Desmitificando el bloqueo creativo: las estrategias de algunos de los mejores creadores

Algunos consejos desde escritores, diseñadores, músicos y filósofos para vencer al mítico bloqueo creativo.

Existe una cierta aura misteriosa en torno a la creatividad, su origen y su pérdida. Mezclada con el estereotipo del genio que sintoniza ideas del vacío o las extrae de una región astral inaccesible para la mayoría de las personas, la pérdida de la creatividad popularmente evoca una causa misteriosa, un bloqueo cuyas causas son tan invisibles como el espontáneo surtidor que supuestamente la generó en primer lugar.

El diseñador y músico Alex Cornell se encontró hace un par de años con un típico impasse que podría ser descrito como un bloqueo creativo, justamente escribiendo un artículo sobre los bloqueos creativos. En este loop, con una practicidad que puede ser uno de los mejores consejos para batirse con la infertilidad creativa, Cornell buscó textos que hablaran sobre lo que le pasaba empezando por sus escritores favoritos. La ironía de lo sucedido encontró un cauce que superó por mucho las expectativas, dando lugar al libro “Breakthrough!: 90 Proven Strategies to Overcome Creative Block and Spark Your Imagination”. Cornell compiló una serie de estrategias que han sido usadas con éxito por numerosos escritores, diseñadores, artistas o filósofos para ponerse en marcha cuando se enfrentan con un escollo intelectual.

bloqueo creativo estimular creatividad consejos estrategias alex CornellLo interesante de este compendio es que retoma en gran medida personajes actuales y mezcla ideas novedosas en la ciencia y en el arte. Surgen algunas directrices:

Darle tiempo a la mente para divagar y trabajar inconscientemente, la importancia de la salud (especialmente dormir bien) para un buen funcionamiento creativo, lo oportuno de tomar un libro y pescar ideas, de abandonarse ante la mente de grandes escritores o realizar operaciones hidráulicas mixtas, mente-cuerpo, y destapar nuestra cañería mental. 

 

Douglas Rushkoff, uno de los grandes teóricos de medios, desmitifica el bloqueo creativo diciendo “No creo en el bloqueo del escritor”. Para Rushkoff cuando uno no está escribiendo, porque aparentemente no puede escribir, el cerebro está trabajando en otros aspectos, recolectando información preciosa y, aunque sea paradójico para un bloqueo, inmersa en otro fluir:

El proceso creativo tiene más de un tipo de expresión. Está aquella parte que podrías mostrar en el montaje de una película – el teclear furiosamente o pintar o resolver una ecuación en el que el artista o matemático logra la expresión de la tarea creativa. Pero también está la parte que pasa invisiblemente, debajo de la superficie. Es ahí cuando los sentidos están percibiendo el mundo, la mente y el corazón entran en un tipo de disonancia, y el alma escoge responder.

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El escritor Michael Erard se remite a metáforas de irrigación y aconseja utilizar otro canal cuando uno se bloquea. Siempre se puede hacer algún tipo de trabajo; tomar notas, leer, meditar (los cuales luego fructificarán):

Si tienes sólo un canal, sólo un conducto, entonces eres vulnerable al bloqueo

El filósofo Daniel Dennett tiene una rutina que ha probado ser efectiva para combatir un bloqueo creativo, pero que es parte ya de su mismo proceso creativo cotidiano. En vez de quedarse en su escritorio dando vueltas sobre el impedimento, Dennett sale a su granja y corta leña, pinta la barda o alguna otra actividad manual. Al hacer eso surgen ideas  o perspectivas novedosas que refrescan su labor intelectual;

Involucrar mi cerebro con algo más en que pensar y controlar me ayuda a derretir los bloques que me impiden progresar, liberando los circuitos para nuevas vías.

*Imagen principal: Tatiana Karpova



Cómo crear en comunidad: una lección del jazz (y los jazzistas)

La improvisación de este género nos demuestra que podemos autorrealizarnos como individuos, incluso en colectividad.

