficios, desde a nivel neuronal, para ayudarnos a hackear los malestares mentales de la época –por ejemplo el estrés o la ansiedad–, hasta favorecer una reconexión con la naturaleza, con sus fuerzas y recursos, los cuales, por cierto, alguna fueron sagrados.

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La fantasía, tal vez paradójicamente, nos permite intimar con la realidad: entablar lazos empáticos, incluso amorosos, con ella. La relación con un espacio o un objeto (digamos, un árbol) con los que hemos fantaseado –es decir, llevado a posibilidades que rebasan sus roles establecidos por medio de un ingrediente narrativo– se vuelve mucho más entrañable que con aquellos que simplemente registramos de acuerdo a los cánones de la realidad tradicional.

Fantasear no sólo nos conmina a explorar los límites de una realidad convenida sino a jugar con ellos y, con un poco de suerte, a expandirlos. Si consideramos que como especie estamos frente a retos monumentales –incluida nuestra supervivencia– parece justificado afirmar que cualquier vehículo que encause nuestra creatividad, así como la búsqueda de respuestas inéditas a interrogantes milenarias, es hoy más importante que nunca.

 

Buen momento para practicarla…

Hoy la fantasía está, con Guillermo del Toro como embajador, de fiesta. Ojalá que este reconocimiento hollywoodense no sea más que el comienzo de un proceso de su revaloración entre nosotros; hasta se antojaría pensar en ella como una suerte de obligación cívica. En todo caso, ¿qué mejor forma de revalorar la fantasía que practicándola? 



La región salvaje (tu búsqueda de placer es un crudo espejo)

Esta película de Amat Escalante es perfecta para observar nuestra propia oscuridad (y aceptar que quizá tiene algo seductor).

¿Sabías que nuestra búsqueda de placer define, en lo individual y en lo colectivo, buena parte de nuestras vidas? Y no se trata de moral o perversión, sino de un duelo entre naturaleza y cultura, entre caos y norma, incluso, entre ficción y realidad.

Pero ¿qué es el placer? ¿qué es la moral? ¿cómo nos definen y penetran estas fuerzas? Estas son algunas de las preguntas que desfilan en La región salvaje, cinta con la que el director mexicano Amat Escalante nos confronta esta vez.    

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En los alrededores de la ciudad de Guanajuato, cerca de sus apretados callejones, hay un misterioso bosque. Ahí, en algún punto, encontramos una cabaña donde se hospeda una criatura que presume un cuerpo tentacular capaz de proveer placer sexual desbordado a quien se deja abrazar por él.

Primero pensarás que estás alucinando, sentirás que tu cuerpo y mente se desconectan por un momento, vas a perder la voluntad y la razón quizás…

Paralelamente somos testigos de un triángulo amoroso que involucra a una familia típica de la provincia mexicana. Las convenciones ceden ante el deseo de un joven marido que sostiene un affaire con su cuñado, mientras vemos como las normas sociales, insostenibles por naturaleza, son derruidas frente a la pulsión sexual –que entre más se reprime adquiere tintes más salvajes–.       

En La región salvaje, la presencia de este extraterrestre ultra sexual se convierte en un vehículo de exploración de la naturaleza humana y el andamiaje cultural. En este recorrido nos encontramos con la doble moral, el machismo y la represión, en un marco narrativo que recuerda, en distintas medidas, desde el shunga japonés y el terror psicológico de Lovecraft, hasta el realismo mágico y, evidentemente, a Posesión (1981) –la obra maestra del polaco Andrzej Zulawski–.   

Estamos ante una película originalmente castigada por la propia moral enfermiza que evidencia –lo cual retrasó su estreno en México –, y que podría representar el máximo halago a esta cinta. Es un valioso lance del cine mexicano por navegar aguas que circundan la crítica sociocultural, la exploración de lo onírico y la acepción monstruosa del placer.

Pero, si una criatura monstruosa te ofreciera placer infinito ¿te entregarías a ella? Vale la pena responder a esta pregunta…