Reflexión para grandes teorías: ¿es el perro o el gato más inteligente?

Un estudio revela que los perros tienen más neuronas que los gatos, pero no es el único signo de inteligencia.

Muchos se han preguntado quién tiene la mayor inteligencia: los perros o los gatos. Según un estudio publicado en Frontiers in Neuroanatomy, realizado por investigadores de Brasil, Estados Unidos y Sudáfrica, los canes tienen 530 millones de neuronas corticales, mientras que los felinos tienen la mitad, es decir, alrededor de 250 millones. 

Lo anterior podría llevarnos a la conclusión de que los perros son más inteligentes, pero, ¿por qué? Porque a mayor número de neuronas, mayor capacidad para realizar acciones de mayor complejidad. Pero si bien esto es importante, en realidad ni el número de neuronas ni el tamaño del cerebro son determinantes en la inteligencia de un mamífero. Para entender por qué primero hay que saber qué son las neuronas.

quien es mas inteligente perro o gato

Las neuronas son las encargadas de transmitirle información al cerebro del sistema nervioso. En promedio, un ser humano tiene 86 mil millones de neuronas encargadas de esa labor. En sus viajes por las diversas áreas del cerebro, y siendo conducto también de diversas hormonas, las neuronas nos posibilitan realizar acciones mucho más complejas que a otros mamíferos.

Pero eso no es todo: las neuronas son, por definición, las células que nos permiten codificar los estímulos externos. En ese sentido determinan nuestras emociones y comportamiento, pero no como tal nuestro nivel de inteligencia (o IQ), pues eso depende también de otros factores.

Según un estudio publicado en la Royal Society que indaga en las mediciones sobre inteligencia en mamíferos:

El mejor cálculo entre los grados de inteligencia entre mamíferos es a partir de la combinación de estos elementos: el número de neuronas corticales, la densidad de los paquetes neuronales, la distancia interneuronal y la velocidad a la que se conducen los impulsos nerviosos por el axón (o entre neurona y neurona).

Los perros y los gatos son animales domesticados desde hace milenios, y por ende son proclives a que la influencia de la sociedad modifique su selección genética. Se puede afirmar por ello que las condiciones en las que viva un perro o un gato pueden hacer variar su inteligencia. Sus neuronas pueden ser estimuladas, dando como resultado gatos que tocan el piano o que ejercitan sus sentidos para resolver problemas complejos:

Por otro lado, tenemos que los perros son más torpes, por ejemplo, que sus parientes agrestes: los lobos. Pero sólo en algunas tareas. El perro, en su relación con el humano, ha generado cientos de habilidades incluso comunicativas que lo han hecho desarrollar ciertas partes del cerebro para comprender nuestros gestos. Por su parte, los gatos también se comunican por medio de la posición de su cola o sus orejas, e inteligen la comunicación de nuestro cuerpo y ojos. Lo más sorprendente es que esto ha evolucionado a tal grado que tanto perros como gatos son capaces de generar hormonas como la oxcitocina cuando nos miran.

Entonces, ¿quién es más inteligente?

La estimulación del complejo sistema cerebral de los canes durante milenios de domesticación nos hace pensar que quizás los perros le lleven mayor ventaja a los gatos. A los felinos jamás se les ha dado una tarea qué cumplir (más que ser admirados, cual efigie egipcia), ni se les ha hecho tan dependientes de nosotros como a los perros. Esto explicaría quizás el mayor desarrollo neuronal en los canes. Pero no evita que perros y gatos puedan aprender a andar en patineta por igual, lo que comprueba que el desarrollo de la inteligencia está en conexión directa con la estimulación y la educación:

 

 

Como en los humanos: siempre habrá diferencias entre perros y gatos: algunos más inteligentes que otros, o con algún talento especial. Sea como sea, ambos son compañeros entrañables de nuestro día a día y está por descontado que los queremos más allá de su IQ.

 



El hombre que encontró “la inteligencia de la naturaleza”, Jeremy Narby

Trabajando en el Amazonas, Jeremy Narby cree haber atisbado la existencia de una inteligencia inherente en la naturaleza.

Foto:biancaatwell.com

El biólogo Jeremy Narby ha dedicado los últimos veinte años de su vida a investigar la forma en la que los indígenas del Amazonas obtienen información de las plantas. Viviendo en diferentes comunidades en el Amazonas después de terminar su doctorado en Stanford y siendo director de la ONG Nouvelle Planète, Narby ha intentado crear un modelo científico para describir la comunicación que dicen sostener los chamanes con plantas y espíritus de la naturaleza.

El chamanismo tradicional, que se basa en una especie de alianza entre los chamanes y la naturaleza, bajo la óptica Narby, es una relación molecular, en la que a través de una serie de técnicas, los curanderos, icareros y demás líderes de comunidad logran obtener información directamente del ADN de un organismo.

