Diez libros que cambiarán tu relación con la naturaleza

Esta lista de libros te hará replantearte la forma en la que hoy concibes la naturaleza.

Pensamos que la Tierra era plana y que el Sol giraba a su alrededor. Estamos en pleno siglo XXI y hay quien se resiste a aceptar que somos primos hermanos de los monos. Sabemos qué es un agujero negro pero aún no sabemos cómo enfrentar la crisis alimentaria en ciernes.

A lo largo de la historia, la ciencia y la literatura han no sólo explicado sino moldeado nuestra relación con la naturaleza. Hay poetas y novelistas que se adelantaron intuitivamente a hechos sobre la geología, las ciencias marinas, la astronomía o la evolución que después confirmó la ciencia.

Sin la divulgación científica con una visión inclusiva, erudita y crítica, como se la planteó Carl Sagan, la democratización de la información y el conocimiento no se habría extendido como ha ocurrido en esta era global y tecnologizada.

Nos propusimos seleccionar diez libros fundamentales para la humanidad y su relación con la naturaleza, y encontramos un arsenal de lecturas fascinantes de autores clásicos y títulos actuales. Mira nuestra lista:

 

De rerum natura, de Lucrecio

Sobre la naturaleza de las cosas es un largo, apabullante y maravilloso poema latino que se adelantó al descubrimiento del átomo y las moléculas, a nociones sobre el vacío y planteamientos para explicar el mundo y la condición humana sin el influjo de dioses o fuerzas sobrenaturales.

 

Diarios, de Cristóbal Colón

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Explorador autodidacta que antepuso a múltiples obstáculos su sueño. Antecedido por Marco Polo y otros navegantes, Cristóbal Colón llenó bitácoras de sus viajes en una época en que se creía que la tierra era plana y estaba sostenida por tortugas. Sin importar de qué lo tacharan, Colón abrió la antesala para el Renacimiento. Cuando en vez de llegar a la India de topó con América, la visión del mundo y del Otro se transformaron para siempre.

 

Ensayos, de Michel de Montaigne

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Este autor francés nos enseñó a ver la naturaleza de otro modo, y usó el lenguaje y su mirada reflexiva para asentar el género ensayístico. Los ensayos son una forma de escritura autorreflexiva que se aleja del comentario moral o la teoría filosófica y parte de la experiencia directa para discurrir sobre aquello que se observa.

 

El origen de las especies, de Charles Darwin

Diez libros que cambiarán tu relación con la naturaleza

Tras su viaje a las islas Galápagos y los estudios ahí realizados, Darwin publicó su teoría de la evolución el 24 de noviembre de 1859. Principios como el gradualismo, fueron conceptos nuevos que sustentaron la idea de que las especies evolucionan durante generaciones mediante el proceso conocido como selección natural.

 

Walden, de Henry David Thoreau

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Este escritor y naturalista se fue a vivir en medio del bosque, donde construyó una cabaña con sus propias manos. Derivado de sus diarios, este libro se publicó en 1854. Paso a paso, se nos plantea aquí una ética para relacionarnos con la naturaleza de forma consciente y armoniosa.

 

Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell

Diez libros que cambiarán tu relación con la naturaleza

Conservacionista y zoólogo británico que mezcló géneros como la autobiografía, el ensayo y los relatos humorísticos para hablar de animales salvajes o de palomas londinenses. Fue un reformador de los zoológicos como espacio para el estudio, protección y preservación de animales en riesgo.

 

Cosmos, de Carl Sagan

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Tanto la serie televisiva, vista hasta ahora por al menos 400 millones de espectadores, como el libro bajo el mismo título, fincaron un hito en la divulgación científica. Sagan se propuso difundir el pensamiento escéptico científico, la astronomía, cosmología y lo más relevante de la exploración espacial durante el siglo XX.

 

Gorilas en la niebla, de Dian Fossey

Tras 22 años de estudiar a los gorilas Fossey publicó en 1983 un libro excepcional, porque ningún ser humano había vivido en medio de los gorilas de Ruanda. Esta zoóloga luchó por proteger a estos animales de la caza. La científica fue asesinada en su cabaña en 1985, se cree que a manos de uno de los cazadores furtivos.

 

The World without Us, de Alan Weisman

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Tan sólo unos días después de que la presencia humana fuera erradicada de la Tierra, en poco tiempo, la naturaleza acabaría con todo vestigio humano, las aguas del Atlántico rebasarían Manhattan, y las ciudades se convertirían en verdaderas selvas. ¡Imagina el planeta sin nosotros!

 

La sexta extinción, de Elizabeth Kolbert

Diez libros que cambiarán tu relación con la naturaleza

Texto fundamental para replantearnos nuestra relación con la naturaleza. La autora, ganadora del Premio Pulitzer, expone cómo el ser humano puede ser más letal que el asteroide que impactó el planeta y acabó con los dinosaurios. ¡Descubre por qué!



Henry Beston y las maravillas de la oscuridad (una reivindicación necesaria de la naturaleza)

El lúcido Beston nos comparte algunos bellos fragmentos sobre encontrar la belleza ahí, en esa oscuridad donde sentimos miedo.

Henry Beston es, junto con Henry David Thoreau, la prosa más preciosa de la literatura norteamericana dedicada a explorar los límites de la naturaleza y el espíritu del hombre.

Beston fue periodista y apasionado naturalista. Nos dejó, de manera en realidad circunstancial, ideas que por sí mismas podrían constituir todo un manifiesto reivindicativo de la naturaleza. No sólo de sus más bellos aspectos, sino de algunos ciertamente insospechados.

