Una extraña e inolvidable conversación con David Lynch

Paul Holdengräber se reúne con Lynch en la Academia de Música de Brooklyn para tener una rara e inspiradora conversación.

 Voy caminando por la calle. Hay personas en la calle. 

Hay alguien que te gusta. Te das vuelta en la esquina.

 Y allí está. No hay otra manera de verlo. 

Ella es la idea. Estás enamorado. Y ella es la historia. 

– David Lynch

 

En abril de 2014, David Lynch se vio teniendo una singular conversación con el director de Programas Públicos de la Biblioteca Pública de Nueva York, Paul Holdengräber, en la Academia de Música de Brooklyn. El entrevistador, un erudito que disfruta de citar a los oscuros filósofos alemanes en un acento continental, y el cineasta, con impecables modales folclóricos y un almacén de palabras “mágicas”, lograron llegar a ese lugar de donde fluyen las más memorables revelaciones. 

El público de la entrevista no esperaba, por supuesto, que Lynch decodificara sus obras o que les diera algún tipo de significado –mucho de su gozo proviene de la resistencia a ello–, sin embargo esperaba algo, cualquier cosa, que hiciera del laberinto lyncheano algo menos opaco. Lo que obtuvieron fue una suerte de ventana a los miedos y las cosas favoritas del cineasta, pero muy poco con respecto a sus creaciones. Cuando Holdengräber lo incitó a decir algo sobre las interpretaciones de sus películas, Lynch contestó: “Las palabras, no son realmente necesarias”. Estas son algunas cosas que aprendimos de la mente del entusiasta de la meditación trascendental en su entrevista en Brooklyn. 

La belleza de las fábricas:

Fotografía: David Lynch

“Amo las fábricas. Amo el humo. Amo el fuego. Amo el metal. Amo el vidrio. Amo el yeso. Amo los ladrillos. Y amo que la naturaleza trabaje sobre estas cosas. En la década de 1800, construían estas fábricas como catedrales. Eran un sueño de textura y humor. 

Sobre los fenómenos orgánicos:

david lynch naturaleza

“Obtuve muchas ideas en Filadelfia, fue como un nacimiento hacia los fenómenos orgánicos. Me enamoré de los fenómenos orgánicos. Cómo la madre naturaleza reclama las cosas, la decadencia, la figura humana. El fenómeno orgánico infundido de miedo y tormento.”

Sus artistas favoritos:

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Edward Hopper: “Provoca que una persona sueñe y se asombre. Es realmente mágico”

Francis Bacon: “Sus composiciones son simplemente más allá del más allá, extraordinarias. Un verdadero pintor. Hay tormento en su trabajo pero un tormento tan hermoso”. 

david lynch influenciasMúsica: 

Jimi Hendrix: “Podría ser el mejor guitarrista. Él y su guitarra son uno, absolutamente uno. 

Kayne West: “Me encanta ‘Blood on the Leaves’. Creo que es una de las piezas más modernas y tan minimal, tan poderosa pero al mismo tiempo hermosa. Es una gran, gran canción”. 

Los diners:

“Hay una cosa preciosa acerca de un diner, tu mente puede irse a lugares oscuros, pero siempre puedes regresar al calor y confort de un diner bien iluminado. Es un buen lugar para pensar”. 

El azúcar: 

“felicidad granulada”

Espiar a la gente: 

“Creo que todo el mundo es un voyeur. Y ver por las ventanas es algo tan fantástico. Es como el cine, y un atisbo hacia otro mundo, otras vidas. Tan hermoso”.  

Pintura: Iwan Konstantinowitsch Aiwasowski

El lenguaje: 

“El lenguaje cambia las cosas en el momento en que te enteras de lo que algo es. Las heridas pueden ser bellas, pero ‘herida’ no es una palabra bella”. 

Sobre obtener significado: 

“A algunas personas les gusta obtener un significado, a otras no les importa, porque les permite soñar”. 

Cuando las cosas son borrosas: 

“Cuando las cosas sean borrosas, ve hacia la oscuridad y las distracciones te darán mucho más espacio para soñar”. 

 

*Fotografía principal: Kirk McKoy / Los Angeles Times



Las abejas usan los hongos como medicina (y esto podría evitar su extinción)

Este instinto en las abejas ha sido estudiado por un experto en hongos, que cree poder salvar a estos nobles polinizadores.

Los seres humanos hemos desarrollado una fijación con el futuro. Pero para salvar el presente deberíamos voltear hacia atrás y volver a la naturaleza; o por lo menos a sus principios. Porque si retomáramos su inherente sabiduría y resiliencia podríamos resolver muchos de los problemas actuales que nos están acercando peligrosamente a la catástrofe mundial.

El más contundente ejemplo de lo anterior está en las abejas, que no sólo son seres con una serie de comportamientos fascinantes, sino que incluso podrían haber encontrado la manera de eludir la extinción a la cual las estamos conduciendo desde principios de este siglo.

Las abejas han encontrado una cura a todos estos males en los hongos.

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Pero, ¿que está extinguiendo a las abejas?

Las colonias de abeja están experimentando lo que los expertos han llamado un “colapso”, es decir: las abejas están muriendo de manera masiva, causando el colapso de sus complejas comunidades. Esto tiene que ver con una docena de razones que investigadores como el mexicano Ernesto Guzmán-Novoa se han dedicado a develar.

