Sobre el ritual de las caminatas anuales (o cómo obtener beneficios de este acto natural)

Existen prácticas antiguas que podemos resignificar y reapropiarnos; es el caso del ritual de la camina anual que pervivía en la Edad Media.

Caminar es una de las prácticas más reconocidas por escritores, artistas, famosos empresarios y demás personas creativas. Es una acción que realizamos cotidianamente, casi de manera inconsciente. Pero, el hecho de que se dé un cierto tiempo del día para realizarlo, casi como un hobbie, puede detonar en la persona beneficios inimaginables.  

Para el ritual llamado “Year Walking”, o caminata anual, en Suecia, el acto de caminar puede traer incluso dones de clarividencia para el caminante.

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Esta antigua práctica sueca, era conocida también como årsgång y fue practicada durante la Edad Media. Según algunos estudios, la caminata anual se realizaba en el solsticio de invierno, un día que evoca un misticismo incontrovertible para todas las culturas del mundo. La caminata debía darse exactamente a las 12 de la noche. Previamente, se hacía una meditación diurna en una habitación en total silencio y lo más oscura posible, sin comer, ni dormir. Luego, durante la caminata, se daban tres vueltas a la iglesia más cercana, en dirección opuesta a las manecillas del reloj. Después se regresaba a la iglesia o se iba al panteón para “recuperar la fe”.

De esta manera, a los practicantes se les abrían las puertas del mundo espiritual. Aunque también podía devenir en terribles visiones de seres extraños, según han demostrado los actuales estudios folklóricos sobre el paganismo sueco. Porque la caminata anual también era una especie de trance; un rito que bien podría adecuarse a algunas prácticas actuales en beneficio de nuestra mente y cuerpo.

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La caminata anual puede resignificarse y reproducirse de manera innovadora. Podemos resistirnos a creer que una caminata nos hará clarividentes; pero lo que ha sido comprobado por la ciencia —y por las mentes más brillantes de los últimos siglos— es que caminar es benéfico para infinitud de cuestiones. Una caminata puede ayudarnos a tratar la ansiedad y la depresión, y si es un paseo por parajes naturales nos ayuda a reconectarnos con la naturaleza y prevenir —con la ecoterapia— el llamado “déficit de naturaleza”, una condición no reconocida oficialmente, pero que afecta realmente a los habitantes de las urbes.

Si traemos a la cotidianidad prácticas como la caminata anual de manera novedosa podemos complementar las terapias actuales de mindfulness, o la mencionada ecoterapia. Son ocasiones ideales para alejarnos de la tecnología —que incluso modifica la química de nuestro cerebro—, y de echar un vistazo introspectivo a nuestro interior. 

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Como sea, la cuestión está en salir a caminar de verdad, y si es posible experimentar sobre las posibilidades que esta simple acción puede tener, sobre todo al hacerlo en la naturaleza, ya que, como alguna vez sugirió Albert Camus, caminar puede refrendar la amistad: “No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo.”

*Imágenes: 1, 2 y 3) Alison Scarpulla; 4) pxhere

 

*También en Ecoosfera: ¿Por qué caminar te hace más inteligente?



¿No estás de acuerdo? Demuéstralo con buenos argumentos

Hay 7 maneras de argumentar tus ideas, aprende a usarlas y luce tu retórica.

La retórica es un arma de doble filo. Sin duda es necesaria en toda posición que sostengamos hacia una cuestión dada: desde una afirmación política hasta las diferentes perspectivas que cada quien tenga sobre un problema tan polarizado como, por ejemplo, las corridas de toros. Pero es que saber argumentar, teniendio un debate sin polarizarlo, es algo crucial que debemos aprender a hacer, y que incluso nos puede ayudar a evolucionar sociedad.

Por eso, saber argumentar sin caer en trampas es importante. A no ser que se aspire a ser como los sofistas griegos, quienes según Aristóteles usaban argumentos que parecían válidos pero que no lo eran. Pero si no es el caso, y queremos poder argumentar sin causar disputas innecesarias, ¿qué debemos saber?

saber-argumentar-como-refutar-discusion-debate

Paul Graham, un programador de computadoras y doctor en Harvard, que es también una de las mente detrás de la incubadora digital Y Combinator –creadora de Dropbox, Airbnb, Reddit y muchos otros servicios–, tiene algunos hakcs para argumentar correctamente. No por nada ha sido apodado como el “filósofo hacker”.

Graham escribió en 2008 un ensayo llamado How to disagree, “Cómo estar desacuerdo”,
el cual es una excelente herramienta para saber argumentar.

La principal inquietud de Graham era la manera como internet ha posibilitado el debate a nivel mundial entre todo tipo de personas. El problema es que la tendencia, en todo tipo de redes sociales, es la de no estar de acuerdo con el otro. Esto no es malo per se; sólo lo es cuando no permite una discusión fluida ni libre de disputas, lo que conduce a su vez a una falta generalizada de consensos. Esto no es muy bueno, tomando en cuenta que una civilización libre depende en gran medida de los consensos.