La prosa de Beston es intuitiva (como la de los grandes filósofos). Su gran reflexión nació quizás de ver las estrellas, o los pájaros, o la bahía de la recóndita playa en la que vivió por varios años. Y sin embargo, sus ideas son potentes precisamente por esa sencillez con la cual las expresa. Su obra en torno a las experinencias naturales nos llama a reconectarnos con lo más primitivo de nosotros mismos: pureza y salvajismo se intercalan en los aforismos que acuñó, y que surgieron de esos momentos de aislamiento en la naturaleza que le dieron tal lucidez.

En breve, reproducimos algunas frases de diversas obras que pueden ser una buena primera introducción a este escritor:

La primera es un extracto perteneciente a uno de sus primeros libros dedicados a la naturaleza, The Outermost House, escrito en 1923 cuando Beston se retiró a la playa que tanto le producía fascinación. Constituye quizás uno de los más bellos significados de lo que es la noche y su oscuridad; una reflexión para la posteridad:

Nuestra fantástica civilización ha perdido el tacto con la naturaleza, y con ninguna otra cosa más que con la noche. Nuestros antepasados, agazapados en una cueva alrededor del fuego, no temían a la noche; le temían, en cambio, a las energías y criaturas a las cuales la noche les da poder; nosotros, de la época de las máquinas, habiéndonos hecho de enemigos nocturnos, ahora sentimos repulsión por la oscuridad. Con luces y más luces, nosotros conducimos el vacío y la belleza de la noche de vuelta a los bosques y el mar; las pequeñas villas, los caminos incluso, no tienen un ápice de ella. ¿Le temen los modernos, quizá, a la noche? ¿Le temen a la vasta serenidad, el misterio del espacio infinito, la austeridad de las estrellas? […] la civilización actual está llena de gente que no tiene la más ligera noción del carácter (o de la poesía) de la noche; que nunca han visto la noche. […] conocer sólo la noche artificial, es tan absurdo y malvado como sólo conoces el día artificial.

El siguiente extracto corresponde a uno de sus libros que recuerda mucho a la imaginación de Thoreau, Northern Farm, el cual escribe bajo la misma premisa de la “experiencia de un año”, como en la obra de Walden. Además, Northern Farm fue escrito cuando más importante era reivindicar la esencia natural del hombre, la llamada “época dorada” del capitalismo y el consumismo desenfrenado de occidente:

Quizás pedir demasiado sea un error incluso más peligroso de lo que pensamos, una suerte de fuerte veneno para el espíritu humano. Nuestro mundo haría bien por un tiempo si meditara sobre la serenidad y la felicidad intrínsecas a nuestras limitaciones humanas y terrenales.

Pero también en la obra de Henry Beston hay propuestas (y muy valiosas): por ejemplo, ver en la granja y el trabajo agrícola una forma de recuperar aquella esencia que hemos perdido, algo sobre lo que reflexiona en Northern Farm:

Una vieja granja es siempre más que la gente bajo su techo. Es el pasado como es el presente, y generaciones ya desaparecidas que lo han construido, y dejaron ahí sus huellas en la deteriorada madera de las escaleras.

Con estas breves frases, Henry Beston invita a recluirnos por un tiempo en esa temida oscuridad y soledad de la naturaleza, para reflexionar sobre esas limitaciones, que nos son propias y que a veces no aceptamos. También, por supuesto, nos invita a idear formas de alejarnos de la tiranía tecnológica, como muchos ya lo han hecho (y muchas también), y tenazmente han descubierto grandes alternativas. Dichos caminos de posibilidades se encuentran allá afuera, en la oscuridad: esperando a que nos atrevamos a recorrerlos sin lámparas ni baterías.



Sans Nom: un pálido recuerdo de la inmensidad

La serie fotográfica de Jean de Pomereu nos muestra cómo la naturaleza, a través de sus símbolos y formas, despierta la sabiduría más esencial: los recuerdos de lo infinito.

En algún momento entre la una y las cuatro de la mañana, cuando no hay viento y el ambiente se llena de una ligera neblina, los espacios captados por Jean de Pomereu en una región cercana a la Bahía Pridz (al este de la Antártida) son un oxímoron hecho paisaje. Es el retrato  de un espacio perfecto y nítido –un lugar que transmite un imponente sentido de pureza–, y a la vez, un lugar aterradoramente vacío, salvaje, inhóspito, un paisaje casi oscuro, a pesar de su blancura.

Jean de Pomereu estudió artes y conoció la Antártida en el 2003. Desde entonces ha vuelto en diferentes expediciones artísticas y científicas. Avalado por el Scott Polar Research Institute, ha trabajado en diversos proyectos editoriales sobre las primeras fotografías tomadas en este continente –que según historiadores fue descubierto por marineros europeos, a finales del siglo XVI, y que hasta hoy es el único que no se ha transformado en un país. 

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La serie Sans Nom, documenta un paisaje casi imaginario, innombrable, donde los contornos que separan a los icebergs del cielo se diluyen. El silencio que reina en el lugar se puede, paradójicamente, escuchar a través de las imágenes. Los icebergs son también monumentos al tiempo, cuerpos en constante transformación, derritiéndose lenta e irreversiblemente, para luego reintegrarse a los mares del sur.

En una segunda vista, estas estructuras podrían remitirnos a las ruinas de una civilización antigua, elegante. Los paisajes de Pomereu nos recuerdan eso que los románticos ingleses advirtieron en sus poemas: la naturaleza es una ventana al infinito y a la sabiduría más profunda, disponible para todos en la inmensidad del cielo, del mar o en la pequeñez de una roca o una flor. Según las palabras del artista, su fijación con la Antártida responde a: “…su capacidad de atraernos, un paso a la vez, hacia lo esencial.”

Y es verdad, a través de los vastos bloques de hielo, de su blancura e imponencia, el ojo humano se enfrenta con aquello que jamás podrá nombrarse. 

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