El jazz es comunidad. Música que por sí misma es simbólica y significativa: que nos transmite la nostalgia que sentían los afroamericanos por sus raíces, pero también su terquedad por sobrevivir, así fuese como una subcultura en un país ajeno.

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Esa es una de las razones que hacen del jazz un género especialmente comunitario, sobre el cual se erigió la resistencia cultural de los afroamericanos descendientes de esclavos. Pero hasta cierto punto toda la música tiene algo de comunitario, pues a fin de cuentas en torno a ella se reúnen todo tipo de colectividades. No sólo el jazz tiene esta cualidad, sino también las orquestas de música clásica o las bandas de rock, que necesitan de muchas manos y cabezas para funcionar y que deben ejecutar sus instrumentos de manera, literalmente, armónica.

Pero lo comunitario del jazz es esencialmente distinto. Difiere en la forma de crear de los jazzistas, y es por esa razón que este género nos puede dar una lección sobre creatividad colectiva. Y, de paso, sobre la posibilidad de crear junto con los otros sin pretensiones, sin soberbia y, lo más importante, sin competencias inútiles.

 

El jazz como momento de autorrealización

En su libro El sentido de la vida, Terry Eagleton hace la más precisa aproximación a esta esencia comunitaria del jazz, y a cómo en la improvisación está la clave de la creación libre y comunitaria. Porque, en el jazz:

cada miembro es libre de expresarse como quiera, pero lo hace con una sensibilidad receptiva a la actuación autoexpresiva de los otros músicos.

En el rock y otros géneros, tal sensibilidad receptiva sólo existe al momento de escribir las canciones. Pero la improvisación del jazz es única precisamente porque es una especie de locura con método, donde se cuela la libre expresión sin transgredir al otro en momentos de intrépida improvisación. De hecho, como bien apunta Eagleton:

Conforme cada participante aumenta su elocuencia musical, los otros toman inspiración de ello y son estimulados a alcanzar mayores alturas. Aquí no hay conflicto entre la libertad y el bien común; asimismo, la imagen es lo opuesto al totalitarismo.

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La filosofía práctica del jazzista

De alguna forma, en esta sucinta imagen del jazz que nos proporciona Eagleton puede verse cómo la música puede ser una forma de filosofar. De filosofar creando, en una especie de praxis. Hay así en el método de los jazzistas un algo filosófico, que recuerda a algunas tradiciones del pensamiento occidental, y también muchos de los principios de las prácticas orientales. En el jazz, como en esas milenarias prácticas:

Hay logro, pero no se trata del éxito individual. En lugar de esto, el logro –la música en sí misma– actúa como un medio para que los músicos se relacionen. Hay placer que se puede cosechar de esta expresión artística y, puesto que hay una satisfacción libre o una realización de poderes, también hay felicidad en el sentido de florecimiento. […] Debido a que el florecimiento es recíproco, remota y analógicamente, incluso podemos hablar de cierto tipo de amor.

Para Eagleton, es en expresiones como el jazz donde se encuentra el sentido de la vida. Y seguramente ese sentido está en toda creación donde podamos descubrir y desplegar nuestra naturaleza comunitaria, alejándonos de los pomposos paradigmas de la individuación y la competencia que tan bien nos ha sabido implantar el capitalismo.

Ahora bien, un buen ejemplo de cómo el jazz puede no cumplir esta misión emancipadora está en la película Whiplash (2014), la cual juega con una completa distorsión del sentido de este género, mostrándonos el lado oscuro del jazz y los rasgos más obsesivos de los músicos.

Por eso, no todo está en ser jazzista o creativo para lograr autorrealizarse. Antes bien, lo que vemos suceder en un concierto de jazz es algo de lo que la sociedad debería estar permeada, lo cual requeriría de:

construir este tipo de comunidad en una escala más amplia, lo cual es un problema de política. Es, sin duda, una aspiración utópica, pero no es la peor forma para lograrlo. […] Lo que necesitamos es una forma de vida que sea completamente sin sentido, al igual que el concierto de jazz no tiene sentido. En lugar de servir a algún propósito utilitario o a un ferviente fin metafísico, es un placer en sí mismo. No necesita ninguna justificación más allá de su propia existencia.