En su libro “The Cosmic Serpent”, una metáfora del ADN, Narby relata como el descubrimiento de ciertas medicinas, como el curare o la ayahuasca, las cuales están basadas en una interacción sinergística de diferentes plantas, habrían sido casi imposibles de encontrar a través de un método de prueba y error. Esto sugiere que existe una especie de inteligencia embebida en la naturaleza, la cual teoriza Narby se comunica a través de biofotones –se ha demostrado que el ADN emite una radiación débil de fotones. Narby describe lo que quiere decir con una “inteligencia en la naturaleza”:

Inteligencia viene de la palabra latina inter-legere, elegir entre dos o más cosas. Parece que existe una capacidad para elegir operando dentro de las células de nuestro cuerpo, al nivel incluso de proteínas y enzimas. El ADN en sí mismo es una especie de “texto” que funciona a través de un sistema de codificación llamado “código genético”, el cual es notablemente similar a los códigos usados por el ser humano. Algunas enzimas editan la transcripción del RNA del texto del ADN y añaden nuevas letras; cualquier error durante esta edición puede ser fatal para un organismo; así que las enzimas consistentemente están tomando decisiones acertadas; si o lo hacen, algo sale mal y se llega al cáncer y a otras enfermedades. Las células envían señales entre sí, en la forma de proteínas y moléculas. Estas señales significan: divide, o no dividas, muévete o no te mueves, mátate o mantente vivo. Cada una de las células está escuchando cientos de señales en cada momento y tiene que integrarlas y decidir que hacer. ¿Cómo opera esta inteligencia es la cuestión?

El ADN entra en acción aquí. Narby lo concibe como un código de programación universal –literalmente lenguaje viviente. Es posible que vivamos en un “mundo inherentemente simbólico”, y quizás por esto, sugiere Narby, exista la imagen de una serpiente –similar a la doble hélice del ADN– recurrentemente en numerosas historias de creación.

A fin de cuentas lo que sugiere Narby es radical para la biología establecidad. La inteligencia en su teoría no es sólo el resultado de la complejidad de la materia en sus funciones más elevadas –organizada en un cerebro, por ejemplo—sino es una propiedad de toda la materia viva, que en cada uno de sus componentes refleja una capacidad de hacer elecciones inteligentes y comunicarlas.



La sorprendente inteligencia de las cabras

Las cabras no solo son hábiles en la solución de problemas, también poseen una memoria a largo plazo y su inquisitiva naturaleza las lleva a conquistar rápidamente escenarios novedosos.

La cabra (Capra aegagrus hircus) es un animal fascinante, tal vez por eso fue incluida en los zodiacos tanto occidental, como chino, y es partícipe de innumerables relatos mitológicos –los faunos, los sátiros, el dios Pan, y Amalthea la madre de Zeus. Además de su linaje histórico, las cabras poseen otras múltiples bondades, por ejemplo su admirable destreza para caminar en zonas montañosas –gozan de una envidiable coordinación motriz y son el único rumiante que puede trepar árboles. También está el hecho de que, a pesar de haber sido una especie domesticada hace diez mil años, son, junto con los gatos, el único animal doméstico que fácilmente puede regresar a un estado feral.

Quizá la mayor cualidad que distingue a estos animales es su inteligencia. Aunque pocas personas lo saben, y a pesar de que generalmente se les percibe como seres predecibles y elementales, lo cierto es que poseen una naturaleza inquisitiva, curiosa, que las lleva no solo a explorar y descifrar las particularidades de todo entorno al que se enfrentan, también denotan un rápido aprendizaje. Por ejemplo, es bien sabido entre criadores que si una de las cabras del rebaño logra detectar una falla en la cerca de su corral, no solo explotará esta deficiencia incansablemente para salir de ahí, sino que sus compañeras rápidamente aprovecharían el descubrimiento.

Un reciente estudio de la Universidad Queen Mary de Londres, publicado en el diario científico Frontiers in Zoology, descubrió que el potencial cognitivo de estos animales es mucho mayor de lo que se pensaba. Los investigadores entrenaron a las cabras a extraer comida de una caja mediante una secuencia de pasos –jalar una palanca con la boca y luego levantarla para liberar la recompensa. En promedio les tomó solo doce intentos completar la misión y, aún más notable, durante los diez meses que duró la prueba lograron recordar la solución cada mes en menos de dos minutos.

La doctora Elodie Briefer, coautora del estudio, se mostro sorprendida por los resultados: “La velocidad con la cual las cabras completaron el reto a los diez meses, en comparación con cuánto les tomó aprender la solución, indica una excelente memoria a largo plazo.” Otro de los aspectos más notorios de los resultados, es que las cabras prefieren aprender mediante la experiencia directa, por sobre el aprendizaje imitativo: “Encontramos que aquellas que no habían visto una demostración de sus predecesoras aprendían tan rápido como las que si la habían tenido. Esto sugiere que las cabras prefieren aprender por su propia cuenta que por observar a otras hacerlo”.

Las cabras son animales que por su inteligencia y su afán explorador, colonizan rápidamente nuevos escenarios. Y me da la impresión que estos seres, además de proveernos con la leche para manufacturar exquisitos quesos y otros productos, como la cajeta, parecen tener valiosas lecciones que aportar al ser humano. Así que si el perro es “el mejor amigo del hombre”, la cabra bien podría ser nuestra mejor amiga.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

Javier Barros del Villar
Autor: Javier Barros del Villar
Editor digital. Toma té y vive parte del tiempo en las montañas.