El uso masivo de pesticidas tóxicos –por ejemplo, los de Monsanto– es la principal causa detrás del colapso de las colonias de abejas. Pero no solamente: la contaminación del aire les dificulta localizar las flores, y el cambio climático está trastocando los ciclos naturales. No obstante, ahora lo fundamental es curar a las abejas de los virus que las invaden, mientras se pone en marcha el uso de pesticidas alternativos.

Por qué un extracto en los hongos cura a las abejas

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En un estudio reciente publicado en la revista Nature se probó a dos grupos de abejas. El primer grupo  se alimentó de jarabe de azúcar mezclado con un extracto del micelio fúngico –una serie de filamentos presentes en los cuerpos del hongo. Este grupo desarrolló defensas contra dos virus comunes que están causando el colapso. Al segundo grupo, que sólo se les alimentó del jarabe de azúcar, resultó ser mucho más propenó a contraer ambos virus.

Lo más curioso es que el estudio se llevó a cabo… porque las propias abejas condujeron a él.

En 1984, el micólogo, escritor y activista Paul Stamets notó que las abejas en su patio se alimentaban de los hongos que usaba para sus investigaciones, creyendo que lo hacían por las azúcares naturales presentes en los hongos. Pero sabiendo sobre las propiedades mágicas del micelio fúngico –que entre otras cosas es un gran antiviral–, Stamets pronto se preguntó si las abejas no estarían más bien medicándose con los hongos.

Entonces Staments comenzó a colaborar con Walter Sheppard, jefe del departamento de entomología de la Washington State University. Ambos analizaron los efectos del micelio, y sus estudios los llevaron hasta el más reciente estudio citado, publicado en Nature este año, y que es la conclusión de sus investigaciones a lo largo de 12 años.

Las abejas condujeron al descubrimiento del primer antiviral para insectos.
Con un poco de nuestra ayuda, esto podría evitar su extinción.

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Staments y su equipo seguirán probando esta insospechada cura en las colonias de abejas, esperando encontrar la solución al colapso de éstas. Pero en lo que esto sucede, este caso ya puede –y debe– servir como una pista para la humanidad, la cual nos está urgiendo a ver cómo la naturaleza es capaz de sobrellevar, incluso, el daño que le estamos causando. Sobre todo debemos concentrarnos en lo que podemos aprender de esto para poder ayudarle a resarcir nuestros errores.

Porque aún estamos a tiempo, no sólo de salvar a las abejas, sino a la casa que compartimos con ellas. Y parece que el precioso y virtuoso reino del fungi será en esto un gran aliado.



Las malteadas de David Lynch (y otros excéntricos rituales para la inspiración cotidiana)

Un ritual puede estar en los lugares menos esperados: David Lynch nos habla sobre la vez que se aficionó a las malteadas.

Todos los días, una vez al día, date un regalo.

No lo planees, no lo esperes, solo deja que ocurra.

-Dale Cooper

 

Cada día durante 7 años David Lynch visitó Bob’s Big Boy, un restaurante de comida rápida donde pedía un lunch y varias tazas de café. Mientras comía, Lynch garabateaba en las servilletas del restaurante cientos de ideas para sus películas, y exactamente a las 2:30 de la tarde pedía una malteada de chocolate.

Cada elemento de esta rutina era importante para poder constituir una especie de excéntrico ritual: desde ir al lugar, hasta ordenar la comida y ponerle azúcar al café.

Pero aquello que daba sentido a todo lo demás era la malteada de las 2:30. A esa hora, como explica Lynch en una entrevista, el líquido base de la malteada dejaba de ser revuelto por las aspas del dispensador y comenzaba condensarse.

A las 2:30 la textura de la malteada aún estaba fresca, y tenías la oportunidad de que fuera genial.

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La estimulación que Lynch conseguía practicando este ritual no residía en que fuese perfecto, sino al contrario: eran las múltiples posibilidades que se desdoblaban del azar lo que motivaba al cineasta a seguir yendo a Bob’s Big Boy y ordenar esa malteada.

Según Lynch, sólo probó tres malteadas perfectas de las más de 2,500 que tomó. Pero lo que importaba no era una perfección permanente –que las malteadas siempre fueran magníficas–, sino esos instantes de excelencia que esperaba poder conseguir y que potenciaban su inspiración.

Porque quizá nada es tan estimulante para la mente como un ritual cotidiano. Sumirse en un mismo ritmo tiene un encanto particular, y por eso los ritos están relacionados a practicas antiguas con un alto valor religioso y simbólico.

Lo que se busca a partir de la práctica ritual es entrar en contacto con otras entidades, consagrar la muerte o hallar el equilibrio interno. Pero David Lynch ha reinventado los rituales y los ha hecho a su manera, buscando su propio objetivo, que ha sido quizá el de crear historias densas y llenas de elementos nunca vistos en el cine.

Y aunque no es buena idea basar un ritual en la ingesta de malteadas (el propio Lynch descubrió posteriormente que sus queridas malteadas eran muy malsanas), podemos encontrar nuestro propio ritual, tal como él lo hizo, en el lugar menos esperado.