No necesitando nada más allá de su propia existencia es como los jazzistas nos dan una lección sobre creatividad comunitaria. Una verdadera lección de vida proveniente no de individuos aislados, sino de individuos sin sed de protagonismo y que se saben parte de una colectividad, como al fin y al cabo lo somos todos. El reto, como lo ha sido practicamente desde el principio de la historia, es que este sentido de verdadera comunidad se vuelva algo común a todo espacio vital.



Estoy aquí para persuadirlos de no tener trabajo: el mensaje de Brian Eno para que todos seamos creativos

Esta breve reflexión del músico Brian Eno puede provocar que nos replanteemos nuestra vida entera (y el futuro de la colectividad).

En la actualidad, ser creativo es para muchos un sacrificio, y para otros algo inalcanzable. Miles de artistas tienen trabajos alternos, o se ven forzados a vender sus creaciones para subsistir. Otros ni siquiera pueden aspirar a ser artistas, pues viven absortos en sus trabajos. Es por eso que, desde los 9 años, Brian Eno decidió que “no iba a tener un trabajo corriente”.

Una radical decisión que provino de una reflexión profunda: los trabajos nos agotan a tal grado que coartan nuestra creatividad. Por eso, Eno busca reflexionar con nosotros cuáles son los viacrucis a los que se enfrenta la creatividad en nuestro tiempo, cuando millones de jornadas laborales son de más de 8 horas.

El consejo que abre toda la reflexión de Eno es simple: si quieres conservar tu creatividad, no consigas un trabajo. No porque el trabajo sea malo per se, sino porque en nuestra sociedad hemos perdido la conciencia sobre lo que es un trabajo saludable, que no nos robe todo nuestro tiempo (que, por ejemplo, podemos ocupar creando).

Más aún, hemos perdido la noción de lo que es la creatividad, la cual pareciera estar secuestrada por el mercado y pertenecer sólo a algunos afortunados que son parte de la “industria creativa”. Los demás están condenados a no poder crear, o a hacerlo con base en el sacrificio.

Es por eso que Eno aconseja:

Trata de posicionarte de manera que hagas las cosas que quieres hacer con tu tiempo y obtengas la máxima ventaja de cualesquiera que sean tus posibilidades.

Que nuestra creatividad persista y que el arte vuelva a ser un verdadero espacio de libre expresión (y no un producto más) requiere, según Eno, de que:

trabajemos por un futuro donde todos estén en posición de hacer eso [lo que queramos con nuestro tiempo]. 

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Para ello, nuestras sociedades deberían garantizar, fundamentalmente, nuestro bienestar: todos deberíamos tener trabajos justos y bien pagados, lo cual no se logrará sólo mediante una equitativa distribución de la riqueza, sino que será necesario que cambiemos nuestros paradigmas sobre el funcionamiento de la sociedad en su conjunto. 

También, como afirma Eno, la clave está en revalorar el trabajo colectivo, y dejar de lado nociones hiperindividualistas como la de que existen unos cuantos “genios” que son los “importantes”:

Las grandes ideas son normalmente articuladas por individuos, pero son siempre generadas por la comunidad. 

Más aún…

Creo que lo que veo es un desperdicio: el desperdicio que hacemos de la inteligencia cooperativa.

Las reflexiones de Eno nos dejan un cúmulo de ideas en las cuales pensar; no sólo en cómo poder desplegar nuestra creatividad sin atenernos a trabajos explotados y sacrificios casi irrealizables, sino en todo lo que conlleva conseguir eso, individual y colectivamente.

Podríamos empezar por pensar que todos somos creativos y, como tales, deberíamos ser libres de desplegar dicha creatividad. Habrá que empujar porque en un futuro, como dice Eno, ese planteamiento se haga realidad y la creatividad se libere.

 

 *Imágenes: 1) Loff; 2) Chris DeLorenzo