Revolución creativa en Egipto, un mundo de propuestas nace de las ruinas

Emprendedores e inversores están determinados a cambiar el desastre con aplicaciones virtuales y propuestas urbanas.

En el Egipto post-revolucionario que se vive ahora, donde los jóvenes suman un cuarto de la población, la madurez de las ideas está cobrando mucha fuerza. El número de propuestas, incubadoras, competencias e inversores ha crecido rápidamente hacia un sector evolutivo. Y aunque la escena sigue en periodo de nacimiento, el ecosistema está en construcción, pero las personas más brillantes del Cairo no están satisfechas con su realidad y están tomando acción al respecto.

Después de que el presidente Mohamed Morsi se convirtió en el primer líder electo del país, su deposición militar causó una inquietud que dejó a cientos de muertos y detenidos. El constante estado de alerta y toque de queda puso presión adicional a vendedores y sitios de comercio, en el cual familias y sociedades de negocios se disolvieron por diferencias políticas y la polarización de la sociedad egipcia.

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Desde entonces, y en respuesta a ello, las propuestas de ayuda han tomado mucha velocidad para implementar productos que cambien la situación de seguridad de Egipto y que atiendan la demanda del público. Un número creciente de empresarios e inversores creen que la innovación es la salida del caos del país, y están creando aplicaciones para ayudar a los ciudadanos a lidiar con la complicada vida posterior a la revolución y toma militar.

Estas han sido algunas de las nuevas propuestas:

Bey2ollak

Esta aplicación implementó un servicio que utiliza una aplicación móvil para coordinar convoyes de hasta cuarenta coches que viajan a la costa norte de Egipto.

“Muchas personas tenían miedo a viajar del Cairo a Alejandría. Vimos esto en las redes sociales y creamos una nueva categoría para “grupos que viajan”, una nueva función para rutas específicas”, apunta Sadek. “La mayoría de los choferes son personas viejas o mujeres con hijos”. La compañía reparte estampas a los autos participantes para que se identifiquen entre ellos. También resalta el “convoy del día”.

PieRide

PieRide es una solución que ofrece a choferes una alternativa más segura de moverse en las calles y enterarse de los bloqueos que hay en la ciudad. Karim El Mansi apuntó que la idea original era introducir traslados que conectaran las áreas residenciales con centros de negocio, ya que un viaje típico a la largo de las calles congestionadas del Cairo puede tomar varias horas.

“Esto tienen que ser hecho por el gobierno, no puede ser hecho por una activación”, apunta El Mansi. “Así que empezamos con una solución simple: sólo introduciendo autos con choferes entrenados”.

Una de las funciones es la seguridad. Cada automóvil está equipado con GPS y la compañía entrena a choferes para atender problemas específicos de seguridad. “Es definitivamente más seguro que estar solo en un coche o en un taxi”, dice El Mansi.

Elwafeyat

El Wafeyat es una plataforma de obituarios lanzada este mes. Al anunciar la hora y el lugar de funerales y permitir que usuarios creen sus propios obituarios, pretende llenar un nicho que dejó la muerte de la industria de los periódicos.

En Egipto y otros países musulmanes, atender a un funeral y honorar a los muertos es culturalmente simbólico e importante. “Puedes faltar a un cumpleaños o a una boda, pero no puedes faltar a un funeral”, apunta Yousef Samaa, CEO de El Wafeyat. “Ya no todos leen el periódico así que no hay herramientas apropiadas para saber las noticias”.



No existe memoria sin territorio, y no hay Historia sin territorio

Hace unos días se llevó a cabo en Oaxaca el taller titulado “La Emergencia del Nosotrxs: Cartografías de la memoria”.

Hace unos días se llevó a cabo en Oaxaca el taller titulado “La Emergencia del Nosotrxs: Cartografías de la memoria”, el cual fue impulsado por la Universidad de la Tierra en Oaxaca, con el objetivo de elaborar una propuesta de reconstrucción territorial a partir de la memoria, ya sea documentalmente escrita o desde las construcciones narrativas de oralitura comunitaria generada a lo largo de todo el proceso de construcción de los territorios. El taller fue impartido por José Ángel Quintero Weir, indígena añú, quien es coordinador de la Unidad de Estudios y Culturas indígenas y profesor titular de la Escuela de Letras de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia. Desde su activismo y como miembro de un pueblo originario ha participado durante muchos años en las luchas reivindicativas de las comunidades indígenas de Venezuela.