Así que Graham invento una pirámide con 7 niveles de desacuerdo, hecha para saber argumentar:

Nivel de desacuerdo 0: Poner nombres

Esto es, cuando sólo decimos cosas hirientes o crueles, llamando a alguien de cierta manera. Por ejemplo, “eres un tonto”.

Nivel de desacuerdo 1: Ad hominem

Cuando nos limitamos a decir cosas presuntuosas o insultantes directamente hacia el otro. Es decir: atacamos a la persona y no a sus argumentos

Nivel de desacuerdo 2: Responder al tono

Hay poca distancia entre atacar a la persona directamente y comenzar a concentrarnos en el tono que utiliza, sea de enojo, burla o del tipo “no me importa”. El problema es que esto es muy subjetivo, y dirige la discusión hacia lugares inciertos y más viscerales.

Nivel de desacuerdo 3: Contradecir

Cuando se logra contradecir el argumento es cuando la discusión está sobrepasando lo subjetivo y pasa más a los argumentos. No obstante, sólo contradecir indica una terquedad: lo que se dice tiene que ser cierto, en contraste a lo que dice el otro.

Nivel de desacuerdo 4: Contraargumentar

Más allá de sólo contradecir, mostrar que se tiene un contraargumento demuestra que se está dispuesto a avanzar en la discusión, que ésta es mucho más seria y que no sólo se busca “ganarla”, sino convencer al otro. El problema viene cuando la discusión no puede avanzar más allá de dos apasionados argumentos, lo que termina diluyendo el punto inicial que dio inicio al debate.

Nivel de desacuerdo 5: Refutar

Según Graham, esta es la forma más convincente de estar en desacuerdo. No es sólo un contraargumento; consiste, más bien, en ser capaz de tomar al vuelo lo dicho por el otro y poder refutarlo. Pero no con la viscera, sino con datos duros y astucia –que no implique mentir.

Nivel de desacuerdo 6: Refutar el punto central

Esta es ya una cuestión de táctica, y no sólo de estrategia. La refutación debe ser capaz de indagar en el punto central al que está llegando el otro, y anteponer un argumento sólido que demuestre su invalidez. Esto no sólo servirá para un solo argumento, sino que podría desmontar toda la idea detrás que el otro sostiene.

Ahora sí, a debatir con sentido…

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Esto es lo que te puede permitir estar en desacuerdo sin tener que falsear ninguna información, ni tener que acudir a viles insultos. Lo bueno es que también te puede conducir a darte cuenta de que eres tú quien no está en lo correcto si es el caso, lo que es algo que rara vez sucede en cualquier debate, ¿verdad? Pero que sin duda es síntoma de civilidad y empatía.

¿Te imaginas qué pasaría si pudiéramos decir más seguido “está bien, tienes razón”? No sólo estaríamos ganando nosotros como individuos, siendo más abiertos a las ideas del otro y nutriéndonos de éstas. Sería también una forma como la sociedad entera podría avanzar.

Saber debatir sin polarizar, al tiempo que no regalamos nuestras ideas ni nos dejamos influenciar, es una forma de construir nuevos grados civilidad… de la cual últimamente estamos muy necesitados.

*Imágenes: Ana Tellez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Caminar sí te hace más creativo, confirma un estudio

Lo que artistas, pensadores y hasta místicos ya conocían es ahora confirmado por este estudio.

Podría parecer que caminar es una de las acciones más mecánicas y naturales. Es nuestra manera primaria de recorrer el mundo, lo que podría convertirla en la práctica más pragmática de las que conocemos a la mano como habitantes de este. Sin embargo, aún en este natural proceso, tan orgánico como comer o domir, existe un algo que intuitivamente había sido honrado por artistas de todos los tiempos: la caminata como detonador de creatividad.

Muchos pensadores y artistas del tamaño de Niestzche, Baudelaire, Rimbaud, Kant, Rousseau, y Thoreau; ellos todos y muchos más hablaron de las bondades de caminar. Más que una alusión, formaron frases y reflexiones que podían caer en la magnitud de un homenaje. Pero ¿por qué las caminatas han estado tan asociadas al arte y la creatividad?

Un nuevo estudio de Stanford hecho por los investigadores Marily Oppezzo y Daniel Schwartz ha concluido, luego de estudiar a cientos de estudiantes, que mientras estos caminaban mostraron una marcada tendencia en aumento de habilidades creativas.

Existe algo en el movimiento, quizá en el ritmo, que nos hace pensar distinto cuando caminamos. Con más soltura, quizá sin esa aprehensión por encontrar una respuesta, que como lo alude la filosofía taoísta, permite un mejor entendimiento que la búsqueda misma.

Este estudio en realidad comprueba lo que intuitivamente han conocido los grandes caminantes del mundo, y hoy que las comodidades han confundido nuestros conceptos de una calidad de vida, recuperar hábitos como el caminar puede ser la de las más sofisticadas herramientas desde su discreción.

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