A continuación, comparto fragmentos de los que vivimos el taller y que dan esperanza para la reconstrucción de procesos territoriales en diferentes partes del mundo. Mucho de lo platicado fue abordado por medio de historias y relatos de los pueblos indígenas que habitan alrededor del lago de Maracaibo. Para iniciar se presentó en su lengua materna añú afirmando que él era José Ángel Quintero Weir, hijo de Julia Weir, su madre, quien es hija de Isabel Weir, su abuela, quien es hija de Berta Weir, su bisabuela, y quien es hija de Victoria, su más antigua abuela…, enfatizando que es importante mantener y honrar la memoria, siempre mirando hacia atrás y recordar a la ultima de las abuelas, porque ellas son la huella y la memoria, estamos aquí gracias a que ellas existieron y estamos construyendo nuestra propia vida gracias a ellas.

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Explicó que la intención de este espacio era reconstruir la memoria; pero la memoria no es solamente el recuerdo. Es importante mencionar esto porque cuando se habla de memoria, pensamos que tiene que ver con la posibilidad de recordar y a veces nos olvidamos… Es ahí donde muchas veces la sociedad occidental trata de borrar la memoria o construir la historia de acuerdo a su visión, una persona sin memoria siempre tendrá problemas para su propia existencia. Toda memoria es territorial y es un principio que necesitamos establecer, de tal manera que no existe memoria sin territorio, y no hay Historia sin territorio. La separación disciplinaria del territorio y de la Historia es un invento generado por Immanuel Kant y justo se da en el momento en que se están repartiendo el territorio africano entre Alemania, Francia, Portugal, Inglaterra y Bélgica, todo esto sin contar la historia de los africanos; es ahí cuando se construyó un proceso de la geografía que parte de la colonialidad y el dominio.

Todo grupo humano que necesita un espacio para convivir lo necesita territorializar, convertirlo en su propio territorio, pero para ello primero es necesario contar con un punto referencial desde donde se va a observar, no sólo tomando en cuenta la capacidad de atraer una imagen de lo que está frente a nosotros, sino también lo que la imagen nos hace sentir; es necesario ver y sentir el mundo para conocer y reconocer los lugares. El punto desde donde observamos es fundamental, ya que nos orienta en todo nuestro proceso para conocer y reconocer los diferentes lugares que componen un territorio. Aquí tenemos un contraste importante con lo que sucedió en la colonia, ya que desde su visión ellos se plantaron como si estuvieran sobre el mundo y por eso se sentían con el derecho de pisarlo. Desde el pensar indígena estamos dentro del mundo y no por encima. El mundo es un sujeto gigante con el que nos relacionamos. Por eso hay una correlación entre sujetos y no lo vemos como algo que vamos a tomar, sino que el mundo nos permite ocuparlo. En el mundo nada está solo, nada es solitario, todo está relacionado; debemos dejar de verlo como un recurso que esta atravesado por un proceso mental de colonialidad.

Todo parte de una construcción nosótrica de la cosmovivencia que representa la cimentación del habitar, desde el lugar donde estamos viendo y la manera en que nos vamos a relacionar con nuestro hacer en ese determinado lugar, construir el habitar tiene como primera instancia “la casa” y esa casa responde a los elementos presentes en el territorio, no sólo en su diseño específico, sino también en su ubicación. La perspectiva de ver el mundo es lo que nos va a generar la construcción de nuestra cosmovisión, pero la materialización de esa cosmovisión en el espacio territorial va a generar una cosmovivencia, de tal manera que el orden en el que establecemos la construcción del habitar es de acuerdo con nuestra vida cotidiana. El problema de Occidente es que el habitar se construye a partir de la economía, de la acumulación y del capital; por eso hoy en día nos encontramos con ciudades totalmente invivibles. Muchos de los grandes proyectos de extracción representan parte de un proceso de desterritorialización de la memoria; cuando se saca alguien de su territorio se borra parte de esa memoria.

El comer tiene que ver con el hacer del mundo y la territorialidad de la producción. El hacer de la territorialidad de la comunidad humana supone su capacidad de lograr establecer la correspondencia entre el hacer temporal del mundo, el hacer de los lugares y el hacer de las especies (animales y plantas), con su propio hacer material para la existencia y sustentabilidad como sociedad; de tal manera, que sólo la armonía de haceres de todos los involucrados es lo que hace posible la existencia compartida y complementaria de todos, y tal compartición y complementariedad siempre ocurren en el contexto de una espacialidad y temporalidad correspondiente al hacer del mundo expresadas en sus lugares y como ejercicio de las comunidades de seres que en ellos se hacen presentes durante esas temporalidades. Las diferencias entre los haceres de las distintas comunidades de seres de las que finalmente obtiene su alimento, la misma comunidad está obligada a diseñar, crear y producir diferentes formas de organización social para el éxito colectivo en el proceso, así como el desarrollo de tecnologías y técnicas, siempre en proceso de mejoramiento y transformación para, finalmente, lograr materializar todos los instrumentos y herramientas necesarios en la ejecución de sus labores de producción capaces de garantizar el sustento alimentario para toda su población.

El curar tiene que ver con el hacer del mundo y territorialidad de la sanación. Debe entenderse que el proceso de territorialización igual implica la necesidad de conocer y reconocer todos los lugares propicios a la siembra, producción y/o recolección de plantas, flores, semillas. Pero también, para la caza o captura de aquellas especies animales cuyas grasas y fluidos, igualmente, son susceptibles de ser utilizados en rituales y procesos de sanación de las afectaciones que, como enfermedades, los sujetos pueden llegar a sufrir durante sus relaciones con los distintos lugares del espacio territorial, pues se trata de los diversos alientos que la naturaleza del ambiente puede incubar en el territorio a ocupar y que los sujetos, en su cuerpo, llegan a transformar como parte de ellos. En este sentido, y como parte fundamental de la memoria territorial de un pueblo, el conocimiento y reconocimiento de todos aquellos elementos de origen vegetal, animal o simbólico presentes en el territorio, y que de una u otra forma, coadyuvan a la salud física y social del grupo.

Finalmente, el convivir tiene que ver con el hacer del mundo y su territorialidad compartida con los otros. Dicho de otra manera, la necesidad y ejercicio de convivir tiene su razón en el reconocimiento de dos principios que sólo en apariencia se presentan como contradictorios ya que, en verdad, siempre resultan ser complementarios; ellos son:

  1. El principio de capacidad autonómica de hacer, que genera la continua configuración y reconfiguración de la cultura. Vale decir, todo ser vivo, sujeto o comunidad de sujetos, cuenta con la capacidad de generar procesos que garantizan su estabilidad, y aun de regenerarse en contextos adversos, o que atentan contra la estabilidad por ella creada. Sin embargo, dado que la autonomía absoluta de una comunidad territorialmente determinada no es posible, es por lo que compartir resulta ser expresión de la autonomía de toda comunidad de seres presente en el mundo, sea ésta vegetal o animal, pero sobre todo, de las comunidades humanas.
  2. El principio de incompletud presente en cada individuo, en cada grupo, comunidad, pueblo o nación, es lo que hace que todos necesitemos de todos en un espacio-tiempo determinado. En este sentido, la incompletud de los sujetos sólo es posible de ser subsanada mediante la complementariedad con los otros y, ésta sólo tiene lugar en el espacio que provee la convivencia entre las comunidades de seres presentes en un territorio, como expresión del parejo intercambio de territorialidades diferentes en un espacio-tiempo determinado; por lo que, justo es decir que la convivencia es la manifestación del ejercicio de una territorialidad compartida entre comunidades en un lugar que forma parte del territorio de cada pueblo y de todos; pero, igualmente, de ninguno, pues, en todo caso, se trata del lugar donde ocurre la convivencia para el ejercicio de la complementariedad que, así, logra sanar cada una de nuestras incompletudes y de esta manera completar el espacio capaz de sostener la estabilidad económica, política, social y cultural aspirada por cada una de las comunidades convivientes.   

Finalmente, Quintero hizo énfasis en que la permanencia comunitaria en el espacio territorializado exige la transmisión del proceso de conocer. Por lo tanto, no se trata de un proceso de enseñanza-aprendizaje de conocimientos o saberes definitivos, esto es, de meros contenidos instrumentales, sino del proceso  generado en su diálogo con el mundo que obliga a una forma de transmisión en el compendio de un sistema ordenado por el que los sujetos son incorporados al grupo y al que ellos optaron por denominar “sistema de educación propia” que toda comunidad humana ya territorializada desarrolla y mantiene como camino y expresión de su cultura mediante la práctica de un hacer lingüístico-tiempo-espacial orientado por el horizonte ético al que colectivamente se aspira y que, simbólicamente, es concentrado en el discurso de una oralitura que vive y se revitaliza cada vez que su canto-relato es enunciado como parte de una pedagogía del nosotros capaz de potenciar el espíritu creador y de transformación de los nuevos miembros que, así, enfrentan desde la huella de la memoria colectiva las problemáticas de su realidad presente, como la continuidad del permanente “diálogo comunitario con el mundo”.

Para mayor información:

  • Contactar a José Ángel Quintero Weir: jqarostomba@gmail.com.
  • Universidad de la Tierra Oaxaca: unitierraoax.org.
  • Consultar “Cartografías de la Memoria Semillario”, por el profesor José Angel Quintero Weir. Taller dirigido a estudiantes indígenas y campesindios de Abya Yala-América Latina, Universidad Autónoma Indígena -UAIN Programa de Formación a distancia FUINCEP-CEOCIAC Zulia- Venezuela.
Mauricio del Villar Zamacona
Autor: Mauricio del Villar Zamacona
Promotor Comunitario y Asistente al Foro como parte del Concejo Indígena para la Protección del Territorio, las Tradiciones, las Lenguas y las Semillas.


Una dosis de inspiración urbana: 3 proyectos que recuperaron el espacio público abandonado

Compartiendo sus conocimientos y voluntades, grupos de ingenieros, arquitectos y diseñadores recuperan espacios públicos.

Desde el Renacimiento, la idea de la “ciudad ideal” persiguió a los hombres de ciencia. Ayudándose de la sección de oro y la sabiduría de la naturaleza, estos construyeron portentos arquitectónicos y urbanistas en toda Italia. Ahora, el espacio urbano debe ser rediseñado con cautela, aplicando herramientas que ayuden a preservar la vida atendiendo siempre a la máxima calidad, armonía y equidad posible. 

 

Movidos por el espíritu de la transformación, arquitectos, ingenieros y diseñadores han mezclado sus talentos para dar forma a proyectos asombrosos en Estados Unidos. Muestra de ello es el trabajo de Mags Harries y Lajos Héder que, por medio de  paneles solares y un bello diseño, ensamblaron quince flores de metal en Austin, Texas. Los girasoles metálicos invitan a reflexionar sobre la conexión que reposa entre las energías naturales que son vitales para la vida y el desarrollo tecnológico. 

Actualmente existen planchas de pavimento sin utilizar que cubren grandes extensiones de tierra fértil. Pero esto no impide que la vida se abra paso entre las grietas, formando pequeñas islas de pasto y plantas, fenómeno que bien puede representar un deleite estético o fuente de inspiración. Valiéndose de la premisa de que el concreto y el asfalto no deben ser permanentes, Stacy Levy, en conjunto con Biohabits Inc., desarrolló el proyecto Dendritic Decay Garden, una serie de parques ecológicos creados en espacios abandonados que se revitalizan como sitios de esparcimiento, orientados a mantener fresca la conexión con la naturaleza. 

High Line, fundado en Nueva York en el 2009. Un grupo de diseñadores y los vecinos de la zona utilizaron la infraestructura ferroviaria abandonada en Manhattan como un parque a desnivel. Un hermoso cruce peatonal lleno de plantas y flores que se mezclan con la construcción original, un espacio perfecto para realizar eventos culturales al aire libre y afianzar los lazos de la comunidad. Los mismos habitantes de la zona se encargan ahora de su preservación.

Las voluntades aglutinadas con el fin de rescatar la importante conexión del hombre con la naturaleza son un ejemplo de belleza artística y creativa que mantiene viva la esperanza de ciudades mejores.